ESTOCOLMO, 12 Mar. 14 / 07:05 pm (ACI/EWTN Noticias).- Ulf Ekman, el fundador de la iglesia pentecostal más influyente de la Suecia moderna y toda Escandinavia, anunció ante el asombro de unos tres mil seguidores en plena asamblea dominical, que él y su esposa Birgitta se convertirán al catolicismo porque “nos dimos cuenta que nuestros prejuicios protestantes en muchos casos no tienen ninguna base”.
Ekman dedicó casi treinta años al servicio de la congregación “Palabra deVida”, que él mismo fundó junto a una escuela bíblica que tiene mil alumnos, además tiene misioneros en Rusia, Kazajstán y otras zonas ex-soviéticas, una ONG de ayuda a niños en la India, es autor de libros traducidos en 60 idiomas y conductor de un programa televisivo internacional.
“Desgarren su corazón y no sus vestidos” (Jl 2, 13).
Con estas palabras penetrantes del profeta Joel, la liturgia nos introduce hoy en la Cuaresma, indicando en la conversión del corazón la característica de este tiempo de gracia. El llamamiento profético constituye un desafío para todos nosotros, ninguno excluido, y nos recuerda que la conversión no se reduce a formas exteriores o a vagos propósitos, sino que implica y transforma toda la existencia a partir del centro de la persona, de la conciencia.
La página del Evangelio de Lucas de este domingo nos muestra a Jesús que, en su camino hacia Jerusalén, entra en la ciudad de Jericó. Esta es la última etapa de un viaje que resume en sí el sentido de toda la vida de Jesús, dedicada a buscar y salvar a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pero cuanto el camino más se acerca a la meta, tanto más en torno a Jesús se va estrechando un círculo de hostilidad.
Una fuente confiable reveló a ACI Prensa desde Venezuela que el Presidente Hugo Chávez murió "en el seno de la Iglesia" y aseguró que en sus últimos días recibió asistencia espiritual y los sacramentos.
Ayer martes 5 de marzo, al anunciar su muerte en un mensaje a la nación, el Vicepresidente Nicolás Maduro afirmó que Chávez murió "aferrado a Cristo". La fuente informó a ACI Prensa que en las últimas semanas, el fallecido mandatario solicitó asistencia pastoral e incluso pudo recibir los sacramentos.
Desde que asumió el poder en el año 1999, Chávez mantuvo constantes enfrentamientos con la Iglesia Católica por los pronunciamientos críticos de los obispos contra los riesgos y excesos de su proyecto socialista. En el año 2002, Chávez acusó al Episcopado venezolano de ser un "tumor" para su proceso revolucionario y exigió al Vaticano no intervenir en los asuntos internos del país.
En los últimos años, Chávez participó ocasionalmente en celebraciones de distintas denominaciones religiosas pero sorprendió a la prensa cuando en abril de 2012, durante la Semana Santa, se presentó en un templo católico de Barinas, su tierra natal, para participar en una Misa y luciendo un rosario en el cuello pidió ayuda a Dios para luchar contra su enfermedad. En julio pasado, Chávez hizo pública su disposición a sostener un encuentro con los obispos católicos.
Tras la muerte de Chávez, el Arzobispado de Caracas, encabezado por el Cardenal Jorge Urosa que se encuentra en Roma para participar del Cónclave, envió sus condolencias y pidió que "todos los Poderes Públicos apliquen los mecanismos previstos en la Constitución", se resguarde el orden público, y "todos los sectores políticos promuevan la calma y la armonía de la población".
Por su parte, el Secretario General de la Conferencia Episcopal de Venezuela, Mons. Jesús González de Zarate, hizo un llamado a la unidad nacional. "En este momento todos pongamos nuestros mejores sentimientos", dijo el Prelado en declaraciones al programa televisivo Aló Ciudadano, de Globovisión.
El Obispo recordó que "la muerte no es final de nuestra vida, la muerte abre el paso a la vida plenamente feliz, al lado de Dios, nuestro Padre".
Once religiosas de la Comunidad de Santa María Virgen, una de las primeras órdenes anglicanas creadas tras la separación de la Iglesia Católica en el siglo XVI, se unieron al Ordinariato creado por el Papa Benedicto XVI para recibir a exanglicanos.
Las tensiones al interior de los anglicanos se han hecho más fuertes a raíz de que se ha intentado aprobar las ordenaciones de “obispas”, disposición que fue aprobada por los obispos pero rechazada por los laicos en noviembre de 2012.
La Santa Sede anunció, en enero de 2011, la creación oficial del Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham para Inglaterra y Gales, como "una estructura canónica que permite una reunión corporativa de tal modo que los ex anglicanos pueden ingresar a la plena comunión con la Iglesia Católica preservando elementos de su patrimonio anglicano".
Las ex religiosas anglicanas, cuyas edades comprenden entre los 45 y los 83 años, fueron recibidas en la Iglesia Católica el 1 de enero, y serán conocidas en adelante como las Hermanas de la Santísima Virgen María.
En su homilía, el P. Daniel Seward, Párroco del Oratorio de Oxford (Inglaterra), dio la bienvenida a las religiosas a la Iglesia Católica, y les aseguró que “a lo que ustedes se están uniendo no es nada extraño o extranjero, sino su propio patrimonio”.
“El genio espiritual de San Benito, bajo cuya regla ustedes viven, el estudio y la práctica de la sagrada liturgia, y la veneración y amor a la Madre de Dios, Nuestra Señora de Walsingham, todas estas cosas son parte de la antigua gloria de este país, que fue una vez una isla de santos y de María”.
Las religiosas permanecerán en su actual residencia de forma temporal, hasta que se les encuentre un hogar permanente.
Tras algunos años como periodista en temas pro-vida, la joven católica Kathleen Gilbert descubrió el llamado de Dios para ser una religiosa contemplativa y que el Señor se valió de su labor para disponerla a responder con un “sí” generoso a su llamado. Esta es su historia.
El 14 de octubre, la que fuera hasta ahora editorial del sitio pro-vidaLifeSiteNews en Estados Unidos, comenzó su primer año como postulante de las carmelitas descalzas en Buffalo, estado de Nueva York.
En entrevista concedida a ACI Prensa, Gilbert comentó que aunque fue criada en un “ambiente católico” en el que la vida religiosa siempre fue vista como “algo muy bueno”, nunca se sintió “presionada” en alguna dirección en particular y fue “totalmente libre para ser lo que quisiera ser”.
Hace algunos años, recordó, quiso ser una apologeta para defender la fe católica, especialmente porque con frecuencia tuvo que explicarle el catolicismo a su padre que es presbiteriano.
Con oraciones y una intense formación de fe en la familia, Gilbert comentó que “llegué a la adultez sabiendo que el camino que escogería sería mi respuesta creativa a Dios, no sólo una autodeterminación sin sentido”.
La joven también quiso estudiar demonología, pero eventualmente se convirtió en periodista, dejando sus estudios de posgrado en teología para escribir a tiempo completo para LifeSiteNews.com, un sitio web que defiende la vida y la familia.
En su opinión, ese cambio de rumbo sólo fue posible debido a la naturaleza espiritual de su trabajo, que era “suficiente para satisfacer mi deseo de hacer el bien y de, especialmente, luchar contra el mal”.
“Era un sitio para trabajar totalmente espiritual. Nuestro pan cotidiano es laoración. Poder avanzar con un solo espíritu hacia Dios en el trabajo cotidiano es realmente un privilegio”.
La escritora pro-vida dijo a ACI Prensa que “nunca he sentido una razón para el miedo o la desesperanza. Cualquier oscuridad que encontrábamos se convertía en una razón más para remangarnos y trabajar para dar luz sobre eso”.
En diciembre de 2011, luego de trabajar como periodista durante tres años, Gilbert comenzó un serio proceso de discernimiento considerando la vida religiosa. La joven cuenta que siempre se sintió un poco “desapegada del mundo” y que ese sentimiento dio paso luego a “una pequeña voz” que la llevó a visitar un monasterio carmelita.
“Dado que nunca imagine este futuro antes, lo rápido de esto me ayudó a darme cuenta de que no era sólo mi idea” y por eso pensó en unirse a las carmelitas, a quienes con cariño llama las “marines (fuerza élite de EEUU) de la Iglesia”.
Ella se sintió atraída a quienes viven con “énfasis” una “total unión con Dios en la oración contemplativa”. De esta forma, las carmelitas “dedicamos toda nuestra vida a ser el punto de contacto entre el Cielo y la Tierra, pidiendo gracias para los sacerdotes, los misioneros y las familias en el mundo”.
