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sábado, 25 de febrero de 2012

“El fundamento de la Iglesia es la fe en la Palabra de Jesucristo”


“La fe y la presencia de Pedro, el Papa Benedicto XVI, garantiza la estabilidad y la continuidad de la Iglesia en medio de cambios históricos, culturales, políticos y sociales”, manifestó el Cardenal Juan Luis Cipriani en el programa Diálogo de Fe del sábado 25 de febrero.
El Arzobispo de Lima comentó que el tiempo que estuvo en Roma para el Consistorio Ordinario Público, adonde fue convocado para la creación de nuevos cardenales y para el voto sobre nuevas causas de canonización.
Explicó también que los cardenales son un nivel elegido por el Santo Padre para colaborar más de cerca en el gobierno de la Iglesia. Cabe mencionar que actualmente el Cardenal Cipriani forma parte del Dicasterio para los Asuntos Económicos de la Santa Sede.
“(Los cardenales) Somos elegidos para ayudar al Papa en el gobierno central de la Iglesia Universal. Los cardenales sí estamos llamados al gobierno central de la iglesia. Eso supone no una gran habilidad sino un deber de estar más cerca de Cristo y tener la humildad necesaria”, mencionó.
“En estos casos cuando uno ve a todos los hermanos del Colegio Cardenalicio se genera un espíritu de comunión y cercanía al Papa. Esto me ilusiona y me llena de optimismo”, añadió.
Señaló que la Iglesia está construida sobre la estructura de la fe en las palabras de Jesucristo y que cuando se dice que la Iglesia se edifica sobre el Papa Benedicto XVI se está edificando sobre Pedro y sobre el mismo Cristo.
“El Papa recientemente nos dice: Con palabras que Jesús pronunció le dijo a Pedro Tú eres Pedro y sobre esta  piedra, sobre ti, edificaré mi Iglesia. El fundamento de la Iglesia es la fe en las palabras de Jesucristo que hacen de Pedro, del Papa, el fundamento. Por lo tanto, la fe hace que Simón se convierta en Pedro y que Joseph Ratzinger se convierta en Benedicto XVI”, reflexionó.
“Ese diálogo en el cual Dios da a conocer a la humanidad que es el Hijo de Dios y el Mesías y que en Pedro, en el Papa, pone el fundamento de la Iglesia, es importantísimo porque a partir de ahí toda la Iglesia se apoya en la fe de la Palabra de Cristo; y también el derecho, la autoridad, las normas que Benedicto dicta a la Iglesia no son normas que él las fabrica sino que emanan de ese mandato Tú eres Pedro”, prosiguió.
Con respecto al pedido de la Santa Sede para que la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) adecue sus estatutos, el Cardenal Cipriani mencionó que es un tema que por lo delicado no debería discutirse en los medios. Asimismo, pidió al Espíritu Santo para que la buena voluntad de la comunidad católica que forma la Universidad tenga la disposición y la posibilidad de hacer que esta gran institución siga adelante.
“La Santa Sede en el mundo entero respeta la democracia y el orden jurídico de los países, por lo tanto es perfectamente conciente que lo que le está pidiendo a la Católica no está fuera del orden jurídico del país, le está diciendo que cumpla las leyes peruanas, en las cuales existe ese espacio para Iglesia Católica. Yo invoco y quisiera pedirles disculpas a toda la comunidad universitaria si me he sobrepasado en algún momento”, afirmó.
“Le pido a Dios porque creo que en sus manos está que, dentro de la fecha y dentro del marco que ha señalado el Cardenal Bertone, se logre esta solución del tema”, animó.
Finalmente, exhortó a todos los peruanos a que, en la víspera del Primer Domingo de Cuaresma, vivamos este tiempo con gozo y preparación.
“A todas las familias, no dejemos solo a Jesús en la cruz, que todos sepamos vivir más ese sacrificio gozoso en esta época de preparación a la Semana Santa y a la Resurrección”, concluyó.

Oficina de Comunicaciones y Prensa
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viernes, 24 de febrero de 2012

El año de la fe, videos

¿Qué es el Año de la Fe? 

 El Año de la Fe y la Nueva Evangelización

  El Año de la Fe un regalo del Papa Benedicto XVI

Perú: La adecuación de estatutos de la Universidad Católica no se opone a la Constitución

Declaraciones de monseñor Javier del Río en el Vaticano

Monseñor Javier del Río, portavoz de la Conferencia Episcopal Peruana, declaró en el Vaticano que la adecuación de los estatutos de la Universidad Pontificia Católica de Perú (PUCP) a lo que establece la Santa Sede no se opone a la Constitución Peruana.
El arzobispo metropolitano de Arequipa y portavoz de la Conferencia Episcopal Peruana, monseñor Javier Del Río –informa la Oficina de Comunicaciones del Arzobispado de Lima--, afirmó que el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, expresó su confianza en que el rector de la PUCP, Marcial Rubio, pueda transmitir fielmente el deseo del santo padre a la universidad, y en pocos días haya resultados favorables que garanticen la identidad católica de la universidad, por el bien de la misma universidad y por el bien del país que tanto debe a esta universidad, y que ha tenido a lo largo de tantas décadas una identidad católica que ha aportado mucho en la formación de los profesionales peruanos.
Monseñor Del Río realizó estas declaraciones luego de su reunión con el cardenal Bertone, en la que participaron asimismo el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, monseñor Salvador Piñeiro y monseñor Giovanni Angelo Becciu, miembro de la Secretaría de Estado vaticana.
Del Río agregó que el cardenal Bertone les informó brevemente sobre la reunión sostenida con el doctor Rubio, y el contenido de la carta que le ha sido entregada, y que espera que la universidad finalmente adecúe sus estatutos a la Ex CordeEcclesiae (Constitución Apostólica del papa Juan Pablo II sobre las universidades católicas).
“Se ha visto, como ya se ha hecho antes con diversos estudios de juristas, que no hay ninguna dificultad para que los estatutos de la PUCP puedan ser adecuados, porque no van en contra de la Constitución Política del país, ni en contra de la Ley General de Universidades o del ordenamiento legal vigente, puesto que en el marco del acuerdo internacional (Concordato) entre la Santa Sede y la República del Perú está la posibilidad que la Iglesia católica tenga instituciones educativas de distintos niveles, adecuándose evidentemente a las propias normas internas de la Iglesia, que hemos visto no son contradictorias con aquellas del país”, concluyó monseñor Del Río.
zenit.org

Perú: Monseñor Piñeiro al cabecilla terrorista Artemio: ¡Conviértase!

