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sábado, 28 de noviembre de 2015

Palabras del Santo Padre Francisco durante el encuentro ecuménico e interreligioso en la Nunciatura Apostólica de Nairobi (Kenia 25 de noviembre de 2015)

Queridos amigos:

Les agradezco su presencia esta mañana y la oportunidad de compartir con ustedes estos momentos de reflexión. Deseo dar las gracias, de modo particular, a Monseñor Kairo, Arzobispo de Wabukala, y al profesor El-Busaidy por las palabras de bienvenida que me han dirigido en nombre de ustedes y de sus respectivas comunidades. Siempre que visito a los fieles católicos de una Iglesia local considero importante el podeer reunirme con los líderes de otras comunidades cristianas y tradiciones religiosas. Espero que este tiempo que pasamos juntos sea un signo de la estima que la Iglesia tiene por los seguidores de todas las religiones y afiance los lazos de amistad que ya nos unen.

domingo, 21 de septiembre de 2014

DISCURSO COMPLETO DEL SANTO PADRE EN EL ENCUENTRO INTERRELIGIOSO (21 de Septiembre de 2014)

(audio)

Queridos amigos:

Me alegro mucho de este encuentro con los responsables de las principales confesiones religiosas presentes en Albania. Mi saludo respetuoso a cada uno de ustedes y a las comunidades que representan; y gracias de corazón a Mons. Massafra por sus palabras de presentación e introducción. Es importante que estén aquí juntos: es signo del diálogo que viven día a día, intentando establecer entre ustedes relaciones fraternas y de colaboración por el bien de toda la sociedad. Gracias por lo que hacen. 

miércoles, 20 de marzo de 2013

El Papa Francisco: proseguir el ecumenismo y el diálogo interreligioso y las personas de buena voluntad, por el bien de la humanidad

En un encuentro muy cordial, el Obispo de Roma alentó a testimoniar la verdad, la bondad y la belleza de Dios, reiterando el compromiso de la Iglesia católica en la promoción de la amistad y el respeto entre los pueblos, en la unidad de los Cristianos y el diálogo con los judíos, los musulmanes, con las otras tradiciones religiosas y con los que no pertenecen a ninguna religión. 

«Queridos hermanos y hermanas, ante todo agradezco de corazón lo que mi hermano Andrés nos ha dicho ¡Muchas gracias!», dijo Francisco refiriéndose al Patriarca ortodoxo ecuménico, Bartolomé I, y con particular alegría, saludando, al final de esta mañana, a los Delegados de las Iglesias Ortodoxas, de la Iglesias Ortodoxas Orientales y de las Comunidades eclesiales de Occidente, agradeciendo a todos su participación en la celebración que marcó el inicio de su ministerio como Obispo de Roma y Sucesor de Pedro:

«Ayer por la mañana, durante la Santa Misa, a través de ustedes percibí espiritualmente presentes a las comunidades que representan. En esta manifestación de fe me pareció vivir de forma aún más apremiante la oración por la unidad de todos los creyentes en Cristo y al mismo tiempo ver de alguna manera prefigurada su realización plena, que depende del plan de Dios y de nuestra colaboración leal».


En particular, el Obispo de Roma, destacó el Año de la Fe proclamado por Benedicto XVI y que él anhela impulsar:

«Inicio mi ministerio apostólico en este año que mi venerado predecesor, el Papa Benedicto XVI, con intuición verdaderamente inspirada, proclamó para la Iglesia católica como Año de la Fe. Con esta iniciativa, que deseo proseguir y espero que sea estímulo para el camino de fe de todos, él quiso conmemorar el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II, proponiendo como una peregrinación hacia lo que para todo cristiano representa lo esencial: la relación personal y transformadora con Jesucristo, Hijo de Dios, muerto y resucitado por nuestra salvación. Precisamente en el deseo de anunciar este tesoro perennemente válido de la fe a los hombres de nuestro tiempo, se encuentra el corazón del mensaje conciliar».


Tras evocar al Beato Papa Juan XXIII, el Obispo de Roma exhortó a los queridos hermanos y hermanas en Cristo a la unidad según el ruego de nuestro Salvador en la Última Cena, que todos sean uno. Pidiendo al Padre misericordioso vivir en plenitud la fe que recibimos como don en el día de nuestro Bautismo, testimoniándola de forma libre, gozosa y valiente:


«Éste será nuestro mejor servicio a la causa de la unidad entre los cristianos, un servicio de esperanza para un mundo marcado todavía por divisiones, contrastes y rivalidades. Cuanto más fieles seremos a la voluntad de Cristo, en nuestros pensamientos, palabras y obras, más avanzaremos real y substancialmente hacia la unidad».

Luego, el Obispo de Roma se dirigió a los representantes del pueblo judío, reiterando el especial vínculo espiritual que nos une:

«Gracias por su presencia y confío en que, con la ayuda del Altísimo, podremos seguir provechosamente ese diálogo fraterno que el Concilio anhelaba (Nostra aetate, n. 4) Y que se ha realizado efectivamente, con abundantes frutos, especialmente durante las últimas décadas».


Saludando después a los queridos amigos pertenecientes a otras tradiciones religiosas, Francisco empezó por los musulmanes:

«En primer lugar, los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y misericordioso y lo invocan en la oración y a todos ustedes. Aprecio su presencia: en ella veo un signo tangible de la voluntad de crecer en el respeto mutuo y la cooperación para el bien común de la humanidad. La Iglesia católica es consciente de la importancia de la promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas. Esto es lo que quiero repetir: la promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas». 