Aunque ahora ya no escribirá más, al menos no en el trabajo que tenía, Kathleen afirma que el mundo de las noticias pro-vida fue una “excelente forma de saber por qué cosas rezar” ahora en el convento.
Si bien ya no será parte de LifeSiteNews, la joven espera que pueda ayudar como su “religiosa” que trabajará “a tiempo completo en los escalones más altos del poder”.
Gilbert también espera que su trabajo como periodista haya “salvado por lo menos la vida de un no nacido o que haya suavizado el corazón de la dignidad de la persona humana, o le haya dado un poco es esperanza en el camino hacia la verdadera libertad”.
Es el mecenas del club de fútbol inglés Accrinton Stanley y admirador del teólogo Hans Urs Von Balthasar. Durante más de 15 años fue una especie de católico clandestino. Hoy la fe guía su actividad diaria.
La historia del millonario y exitoso financiero Ilyas Khan es a la vez tranquila y asombrosa. Nació en Inglaterra, y su padre era musulmán, un emigrante paquistaní de clase trabajadora. Pero él recuerda, contando su testimonio a Edward Pentin en el National Catholic Register, que pasó su primera infancia con su abuela católica irlandesa, en una guardería católica, y que a los 4 años "yo no pensaba ser otra cosa que un cristiano".
Además, su infancia, señala, transcurrió en una de las zonas con más tradición católica de Inglaterra, Lancashire, junto a Ribble Valley, "el mayor enclave que nunca aceptó realmente la Reforma protestante".
Formación musulmana completa
Pero de los 4 a los 17 años recibió toda la formación islámica que corresponde a un joven musulmán. Iba a la mezquita, se aprendió el Corán y peregrinó a la Meca y a Medina.
Khan dice que no sintió nunca rechazo por el Islam. Más bien, sintió atracción por Jesucristo.
La atracción empezó cuando tenía 18 años y vivía en una residencia universitaria del Opus Dei, Netherhall House, en Londres. "Yo era un adulto joven que se hacía preguntas y buscaba razones", recuerda. En la bibloteca de Netherhall descubrió a los Padres de la Iglesia: primero a Orígenes, del siglo III (del que recientemente se han descubierto 29 homilías inéditas). Después leyó a San Agustín. Y después a un autor moderno, el teólogo Hans Urs Von Balthasar, de quien dice que "me guió muchos años en mi viaje". En Netherhall empezó su vida de oración, inspirado por mucha gente que conoció allí.
Quizá podría haberse convertido ya entonces, con 20 años, pero varias cosas le retenían. Por un lado no quería dañar a sus padres. Por otro lado, "creo que en esa época no tenía las agallas para ser recibido en la Iglesia ni para recibir una instrucción formal. La apostasía es algo que el Islam se toma muy en serio. A ojos de muchos musulmanes, la apostasía debe castigarse realmente, no teóricamente, con la muerte". Así que se mantuvo muchos años como una especie de "católico oculto".
A misa en Hong Kong
Cuando tenía unos 24 o 25 años, Ilyas ya era un financiero de éxito que pasaba la mayor parte de la semana en Hong Kong y en Asia haciendo negocios. En Hong Kong iba a misa con mucha regularidad a la parroquia de Saint Joseph.
Aunque no todos los domingos iba allí, porque con frecuencia volaba a Inglaterra para seguir la liga de fútbol, otra de sus grandes pasiones en la vida. (Aunque siempre fue seguidor del Chelsea, con el tiempo terminaría patrocinando el Accrington Stanley, un equipo antiquísimo, de los orígenes del fútbol inglés en el siglo XIX, que habría cerrado sin el apoyo económico del financiero, y con el que desarrolla estrategias para conseguir más socios y fuentes de financiación. Fue su presidente desde 2009 hasta este mismo mes de mayo de 2012 y ha invertido en él más de 2 millones de libras).
Cuando tenía unos 35 años, llegó el momento que le animó a dar el salto.
El arte que convierte y transforma
Hay mucha gente que se escandaliza por el arte y la belleza que se exhiben en el Vaticano, pero ese arte fue el que convirtió a este millonario.
"Estaba allí, pasando junto a la Pietá en San Pedro, y recuerdo que volví literalmente sobre mis pasos atraído por una combinación de varias cosas. Y pensé "este es Dios. Realmente, este es Dios". Recordemos que una de las cosas que el Islam tradicional ve como herejía es igualar a Jesús, mortal, con Dios. Ese es el obstáculo más importante con el que un converso musulmán tiene que enfrentarse, intelectual y emocionalmente. Pero en ese momento, ante la Pietá, me di cuenta, a través de la pura emoción, que la verdad de nuestra religión es simple y directa. Recuerdo ese momento con exctcitud, aún me conmueve hasta las lágrimas: no había ninguna duda en mi mente. ¡Era tan claro! Me temo que me sería imposible articular ese sentimiento con simples palabras. Si hubo un antes y un después, ese fue el momento."
Amenazas y correos con odio
Fue entonces cuando ingresó plenamente en la Iglesia católica. Desde entonces, y siendo una figura habitual en la prensa deportiva inglesa (que es la más leída del papel), su nombre a menudo figura como "el filántropo musulmán convertido al catolicismo que compró el Accrington Stanley".
"He recibido una buena ración de correo con amenazas de violencia y comentarios llenos de odio, pero me comporto con lo que espero que sea una dignidad sencilla y me niego a dejar que mi vida esté gobernada por el miedo o precauciones indebidas", comenta. Hay que especificar que también ha recibido amenazas racistas y hasta pedradas simplemente por ser de etnia pakistaní, incluso siendo ya famoso patrocinador de fútbol. Con todo, asegura que la violencia racista en este deporte "es hoy menor que hace 10 años".
A Ilyas Khan le provoca "una gran tristeza en mi corazon contemplar gente que usa el Islam para justificar sus acciones violentas. No solo son actos no-islámicos, sino inhumanos y no tienen nada que ver con como veo yo el Islam como religión. Creo que podemos decir que el Islam y el cristianismo son primos lejanos. Fui criado como musulmán, estuve en Medina y en La Meca, y puedo ver sus cualidades inherentes. Pero también debemos admitir que la diferencia entre ambas religiones es enorme. Yo celebro el hecho de que Jesucristo es amor. Esa es una afirmación simple. Y es la diferencia que lo define".
Discapacitados y patrimonio en peligro
Cheshire Disability y colabora en diversos fondos para financiar centros de herencia cristiana que mantengan edificios y patrimonio artístico cristiano. Recientemente, por ejemplo, compró y donó a la Iglesia objetos sagrados que se subastaban de la abadía benedictina de Farnborough, como un cáliz de plata inglés de 1633, hecho por y para católicos clandestinos en la época de la persecución protestante. Él sabe, por experiencia propia, que el arte y la belleza pueden llevar a Dios.
La diócesis les ha facilitado vivienda y participan en la vida de sus distintas parroquias.
Más de ochenta católicos pakistaníes residen en la actualidad en Valencia , después de haber huido de su país natal ante "las continuas amenazas por profesar la fe cristiana", informa el arzobispado.
Según publica en su último número el semanario diocesano Paraula, la mayoría de ellos, acogidos como refugiados religiosos, participan en las celebraciones de la parroquia de San Eugenio y Santa Inés de Valencia, así como en diferentes actividades pastorales, explica el párroco José Vicente Morató. Otros refugiados forman parte de la feligresía de San Miguel de Soternes, en el mismo barrio valenciano de L´Olivereta.
Además, algunas de las familias participan también en los grupos del Itinerario Diocesano de Renovación que se desarrolla en la actualidad en Valencia , promovido por el arzobispo Carlos Osoro.
Entre los acogidos se encuentra el matrimonio formado por Jamshed y Marina, de 33 y 29 años de edad, que llegaron hace cinco años en Valencia "tras ser acusados de blasfemia por entender que enseñaban ideas contrarias al Corán", relata Paraula, que asegura que su delito fue "dar charlas" en la Cáritas de la ciudad de Lahore sobre derechos de las mujeres y de los niños.
En la actualidad residen, en uno de los dos pisos que la parroquia de San Eugenio ha destinado a la acogida de familias refugiadas. Desde que salieron de su país no han podido regresar ni ver a su familia. "Es duro, pero poco a poco voy comprendiendo que la misión que Dios quiere para mi es que esté aquí, en Valencia , dando mi testimonio para que otros puedan conocer lo que pasa en mi país", apunta Jamshed.
En los últimos seis años, se ha registrado en Pakistán un "notable incremento del número de ataques contra minorías religiosas en todo el país" por parte de grupos de islamistas radicales, según expone en su último informe sobre libertad religiosa en el mundo la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), vinculada a la Santa Sede. Los cristianos acusados de blasfemia sufren "marginación, vejaciones y, llegado el caso, cárcel y hasta muerte" sin necesidad de testigos, añade el informe.