Entrevista al presidente de los obispos sobre la coyuntura y la Universidad Católica

El arzobispo metropolitano de Ayacucho, Salvador Piñeiro García-Calderón, tomó posesión de su cargo cuatro meses atrás y este año, a fines de enero, fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.
En esta entrevista concedida a ZENIT, analiza con agudeza los problemas de su país y los de la América Latina ante el próximo viaje papal. Explica también que tuvo que venir de repente al Vaticano para escuchar lo que el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, tenía que decirle sobre la Universidad Pontificia Católica del Perú.
Monseñor Piñeiro, usted acaba de asumir hace un mes la presidencia del episcopado peruano, ¿cuáles son los objetivos que tiene a corto plazo?
--Mons. Piñeiro: Hay dos grandes tareas. Poner todo el trabajo de la Conferencia Episcopal Peruana al mismo ritmo de comisiones y proyectos del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), porque se debe buscar la eficiencia en los trabajos. Y he recibido el encargo de mis hermanos obispos, de que la presidencia del episcopado tiene que dialogar con las instituciones y con el gobierno, para que sepan lo que creemos y lo que queremos: que ese evangelio de Jesús convierta los corazones, transformando nuestra sociedad. Porque hay mucha marginación, enfrentamiento y se buscan caminos de odio y de violencia; pero tenemos que apostar por el evangelio de la vida, de la familia, de la paz y de la justicia.
¿Cómo impulsarán la Misión Continental?
--Mons. Piñeiro: Como nos dice Aparecida, estamos en una misión permanente. Creemos que muchos han escuchado el evangelio y hay tantos que todavía no conocen a Jesús. Y lo que es más penoso, cuántos se han alejado por nuestra falta de testimonio, porque no ven esa comunión fraterna o porque encuentran otras doctrinas que los ilusionan. ¡Cuando nosotros somos los que tenemos la globalización perfecta, que es el evangelio del amor!  
¿Y qué planes tiene en el arzobispado de Ayacucho?
--Mons. Piñeiro: Acabo de asumir hace cuatro meses y he visto que se hacen muchas obras en silencio allá, por ejemplo en las guarderías infantiles, en el centro de salud mental. Da satisfacción el ver cómo en medio de limitaciones de pobreza hay esos signos de esperanza. Para este año hemos puesto tres prioridades: una es la familia, porque me preocupa que hay mucha violencia, muchos hogares rotos, abandono juvenil. Tenemos que trabajar más para hacer de la familia el Nazaret del amor, de la comprensión, de la solidaridad. El otro tema es la gente que no ha escuchado de Jesús; hay muchas comunidades que gracias a la labor de los antiguos misioneros tienen un catequista, alguien que les orienta, pero hay que darles más formación y renovarlos en ese espíritu de la misión para que se multiplique esa buena noticia del evangelio. Y tercero, que surjan vocaciones. Ciertamente, el primer semillero de la vocación es la familia; pero también quisiera que en los colegios y en los institutos, los docentes me ayuden a despertar la ilusión en el corazón de los jóvenes por seguir a Jesús, Buen Pastor.
Hace poco se capturó a uno de los últimos cabecillas históricos de Sendero Luminoso en la selva del Huallaga…, ¿cómo se está reagrupado este grupo terrorista en su jurisdicción, cuántos quedan?
--Mons. Piñeiro: Ha sido una captura sin violencias, sin muertes. Y yo invito a Artemio a que se convierta. Soy de educación agustiniana, donde las penas tienen que ser medicinales, que se convierta el hombre. Podemos estar equivocados, se obnubila la mente por el odio, la venganza, la violencia, pero hay que creer en la conversión del hombre. En la zona del VRAE (Valle del Río Apurímac y Ene), que está en mi jurisdicción, la cosa también está complicada porque el terrorismo está coludido con el narcotráfico, y hay coletazos de grupos senderistas, violentistas, que dan facilidad al transporte de la droga. Se calculan unas cuatrocientas personas todavía levantadas en armas allí; por eso el ejército y la policía están vigilando para que esas zonas no estén en el abandono de la economía sino que se integren en la sociedad.
Y también a nivel de Iglesia, ya tengo tres párrocos allá en las parroquias de Siria, Pichari y San Francisco, a quienes les he pedido que trabajen coordinados porque si no hay presencia de Iglesia, cualquier mensaje encandila a la población y les arranca la fe en Jesús.
Dentro de un mes el Papa estará en América Latina...
--Mons. Piñeiro: Estoy muy contento porque el santo padre quiere abrazar a toda nuestra América que ha comenzado ya a celebrar el bicentenario de la independencia. Ciertamente son jubileos que tienen muchos significados: cómo estos pueblos crecieron, maduraron en sus compromisos civiles, en sus derechos y se independizaron de la corona española. Recibimos la fe y el lenguaje de Cervantes. Por eso en la Iglesia católica, la mitad de los creyentes del mundo hablamos el mismo idioma.
Y en León de Guanajato el santo padre tendrá un encuentro con los presidentes de las conferencias episcopales latinoamericanos. Todos esperamos su mensaje, que será también una nueva llamada a la evangelización, porque tenemos que ser los misioneros de esta evangelización nueva que anime, que construya una América en paz, en justicia, en prosperidad.
Justamente, a América Latina se le llama el continente de la esperanza, del amor, pero también lo es de una pobreza que se extiende. ¿Qué mensaje del Papa esperan los pueblos latinoamericanos sobre este asunto?
--Mons. Piñeiro: Esto ha sido el magisterio constante desde Medellín, Puebla, Santo Domingo... Somos una América cristiana del indio, del blanco del negro, donde todo nos separa, las economías, las ideologías, pero creemos en Jesús. ¡En dos mil lugares de América veneramos a María! Entonces el santo padre nos va a exhortar sin duda a que desaparezca esa brecha entre la opulencia y la miseria. Esto no es evangelio; Jesucristo no predicó ni los odios ni las injusticias, sino que nos dio el lenguaje del amor. Qué bien nos ha recordado el papa sobre la sobriedad y la solidaridad: tenemos que vivir en sencillez y abriendo nuestro corazón y nuestro bolsillo para que no hayan injusticias, para que se aleje la miseria, para que vengan tiempos de prosperidad para todos.
Usted ha participado hoy en una reunión importante sobre la situación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. ¿Qué nos puede adelantar al respecto?
--Mons. Piñeiro: He estado muy contento porque el cardenal Bertone nos ha recibido al cardenal Cipriani, al segundo vicepresidente del episcopado peruano, monseñor Del Río y a mi. Con qué sencillez, como buen educador salesiano y antiguo rector de la universidad de su congregación, nos ha hecho recordar la constitución apostólica Ex Corde Ecclesiae del beato Juan Pablo II, y cómo la universidad católica la cumple; por eso yo no sé por qué hay ese temor a aceptar la normatividad de la Iglesia. El título de esta constitución es tan hermoso: “En el corazón de la Iglesia”, porque allí nacieron las universidades y por eso hay que cuidarlas para que tengan esa identidad católica.
Había dos temas que eran aparentemente de conflicto. Uno es que la universidad quiere que la asamblea elija al rector, pero debemos saber que en la vida de la Iglesia hay la parte jerárquica y democrática. Entonces lo que pide la Iglesia es que la asamblea denomine una terna con tres posibles rectores, como sucede en todas las universidades católicas. Pido a nuestra universidad católica que comprendan el cariño que le tiene el papa a esta institución y que sus autoridades serán elegidas por la Sagrada Congregación para la Educación Católica dentro de los tres candidatos que presente la asamblea.
Y el otro tema de conflicto --en que mucho daño ha hecho la interpretación de alguna prensa sesgada--, es que el arzobispo de Lima quiere acaparar la economía… ¡No señores!, la Iglesia también cuida los bienes que con tanto sacrificio se han labrado en esta querida universidad católica del Perú. Por eso nos ha dicho el cardenal Bertone que de alguna manera lo supervise la Conferencia Episcopal Peruana. Y así será, con mucho gusto, veremos el presupuesto y si hay que dar algunas autorizaciones para algunas ventas, podemos trabajar en eso. Yo creo que va a haber una solución y que estamos por un buen camino de entendimiento.
Confío que el señor rector será el mejor comunicador a la asamblea de esto que pide la Santa Sede: que se acojan a las enseñanzas de la Iglesia. Porque es una universidad pontificia que quiere mucho al papa, al cual también honró dándole el grado de doctor honoris causa cuando visitó el Perú siendo el cardenal Ratzinger.
Cuando saludé al papa el miércoles en la audiencia general, me envió una bendición especial para Ayacucho y para la Universidad Pontificia Católica del Perú.
Por José Antonio Varela Vida
zenit.org