Francisco concluyó sus palabras con una exhortación a impulsar la colaboración y el diálogo por el bien de toda la familia humana:

«Sabemos cuánta violencia ha producido en la historia reciente el intento de eliminar a Dios y lo divino del horizonte de la humanidad y percibimos el valor de testimoniar en nuestras sociedades la originaria apertura a la trascendencia que es inherente al corazón humano. En ello sentimos cercanos también a todos esos hombres y mujeres que, aun no reconociendo que pertenecen a alguna tradición religiosa, se sienten, sin embargo, en la búsqueda de la verdad, la bondad y la belleza, la verdad de – esta verdad: bondad y belleza - de Dios, y que son nuestros preciosos aliados en el compromiso en favor de la defensa de la dignidad del hombre, en la construcción de una convivencia pacífica entre los pueblos y en la salvaguardia atenta de la Creación».

(CdM)

sábado, 29 de octubre de 2011

El encuentro de Asís constata que en el mundo las distintas religiones viven y trabajan juntas en armonía


Benedicto XVI agradeció la presencia de sus hermanos cristianos, de los representantes del pueblo judío y de las religiones del mundo en el encuentro de Asís de ayer. Esta mañana el Papa recibió a las delegaciones participantes en la Jornada de diálogo y oración y expresó de forma especial su gratitud a los representantes de los hombres de buena voluntad que aunque “no sigan tradición religiosa alguna están comprometidos con la búsqueda de la verdad”.

“Ellos –dijo el Papa - han estado dispuestos a compartir con nosotros esta peregrinación como demostración de su deseo de trabajar juntos para construir un mundo mejor”.

RealAudioMP3 “Reuniones de este tipo son necesariamente excepcionales y poco frecuentes, sin embargo, son la expresión viva del hecho de que todos los días, en nuestro mundo, personas de diferentes tradiciones religiosas viven y trabajan juntos en armonía. Sin duda es importante para la causa de la paz que tantos hombres y mujeres, inspirados en sus convicciones más profundas, se comprometan a trabajar por el bien de la familia humana”.

El Santo Padre manifestó también su convicción de que la reunión de ayer aportará nuevas ideas al propósito de contribuir al bien de la humanidad y reafirmará cuánto comparten los seres humanos.

RealAudioMP3 “En cierto sentido, en este encuentro están representados los billones de hombres y mujeres del mundo que están activamente comprometidos con la promoción de la justicia y la paz. También es un signo de la amistad y fraternidad que ha florecido como fruto de los esfuerzos de muchos pioneros en este tipo de diálogo. Que esta amistad siga creciendo entre todos los seguidores de las religiones del mundo y con los hombres y mujeres de buena voluntad”.




TEXTO COMPLETO DEL DISCURSO DEL PAPA RealAudioMP3
Distinguidos invitados,
Queridos amigos,

Les doy la bienvenida esta mañana en el Palacio Apostólico y les agradezco una vez más por su buena voluntad de formar parte en la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la justicia y la paz en el mundo, celebrada ayer en Asís, veinticinco años después de aquél histórico primer encuentro.

En cierto sentido, este encuentro es representativo de los miles de millones de hombres y mujeres que en todo el mundo participan activamente en la promoción de la justicia y la paz. También es un signo de la amistad y fraternidad que ha florecido como fruto de los esfuerzos de tantos pioneros en este tipo de diálogo. Que esta amistad pueda seguir creciendo entre todos los seguidores de las religiones del mundo así como entre los hombres y mujeres de buena voluntad.

Agradezco a mis hermanos y hermanas cristianos por su fraterna presencia. También agradezco a los representantes del pueblo judío, particularmente cercanos a nosotros, y también a todos ustedes distinguidos representantes de las religiones del mundo.

Sé que muchos de ustedes han venido desde muy lejos emprendiendo un arduo viaje. También quiero expresar mi agradecimiento a los que representan a las personas de buena voluntad que no siguen una tradición religiosa pero que están comprometidos en la búsqueda de la verdad. Ellos han estado dispuestos a compartir esta peregrinación con nosotros como signo de su deseo de trabajar juntos parar la construcción de un mundo mejor.

Mirando atrás, podemos apreciar la intuición del Papa Juan Pablo II cuando convocó el primer encuentro en Asís, y la continua necesidad para hombres y mujeres de diferentes religiones de dar testimonio, juntos , de que el viaje del espíritu es siempre un viaje de paz.

Encuentros de este tipo son necesariamente excepcionales y poco frecuentes, y sin embrago, son una expresión viva del hecho de que todos los días, en todo el mundo, gente de diferentes tradiciones religiosas viven y trabajan junta y en armonía. Sin duda, es muy importante para alcanzar la paz que tantos hombres y mujeres, inspirados en sus convicciones más profundas estén comprometidos en trabajar por el bien de la familia humana.

Estoy seguro de que el encuentro de ayer nos ha dado la idea de cuán genuino es nuestro deseo de contribuir por el bien de los seres humanos y lo mucho que tenemos para compartir con los demás.

A medida que vamos por caminos separados, sacaremos fuerza de esta experiencia y, dondequiera que estemos, seguiremos renovando el camino que conduce a la verdad, la peregrinación que conduce a la paz. ¡Agradezco a todos ustedes de corazón!

radiovaticana.org

jueves, 27 de octubre de 2011

Que la religión motive la violencia nos debe preocupar profundamente


Jueves, 27 oct (RV).- "El deseo de los pueblos de ser libres fue más fuertes que los armamentos de la violencia” - reflexionó en su discurso en Asís, Benedicto XVI, refiriéndose a la caída del muro de Berlín, “cuyas causas son complejas y no pueden encontrar una respuesta con formulas simples”-dijo, por eso podemos relacionarlo también con la oración por la paz de 1986.

“Que la religión motive de hecho la violencia es algo que, como personas religiosas, nos debe preocupar profundamente” afirmó el Papa, cuando habló de los que justifican el terrorismo y la crueldad despiadada, con la defensa de una religión contra los otros. Dijo que “aquí se coloca una tarea fundamental del diálogo interreligioso”.