Ha colaborado en el descubrimiento de 25 minerales nuevos en yacimientos rusos e incluso tiene un mineral bautizado con su nombre: ¡la krivovichevita! Vive con lo justo, de beca en beca. Y detrás de todo ve la mente de Dios, la única que reúne toda la información oculta.
Serguey Vladimirovich Krivovichev, nacido en 1972 en Leningrado (actual San Petersburgo), es una autoridad mundial en la ciencia cristalográfrica, ha colaborado en el descubrimiento de 25 minerales nuevos en yacimientos rusos e incluso tiene un mineral bautizado con su nombre: ¡la krivovichevita! Especialista en el ámbito de análisis estructural por rayos X, es autor de más de 400 descifraciones estructurales.
También es diácono casado, cristiano ortodoxo y padre de seis niños. Fe, familia y ciencia se unen y complementan en su vida.
"Yo había crecido en una familia de científicos: papá era profesor, mamá era docente… Y ninguno de los dos era creyente. Cuando comencé a estudiar el último año de bachillerato en el Gimnasio Académico adjunto a la Universidad Estatal de Leningrado, descubrí que muchos de mis coetáneosdiscutían sobre la existencia de Dios. Me parecía un tema retrógrado. Estaba interiormente dispuesto a no ceder ante tal obscurantismo", recuerda Serguey.
El resplandor
¿Qué pasó? "Pasó" la literatura rusa.
"¡Me convertí con una sola clase de literatura rusa! Recuerdo que tomé muy a pecho mi falta de principios. La visión cristiana de la literatura de mi profesora, Irina Gueorguievna Poluboyarova, me mostró el resplandor de la Vida Eterna. Eso fue dos años antes de mi bautizo".
¿Y sus padres? "Les preocupaba muchísimo mi acercamiento a la Iglesia. Se ponían ansiosos con mis ayunos, temían de que dejaría la ciencia… Aunque también supieron aprovechar mi nueva afición. Yo entonces fumaba, y mi padre me decía que “un cristiano de verdad no debería fumar”. Y así tuve que dejarlo. Y sin embargo, mis padres no dejaban de preocuparse. Así, a mi madre no le gustaba que pasara días enteros en casa leyendo, en vez de salir con los amigos. Así que cuando les presenté a Irina, los dos exclamaron “¡Por fin!”
Familia y patria
Irina es su esposa y la mente organizadora de la numerosa familia Krivovichev. Se conocieron en 1993 por casualidad, en la universidad en que ambos estudiaban. Ella ya era cristiana. Los dos coincidían en tener un gran sentimiento de amor a la patria, en una época de desencanto en la cual esto no era común.
La carrera del joven investigador fue fulgurante: tesis doctoral con 25 años; tesina de doctor habilitado a los 29. Fue profesor enseguida en la cátedra de cristalografía de la Universidad Estatal de San Petersburgo, recibió la medalla de jóvenes científicos de laSociedad Rusa Mineralógica, después la medalla de jóvenes científicos de laAcademia de Ciencias de Rusia y después la de la Unión Europea Mineralógica.
"Pasamos tres años y medio viviendo en el extranjero trabajando gracias a las becas: en EEUU, Alemania, Austria. Nos proponían quedarnos para siempre. En este caso, la vida acomodada nos estaría garantizada. Pero, aunque suene ampuloso, queríamos servir a nuestra patria. Y así regresamos". Aunque hoy las condiciones de investigación en Rusia son un poco mejores que hace 15 años, en su campo se hace investigación fundamental, sin aplicación ni remuneración inmediata garantizada. "Por eso nos vienen sólo unos científicos verdaderamente entusiastas", comenta.
Y entusiasmo es lo que desprenden sus palabras cuando habla de sus investigaciones, un fluir más propio del predicador que del hombre al microscopio.
"Donde nadie miró antes"
"Estamos descifrando las estructuras cristalinas de los compuestos, el empaquetamiento interno de los átomos. De hecho, descubrimos una nueva realidad. ¡Estamos echando un vistazo a donde nadie ha mirado antes! Y una vez visto aquello, ya no te imaginas la vida sin esta belleza oculta. Este trabajo da una alegría intelectual y espiritual. Como decía el académico N.N. Bogoliubov, no existen físicos que no sean creyentes. El trabajo científico presupone una intuición espiritual muy fina. En fin, la ciencia no se basa en la racionalidad sino en la contemplación".
¿Clérigo y científico?
En 2004, siendo ya una celebridad que había vuelto del extranjero para investigar en Rusia, fue ordenado diácono. "Siempre lo deseé", explica.
Encontro alguna reticencia entre la gente de iglesia, que comentaba que un sacerdote no debería “ocuparse de negocios del mundo”. Pero el ponía el ejemplo del obispo ortodoxo Luka (Voino-Yasenetskiy), "sacerdote, monje y una lumbrera científica. Su ejemplo muestra que dentro de la Iglesia ortodoxa es posible compaginar la ciencia con el sacerdocio".
Luego estaban los comentarios de la gente de ciencia, de la universidad...
"No anuncié la ordenación en la universidad, pero se enteraron todos igualmente. A veces, en nuestra cátedra, empiezan a hablar sobre la iglesia, los chicos dicen que los curas son malos, sólo quieren dinero, son borrachos… en fin, las etiquetas de siempre. Y alguien replica: “Y lo de Serguey Vladimirovich, ¿qué?”. “Bueno, eso no cuenta, él es especial”. Pero en realidad no soy nada especial, soy lo común".
El papel del profesor creyente
Aunque Serguey opina que "no hay que predicar fuera de lugar" también afirma que "una persona creyente, debido a su sensibilidad espiritual, está más capacitado para transmitir lasensación de la armonía universal. Los profesores creyentes imparten sus disciplinas de otra forma, y eso se nota. Recordemos a mi profesora de literatura… En mi asignatura, también hay lugar para demostrar mi cosmovisión".
Un ejemplo es la misma noción del descubrimiento científico.
"Nosotros decimos que descubrimos una ley. Eso presupone que tal ley ya existe. Eso significa que existe una totalidad de conocimientos de las leyes de la naturaleza. Entonces,debe existir algo, o mejor decir, Alguien que contenga la totalidad de la información, Aquello que está por encima de la información. Sabemos, que sólo una persona espiritual (como el hombre) puede ser un contenedor activo y creativo de los datos. Lo que significa que el contenedor de la totalidad de la información, de una sabiduría absoluta, una razón absoluta, también ha de ser una Persona… Y los chicos se quedan pensando en estas preguntas".
Mantener una familia
¿Y cómo se mantiene esta familia con seis niños? De beca en beca. "Hoy tenemos la beca, y mañana no la hay. Y así no podemos planificar nada". El país invierte poco en ciencia. "Los empresarios prefieren petróleo, gas, construcción. No es nada malo, pero no hay perspectiva".
Y la familia sufre estrecheces. "Nos haría falta una casa de campo para poder pasar tiempo en la naturaleza. Pero, si hay tal casa, no podrás arreglártelas sin coche. Hace falta un piso espacioso. Antes todos nos apretujábamos en un pisito de un dormitorio, y hace poco nos hemos mudado a uno de tres dormitorios, ¡qué alegría!Hasta hace poco, había dos niños en cada habitación, pero con la llegada del nuevo bebé habrá que hacerle sitio a él.. Me consuelo con que si Dios te da hijos, seguro que habrá sitio para ellos. Por ejemplo, hace dos años ni me atrevía a soñar con una casa así, ¡pero todo se arregló!"
Como padre de familia numerosa y economía precaria, Serguey comprende a los padres que en Rusia (como en España) pueden asustarse con su segundo o tercer hijo como si fuesen una catástrofe. Pero tiene palabras de ánimo.
"Surgen muchos problemas: cómo alimentarlos, dónde meterlos. Pero nosotros no vivimos en un mundo de casualidades donde reinen las fuerzas elementales de la naturaleza; no somos como unos globos, arrastrados por el oleaje. Sabemos que el mundo se rige por la Providencia… Por eso no hay nada que temer. Todo se arreglará, y ni siquiera nos daremos cuenta de cómo. No está al alcance de nuestra razón. El Señor nos coloca en ciertas condiciones, y esto es Su diseño al que tenemos que corresponder. Y todo lo que hagamos en este mundo, sólo es un medio…"
¿Y las personas que le tentaron a quedarse en Occidente por el bien, decían, de su familia?
"No considero que el trabajo o incluso la patria estén por encima del destino principal de la persona. Tampoco la familia ha de ser por familia. O muchos hijos por muchos hijos. Ha de haber algo más, o si no, se pierde la razón. Porque todo en la vida, a través del trabajo, patria y familia, se hace por la Verdad. Que es Cristo", concluye.