«El bien existe y vence», dice Benedicto XVI

En un mundo que ha perdido el sentido del bien y del mal, Benedicto XVI exhorta a proclamar con Cristo la misericordia divina, promoviendo el bien físico, moral y espiritual de todas las personas, con especial atención a los más necesitados. Benedicto XVI recibiendo con alegría - como suele hacer en proximidad de la fiesta de la Cátedra de San Pedro - a los socios del Círculo de que lleva el nombre del santo Apóstol, ha recordado que el tiempo de Cuaresma, que acaba de empezar «nos invita a reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana, es decir la caridad». Y ha agradecido a esta benemérita asociación, que cada año entrega al Pontífice el óbolo para la caridad del Papa:

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«Representa una ayuda concreta ofrecida al Sucesor de Pedro, para que pueda responder a las numerosas solicitudes que le llegan de todo el mundo, en especial de los países más pobres».

Hoy como ayer el testimonio de la caridad toca en particular el corazón de los hombres - ha dicho Benedicto XVI - haciendo hincapié en que la «nueva evangelización, en especial en una ciudad cosmopolita como Roma, requiere gran apertura de espíritu y sabia disponibilidad hacia todos». Como demuestra la red de intervenciones asistenciales y de testimonio silencioso que los miembros del Círculo de San Pedro impulsan cada día, en los comedores, hospicios para pobres y para enfermos, sin olvidar el compromiso misionero en Laos y los apadrinamientos en varias partes del mundo.

«Sabemos que la autenticidad de nuestra fidelidad al Evangelio se verifica también sobre la base de la atención y a la solicitud concreta hacia el prójimo, en especial hacia los más débiles y marginados», ha reiterado el Papa, destacando que la atención al prójimo conlleva desear el bien en todos sus aspectos. Es decir, «físico, moral y espiritual»:
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«Aunque la cultura contemporánea parece hacer perdido el sentido del bien y del mal, hay que reiterar con firmeza que el bien existe y vence. La responsabilidad hacia el prójimo significa querer y cumplir el bien del otro, deseando que se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos sobre sus necesidades, superando la dureza del corazón que hace ciegos a los sufrimientos de los demás. De esta forma el servicio caritativo se vuelve una forma privilegiada de evangelización, a la luz de las enseñanzas de Jesús, que considerará como hecho a sí mismo todo lo que habremos hecho a nuestros hermanos, en particular a los más pequeños y olvidados».


En este contexto, Benedicto XVI ha recordado la importancia de manifestar la misericordia infinita de Dios y la caridad cristiana:

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«Hay que armonizar nuestro corazón con el corazón de Cristo, para que el apoyo amoroso brindado a los demás se traduzca en participación y conciente compartir de sus sufrimientos y esperanzas, haciendo así visible, por una parte la misericordia infinita de Dios hacia el hombre, que brilla en el rostro de Cristo, y por otra nuestra fe en Él. El encuentro con el otro y el abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y bienaventuranza».


El Papa ha agradecido también de todo corazón a los miembros del Círculo de San Pedro por el servicio litúrgico que desarrollan, alentándolos a perseverar en su testimonio de fe y de caridad.

CdM
radiovaticana.org

Reflexión de Cuaresma, con audio


(Con Audio) Tiempo de Cuaresma, tiempo para crecer en la fe, camino a la Pascua. «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24), es el tema del mensaje de Su Santidad Benedicto XVI para la Cuaresma que estamos viviendo. Les proponemos la reflexión del Secretario del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización Su Excelencia Mons. José Octavio Ruiz Arenas. El informe es de Alberto Goroni. (Audio) RealAudioMP3
Benedicto XVI destaca en su mensaje que “La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual”.
Patricia L. Jáuregui Romero
radiovaticana.org

jueves, 23 de febrero de 2012

Benedicto XVI recomienda a los sacerdotes la “virtud de la humildad”

(RV).- Benedicto XVI recomienda a los sacerdotes la “virtud de la humildad”, al igual que la mansedumbre y la generosidad, porque “la ausencia de humildad destruye la unidad de la Iglesia”. En su tradicional encuentro con el clero romano al inicio la Cuaresma el Papa ha expresado su esperanza en que “el Señor nos ayude a ser constructores de la libertad de la Iglesia”.