Por otra parte, dijo “el no a Dios ha producido una crueldad y una violencia sin medida, que ha sido posible sólo porque el hombre ya no reconocía norma alguna ni juez alguno por encima de sí. Los horrores de los campos de concentración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios”, y que “La negación de Dios corrompe al hombre, le priva de medidas y lo lleva a la violencia”.

Pero ¿dónde está Dios? -se preguntó el Papa ante los representantes religiosos en Asís- ¿Lo conocemos y lo podemos mostrar de nuevo a la humanidad para fundar una verdadera paz?.

Seguidamente habló de las personas a las “que no se les ha sido dado el don de poder creer y que sin embargo buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios”. Estos despojan a los ateos combativos de su falsa certeza -dijo, y por otra parte llaman en causa a los seguidores de las religiones para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia”.

Finalmente Benedicto concluyó señalando a los representantes en el encuentro “la importancia del estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especia de violencia”.

jGO y CA - RV


Audio y texto completo del discurso del Papa RealAudioMP3

Queridos hermanos y hermanas,
Distinguidos Jefes y representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales y de las Religiones del mundo,
queridos amigos

Han pasado veinticinco años desde que el beato Papa Juan Pablo II invitó por vez primera a los representantes de las religiones del mundo a Asís para una oración por la paz. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? ¿A qué punto está hoy la causa de la paz? En aquel entonces, la gran amenaza para la paz en el mundo provenía de la división del planeta en dos bloques contrastantes entre sí. El símbolo llamativo de esta división era el muro de Berlín que, pasando por el medio de la ciudad, trazaba la frontera entre dos mundos. En 1989, tres años después de Asís, el muro cayó sin derramamiento de sangre. De repente, los enormes arsenales que había tras el muro dejaron de tener sentido alguno. Perdieron su capacidad de aterrorizar. El deseo de los pueblos de ser libres era más fuerte que los armamentos de la violencia. La cuestión sobre las causas de este derrumbe es compleja y no puede encontrar una respuesta con fórmulas simples. Pero, junto a los factores económicos y políticos, la causa más profunda de dicho acontecimiento es de carácter espiritual: detrás del poder material ya no había ninguna convicción espiritual. Al final, la voluntad de ser libres fue más fuerte que el miedo ante la violencia, que ya no contaba con ningún respaldo espiritual. Apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz. Y es preciso añadir en este contexto que, aunque no se tratara sólo, y quizás ni siquiera en primer lugar, de la libertad de creer, también se trataba de ella. Por eso podemos relacionar también todo esto en cierto modo con la oración por la paz.


Pero, ¿qué ha sucedido después? Desgraciadamente, no podemos decir que desde entonces la situación se haya caracterizado por la libertad y la paz. Aunque no haya a la vista amenazas de una gran guerra, el mundo está desafortunadamente lleno de discordia. No se trata sólo de que haya guerras frecuentemente aquí o allá; es que la violencia en cuanto tal siempre está potencialmente presente, y caracteriza la condición de nuestro mundo. La libertad es un gran bien. Pero el mundo de la libertad se ha mostrado en buena parte carente de orientación, y muchos tergiversan la libertad entendiéndola como libertad también para la violencia. La discordia asume formas nuevas y espantosas, y la lucha por la paz nos debe estimular a todos nosotros de modo nuevo.


Tratemos de identificar más de cerca los nuevos rostros de la violencia y la discordia. A grandes líneas – según mi parecer – se pueden identificar dos tipologías diferentes de nuevas formas de violencia, diametralmente opuestas por su motivación, y que manifiestan luego muchas variantes en sus particularidades. Tenemos ante todo el terrorismo, en el cual, en lugar de una gran guerra, se emplean ataques muy precisos, que deben golpear destructivamente en puntos importantes al adversario, sin ningún respeto por las vidas humanas inocentes que de este modo resultan cruelmente heridas o muertas. A los ojos de los responsables, la gran causa de perjudicar al enemigo justifica toda forma de crueldad. Se deja de lado todo lo que en el derecho internacional ha sido comúnmente reconocido y sancionado como límite a la violencia. Sabemos que el terrorismo es a menudo motivado religiosamente y que, precisamente el carácter religioso de los ataques sirve como justificación para una crueldad despiadada, que cree poder relegar las normas del derecho en razón del «bien» pretendido. Aquí, la religión no está al servicio de la paz, sino de la justificación de la violencia.


A partir de la Ilustración, la crítica de la religión ha sostenido reiteradamente que la religión era causa de violencia, y con eso ha fomentado la hostilidad contra las religiones. En este punto, que la religión motive de hecho la violencia es algo que, como personas religiosas, nos debe preocupar profundamente. De una forma más sutil, pero siempre cruel, vemos la religión como causa de violencia también allí donde se practica la violencia por parte de defensores de una religión contra los otros. Los representantes de las religiones reunidos en Asís en 1986 quisieron decir – y nosotros lo repetimos con vigor y gran firmeza – que esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción. Contra eso, se objeta: Pero, ¿cómo sabéis cuál es la verdadera naturaleza de la religión? Esta pretensión, ¿no se deriva quizás de que la fuerza de la religión se ha apagado entre ustedes? Y otros dirán: ¿Acaso existe realmente una naturaleza común de la religión, que se manifiesta en todas las religiones y que, por tanto, es válida para todas? Debemos afrontar estas preguntas si queremos contrastar de manera realista y creíble el recurso a la violencia por motivos religiosos. Aquí se coloca una tarea fundamental del diálogo interreligioso, una tarea que se ha de subrayar de nuevo en este encuentro. A este punto, quisiera decir como cristiano: Sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza. Pero es absolutamente claro que éste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza. El Dios en que nosotros los cristianos creemos es el Creador y Padre de todos los hombres, por el cual todos son entre sí hermanos y hermanas y forman una única familia. La Cruz de Cristo es para nosotros el signo del Dios que, en el puesto de la violencia, pone el sufrir con el otro y el amar con el otro. Su nombre es «Dios del amor y de la paz» (2 Co 13,11). Es tarea de todos los que tienen alguna responsabilidad de la fe cristiana el purificar constantemente la religión de los cristianos partiendo de su centro interior, para que – no obstante la debilidad del hombre – sea realmente instrumento de la paz de Dios en el mundo.