Era luterano y «perfecto», hasta que un día dejó de ser casto. Luego se bastó él solo para meterse en líos.
"Mi nombre es Matt Gibson y tengo 33 años": así empieza su historia un joven converso que la ha relatado a Stephen Ray, converso él mismo y que recoge y difunde testimonios similares de personas que encuentran a Dios y a la Iglesia tras un pasado alejado de ambos.
Un chico poco problemático
Matt empieza explicando que era luterano y casi "perfecto". Criado en una familia devota -dos de sus tíos abuelos eran pastores-, iba casi todos los domingos a la iglesia: "Formaba parte del coro y era monaguillo y presidente del club juvenil de la iglesia luterana de San Pablo en North Star (Ohio, Estados Unidos). Estaba orgulloso de mi fe y discutía hasta la extenuación con mis amigos católicos".
En la época del instituto, dice, "creía ser un buen chico: no salía de fiesta, no bebía, no tomaba drogas, estudiaba mucho y nunca tuve ningún problema. Quería conservar mi virginidad hasta el matrimonio. El futuro era brillante".
Espiral de destrucción
Pero al llegar a la universidad, dejó de ser casto: "Empecé a salir y me eché una novia formal. A medida que profundizábamos en la relación, la tentación del sexo se hacía cada vez más fuerte. Tan fuerte, que sucumbimos a ella. Durante los siguientes ocho años, eso se convirtió en un problema para mí. Empecé a vivir una vida muy poco casta. Ahora me doy cuenta de que no la quería, pero estaba esclavizado al sexo y a esa forma de vida. Mi estilo de vida se convirtió en muy destructivo, porque cuando nos separamos,empecé a beber en abundancia. Todos los días".
Roto el dique, no dudó en meterse en líos: "Comencé a fumar hierba y a probar otras drogas. Decidí que sería siempre el rey de la fiesta y durante dos años fui a tantas que tuve que abandonar los estudios universitarios, y me puse a trabajar a tiempo completo para tener dinero para más juergas. Salté de relación en relación, de chica en chica, sin consideración a si les estaba haciendo daño. Todo lo que quería era satisfacer mis deseos y caprichos. Pasaba la noche en los bares y debía miles de dólares".
En esa época sus padres se divorciaron, y Matt, totalmente roto, cayó en una profunda depresión: "Empecé a tener idea suicidas. Sabía que la espiral en la que me había metido iba a tener un fin, pero tenía miedo de que el precio fuese mi vida".
Melanie, el ángel
Justo entonces, apareció Melanie, una joven católica: "El Señor me envió un ángel", dice. "Para mí fue un amor a primera vista. Era hermosa, amable, simpática. Escuchó todos mis problemas. Me sentía mejor cuando estaba con ella. Quería ser un hombre mejor para ella".
Y a los tres años se casaron en Russia, Ohio, en la parroquia católica de St Remy. "Yo le había pedido que no me forzase a hacerme católico. Para ser sincero, no tenía la menor intención de hacerme católico. Pero, por otro lado, no sentía mi corazón lleno con la fe luterana. Intenté llenar ese vacío con asuntos mundanos, pero no lo conseguí. Al final decidí ir a misa con mi mujer los domingos, para estar más con ella y porque me quedaba más cerca que la iglesia luterana".
La conversión
Fue así como Matt, en plena inquietud religiosa, asistió a durante unos meses a las que fueron realmente sus primeras misas, más allá de momentos protocolarios, como su propia boda: "Me sentaba y no participaba, pero empecé a prestar atención a la consagración y a la comunión. Hasta que un día vi cómo mi mujer se levantaba para ir a comulgar, y me invadió un deseo de acompañarla. Algo en mi alma empezó a decirme que yo también quería recibir la Eucaristía. Dios me estaba llamando".
Aquel día, obviamente, no lo hizo, pero al poco tiempo le confesó a Melanie y a sus suegros que quería ser católico: "Se quedaron con la boca abierta. Luego supe que habían estado rezando por mí, para que eso sucediera. Y empecé a asistir a las clases de catecismo".
Su testimonio es sencillo, pero claro. Todo cambió en su vida: "Tiré por la ventana mis prejuicios sobre el catolicismo. Había crecido sin saber nada sobre el rosario o sobre sacramentos como la confesión o sobre la Virgen María. Comprendí que la Iglesia católica es la Iglesia de Dios, y que es verdaderamente hermosa".
La vida de Dios
Y el día de su confirmación fue también el de su primera comunión: "Mi padrino me dijo que hay un momento en la vida en que tienes que dejar de vivir tu vida y la vida que el mundo quiere que vivas, y empezar a vivir la vida que quiere Dios. Porque Dios quiere que seas feliz en esta vida, pero sobre todo en la vida futura".
Hoy Melanie y él tienen dos hijos, y justo en estas fechas su mujer está saliendo de cuentas del tercero. No saben si es chico o chica: "Si es chico, le llamaremos José Gerardo. Si es chica, Catalina Faustina".
Como Santa Faustina, apóstol de esa Divina Misericordia que se celebra este segundo domingo de Pascua. Si ha nacido hoy... ¿qué mejor señal de la misericordia que usó Dios con su padre?
La proclamación del Dr. Fernando Casanova responde al gran tesoro que descubrió en la Iglesia Católica. No importa el tema de la ocasión, o si se trata de su testimonio, de una predicación, taller o curso, él siempre exalta la fe, doctrina, espiritualidad y moral católica.
El cuestionamiento principal en el proceso de conversión del reverendo Fernando Casanova fue la Eucaristía. No obstante, él es el primero en reconocer que hubo otros temas importantes con los cuales tuvo que lidiar: la excelencia y el rol de la Virgen María en la historia de la salvación, el culto a la Virgen y a los santos, el primado de San Pedro, el papado, el bautismo de infantes y el sacramento de la Confesión. Siempre, sin excepción, encontró una respuesta contundente a favor de la Iglesia Católica Romana.
El Dr. Fernando Casanova reconoce que no siempre descubrió la Verdad católica por iniciativa propia, sino sin quererlo y sin procurarlo; de hecho, por mucho tiempo se resistió, pues no quería hacerse católico.
Hasta que se encontró retando al Señor sometiéndome, por ejemplo, al sacramento de la Reconciliación (Confesión), y predicando en su iglesia pentecostal sobre María y la Eucaristía, y negándose a bautizar al modo protestante, y rehusándose casar a católicos, y enseñando la versión católica de la teología a los seminaristas evangélicos… y un largo etcétera.
Como era de esperarse, una situación extraordinaria de conversión como esta tuvo que ser muy difícil y dolorosa, sobre todo cuando se pierde el afecto de amigos y los hermanos en la fe, y cuando se sacrifica la vocación para la que se creía llamado por Dios, pero sobre todo cuando se perjudica el matrimonio porque el cónyuge no comprende por qué su esposo decide hacerse católico, con lo antipática que les solía parecer esa Iglesia y sus prácticas.
Los esposos Casanova sólo platican de estas dificultades cuando participan de actividades de evangelización y formación a las que son invitados. Este no es el lugar para versar sobre situaciones privadas tan neurálgicas.
Sin embargo, sí podemos aprovechar algunas líneas escritas por el Dr. Fernando Casanova sobre las razones bíblicas, teológicas y espirituales que tuvo para hacerse católico.
A continuación presentamos un breve resumen de estas razones, que hemos tomado y adaptado de una conferencia que dictó Fernando en la XVI Convención de la Asociación Nacional de Sacerdotes Hispanos de los Estados Unidos, el 11 de octubre de 2005, en San Juan.
En esta conferencia se enfatizó el tema de la Eucaristía, que fue la cuestión más importante en la conversión de Fernando, y luego también de su esposa.
El pentecostalismo y yo
Fui criado en la tradición pentecostal. Nunca conocí otra experiencia de fe. No fue difícil para nuestra familia identificar esa fe evangélica y pentecostal como la causa de nuestra excitante vida espiritual, y como razón de nuestra grata convivencia familiar.
Estaba tan agradecido de Dios por el orden religioso en nuestras vidas, por las nuevas oportunidades que me regaló después de haber abandonado la fe de mis padres, viviendo por algún tiempo una vida juvenil desordenada, que decidí entregarme al Señor en cuerpo y alma. Pronto me sentí llamado por Dios a ser pastor. Respondí enseguida. ¡Qué mejor manera de vivir para mi Dios que trabajar para él!