El encuentro del Papa y el clero de Roma de este año se desarrolló en forma de “Lectio divina”, y el Santo Padre manifestó su satisfacción por el gran número de sacerdotes presentes en el Aula Pablo VI, a quienes pidió que se comportaran conforme a la dignidad de la llamada que han recibido.
Frente a la virtud de la humildad Benedicto XVI advirtió contra la soberbia, “la raíz de todos los pecados”. Para el Pontífice “ser cristiano consiste en superar esta tentación” de querer ser el centro del mundo. Una tentación de la que no están exentos ni los sacerdotes ni cuantos prestan servicio en la Iglesia y frente a ello el Santo Padre señaló la necesidad de saber aceptar una humilde posición en la Iglesia.
Otra gran preocupación del Pontífice es “el gran sufrimiento de la Iglesia en Europa y en occidente” a causa de la falta de vocaciones sacerdotales, y de lo que se ha definido como “analfabetismo religioso”. Benedicto XVI se refería a un tema tratado el pasado viernes por los cardenales en una jornada de reflexión antes del Consistorio, donde se señaló la falta de conocimiento de la fe como “un gran problema de la Iglesia actual”. El Papa explicó que con este “analfabetismo no puede crecer la unidad entre los cristianos”.
Por esta razón, una de las tareas del próximo Año de la Fe, añadió el Santo Padre, será “hacer todo lo posible para una renovación catequística para que se conozca la fe y crezca la unidad en la verdad”. “Y a través de un mayor conocimiento del Catecismo, durante el Año de la Fe se renovará la misión del Concilio”.
Más adelante el Papa abordó la tendencia, cada vez más difundida en la sociedad, de no seguir todas las indicaciones de la Iglesia y no obstante tener la conciencia tranquila. Para Benedicto XVI estos católicos adultos cuya fe se ha emancipado del magisterio, son “el resultado de la dependencia de las ondas del mundo, de la dictadura de los medios de comunicación”. Benedicto XVI recomendó “liberarse de esta dictadura”, emanciparnos “con una fe verdaderamente adulta que ve, enseña y puede ayudar a los demás a alcanzar la verdadera perfección, a la verdadera edad adulta, en comunión con Cristo”.
Otra de las advertencias del Pontífice fue la dirigida a los cristianos, para que eviten la tentación de combinar la verdad con la violencia, como por desgracia ha ocurrido a lo largo de la historia cuando se ha tratado de defender la verdad de esta forma. “La verdad –dijo Benedicto XVI- no se impone con las armas, sino por sí misma, porque sin la verdad no conocemos los verdaderos valores”.
CVV