Si bien una tipología fundamental de la violencia se funda hoy religiosamente, poniendo con ello a las religiones frente a la cuestión sobre su naturaleza, y obligándonos todos a una purificación, una segunda tipología de violencia de aspecto multiforme tiene una motivación exactamente opuesta: es la consecuencia de la ausencia de Dios, de su negación, que va a la par con la pérdida de humanidad. Los enemigos de la religión – como hemos dicho – ven en ella una fuente primaria de violencia en la historia de la humanidad, y pretenden por tanto la desaparición de la religión. Pero el «no» a Dios ha producido una crueldad y una violencia sin medida, que ha sido posible sólo porque el hombre ya no reconocía norma alguna ni juez alguno por encima de sí, sino que tomaba como norma solamente a sí mismo. Los horrores de los campos de concentración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios.


Pero no quisiera detenerme aquí sobre el ateísmo impuesto por el Estado; quisiera hablar más bien de la «decadencia» del hombre, como consecuencia de la cual se produce de manera silenciosa, y por tanto más peligrosa, un cambio del clima espiritual. La adoración de Mamón, del tener y del poder, se revela una anti-religión, en la cual ya no cuenta el hombre, sino únicamente el beneficio personal. El deseo de felicidad degenera, por ejemplo, en un afán desenfrenado e inhumano, como se manifiesta en el sometimiento a la droga en sus diversas formas. Hay algunos poderosos que hacen con ella sus negocios, y después muchos otros seducidos y arruinados por ella, tanto en el cuerpo como en el ánimo. La violencia se convierte en algo normal y amenaza con destruir nuestra juventud en algunas partes del mundo. Puesto que la violencia llega a hacerse normal, se destruye la paz y, en esta falta de paz, el hombre se destruye a sí mismo.


La ausencia de Dios lleva al decaimiento del hombre y del humanismo. Pero, ¿dónde está Dios? ¿Lo conocemos y lo podemos mostrar de nuevo a la humanidad para fundar una verdadera paz? Resumamos ante todo brevemente las reflexiones que hemos hecho hasta ahora. He dicho que hay una concepción y un uso de la religión por la que esta se convierte en fuente de violencia, mientras que la orientación del hombre hacia Dios, vivido rectamente, es una fuerza de paz. En este contexto me he referido a la necesidad del diálogo, y he hablado de la purificación, siempre necesaria, de la religión vivida. Por otro lado, he afirmado que la negación de Dios corrompe al hombre, le priva de medidas y le lleva a la violencia.


Junto a estas dos formas de religión y anti-religión, existe también en el mundo en expansión del agnosticismo otra orientación de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios. Personas como éstas no afirman simplemente: «No existe ningún Dios». Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo auténtico y lo bueno, están interiormente en camino hacia Él. Son «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz». Plantean preguntas tanto a una como a la otra parte. Despojan a los ateos combativos de su falsa certeza, con la cual pretenden saber que no hay un Dios, y los invitan a que, en vez de polémicos, se conviertan en personas en búsqueda, que no pierden la esperanza de que la verdad exista y que nosotros podemos y debemos vivir en función de ella. Pero también llaman en causa a los seguidores de las religiones, para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece a ellos hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia respecto a los demás. Estas personas buscan la verdad, buscan al verdadero Dios, cuya imagen en las religiones, por el modo en que muchas veces se practican, queda frecuentemente oculta. Que ellos no logren encontrar a Dios, depende también de los creyentes, con su imagen reducida o deformada de Dios. Así, su lucha interior y su interrogarse es también una llamada a los creyentes a purificar su propia fe, para que Dios – el verdadero Dios – se haga accesible. Por eso he invitado de propósito a representantes de este tercer grupo a nuestro encuentro en Asís, que no sólo reúne representantes de instituciones religiosas. Se trata más bien del estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho. Para concluir, quisiera aseguraros que la Iglesia católica no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo. Estamos animados por el deseo común de ser «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz». 

radiovaticana.org

El Papa se despide de Asís con la convicción de que la dimensión espiritual es un elemento clave para la paz

Benedicto XVI se despidió esta tarde de Asís con la firme convicción de que “la dimensión espiritual es un elemento clave en la construcción de la paz”, como lo ha demostrado esta peregrinación en la que creyentes y no creyentes han sido capaces de comprometerse en un diálogo fraterno. El Papa dio de forma especial las gracias a los numerosos jóvenes que, peregrinando a pie desde Santa María de los Ángeles, han testimoniado “cómo, entre las nuevas generaciones, hay tantas personas comprometidas para superar la violencia y las divisiones, y ser promotores de justicia y paz”.

El Papa subraya también que tras haber renovado el compromiso por la paz “nos sentimos aún más profundamente implicados en el viaje común de la humanidad”. Porque como ha asegurado el Santo Padre “vamos a permanecer unidos, vamos a seguir encontrándonos, vamos a seguir juntos en este viaje, en el diálogo, en la construcción diaria de la paz y en nuestro compromiso con un mundo mejor, un mundo en el que cada hombre y cada mujer y cada persona pueda vivir de acuerdo con sus propias legítimas aspiraciones”.

CVV


DISCURSO COMPLETO

Ilustres huéspedes, queridos amigos:

Al término de esta intensa jornada deseo agradecer a todos vosotros. Viva gratitud va a quienes han hecho posible el encuentro de hoy. Un agradecimiento particular a quien, una vez más, nos ha hospedado: la ciudad de Asís, la comunidad de esta Diócesis con su Obispo, los hijos de San Francisco, que custodian la preciosa herencia espiritual del Pobrecillo de Asís. Un agradecimiento también a los numerosos jóvenes que han realizado la peregrinación a pie desde Santa María de los Ángeles para testimoniar que, entre las nuevas generaciones, son tantos los que se empeñan para superar violencias y divisiones, y para ser promotores de justicia y de paz.