Pero una vez involucrado en el ministerio se me develaron otras razones para querer procurar una vida espiritual cabal, más aferrada a la Escritura, dependiente de la perfecta voluntad de Dios y en sintonía con la Iglesia que él parecía haber establecido en el Nuevo Testamento. Es que tenía que haber algo más profundo, alternativo, en línea con la intención original de Jesús y en comunión con los primeros apóstoles y con aquella Iglesia primitiva de la que me creía heredero, pero de la cual me distanciaba la realidad que comencé a percibir cuando me inauguré como ministro y pastor.
Al principio me entusiasmé con las propiedades liberadoras de la religiosidad pentecostal, y me adherí a ella con todo el corazón. Cuando accedo al ministerio por convicción y vocación, me di cuenta de que arriba, en el liderato, y lejos de la buena fe del pueblo creyente, se encuentra una actitud generalizada de embaucamiento. De pronto, di al traste con la realidad: yo era parte de una ínfima minoría. Me relacioné con otros colegas que se daban cuenta de la corrupción y de la incongruencia con el evangelio de Jesús, con la idea paulina del ministerio cristiano (cf. 2 Co 11, 4 al 12, 21) y con la vida de la Iglesia primitiva (cf. Hch 2, 42.44; 5, 40; 9, 16; 14, 22; Col 1, 24), pero mis compañeros se conformaban.
Tenían miedo. Les preocupaba más su propio bienestar y sus sueldos, y terminaban haciéndose cómplices de la religiosidad sensacional tipo espectáculo. Vi a muchos sucumbir a la fascinación de los predicadores que presentaban a la religión como un show para escapistas: una incubadora de sentimentalismo que atraía a embaucadores apegados al dinero fácil y a la fama. Estos personajes descollaban como súper apóstoles: “¡el hombre de Dios para este tiempo!” o “el Evangelista Internacional”, de los que se resguardaban al lado de un elegante escudo de armas circundado por las palabras “Mengano Ministries”, o detrás de vistosos letreros con la foto artística del pastor y su esposa.
Estos personajes carismáticos se iban constituyendo en los paradigmas del nuevo ministro pentecostal, un prototipo que yo no quería emular y que rechacé con todas mis fuerzas.
Profesor de teología en el seminario pentecostal
Se me ocurrió que podíamos volver a aquel primer cristianismo, genuino y martirial, que el movimiento pentecostal había tratado de revivir cien años atrás. Pensé que todo sería cuestión de buena educación teológica. Así que me fui al Colegio Bíblico Pentecostal a enseñar teología. Este era el Seminario de mi denominación y el único colegio bíblico acreditado fuera de los Estados Unidos continentales. Obtuve la Cátedra de Teología Sistemática que ostentó el Dr. Richard González por más de treinta años antes de retirarse. Me sentí optimista; sentía que podía hacer algo formando a los seminaristas que ejercerían el liderato pentecostal en el futuro.
Tomé mi nueva responsabilidad con pasión. Sin pausa enfaticé en la imperiosa necesidad de atender las incongruencias éticas y doctrinales. Lo único que me movió fue el convencimiento de que teníamos que actuar conforme a la Iglesia que descubrí en la Biblia; una Iglesia apostólica (Jn 15, 16; 20, 21; Lc 22, 29-30; Mt 16, 18; Jn 10, 16; Lc 22, 32 [Jn 21, 17]; Ef 4, 11; 1 Ti 3, 1.8; 5, 17), con autoridad (Mt 28, 18-20; Jn 20, 23; Lc 10, 16; Mt 28, 20), perpetua (Is 9, 6-7; Dan 2, 44; 7, 14; Lc 1, 32-33; Mt 7, 24; 13, 24-30; 16, 18; Jn 14, 16; Mt 28, 19-20, infalible (Jn 16, 13; 14, 26; 1 Ti 3, 15; 1 Jn 2, 27; Hch 15, 28; Mt 16, 19). Otra idea bíblica que me martillaba la cabeza constantemente era la unidad completa (espiritual y visible) de esa Iglesia (Jn 10, 16; 17, 17-23; Ef 4, 3-6 [cf 3, 21; 4, 14]; Rm 16, 17; 1 Co 1, 10; Flp 2, 2; Rm 12, 5; Col 3, 15). Y ni se diga la contrariedad que me quitó el sueño por mucho tiempo cuando me confronté con el testimonio acerca de la Iglesia Católica de los llamados Padres de la Iglesia, en los primeros siglos de la era cristiana: San Clemente Romano (97 d.C.), San Justino Mártir (155), San Ignacio de Antioquía (165), Tertuliano (197), San Cipriano (250) y San Agustín (397), entre otros.
Cuando constaté el fondo eclesial de la Biblia y del cristianismo primitivo, se me comenzó a aparecer la Iglesia Católica como la verdadera Iglesia de Jesucristo.
Mi optimismo inicial en el Colegio Bíblico se convirtió en una profunda tristeza. Sabía que era responsable del destino eterno de muchas almas. Sabía que un ministro mal formado o con distorsiones éticas era un peligro. La desilusión fue inminente; yo me mortificaba señalándole a todos lo que decía la Biblia, Jesucristo, sus apóstoles y los Padres de la Iglesia, y ellos insistían en suspirar por ministerios deslumbrantes, construcciones majestuosas y exposición en los medios.
Así que me concentré en la oración y el estudio profundo de la Biblia y la historia. En medio de esta búsqueda se hizo evidente que el problema radicaba, a la luz de la Iglesia que constatamos en la Biblia y los Padres, en cuál de las pretendidas iglesias se encontraba la plenitud de la gracia y del conocimiento divino (cf. Mt 28, 19-20; Jn 20, 30; Ga 1, 9; Ef 1, 22; 2, 21; 1 Ts 2, 7; 2 Ts 2, 15; 1 Ti 3, 15; y 1 Jn 2, 19; 4, 6).
La verdadera Iglesia de Jesucristo
Me mortificó ver que, a pesar de que Dios proveyó el Espíritu Santo para conducirnos a la verdad completa, al conocimiento pleno y a una relación de donación de sí mismo (Jn 16, 12-15 [Rm 8, 14-17.23-27]), lo que se podía verificar era una funesta realidad religiosa de división, de fragmentación y de oposición entre los seguidores de Jesús. Cada vez que me fijaba en el espectro religioso de nuestro entorno pentecostal para identificar una respuesta o clave de solución, se me hacía más evidente una escandalosa realidad de relativismo religioso por la división que acusaba a nuestro Señor de mentiroso, pues él había urgido y anunciado lo contrario de su Iglesia (Jn 17, 20-26; Hch 2, 42-43; 1 Co 1, 10; Ef 4, 1-6; Etc.). La realidad que tenía de frente me denunciaba a un montón de espíritus que aducían ser el Espíritu Santo, pero que referían a muchas verdades diversas y contradictorias entre sí. Tuve que reconocerlo: la división entre los cristianos no sólo atentaba contra la disposición eclesial de Jesús, sino que también era la causa principal de la incredulidad (Jn 17, 21.23).
Aquel mundo protestante y de sectas no podía ser la Iglesia que Cristo convocó para su gloria, para remitir a su reino y señalar su verdad (¡en singular!).
Estaba seguro de que Jesús no se había equivocado; de que había una sola verdad que conduce a un solo Señor, y de que para mayor gloria de Dios esta verdad debe ser transmitida sin ambigüedades por una sola Iglesia (Ef 3, 21; 4, 3-6.14-15). La evidencia bíblica, el sentido común y la historia me señalaban a la Iglesia Católica como la Iglesia de Jesucristo, la original y la única. De hecho, ningún protestante, por más anticatólico que fuese, podía negar que la Iglesia de Jesucristo que conocemos como Católica, se mantuvo constantemente diciendo y estableciendo la verdad; sobre la Trinidad (Nicea, 325), la personalidad divina de Cristo (Efeso, 431), la divinidad del Espíritu Santo (Constantinopla, 381) y hasta sobre el canon bíblico (Cartago, 493, y Roma, 497). En adición, todas estas verdades echaban por tierra la hipótesis anticatólica de la corrupción de la Iglesia por Constantino y el Edicto de Milán de 313. ¡Se suponía que la Iglesia Católica se hubiera corrompido en esa fecha!
Vez tras vez, evidencia tras evidencia, me indicaban una realidad que me obligó a reconocer que era muy probable que la Iglesia Católica fuera la Iglesia de Jesucristo, y que era muy improbable que nuestras diversas iglesias (¡más de 30,000 en 1999!) fuesen esa única Iglesia del Señor, con todas las notas que correspondían al pueblo de Dios en el nuevo testamento.