radiovaticana.org

miércoles, 22 de febrero de 2012

El signo de la ceniza nos lleva a la creación


En este día de penitencia y de ayuno en el que comenzamos un nuevo camino hacia la Pascua de Resurrección, Benedicto XVI presidió en la basílica de Santa Sabina - en la colina romana del Aventino- la celebración eucarística con el rito de la bendición e imposición de la ceniza. La liturgia “estacional” inició esta tarde en la cercana Iglesia de san Anselmo, donde el Papa tuvo un momento de oración y recogimiento, que luego continuó con la procesión penitencial hasta Santa Sabina en presencia de cardenales, arzobispos, obispos, los monjes benedictinos de San Anselmo, los padres dominicos de Santa Sabina y gran cantidad de fieles. Luego de la procesión, el Pontífice presidió la misa. En su homilía el Papa reflexionó sobre el signo litúrgico de la ceniza, signo material, elemento de la naturaleza, que en la Liturgia se vuelve un símbolo sagrado, muy importante en este día que da comienzo al itinerario cuaresmal.
Homilia completa del Santo Padre
¡Venerados hermanos, queridos hermanos y hermanas!
Con este día de penitencia y de ayuno – el Miércoles de Ceniza- comenzamos un nuevo camino hacia la Pascua de Resurrección: el camino de la Cuaresma. Quisiera detenerme brevemente y reflexionar sobre el signo litúrgico de la ceniza, signo material, elemento de la naturaleza, que en la Liturgia se vuelve un símbolo sagrado, muy importante en este día que da comienzo al itinerario cuaresmal. Antiguamente, en la cultura hebraica, era muy común cubrirse la cabeza con ceniza, como signo de penitencia, junto con vestirse de sayal o de trapos. Sin embargo, para nosotros los cristianos, hay este único momento, que además tiene una notable relevancia ritual y espiritual. Ante todo, la ceniza es uno de esos signos materiales que implican al cosmos en la Liturgia. Los principales son evidentemente los de los Sacramentos: el agua, el óleo, el pan y el vino, que se vuelven verdadera y propia materia sacramental, instrumento a través del cual se comunica la gracia de Cristo, que llega hasta nosotros. Pero, en el caso de la ceniza, se trata de un signo no sacramental, aun permaneciendo ligado a la oración y a la santificación del Pueblo cristiano: en efecto, se prevé, antes de la imposición individual en la cabeza, una bendición específica de la ceniza – que realizaremos dentro de poco – con dos fórmulas posibles. En la primera, la ceniza se define como ‘austero símbolo’; en la segunda se invoca directamente sobre ella la bendición y se hace referencia al texto del Libro del Génesis, que puede acompañar también el gesto de la imposición:«¡Recuerda que eres polvo y al polvo volverás!». (Gn 3,19) Detengámonos un momento en este pasaje del Génesis. Concluye con el juicio pronunciado por Dios después del pecado original: Dios maldice a la serpiente, que hizo caer en el pecado al hombre y a la mujer; luego castiga a la mujer anunciándole los dolores del parto y una relación desigual con su marido; finalmente, castiga al hombre, le anuncia la fatiga del trabajo y maldice el suelo. «¡Maldito sea el suelo por tu culpa!» (Gn 3,17), por causa del pecado. Por lo tanto, el hombre y la mujer no son maldecidos directamente, como lo es la serpiente, sino por causa del pecado de Adán, es maldecido el suelo, de donde fue sacado. Volvamos a leer la magnífica narración de la creación del hombre de la tierra: «Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado» (Gn 2,7-8). He aquí, pues, que el signo de la ceniza nos vuelve a llevar al gran cuadro de la creación, en el que se dice que el ser humano es una singular unidad de materia y de soplo divino, a través de la imagen del polvo del suelo plasmado por Dios y animado por su aliento de vida, soplado en la nariz de la nueva criatura. Podemos observar cómo en la narración del Génesis el símbolo del polvo sufre una transformación negativa debido al pecado. Mientras que, antes de la caída, el suelo es una potencialidad totalmente buena, regada por un manantial (Gn 2,6) y capaz, por obra de Dios, de germinar «toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer» (Gn 2,9), después de la caída y la consiguiente maldición divina, el suelo producirá «cardos y espinas» y sólo a cambio de «dolor» y «sudor de la frente» concederá al hombre sus frutos (cfr Gn 3, 17-18). El polvo de la tierra no recuerda ya el gesto creador de Dios, todo abierto a la vida, sino que se vuelve signo de un inexorable destino de muerte: «¡Porque eres polvo y al polvo volverás!». (Gn 3,19). Es evidente en el texto bíblico, que la tierra participa de la suerte del hombre. En este contexto, san Juan Crisóstomo dice en una homilía suya: «Mira cómo, después de su desobediencia, todo le es impuesto al hombre, de modo contrario a su precedente estilo de vida» (Homilías sobre el Génesis 17, 9: pag 53, 146). Esta maldición del suelo tiene una función medicinal para el hombre, que debería ser ayudado por las «resistencias» de la tierra a mantenerse en sus límites y reconocer su propia naturaleza (cfr ibid.). Así, con una bella síntesis, se expresa otro antiguo comentario: «Adán fue creado puro por Dios, para su servicio. Todas las criaturas le fueron concedidas para servirlo. Él estaba destinado a ser el señor y rey de todas las criaturas. Pero, cuando el mal llegó a él y conversó con él, él lo recibió por medio de una escucha externa. Luego, penetró en su corazón y se adueñó por entero de su ser. Al ser capturado de esta forma, la creación, que lo había asistido y servido, fue capturada con él». (Pseudo – Macario, Homilías 11, 5: pag 34, 547). Decíamos hace poco, citando a Crisóstomo, que la maldición del suelo tiene una función «medicinal». Ello significa que la intención de Dios, que es siempre benéfica, es más profunda que su misma maldición. Ésta, en efecto, se debe, no a Dios, sino al pecado, pero Dios no puede no infligirla, porque respeta la libertad del hombre y sus consecuencias, aun negativas. Por lo tanto, en el castigo y también en la maldición del suelo, permanece una intención buena que viene de Dios. Cuando Él dice al hombre: «¡eres polvo y al polvo volverás!», junto con el justo castigo quiere también anunciar un camino de salvación, que pasará justo a través de la tierra, a través de ese «polvo», de esa «carne», que será asumida por el Verbo. Es en esta perspectiva salvífica que la palabra del Génesis es recordada por la Liturgia del Miércoles de Ceniza: como invitación a la penitencia, a la humildad, a tener presente la propia condición mortal, pero no para acabar en la desesperación, sino más bien para acoger, justo en esta nuestra mortalidad, la impensable cercanía de Dios, que, más allá de la muerte, abre el pasaje a la resurrección, al paraíso finalmente reencontrado. En este sentido, nos orienta un texto de Orígenes, que dice: «Lo que inicialmente era carne, de la tierra, un hombre de polvo (cfr 1 Cor 15,47), y fue deshecho a través de la muerte y de nuevo hecho polvo y ceniza – en efecto está escrito: eres polvo y al polvo volverás – viene hecho resurgir de nuevo de la tierra. Luego, según los méritos del alma que habita el cuerpo, la persona avanza hacia la gloria de un cuerpo espiritual». (Sobre Principios 3,6,5: 268, 248). Los «méritos del alma», de los que habla Orígenes, son necesarios; pero son fundamentales los méritos de Cristo, la eficacia de su Misterio pascual. San Pablo nos ofrece una formulación sintética en la segunda lectura: «A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él» (2 Cor 5,21). La posibilidad para nosotros del perdón divino depende esencialmente del hecho de que Dios mismo, en la persona de su Hijo, ha querido compartir nuestra condición, pero no la corrupción del pecado. Y el Padre lo ha resucitado con el poder de su Santo Espíritu y Jesús, el nuevo Adán, se ha vuelto «un ser espiritual que da la Vida» ( 1 Cor 15,45), la primicia de la nueva creación. El mismo Espíritu que ha resucitado a Jesús de entre los muertos puede transformar nuestros corazones, de corazones de piedra en corazones de carne (cfr Ez 36, 26). Lo hemos invocado hace poco con el Salmo Miserere: «Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu» (Sal 51, 12-13). Aquel Dios que expulsó a nuestros progenitores del Edén ha mandado a su Hijo a nuestra tierra devastada por el pecado, no lo reservó, con el fin de que nosotros, hijos pródigos, podamos volver, arrepentidos y redimidos a su misericordia, en nuestra verdadera patria. Así sea, para cada uno de nosotros, para todos los creyentes, para cada hombre que humildemente se reconoce necesitado de salvación. Amén.
CdM-RV
di Raul Cabrera
radiovaticana.org

40 días: Itinerario de renovación espiritual


(Audio) <aRealAudioMP3 la Cuaresma, en el centro de las reflexiones de la catequesis que Benedicto XVI desarrolló en diversos idiomas en el Aula Pablo VI del vaticano aludiendo a que se trata de un itinerario de renovación espiritual marcado por el significado simbólico que la Escritura da al número cuarenta, a saber: una paciente perseverancia, una larga prueba, un tiempo suficiente para ver la obra de Dios, un tiempo también para asumir nuestra propia responsabilidad.
(PLJR - RV)

(Audio) Lectura Evangélica al inicio de la Audiencia General: RealAudioMP3
(Audio) Catequesis del Papa en Español: <aRealAudioMP3

TEXTO CATEQUESIS PAPA EN ESPAÑOL

Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy está dedicada a la Cuaresma, un itinerario de renovación espiritual marcado por el significado simbólico que la Escritura da al número cuarenta, a saber: una paciente perseverancia, una larga prueba, un tiempo suficiente para ver la obra de Dios, un tiempo también para asumir nuestra propia responsabilidad. Toda la Escritura está llena de testimonios de este uso. Entre ellos, destaca el del pueblo de Israel, que camina por el desierto durante cuarenta años. Durante ese tiempo, percibe la amorosa presencia de Dios que lo guía, pero vive, a la vez, una experiencia de pecado que le lleva a construir ídolos, murmurar contra Dios y añorar la esclavitud pagana. Jesús revive esta experiencia sufriendo también en el desierto la insidia del demonio que le quiere desviar de su misión. Pero, al contrario del pueblo, Él lo vence con la fuerza de la Palabra de Dios que lo nutre, enseñándonos así a afrontar las dificultades con valentía y paciencia, y a poner en Él nuestra confianza, siguiéndolo en el camino de la Cruz que lleva a la luz y alegría verdadera.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Puerto Rico y otros países latinoamericanos. Invito a todos a que durante la Cuaresma, a imitación del Señor, sintamos cómo Dios fortalece nuestro espíritu y nos da la victoria, pese a las zozobras de la vida presente. Muchas gracias.