El evento de hoy es una imagen de cómo la dimensión espiritual es un elemento clave en la construcción de la paz. A través de esta peregrinación única hemos tenido la capacidad de comprometernos en un diálogo fraterno, de profundizar en nuestra amistad y de encontrarnos juntos en el silencio y en la oración.

Después de haber renovado nuestro compromiso por la paz y de de habernos intercambiado recíprocamente un signo de paz, nos sentimos aún más profundamente implicados, junto con todos los hombres y mujeres de las comunidades que representamos, en nuestra común tarea humana.

No somos seres que existen separadamente; debemos seguir encontrándonos, seguir unidos en esta empresa y en diálogo en la cotidiana construcción e la paz y en nuestro compromiso por un mundo mejor, un mundo en el que cada hombre y cada mujer así como cada pueblo puedan vivir en armonía con sus legítimas aspiraciones.

Agradezco de corazón a todos los aquí presentes por haber aceptado mi invitación de venir a Asís como peregrinos de la verdad y de la paz y os deseo a cada uno con las palabras de san Francisco que el Señor te dé la paz.

radiovaticana.org

miércoles, 26 de octubre de 2011

Preciosa contribución a la paz: “La Oración”

Este miércoles a las 10.30 de la mañana en el Aula Pablo VI del Vaticano inició el encuentro de Oración con la Celebración de la Palabra, presidido por su Santidad Benedicto XVI en el marco de preparación al encuentro de mañana, en Asís: “Peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz” presidida por el Pontífice.

El encuentro previsto a celebrarse en la Plaza de San Pedro, debido al mal tiempo tuvo que ser trasladado al Aula Pablo VI y a la Basílica de San Pedro a donde el Papa acudió antes de la celebración, para saludar a los fieles ahí congregados.

En su saludo a los peregrinos congregados en la Basílica porque no encontraron lugar en el Aula Pablo VI hablando en diversos idiomas el Papa dirigió su cordial bienvenida. Esto lo que dijo en nuestro idioma a los fieles ahí reunidos:

Me es grato recibiros en la Basílica de San Pedro y dar una cordial bienvenida a todos los que no habéis podido acomodaros en el Aula Pablo VI. Uníos siempre a Cristo y dad testimonio del Evangelio con alegría. Os imparto de corazón a todos mi Bendición RealAudioMP3

Al llegar al Aula Pablo VI, Benedicto XVI fue recibido por el Cardenal Vicario Agostino Vallini quien le dirigió un breve discurso: “Acogiendo su invitación la Diócesis de Roma participa hoy en esta Liturgia de la Palabra para pedir al Señor que la “Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo”, por Usted convocada mañana en Asís, sea fecunda de bienes espirituales para la entera humanidad.

Recordó el Cardenal Vicario que a 25 años de la primera convocación, realizada por el Beato Juan Pablo II, el Santo Padre ha querido invitar a la ciudad de San Francisco a los representantes de las religiones mundiales, para que en el respeto de las diferencias de credo, se sientan alentados a cumplir todo esfuerzo para promover la paz y la solidaridad entre los pueblos. Recordando que en el encuentro participan algunos hombres que no profesan alguna fe religiosa, en representación de cuantos están en búsqueda de la Verdad. El anhelo por la Paz, y la justicia - dijo el Card. Vallini, al recibir al Papa en el Aula Pablo VI- en efecto, presente en el corazón de cada ser humano no puede prescindir de la común búsqueda de la verdad.


Homilía compelta del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas

Hoy la acostumbrada cita de la Audiencia general asume un carácter particular, puesto que estamos en la víspera de la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, que tendrá lugar mañana en Asís, veinticinco años después del primer histórico encuentro convocado por el Beato Juan Pablo II. He querido dar a esta jornada el título de “Peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz”, para manifestar el compromiso que queremos renovar solemnemente, junto con los miembros de diversas religiones, así como con personas no creyentes, pero que buscan sinceramente la verdad, para la promoción del verdadero bien de la humanidad y para la construcción de la paz. Como ya tuve la oportunidad de recordar, “El que está en camino hacia Dios no puede no transmitir paz, el que construye la paz no puede no acercarse a Dios”.

Como cristianos, estamos convencidos de que la contribución más preciosa que podemos dar a la causa de la paz es la de la oración. Por este motivo nos encontramos hoy, como Iglesia de Roma, junto con los peregrinos presentes en la ciudad, en la escucha de la Palabra de Dios, para invocar con fe el don de la paz. El Señor puede iluminar nuestra mente y nuestros corazones y guiarnos a ser constructores de justicia y de reconciliación, en nuestras realidades cotidianas y en el mundo.

En el trozo del profeta Zacarías, que acabamos de escuchar, ha resonado un anuncio lleno de esperanza y de luz (cfr Zc 9,10). Dios promete la salvación, invita a “alegrarse mucho” porque esta salvación está por concretizarse. Se habla de un rey: “Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso” (v. 9), pero el que se anuncia no es un rey que se presenta con la potencia humana, la fuerza de las armas; no es un rey que domina con el poder político y militar; es un rey manso, que reina con la humildad y la mansedumbre ante Dios y ante los hombres, un rey distinto con respecto a los grandes soberanos del mundo: “está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna”, dice el profeta (ibidem). Él se manifiesta cabalgando el animal de la gente común, del pobre, en contraste con los carros de guerra de los ejércitos de los poderosos de la tierra. Aún más, es un rey que hará desaparecer estos carros, suprimirá los arcos de guerra y proclamará la paz a las naciones (cfr v. 10).