No quería hacerme católico
Durante este proceso de conversión resistí al catolicismo con todo lo que tenía a mi alcance. Cuando la excelencia y la veracidad de su doctrina me alcanzaron por fin, es decir, cuando mis reservas de índole bíblico, teológico, histórico (en especial cuando caí en la cuenta de la existencia de una leyenda negra rabiosamente anticatólica) y espiritual (cuando entendí que la piedad católica, sobre todo la mariana, estaba cimentada en un sólido fundamento teológico que se gesticula y expresa a través del comportamiento y del lenguaje del amor, tal y como me conduzco cuando expreso con gestos y palabras controvertibles el amor y la pasión que siento por mi esposa [«soy sólo tuyo y de nadie más; te adoro, mi amor; eres la razón de mi vida», etc.]) se desvanecieron, opte entonces por hacerme de la vista larga y seguir sin hacer caso a la voz de mi conciencia y de mi razón: decidí continuar con mi ministerio, ocultando mis descubrimientos y tratando de demostrar que creía lo que predicaba y enseñaba. Siento mucho admitirlo, me da vergüenza, pero la verdad es que decidí actuar en adelante como un hipócrita. “No quiero hacerme católico, no me conviene, no me caen bien.”
Encuentro con la Eucaristía
Aceptando el reto lanzado por un fraile capuchino fui a ver una Hora Santa. El religioso me enteró de una comunidad “muy eucarística”, que tenían exposiciones del Santísimo programadas, y que se aprestaban esa misma noche a celebrar una adoración eucarística. Y me remitió a la parroquia Santa Bernardita, de Country Club, esa misma noche a las 7:30.
Quedé absorbido de inmediato por los detalles de ambientación y embellecimiento del altar, la ornamentación majestuosa del presbítero, una custodia hermosísima, incienso por el altar, luces de escenario, música sublime… y la disposición y devoción de aquellos fieles no tenían precedentes en mi memoria.
Hasta que caí en la cuenta de lo que hacían: ¡adoraban un trozo de pan!
Y para colmo el sacerdote le oraba con tanta seguridad y confianza, muy solemne, pero con familiaridad, similar a mis oraciones, pero él oraba con más convicción, como si de veras estuviera frente al Señor. Ese cura, y las cerca de 200 personas que le acompañaban, estaban convencidos de que lo que estaba colocado en la custodia los escuchaba, y de que era Jesucristo.
Se me ocurrió que si esas personas estaban equivocadas, y yo deseaba que lo estuvieran, entonces lo que me habían enseñado de niño era cierto a fin de cuentas: los católicos son idólatras. Durante algunos años me tuvieron a la defensiva con los temas y circunstancias que narraba al principio, pero ya no. Era imposible que estuvieran en lo correcto. Era increíble para mí que pensaran que adoran a Jesús y que se lo puedan comer.
Pero… y si están en lo correcto. El capuchino era un joven muy inteligente y creía sin ambigüedades en la antiquísima doctrina de su Iglesia al respecto.
No obstante, por alguna razón, sentía que ahora sí los había atrapado. Había analizado el punto de vista de la crítica protestante a la Iglesia Católica en este asunto y no le encontraba posibilidad a esa idea de la presencia real y verdadera del cuerpo y la sangre de Cristo en la misa, y mucho menos en los altares para culto de adoración. No podían tener la razón, ahora no.
De momento el sacerdote se levanta en procesión y comienza a ser seguido por sus acólitos. Tenía la custodia, la llevaba en solemne desfile. Las luces le seguían y el humo del incienso le precedía. A medida que se acercaba se escuchó el tintineo insistente de de unas campanitas. Y una vez más la excelente música y la voz bellísima de una joven se juntaron para cantarle a la presencia. Cuando tuve el Santísimo como a 10 pies de distancia se me ocurrió una idea para romper de una vez por todas con el catolicismo: “Si logro demostrar fuera de toda duda razonable, por la Biblia, que esta gente esta adorando a un trozo de harina cosida, y no a Jesucristo, entonces serán en realidad unos idólatras, unos alucinados que han estado confundidos o engañados por no atenerse a la realidad de los sentidos y por desconocer las escrituras. ¡Esto no está en la Biblia!”
Y retomé la Biblia para contradecir y desenmascarar la falsedad de esa práctica idolátrica. Mi temor se convirtió en un apabullante optimismo, pues estaba seguro de que había descubierto la puerta para salir del atolladero en el cual me tuvo el catolicismo por los pasados tres años. Tramé primero desbaratar la legitimidad de esa práctica mediante el estudio bíblico, y luego, con el entusiasmo de aquella indudable victoria sobre la idolatría católica, podría volver a encarar los otros temas que me tenían a la defensiva frente al catolicismo.
Esta coyuntura fue para mí la posibilidad de lograr al menos un empate: “Si los protestantes estamos mal, ellos también, y si ambos estamos equivocados alguna salida habrá, como el agnosticismo o incluso otra religión.” Así estaban las cosas en mi corazón.
La Eucaristía según los evangélicos
Yo enseñaba teología sistemática en dos instituciones evangélicas y había repasado bien la noción de la Santa Cena en el ámbito de nuestras iglesias. Nuestra celebración de la Santa Cena respondía a una idea accesoria (=adjunta, accidental) de una imagen secundaria (no esencial o determinante) del partimiento (o fracción) del pan o de la eucaristía, según la cultura religiosa que fluía en nuestra tradición de parte de los grupos wesleyanos y bautistas de los cuales salieron nuestras denominaciones pentecostales. En consonancia con nuestra parca y escueta doctrina sobre este tema enseñábamos que la Santa Cena (o partimiento del pan o Eucaristía) era una remembranza de la cena pascual que tuvo Jesús con sus discípulos, que tenía un valor simbólico que aludía al sacrificio expiatorio de Cristo y cuya excelsitud estribaba más en el hecho de ser ordenanza (“hagan esto en recuerdo mío”) que de todo lo demás que pudiera constatarse en la Biblia, los Padres de la Iglesia y hasta en las iglesias de la Reforma protestante: «Celebramos de vez en cuando la Santa Cena porque Él lo mando como un acto simbólico (complementario [no necesario] a la predicación) de la muerte del Señor y porque ?y he aquí la gran aportación del pentecostalismo? era posible recibir un milagro de sanidad en ese momento.
La Eucaristía según San Pablo
Este profesor creía que el único texto eucarístico importante era 1 Co 11, 23-34, pero sobre todo los versículos 23 al 26; los demás (en especial del 27 al 34) eran consideraros como una explicación de las consecuencias de referirse al símbolo de la Cena sin gozar de la plenitud de la gracia divina. Para la celebración utilizábamos los versículos 23-26, y eran por lo tanto los que conocían nuestros fieles. Confieso que comencé a preocuparme cuando me percaté de la ineptitud de mi tradición, de los teólogos evangélicos y de mis primeros profesores pentecostales, al no tomar en consideración textos importantes con un inequívoco sabor eucarístico. Para comenzar, ni siquiera contábamos con una reflexión coherente de nuestros maestros y líderes con relación a las terribles consecuencias de enfermedad y muerte de 1 Co 11, 27-24 por causa del mal entendimiento de un símbolo, de algo que según nosotros era prescindible de la sustancia y la definición pentecostal del culto cristiano. Y otro tanto de desesperación me invadió cuando di al traste con la poca consideración que dábamos a los relatos de la institución de la Eucaristía (Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25; Lc 22, 19-20) ni de su sugestivo contexto pascual, ni de su trasfondo sacerdotal (Gn 14, 17-20) y soteriológico (Ex 12), y mucho menos nos habíamos enterado del consenso que siempre ha existido en la opinión de que Jn 6, 25-59 y Lc 24, 13-35 son textos eminentes que destacan un valor trascendental a la Eucaristía, o la Cena del Señor, o como hayamos querido llamarle.
Pero, en cuanto a nuestro pasaje preferido de 1 Co, lo increíble es que tampoco subrayáramos su contexto literario, imposibilitando de esta manera el descubrimiento de otros aspectos, riquezas y beneficios de la Eucaristía. Y este contexto literario que añade significado al mencionado texto es 1 Co 10. Este capítulo 10 sirve a la intención de Pablo de exigirle a sus lectores que frente a la mesa eucarística ellos tienen que decidirse (10, 20-21): la mesa del Señor o la mesa de los demonios. Con esto quiere matizar que frente a este acontecimiento cumbre del culto cristiano, todos tienen que tomar una decisión definitiva y radical. Luego, al combinarlo con el capítulo 11, pude comprender el valor de la Cena según San Pablo, al señalarla como signo de contradicción (en el capítulo 10): motivo excelente de conversión y razón de ser de una vida íntegra delante del Señor y de los hermanos, y esto, porque en este acontecimiento del partimiento del pan y de la “copa de bendición” tenemos comunión (común?unión) con el cuerpo y la sangre del Señor (10, 16).