TEXTO DE LA CATEQUESIS COMPELTA

Queridos hermanos y hermanas.

En esta catequesis, me gustaría detenerme brevemente en el tiempo de Cuaresma, que comienza hoy con la liturgia del Miércoles de Ceniza. Se trata de un itinerario de cuarenta días que nos llevará al Triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor, corazón del misterio de nuestra salvación. En los primeros siglos de vida de la Iglesia este era el tiempo en que los que habían oído y aceptado el mensaje de Cristo empezaban, paso a paso, su camino de fe y de conversión hasta llegar a recibir el sacramento del Bautismo. Era un acercamiento al Dios vivo y una iniciación a la fe que había de cumplirse gradualmente, mediante un cambio interior por parte de los catecúmenos, es decir, de los que deseaban ser cristianos y por tanto ser incorporados a Cristo y a la Iglesia.


Posteriormente también los penitentes, y luego todos los fieles fueron invitados a vivir este camino de renovación espiritual, para acordar cada vez mejor la propia existencia a la de Cristo. La participación de toda la comunidad en las diferentes etapas del recorrido cuaresmal subraya una dimensión importante de la espiritualidad cristiana: es la redención, no de algunos, sino de todos, a ser disponibles gracias a la muerte y la resurrección de Cristo. Por lo tanto, ya sea aquellos que recorrían un camino de fe como los catecúmenos para recibir el bautismo, ya sea los que se habían alejado de Dios y de la comunidad de la fe y buscaban la reconciliación, o los que vivían la fe en plena comunión con la Iglesia, todos juntos sabían que el tiempo que precede a la Pascua es un tiempo de metanoia, es decir, un tiempo de cambio interior, de arrepentimiento; el tiempo que identifica nuestra vida humana y toda nuestra historia como un proceso de conversión que se pone en marcha ahora para encontrar al Señor al final de los tiempos.


Con una expresión que se ha convertido en típica en la Liturgia, la Iglesia llama a la época en la que estamos entrando "Cuadragésima", es decir, el tiempo de los cuarenta días y, con una clara referencia a la Sagrada Escritura, nos introduce así en un preciso contexto espiritual. Cuarenta es, de hecho el número simbólico con el que el Antiguo y Nuevo Testamento representan los momentos más destacados de la experiencia de fe del Pueblo de Dios. Es una cifra, que expresa el tiempo de espera, de purificación, de retorno al Señor, de la conciencia de que Dios es fiel a sus promesas. Este número no representa un tiempo cronológico exacto, dividido por la suma de los días. Más bien, indica una perseverancia paciente, un largo proceso, un periodo de tiempo suficiente para ver las obras de Dios, un tiempo en el que es necesario decidir si aceptar las propias responsabilidades, sin adicionales aplazamientos. Es el tiempo de decisiones maduras.

El número cuarenta aparece sobre todo en la historia de Noé. Este hombre justo, a causa del diluvio pasa cuarenta días y cuarenta noches en el arca, junto con su familia y los animales que Dios le había dicho de llevar consigo. Y espera otros cuarenta días, después del diluvio, antes de tocar tierra firme, salvado de la destrucción (Gn 7,4.12, 8.6). Después, en la siguiente etapa, Moisés permanece en el monte Sinaí, en presencia del Señor, cuarenta días y cuarenta noches para acoger la Ley. En todo este tiempo, ayuna (Éxodo 24:18). Cuarenta son también los años de viaje del pueblo judío desde Egipto hasta la Tierra Prometida, tiempo adecuado para experimentar la fidelidad de Dios: “Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años…La ropa que llevabas puesta no se gastó, ni tampoco se hincharon tus pies durante esos cuarenta años", dice Moisés en el Deuteronomio al final de los cuarenta años de migración (Dt 8,2.4). Los años de paz, que goza Israel bajo los jueces, son también cuarenta (Jueces 3,11.30), pero, pasado este tiempo, empiezan a olvidarse los dones de Dios, y se vuelve al pecado.


El profeta Elías emplea cuarenta días para llegar a Horeb, el monte donde se encuentra con Dios (1 Reyes 19.8). Cuarenta son los días en los que la gente de Nínive hace penitencia para obtener el perdón de Dios (Gn 3,4). Cuarenta fueron también los años del reinado de Saúl (Hechos 13:21), de David (2 Samuel 5:4-5) y de Salomón (1 Reyes 11:41), los tres primeros reyes de Israel. Incluso los Salmos reflexionan sobre el significado bíblico de los años cuarenta, como el Salmo 95, del cual hemos escuchado unos versos: "¡Si queréis escuchar su voz hoy mismo!". “No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras. Cuarenta años me disgustó esa generación, hasta que dije: «Es un pueblo de corazón extraviado, que no conoce mis caminos» (vv. 7c-10).

En el Nuevo Testamento Jesús, antes de comenzar su vida pública, se retira al desierto durante cuarenta días sin comer ni beber (Mateo 4,2): se alimenta de la Palabra de Dios, que usa como un arma para vencer al diablo. Las tentaciones de Jesús recuerdan aquellas que el pueblo judío afrontó en el desierto, pero que no supo vencer. Cuarenta son los días durante los cuales Jesús resucitado instruye a los suyos, antes de ascender al cielo y enviar el Espíritu Santo (Hechos 1,3).

Con este recurrente número 40 se describe un contexto espiritual que sigue siendo actual y válido, y precisamente en los días del periodo cuaresmal la Iglesia pretende mantener el valor perdurable y enseñarnos la eficacia. La Liturgia cristiana de la Cuaresma tiene la finalidad de favorecer el camino de renovación espiritual a la luz de esta experiencia bíblica y sobre todo para aprender a imitar a Jesús, que en los cuarenta días transcurridos en el desierto enseñó a vencer la tentación con la Palabra de Dios. Los cuarenta años de la peregrinación de Israel en el desierto presentan comportamientos y situaciones ambivalentes. Por una parte, son la estación del primer amor de Dios y su pueblo, cuando Él hablaba al corazón, indicándole continuamente el camino que recorrer. Dios había comenzado a vivir, por así decirlo, entre el pueblo de Israel, lo precedía dentro de una nube o una columna de fuego, se ocupaba cada día de su alimento haciendo descender el maná y haciendo surgir el agua de la roca. Por lo tanto, los años transcurridos por Israel en el desierto se pueden contemplar como el tiempo de la especial elección de Dios y de la adhesión a Él por parte del pueblo. Tiempo del primer amor. Por otra parte, la Biblia enseña también otra imagen de la peregrinación de Israel en el desierto: también el tiempo de las tentaciones y de los peligros más grandes, cuando Israel murmura contra su Dios, querría volver al paganismo y se construye sus propios ídolos, porque siente la necesidad de venerar a una Dios más cercano y tangible. Es también el tiempo de la rebelión contra el Dios grande e invisible.