Pero ¿quién es este rey del que habla el profeta Zacarías? Vayamos, por un momento a Belén y volvamos a escuchar lo que el Ángel les dice a los pastores que estaban velando de noche para custodiar a sus rebaños. Él anuncia una alegría que será de todo el pueblo, ligada a una señal pobre: un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre (cfr Lc 2,8-12). Y la multitud celeste canta “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él” (v. 14). El nacimiento de ese niño, que es Jesús, trae un anuncio de paz para todo el mundo. Pero, vayamos también a los momentos finales de la vida de Cristo, cuando entra a Jerusalén acogido por una multitud en fiesta. El anuncio del profeta Zacarías de la llegada de un rey humilde y manso volvió al recuerdo de los discípulos de Jesús, en particular después de los eventos de la pasión, muerte y resurrección, del Misterio pascual, cuando volvieron con los ojos de la fe a ese gozoso ingreso del Maestro en la Ciudad Santa. Él cabalga un asna, prestada (cfr Mt 21,2-7): no está sobre una rica carroza, no está montado en un caballo como los grandes. No entra a Jerusalén acompañado por un poderoso ejército de carros y de caballeros. Es un rey pobre, el rey de aquellos que son los pobres de Dios. En el texto griego se emplea el término ‘praeîs’, que significa los mansos; Jesús es el rey de los ‘anawim’, de aquellos que tienen el corazón libre del frenesí de poder y de riqueza material, de la voluntad y del afán de dominio sobre los demás. Jesús es el rey de cuantos tienen esa libertad interior que hace capaces de superar la avidez y el egoísmo que hay en el mundo, y saben que sólo Dios es su riqueza. Jesús es el rey pobre entre los pobres, manso entre los que quieren ser mansos. De este modo, Él es el rey de la paz, gracias a la potencia de Dios, que es la potencia del bien, la potencia del amor. Es un rey que hará desaparecer los carros y los caballos de batalla, que destruirá los arcos de guerra; un rey que realiza la paz sobre la Cruz, uniendo la tierra y el cielo y echando un puente fraterno entre todos los hombres. La Cruz es el nuevo arco de paz, signo e instrumento de reconciliación, de perdón, de comprensión, signo de que el amor es más fuerte que toda violencia y toda opresión, más fuerte que la muerte: el mal se vence con el bien y con el amor.

Es éste el nuevo reino de paz en el que Cristo es el rey; y es un reino que se extiende sobre toda la tierra. El profeta Zacarías anuncia que este rey humilde, pacífico, dominará “de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra” (Zc 9,10). El reino que Cristo inaugura tiene dimensiones universales. El horizonte de este rey pobre, pacífico no es aquel de un territorio, o de un Estado, sino que son los confines del mundo; más allá de toda barrera de raza, de lengua, de cultura, Él crea comunión, crea unidad. ¿Y dónde vemos realizarse en el hoy este anuncio? En la gran red de las comunidades eucarísticas que se extiende sobre toda la tierra reemerge luminosa la profecía de Zacarías. Es un gran mosaico de comunidades en las cuales se hace presente el sacrificio de amor de este rey bueno y pacífico; es el gran mosaico que constituye el “Reino de paz” de Jesús de mar a mar hasta los confines del mundo; es una multitud de “islas de la paz”, que irradian paz. Por doquier, en cada realidad, en cada cultura, desde las grandes ciudades con sus edificios, hasta las pequeñas aldeas con las humildes moradas, desde las imponentes catedrales hasta las pequeñas capillas, Él viene, se hace presente; y en el entrar en comunión con Él también los hombres están unidos entre ellos en un único cuerpo, superando divisiones, rivalidades, rencores. El Señor viene en la Eucaristía para arrebatarnos de nuestro individualismo, de nuestros particularismos que excluyen a los demás, para formar de nosotros un sólo cuerpo, un sólo reino de paz en un mundo dividido.

¿Pero cómo podemos construir este reino de paz del cual Cristo es el rey? El mandamiento que Él deja a sus Apóstoles y, a través de ellos, a todos nosotros es: “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos (...) Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt 28,19). Como Jesús, los mensajeros de paz de su reino deben ponerse en camino, deben responder a su invitación. Deben caminar, pero no con la potencia de la guerra o con la fuerza del poder. En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado Jesús envía setenta y dos discípulos a la grande mies que es el mundo, invitándolos a orar al Señor de la mies para que no falten obreros en su mies; pero no los envía con medios potentes, sino "como corderos en medio de lobos”, sin bolsa, ni alforja, ni calzado. San Juan Crisóstomo, en una de sus homilías, comenta “Siendo corderos, venceremos y, aunque estemos rodeados de muchos lobos, conseguiremos superarlos”. Pero si nos hacemos lobos, seremos derrotados, porque seremos privados de la ayuda del pastor”. Los cristianos no deben nunca caer en la tentación de ser lobos entre los lobos; no es con el poder, con la fuerza, con la violencia que el reino de paz de Cristo se extiende, sino con el don de sí, con el amor llevado hasta el extremo, aún hacia los enemigos. Jesús no vence el mundo con la fuerza de las armas, sino con la fuerza de la Cruz, que es la verdadera garantía de la victoria. Y esto tiene como consecuencia para quien quiere ser discípulo del Señor, su invitado, el estar también preparado a la pasión y al martirio, a perder la propia vida por Él, para que en el mundo triunfen el bien, el amor, la paz. Es ésta la condición para poder decir entrando en cada realidad “Paz sea a esta casa” (Lc 10,5).
Frente a la Basílica de San Pedro, se encuentran dos grandes estatuas de los santos Pedro y Pablo, fácilmente identificables: san Pedro tiene en mano las llaves, san Pablo en cambio tiene en las manos una espada. Para quien no conoce la historia de este último podría pensar que se trate de un gran caudillo que ha guiado potentes ejércitos y con la espada ha sometido pueblos y naciones, procurándose fama y riqueza con la sangre de otros. En cambio es exactamente al contrario: la espada que tiene entre las manos es el instrumento con el que Pablo es sometido a muerte, con que sufrió el martirio y derramó su sangre. Su batalla no fue aquella de la violencia de la guerra, sino aquella del martirio por Cristo. Su única arma fue justamente el anuncio de Jesucristo y Cristo crucificado. Su predicación no se basó en palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder. Dedicó su vida a llevar el mensaje de reconciliación y de paz del Evangelio, gastando toda su energía para hacerlo resonar hasta los confines de la tierra. Y esta ha sido su fuerza: no buscó una vida tranquila, cómoda, lejana de las dificultades, de las contrariedades, sino que se gastó por el Evangelio, dio todo sí mismo sin reservas, y así se convirtió en el gran mensajero de la paz y de la reconciliación de Cristo. La espada que san Pablo tiene en las manos evoca también la potencia de la verdad, que muchas veces puede herir, puede hacer mal; el Apóstol permaneció fiel hasta el fondo en esta verdad, la sirvió, sufrió por ella, entregó su vida por ella. Esta misma lógica vale también para nosotros, si queremos ser portadores del reino de paz anunciado por el profeta Zacarías y realizado por Cristo: debemos estar dispuestos a pagar de persona, a sufrir en primera persona la incomprensión, el rechazo, la persecución. No es la espada del conquistador que construye la paz, sino la espada del sufriente, de quien sabe donar la propia vida.