Entonces pude ir sobre el capítulo 11, en especial por los versículos enigmáticos del 27 al 31. Tomemos el 29: dice que en esta Cena (que para mi era un recuerdo por referencia simbólica) se es juzgado por Dios si no se discierne el cuerpo y la sangre del Señor. Este no es el lugar para discurrir sobre disquisiciones exegéticas del texto en cuestión, pero la realidad es que “discernir” (diakríno) se refiere aquí a “darse cuenta” (determinar; decidirse por la realidad de lo que está de fondo; distinguir la verdad de lo que está frente a uno) de la presencia que subyace frente a uno en la mesa del Señor. En la antigüedad el cernidor (del verbo “cernir”) era un instrumento para separar (o para dis-cernir) el trigo de los demás componentes de la planta y de la tierra, pero también de otras plantas que podían confundirse como verdadero trigo. El discernir con el cernidor era la acción de darse cuenta, de identificar, de establecer un juicio certero de que lo que quedó después del ejercicio discernidor fue el trigo de verdad, lo que en realidad se buscaba, lo que importaba y daba sentido a la búsqueda. En otras palabras, el que no se da cuenta del verdadero cuerpo (mé diakrínon tó sóma [v. 28]) del Señor, el que no descubre esa realidad maravillosa que es Cristo mismo, se está metiendo en un grave problema que puede costarle la salud o la muerte (11, 30) ?Ahora sí tenía sentido eso de las consecuencias nefastas de enfermedad y muerte para los profanadores, es decir, para aquellos que menospreciaban, que no distinguían, que no se decidían, que no se daban cuenta del auténtico cuerpo de Cristo. El Dios del nuevo testamento no iba a matar a alguien simplemente por haber mal interpretado un mero símbolo?.
La Eucaristía según San Juan
Lo próximo fue el capítulo 6 de San Juan, versículos 22-71. ¡Increíble!: más de 40 versículos que versan sobre la Cena del Señor. Un pasaje bíblico impresionante que el catolicismo utiliza para sustentar su fe inamovible en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
Las referencias anti-presencia real a las que había recurrido veían un sentido “oscuro” este capítulo, o sea, no evidente o claro, sino que la plática de Jesús a sus interlocutores incrédulos debía entenderse siempre en sentido figurado. Una vez más se recurría al símbolo, a la Eucaristía como una representación, sólo como una referencia pedagógica tipo metáfora y cuya observancia de nuestra parte (no muy frecuente, por cierto) mostraba el grado de cumplimiento de un deseo del Señor: “hagan esto”.
Pero ahora, yendo sobre el pasaje en cuestión y mientras me refería a la otra cara de la moneda, es decir, cuando decidí ir sobre las palabras, escudriñándolas y tomando en serio la repercusión de la intransigencia del Señor y del empecinamiento de San Juan evangelista, pude descubrir el verdadero sentido de Jn 6, 22-71.
Lo primero que me señaló una interpretación literal de Jn 6 fue el sentido natural y recurrente de las palabras del Señor a través de todo el capítulo, de manera insistente y sin importar la resistencia de los incrédulos, ni las consecuencias para el éxito numérico de su ministerio o la reacción de sus simpatizantes (cf, 6, 2-3. 14. 22-23. 60.): “yo soy el pan vivo bajado del cielo”, “quien come de este pan vivirá para siempre”, “y el pan que voy a dar es mi carne, la cual entregaré por la vida del mundo”, “mi carne es verdadera comida… mi sangre es verdadera bebida”, “el que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él”, “el que me coma vivirá por mí”, “si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros”, “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”, etcétera. Esta obstinación, reiterada y con tanta fuerza, no sólo desde el punto de vista de la interacción de los personajes en cuestión, sino también desde la óptica del lenguaje tenaz, gráfico, directo y sin ambigüedad de ningún tipo, se hace patente aquí en Jn 6; no hay precedente que pueda sugerir que una narrativa y diálogo como estos aludan a un entendimiento exclusivamente simbólico.
Junto a este sentido natural y demandante que anuncia la significación literal del pasaje en cuestión, y que por lo tanto lo señala como evidencia de la presencia real de Cristo en la Santa Comunión, tenemos el hecho de que Jesús no corrige la interpretación literal de sus oyentes. Esto es importantísimo porque es harto conocido y aceptado que una característica de este evangelio es que cuando, o cada vez que el Señor es mal interpretado o mal entendido, Él siempre corrige. Siempre: 3, 5; 4,34; 7, 38-39; 21, 21-23 (y hasta en Mt 16, 6ss). Pero aquí, de manera atípica, y por lo tanto desconcertante para mí, El Jefe no corrigió, no se echó para atrás, no lo echó a votación ni les dijo que cada cual podía tener su propia idea o interpretación porque, total, somos hijos de un mismo Padre y le servimos a un mismo Dios. Algunos dirían: “¡qué falta de perspectiva democrática, y de pluralidad, y de diálogo, y de tolerancia!... ¡pero qué nivel de intransigencia, y de integrismo, y de arrogancia!... ¡no está a la altura de los tiempos, carece de enfoque histórico crítico, no es capaz de un discurso estructuralista consecuente con la mentalidad de los que no piensan como él! ¡Es un fundamentalista!” El Señor es un buen maestro y quiere que todos lleguen al conocimiento de la verdad, y por lo mismo, ahora, cuando tiene una multitud cautiva de 10 mil personas que lo seguían, se vuelve a ellos para decirles lo que él cree, lo que quiere, la verdad, de frente, duro, sin tapujos ni relativismos acomodaticios: tenían que comérselo y bebérselo.
Lo tercero que me señaló una interpretación literal de Jn 6 fue que no encontré en toda la Biblia algún precedente que exprese a pan y vino como símbolos de cuerpo y sangre. En efecto, lo pude corroborar: no existe ninguna referencia bíblica que proponga una comparación espacial semejante, no hay ni siquiera una sola identificación simbólica de pan y vino como cuerpo (“carne”) y sangre… ninguna, nada de nada. Lo próximo fue el versículo 51b, que según la versión evangélica de mi Biblia Reina-Valera de 1995, decía: “y el pan que yo daré es mi carne, la cual entregaré por la vida del mundo”. Volví a leerlo. Lo meditaba y estudiaba, y pude así encontrar su repercusión literal ?o “literalista”, como señalábamos despectivamente a la versión católica?, a tono con todo lo que ya había desenvuelto.
Sabemos que Juan tenía una lucha acérrima en contra del gnosticismo, una herejía que circundaba la comunidad para la cual escribía y que enseñaba, entre otras cosas peligrosas para la supervivencia de la fe cristiana, que Cristo había venido en apariencia, en espíritu, porque la carne era mala (la prisión del espíritu y del alma y la coartadora de la verdadera y más conveniente divinización, que era la meta de los aventajados por una condición inherente a su superioridad espiritual). Pensaban que el Verbo de Dios no pudo haberse manchado mediante el contacto con el principio de corruptibilidad, con la materia, con carne, en un cuerpo humano convencional, limitante, no divino. Por lo tanto, Cristo, como Verbo encarnado, no murió en la cruz. “Lo perfecto es eterno, espiritual, no corpóreo, no físico, no puede morir: Cristo no murió” ?El apócrifo gnóstico de Tomás dice que el Señor les hizo pensar que murió, y que comía y dormía, pero él más bien los engañaba?. No es difícil para ninguno de nosotros suponer el riesgo que esta corriente representaba si se infiltraba y repercutía en el cristianismo, sobre todo si entendemos a este último como la expresión de la verdad de Dios que deviene a partir de la versión judía de la revelación, y que logra su cumbre y sentido total en las personas y la palabra de Jesucristo, sus apóstoles y la Iglesia (el nuevo Israel). Es decir, que este “detalle” de la peligrosidad gnóstica es entendible para nosotros, los que aceptamos la naturaleza judeo-cristiana de la verdad que nos condiciona y define (revelación, alianza (pacto, testamento); encarnación (a propósito, ver alusión a la encarnación del verbo de 1, 14, en 6, 41-42, y cómo los judíos que resienten el lenguaje literal de Jesús son propuestos como no elegidos [v. 43]), vida, pasión, muerte y resurrección corporal de una persona 100 por ciento Dios y 100 por ciento humano), que todos tenemos acceso a los beneficios de Dios, en y por Cristo, y no solamente unos cuantos privilegiados y sabiondos de una cierta provisión misteriosa , como aducían los gnósticos. Pues bien, la repercusión de Jn 6, 51b es que la carne que se nos dará para comer es la misma que padeció en el Gólgota. Y esto, teniendo presente la disyuntiva del evangelista con la herejía gnóstica. Juan estaba muy consciente de que la carne que daría Jesús para comer no podía ser mal entendida como algo etéreo e incorpóreo, y por lo tanto tan indeterminado como un fantasma. Juan, en línea con la predicación apostólica, pregonaba la vida humana, pasión, muerte y resurrección de un hombre de carne y hueso llamado Jesús de Nazaret. Ése mismo es el que se da como pan, se da a sí mismo, tal real y literal como lo tenía fijado el evangelista en su mente.