Esta ambivalencia, tiempo de la especial cercanía de Dios, tiempo del primer amor y tiempo de la tentación, de la tentación del regreso al paganismo, lo encontramos también de forma sorprendente en el camino terrenal de Jesús, naturalmente sin compromiso alguno con el pecado. Tras el bautismo de penitencia en el Jordán, en donde asume para sí el destino del siervo de Dios que renuncia a sí mismo y vive para los demás, y vive entre los pecadores para tomar sobre sí el pecado del mundo, Jesús va al desierto para estar cuarenta días en profunda unión con el padre, repitiendo así la historia de Israel y todos estos ritmos de cuarenta días al año. Esta dinámica es una constante en la vida terrenal de Jesús, que siempre busca momentos de soledad para rezar a su Padre y permanecer en íntima comunión e intima soledad con Él, exclusiva comunión con Él, y después regresar entre la gente. Pero en estos tiempos de “desierto” y de encuentro especial con el Padre, Jesús se encuentra expuesto al peligro y es atacado por la tentación y la seducción del maligno, el cual propone otro camino mesiánico, lejos del proyecto de Dios, porque pasa a través del poder, el éxito, el dominio y no a través de la donación total el la Cruz. Esta es la alternativa, mesianismo de poder, de éxito, no mesianismo de donación y de amor.

Esta situación de ambivalencia describe también la condición de la Iglesia en camino en el “desierto” del mundo y de la historia. En este “desierto” nosotros creyentes tenemos la oportunidad de vivir una profunda experiencia de Dios que fortalece el espíritu, confirma la fe, nutre la esperanza, anima la caridad; una experiencia que nos hace partícipes de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte mediante el sacrificio de amor en la Cruz. Pero el “desierto” es también el aspecto negativo de la realidad que nos rodea: la aridez, la pobreza de palabras de vida y de valores, el secularismo y la cultura materialista, que encierran a la persona en el horizonte mundano de la existencia substrayéndola de cualquier referencia a la trascendencia. Este es también el ambiente en el que el cielo que nos cubre es oscuro, porque está cubierto de las nubes del egoísmo, de la incomprensión y del engaño. A pesar de ello, también para la Iglesia de cada tiempo, el desierto puede transformarse en tiempo de gracia porque tenemos la certeza de que incluso de la roca más dura Dios puede hacer manar el agua viva que quita la sed y refresca.

Queridos hermanos y hermanas, en estos cuarenta días que nos conducirán a la Pascua de Resurrección podemos encontrar nuevas fuerzas para aceptar con paciencia y con fe cualquier situación de dificultad, de aflicción y de prueba, con el convencimiento de que de las tinieblas el Señor hará surgir el nuevo día. Y si habremos sido fieles al Jesús siguiéndole por el camino de la Cruz, el claro mundo de Dios, el mundo de la luz, de la verdad y de la alegría nos será devuelto: será el alba nueva creada por Dios mismo. Buen camino de Cuaresma a todos vosotros.

ER
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martes, 21 de febrero de 2012

Cardenal Cipriani celebra 11 años como Cardenal del Perú


El martes 21 de febrero, el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, celebra 11 años de su creación como Cardenal del Perú.

Como se recuerda el 21 de febrero de 2001, el Santo Padre Juan Pablo II  creó Cardenal a Monseñor Juan Luis Cipriani, con el título de San Camilo de Lellis. 
El Arzobispo de Lima pide oraciones especiales de parte de todos los peruanos en este día significativo de su labor pastoral. 
“El 21 de febrero del 2001 tuve la emoción y el gozo de que el Papa Juan Pablo II reconociera al Perú, porque es un Cardenal del Perú. No es un motivo de orgullo sino una responsabilidad. Hace 11 años que soy cardenal y por eso tengo ese deber de rezar cada vez más. Les agradezco y les pido oraciones para que el Señor me ayude para estar unido a Él y a mis hermanos”, señaló desde Roma, donde se encuentra participando de un Encuentro por la “Nueva Evangelización” y un Consistorio Ordinario Público para la creación de nuevos cardenales, además de las conmemoraciones por el inicio de la Cuaresma.
En su estancia en Roma, el Cardenal Cipriani sostuvo un breve diálogo con el Papa Benedicto XVI, quien envió una especial bendición apostólica para todo el pueblo peruano.
“He podido estar junto al Papa quien me decía: “siempre los recuerdo, trasmítales mi bendición”. Qué bueno es tener a un amigo tan cercano y al mismo tiempo con tanto amor a cada una de las familias en el Perú”, expresó el Arzobispo de Lima.
Oficina de Comunicaciones y Prensa
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La Constitución Apostólica "Veterum Sapientiam" cumple 50 años

La Facultad de Literatura Cristiana y Clásica de la Universidad Pontificia Salesiana celebra el próximo jueves el 50 aniversario de la Constitución Apostólica ‘Veterum Sapientiam’, del beato Juan XXIII, un documento pontificio sobre la importancia del latín en la formación de los seminaristas y en la vida de los sacerdotes. Para esta ocasión la Universidad salesiana organiza en Roma una Jornada de estudio presidida por el cardenal Zenon Grocholewski y centrada fundamentalmente en evidenciar el papel de la cultura clásica contextual y al servicio de las culturas actuales y las realidades eclesiales.