Queridos hermanos y hermanas, como cristianos queremos invocar de Dios el don de la paz, queremos rogarle que nos haga instrumentos de su paz en un mundo todavía lacerado por el odio, por divisiones, por egoísmos, por guerras, queremos pedirle que el encuentro de mañana en Asís favorezca el diálogo entre personas de diversa pertenencia religiosa y traiga un rayo de luz capaz de iluminar la mente y el corazón de todos los hombres, para que el rencor ceda lugar al perdón, la división a la reconciliación, el odio al amor, la violencia a la mansedumbre, y en el mundo reine la paz. Amen.

Traducción del italiano: Cecilia de Malak y Patricia Jáuregui


Palabras del Papa a los peregrinos de lengua española RealAudioMP3 

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jueves, 20 de octubre de 2011

Asís: 176 delegados no cristianos y no judíos

La Jornada de la Paz en cifras

Serán 176 los exponentes de las distintas tradiciones no cristianas y no judías las que participarán en el encuentro interreligioso de Asís del próximo 27 de octubre.
Los números de la próxima Jornada de Reflexión, Diálogo y Oración por la Paz y la Justicia en el Mundo Peregrinos de la Verdad, Peregrinos de la Pazfueron expuestos este martes en la Oficina de Información vaticana por monseñor Pier Luigi Celata, secretario del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.
De los 176 líderes que han confirmado su presencia, 4 representan a las religiones tradicionales de La India, África y América.
Participarán también 18 exponentes de las religiones extendidas, en La India, entre los que destacar 5 personalidades hindúes con dos acompañantes, entre ellos Rajhmoon Gandhi, ya presentes en la Jornada de 1986. En total serán tres jainistas, cinco sikh, un zoroastriano y, por primera vez en Asís, un bahai.
De las demás religiones asiáticas estarán presentes 67 budistas provenientes de Corea del Sur, Sri Lanka, Birmania, Camboya, La India, Singapur, Taiwan, Australia y, por primera vez, de China.
El confucionismo tendrá tres representantes, un jefe de delegación y dos acompañantes, todos provenientes de Corea del Sur.
También el taoísmo tendrá tres representantes, un jefe de delegación y dos acompañantes, todos ellos de Hong Kong.
Dos delegaciones sintoístas llegarán de Japón con un total de 17 participantes. También de las tierras niponas asistirán cuatro denominaciones distintas de las nuevas religiones con un total de 17 participantes.
“La participación de los musulmanes -comentó monseñor Celata- resulta condicionada, indudablemente, por algunos factores, ya sea por el número como por el nivel de representatividad, así como la situación socio-política en países árabes con una fuerte mayoría de Oriente Medio, del norte de África y del Golfo”.
En total, por tanto, los representantes del islam de África, Europa, América y Asia occidental serán 48 y vendrán de Jordania, Israel, Egipto, Líbano, Argelia, Marruecos, Irán, Turquía, Arabia Saudí, Albania, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Azerbayán, Tajikistán, Reino Unido, Francia, Italia, Portugal y Estados Unidos.
El número de musulmanes ha aumentado con respecto a la edición de la Jornada de Asís de 1986 (11) y de 2002 (32). El próximo 27 de octubre serán un total de 50.
De Asia Meridional y Sud-oriental llegarán otros doce musulmanes (cinco personalidades y siete acompañantes) provenientes de Pakistán, Bangladesh, Tailandia e Indonesia.
De las Iglesias cristianas no católicas, don Andrea Palimieri, encargado de la Sección Oriental del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los cristianos, anunció la llegada a Asís de 31 delegaciones.
Por parte de las Iglesias Orientales estarán presentes 17 delegaciones. El patriarca ecuménico, Bartolomé I, dirigirá la delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla.
Participarán en la Jornada de Asís también el arzobispo de Tirana, el metropolitano de Astana y Kazajistán, en representación del Patriarcado de Moscú, además de los representantes de la Iglesia armenia y de la siro-malankar y la de Asiria de Oriente.
Entre las iglesias reformadas de Occidente figurarán, entre otros, los líderes de la comunidad anglicana (arzobispo de Canterbury, Rowan Williams), de la Federación Luterana Mundial, de la Comunión Mundial de las Iglesias Reformadas, del Consejo Metodista Mundial, de la Alianza Bautista Mundial, además de una representación del Consejo Ecuménico de las Iglesias.
Entre las comunidades judías, participarán delegaciones del International Comittee on Interreligious Consultation, del Gran Rabinato de Israel, y de la Comunidad de Roma, con la participación del Rabino Jefe, Riccardo Di Segni.
Monseñor Melchor José Sanchez de Toca y Alameda, subsecretario del Consejo Pontificio de Cultura anunció los representantes de los no-creyentes: Julia Kristeva, psicoanalista y filósofa franco-búlgara, pupila de Michel Foucault, Jacques Derida y Roland Barthes; Remo Bodei, profesor de Filosofía en la Universidad de Pisa; Guillermo Hurtado, filósofo de la Universidad mexicana UNAM; y Walter Baier, economista marxista austriaco.