Lo siguiente que me señaló una interpretación literal de Jn 6, fue la imposibilidad de encontrar en la Biblia un precedente simbólico de comer la carne y beber la sangre que fuera coherente con el relato de Jn 6, 22-71, y que pudiera fundamentar una salida alegórica a este problema ?Ya lo consideraba un gran problema y estaba muy asustado. «La verdad católica de nuevo»?.
Resultó que siempre que la Biblia habla simbólicamente de comerse la carne o beberse la sangre de alguien (cf. Is 49, 26; M 3, 3), implica perseguir sangrientamente o destruir a una persona o a un pueblo”. Si era consistente con este antecedente simbólico y lo aplicaba al pasaje de Jn, tendríamos al Señor diciendo que aquellos que lo persigan, castiguen, le falten el respeto, lo injurien y lo destruyan, serán recompensados con la vida eterna (viz., 6, 50. 54.), tendrán vida en ellos (v. 53), vivirán por el Señor (v. 57) y vivirán para siempre (v. 51. 58.). Sólo un loco podría aceptar una aplicación tan disparatada. Entonces, una identificación simbólica de las afirmaciones comer y beber carne y sangre, tal y como aparecen en Jn 6, es imposible.
Otro hallazgo que me señaló una interpretación literal de Jn 6, fue el cambio de verbo ocurrido en el versículo 54. Hasta el v. 53 el Señor habla de comérselo, y para ello Juan utiliza el verbo fagéin (afagon, fáge, fagete), que es la palabra más común para designar el acto de comer, como consumir o ingerir alimentos. Ustedes saben que el nuevo testamento se escribió en griego koiné, y que se trata de una lengua muerta que no guarda correspondencia exacta con los idiomas que han bebido de él, como el español, por ejemplo. Pues lo que pasa aquí es que no hay un conseguimiento preciso de este cambio de conceptos, y por eso no aparece dicho cambio en nuestras versiones modernas.
Sin embargo, se da un cambio significativo. Verán. Fue en el instante más neurálgico de la discusión, cuando lo judíos lo impugnaban ?¡por última vez en el capítulo!? preguntándose “¿cómo puede éste darnos a comer su carne?, que El Jefe cambia la palabra comer, de fagéin y sus derivados, a trógon (ho trógon mou tén sarka), lo cual implica una matización mucho más radical aún que señala indudablemente un sentido literal franco e indefectible. No me quedó más remedio que reconocer la verdad que tenía de frente: Ahora, en este preciso momento de incredulidad y de minusvalía de parte de los judíos hacia Jesús, este se atreve a cambiar, de comer o ingerir su carne, a morder, mordisquear, mascar, mascullar, roer; denota un proceso lento de carcomer, supone un énfasis perentorio en el acto de comer, como si se estuviera avanzando conscientemente en la ingestión inflexible de un alimento. Busqué si se repetía el término en este evangelio y lo encontré en 13, 18, una vez más, en contexto eucarístico, mientras se efectuaba la última cena de Jesús con sus discípulos. Supe que me estaba metiendo en un problema. La Eucaristía como símbolo no tenía fundamento en Jn 6. Y se me hizo patente cuando me aferré a cierta idea de los partidarios de la interpretación simbólica de Jn 6. Me sentí tan ridículo cuando descubrí la idiotez de esa posibilidad simbólica de cierto versículo del capítulo 6 de San Juan.
¿Y cuál era el argumento que presentaba a la Eucaristía como símbolo en jn 6? Pues el versículo 63: “El espíritu es el que da vida; la carne no sirve de nada”.
Desconcertante, ¿ah? ¿Con que el Señor a estado diciendo que su carne y su sangre son para vida eterna y comunión con el Padre y con él, y ahora se contradice para significar que su “carne no sirve de nada”? Es insólito hasta dónde son capaces de llegar algunos para defender lo indefendible, porque cuando empecé a auscultar la opinión de algunos colegas ministros me respondían con el argumento de Zwinglio, ese de que Jesús se contradecía para decir que la carne que padecerá por nosotros y por la cual seremos alimentados para vida eterna, no vale nada, es nada, como basura, igualito que los gnósticos. Entonces aquella herejía era la verdad, si es que son consecuentes en su interpretación y continúan con la misma apreciación de la frase “El espíritu es el que da vida”. Esto sería incluso un intento atroz de preferir una noción heterodoxa y por lo tanto dañina, con tal de menguar un principio de literalidad como sentido correcto de un texto bíblico por el simple hecho de que no me conviene, o porque se supone que los católicos siempre estén mal.
Ya me había metido bastante con el evangelio de Juan y sabía a qué se refería el Señor en el versículo 63.
Las palabras en cuestión se refieren a uno de dos sentidos por los cuales Juan usa sarx (carne): como sinónimo de mentalidad o actitud carnal, como una mente dominada por las cosas materiales, que juzga según los sentidos (cf., 8, 15) ?esos sentidos que esbozábamos como lo concluyente en materia de la presencia real y la Eucaristía?, que se aferra a lo natural y por lo tanto no descubre la verdad espiritual que determina los asuntos divinos. Por eso, lo que se devela aquí es más bien otra prueba de la noción literal de presencia real, y así lo remacha sin duda el final del versículo 63: “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.” O sea, las palabras del Señor con relación al pan de vida expresan una realidad divina que sólo el Espíritu es capaz de hacernos comprender y que por lo mismo es brote de vida eterna para los creyentes (cf., Jn 1, 33; 14, 26).
Tuve que reconocer que este acontecimiento que ha celebrado la Iglesia Católica por 2,000 años, con tanta fe y a un costo tan alto, supone una poderosa presencia especial de Dios. Una presencia que tiene que producir una excelente oportunidad de conversión. Esta oportunidad que provee Dios en la Eucaristía se constituyó para mí en una fuente reconciliación y de liberación también.
Y de esta manera tuve que actuar de acuerdo a mi conciencia, convencido y poseído de esta gran verdad de la Iglesia del Señor: una, santa, católica y apostólica. No me quedó más remedio. Tuve que renunciar a mi ministerio. Sufrí mucho.
Otras cuestiones
Otros temas con los cuales tuve que lidiar fueron: la excelencia de la Virgen María y la importancia de su rol en la historia de la salvación, el culto a Santa María y a los santos, el primado de san Pedro y la institución del papado, el bautismo de infantes y el sacramento de la Confesión. Siempre, sin excepción, encontré una respuesta contundente a favor de la Iglesia Católica Romana.
Aunque tengo que reconocer que no siempre descubrí la Verdad católica por iniciativa mía, sino sin quererlo; de hecho, por mucho tiempo me resistí, pues no quería hacerme católico.
Hasta que me encontré retando al Señor sometiéndome, por ejemplo, al sacramento de la Reconciliación (Confesión), y predicando en mi iglesia pentecostal, y en otras que me invitaban como evangelista, sobre la Virgen María, y negándome a rebautizar al modo protestante, y enseñando la versión católica de la teología a nuestros seminaristas evangélicos, y un largo etcétera.
Un alto Costo
Sobre los inconvenientes y las crisis vocacionales, familiares y económicas sólo las platico con las comunidades que nos invitan. Pero no debe ser difícil para nadie imaginar lo mucho que tuvimos que sufrir.
Y aquí me encuentro ahora, en la Iglesia de Jesucristo. Yo hubiera preferido otro método, pero el Señor lo dispuso así. Hay cosas que nunca comprenderé del todo. ¿Por qué señaló a Pedro como el primero? Juan era mejor. ¿Por qué escogió a Judas Iscariote como tesorero? De seguro Mateo le hubiese resultado mejor, pues había sido CPA del Imperio (publicano). ¿Por qué no hizo que la Biblia fuese suficiente? ¿Por qué no se limitó a poner sólo gente santa, perfecta, casta y pura en Iglesia Católica para hacerme el trago menos amargo? ¿Por qué permitió que yo sufriera la afrenta y el escarnio público por hacerme católico, si pudo haberme hecho nacer en esta Iglesia y ahorrarme problemas? Total, lo que él quería conmigo lo pudo haber realizado comoquiera.
Sólo se me ocurre una explicación para todo esto: ¡ÉL ES EL SEÑOR!