zenit.org

lunes, 3 de octubre de 2011

Inicio de las celebraciones de san Francisco en Asís


RV - En Asís - mientras se prepara la Jornada convocada por Benedicto XVI de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, el próximo 27 de octubre, 25 aniversario del histórico encuentro que se celebró por voluntad del Beato Juan Pablo II - han empezado las celebraciones de san Francisco, fundador de la Orden Franciscana y Patrono de Italia, cuya fiesta litúrgica es mañana, 4 de octubre.

San Francisco de Asís «era hombre de paz porque era amigo de Cristo y en todo momento cultivó su amistad con Cristo», nos dice Fray José Rodríguez Carballo, Ministro General de la Orden de los Hermanos Menores Franciscanos: RealAudioMP3 

radiovaticana.org

martes, 27 de septiembre de 2011

Encuentro por la paz en Asís y viaje a África en agenda del Papa hasta noviembre

El encuentro interreligioso por la paz el 27 de octubre en Asís (Italia) y el viaje al país africano de Benin, son dos de los eventos más destacados en la agenda del Papa Benedicto XVI para los meses venideros.
La Oficina de Celebraciones Litúrgicas dio a conocer las celebraciones que presidirá el Santo Padre en octubre y noviembre.
El domingo 9 el Papa realizará una visita pastoral a la localidad de Lamezia Terme-Serra San Bruno, en Italia. El domingo 16 presidirá en la Basílica de San Pedro una Santa Misa por la Nueva Evangelización.
El domingo 23 de octubre en la Plaza de San Pedro a las 10:00 a.m. celebrará la Misa de canonización de los beatos Guido Maria Conforti, Luigi Guanella, el llamado apóstol de la caridad, y Bonifacia Rodríguez de Castro.
El miércoles 26 de octubre presidirá en la Plaza de San Pedro también, a las 10:00 a.m. una oración de preparación del encuentro de Asís del jueves 27.
Para noviembre, el miércoles 2, Día de todos los Fieles Difuntos, el Papa presidirá en las grutas vaticanas un momento de oración por los Sumos Pontífices difuntos. El jueves 3 presidirá en esta misma Basílica una Misa de sufragio por los cardenales y obispos fallecidos durante este año.
El viernes 4 presidirá en la Basílica de San Pedro a las 5:30 p.m. el rezo de las Vísperas por el inicio del año académico en las Universidades Pontificias.
El Papa Benedicto XVI viajará a Benin del viernes 18 al domingo 20 de noviembre, en lo que constituye su segundo viaje a África. Esta visita pastoral del Santo Padre se da en el marco de la celebración del Jubileo por los 150 años de la evangelización de Benín.
También será la ocasión para que el Papa entregue a los representantes de las Conferencias Episcopales de todo el continente, una Exhortación apostólica, fruto de la Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, celebrada en el Vaticano en octubre de 2009.
La visita será también una ocasión para recordar al Cardenal Bernardin Gantin, con quien el Papa compartió numerosos años de servicio a la Sede Apostólica.

aciprensa.com

jueves, 14 de julio de 2011

XXV aniversario del encuentro interreligioso por la paz en Asis, promovido por Juan Pablo II


En vista de la Jornada por la paz y la justicia del 27 de octubre en Asís, “desde la novedad cristiana una mirada verdaderamente ecuménica” es el título del artículo de Julián Carrón Presidente de la Fraternidad di Comunión y liberación publicado por el Osservatore Romano alusiva a la visita del Papa a la Ciudad de san Francisco de Asís.

Recordamos que dentro de tres meses el Papa se encontrará con líderes de todas la religiones en el marco del vigésimo quinto aniversario del más importante encuentro religioso de todos los tiempos, convocado por el beato Juan Pablo II, en la ciudad natal de San Francisco.

En el encuentro de este año además de líderes religiosos participan intelectuales, científicos y estudiosos de filosofía, que al igual que hace un cuarto de siglo viajarán a Asís en tren, para hablar en la misma basílica, la de Santa María, meta del encuentro por la paz de 1986.

El programa pontificio prevé el almuerzo en comunidad, y un momento de rezo personal, mientras peregrinan hacia la basílica de San Francisco, donde unirán sus voces para sellar su compromiso por la construcción de la paz. Recordamos que el también Obispo de Roma, convocó a su diócesis a celebrar en la Plaza de San Pedro una vigilia de oración el miércoles 26 de octubre.

El presidente de la Fraternidad de Comunión y liberación destaca en su artículo hecho público por el Osservatore Romano que “La Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo”, convocada por el Papa nuevamente en Asís es un gesto audaz como lo fue hace 25 años la iniciativa del beato Juan Pablo II.

Cita al fundador de esta obra, don Luigi Giussani quien hace 25 años se preguntaba “¿en nombre de qué cosa (papa Wojtyla) puede llamar a los exponentes de todas la religiones a orar juntos en Asís?, para responderse “Si uno entiende que la naturaleza del hombre, el corazón del hombre, es el sentido religioso, justamente es en el sentido religioso que todos los hombres encuentran una igualdad y una identidad. La instancia más profunda del corazón humano es el sentimiento religioso, el sentimiento del destino por una parte y de la utilidad del presente por la otra. (PJR)

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