La tarde del jueves está prevista la intervención de Mons. Celso Morga, secretario de la Congregación para el Clero, que tratará sobre “La importancia del latín en la formación y en la vida del clero” . AUDIO RealAudioMP3

Mons Morga nos habla sobre el tema del congreso. AUDIO RealAudioMP3

De hecho la finalidad de esta Facultad de los salesianos es ofrecer una base científica histórica, filológica, lingüista, doctrinal y literaria del patrimonio cultural de los clásicos griegos y latinos y de la civilización cristiana, en sus orígenes históricos tanto de Oriente como de Occidente. Mons. Morga nos explica a continuación la forma de fomentar entre los jóvenes es estudio del latín y el griego. AUDIO RealAudioMP3

Una de las intervenciones de esa jornada de estudio hablará sobre: “entre Sapientia Veterum y cultura hodierna: el valor lingüístico del patrimonio de la tradición. ¿cómo se puede aplicar esto? AUDIO RealAudioMP3

Otras dos ponencias hablan sobre el latín y el mundo chino y el anglosajón. ¡qué desafíos se afrontan? AUDIO RealAudioMP3

Mons. Hace tiempo las misas eran en latín y pues ahora son en lenguas locales. Es posible llegar a una comunión entre el latín y las lenguas locales y escuchar así una misa en lengua local pero con trozos significativos en latín? AUDIO RealAudioMP3

(PY-RV)
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Encuentro del Secretario de Estado con el Rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú

Su Eminencia el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Su Santidad ha recibido esta mañana al Doctor Marcial Rubio Correa, Rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). El Secretario de Estado ha hecho referencia al asiduo y generoso empeño con el que varios exponentes de la Universidad se dedican a la formación cualificada de los estudiantes, así como a la amplia gama de disciplinas que la PUCP ofrece a los jóvenes. A continuación el Cardenal Bertone ha comunicado al Doctor Rubio Correa las conclusiones a las que ha llegado la Santa Sede después de un intenso diálogo y de numerosos encuentros llevados a cabo en el arco de muchos años entre el actual Gran Canciller, sus predecesores y la Universidad, como también durante la Visita Apostólica a la misma, realizada por el Eminentísimo Cardenal Peter Erdö, Arzobispo de Esztergom-Budapest, los días del 5 al 11 de Diciembre de 2011. Dichas conclusiones han tenido en cuenta, de manera particular, los resultados de la Visita Apostólica y la propuesta, presentada por el Rector al final de la misma.
El Eminentísimo Secretario de Estado ha notificado al Doctor Rubio Correa la petición de la Santa Sede de que los Estatutos de la PUCP sean regularizados cuanto antes, adecuándolos a la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, para el bien de la misma PUCP y de la Iglesia en el Perú. Dada la importancia evidente de salvaguardar la identidad católica de la Universidad, el Eminentísimo Secretario de Estado ha pedido consiguientemente que las Autoridades académicas competentes presenten, antes del próximo 8 de abril, domingo de Pascua, los Estatutos con las enmiendas indicadas a la Universidad el 16 de Julio de 2011, para su aprobación. Por último, el Eminentísimo Cardenal Bertone ha expresado su deseo de que la comunidad académica acoja cuanto señalado, de manera que la PUCP pueda realizar cada vez más su misión de ofrecer a las nuevas generaciones una sólida formación, enraizada en la fidelidad al Magisterio de la Iglesia, como garantía de la gran contribución que la Universidad está llamada a ofrecer al País.
RC
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lunes, 20 de febrero de 2012

Nominan al Óscar documental sobre religiosa de clausura que actuó en Hollywood

La abadesa benedictina Dolores Hart, quien fuera una actriz y decidió convertirse en religiosa de clausura, asistirá por primera vez desde 1959 a los Premios Óscar, en Los Ángeles (Estados Unidos), para apoyar la película "Dios es Más Grande que Elvis" que narra su historia y la de su abadía.
Hart, de 73 años, fue una premiada actriz que participó en dos películas de Elvis Presley. En 1963, estaba a punto de firmar un contrato de siete cifras y estaba comprometida con un hombre de negocios de Los Ángeles cuando decidió unirse a la Abadía Benedictina de Regina Laudis, donde ahora es priora.
El documental de 37 minutos cuenta la historia de la madre Dolores y su vida en la abadía. Está nominada al Óscar en la categoría de mejor cortometraje documental.
"Adoraba Hollywood. No me fui porque fuera un lugar de pecado" señaló la religiosa al diario estadounidense USA Today.
"Dejé Hollywood por la una cosa misteriosa llamada vocación. Es un llamado que viene de otro lugar que llamamos Dios, porque no tenemos ninguna otra forma de llamarlo".
La religiosa indicó que este llamado "es el llamado del amor. ¿Por qué subes a una montaña?".
Hart dijo que ella permitió el ingreso de cámaras a la abadía para ayudar a aquellas almas que están en búsqueda.
"Queríamos invitar al mundo a otro orden de vida que podría dar algo de esperanza", dijo.
Para el documental la madre Dolores fue entrevistada junto a otras religiosas como la hermana John Mary, de 44 años, una ejecutiva publicitaria formada en Oxford que llegó a la abadía después de un periodo de adicción.
El cortometraje también cubre la última reunión entre la religiosa y su ex prometido, Don Robinson. Él nunca se casó y continuó visitando y ayudando a la abadía hasta su muerte, ocurrida en diciembre de 2011.
La directora del documental, Rebecca Cammisa, dijo que hizo la película para indagar qué hace que alguien con el nivel de éxito que tenía la madre Dolores Hart escoja la vida religiosa.
Cammisa fue anteriormente nominada al Óscar por el documental "Which Way Home" (¿Cuál es el camino a casa?), en el que narra la situación de los niños migrantes mejicanos.
La madre Dolores fue una de las presentadoras en los Premios Óscar de 1959 y sigue siendo miembro votante de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas, que entrega el premio cada año.
En enero de este año, Dolores Hart hizo una inusual aparición pública durante la Conferencia Eucarística Mariana de California Central.
Fuente: aciprensa.com

Encuentro del Papa con los neo Cardenales


(Con audio) Este 20 de febrero Benedicto XVI celebró una Audiencia con los 22 nuevos Cardenales creados en el Consistorio Ordinario Público del pasado 18 de febrero. Los purpurados iban acompañados por sus familiares y los fieles que vinieron para participar en este importante momento de la Iglesia en la conformación del Colegio Cardenalicio.

Dirigiéndose a los neo purpurados en diversos idiomas el Santo Padre expresó su particular gozo por celebrar este encuentro, también con los familiares y amigos de los 22 purpurados, en particular porque el encuentro le brinda la posibilidad de ofrecer en modo más directo e íntimo su cordial saludo a todos, así como sus congratulaciones acompañadas por los mejores auspicios en la nueva tarea a todos ellos encomendada.

“Que el evento tan importante y sugestivo del Consistorio sea para todos los presentes y para cuantos están unidos a los nuevos Cardenales motivo y estímulo que los mueva a estrecharse con afecto en torno a ellos”, dijo a los presentes a quienes además los invitó a permanecer más cercanos a su corazón y su ímpetu apostólico, y a escuchar con viva esperanza sus palabras de Padres y de maestros. Estén unidos a ellos en la fe y en la caridad –les indicó a los familiares y amigos y colaboradores-, para ser siempre más fervorosos y valerosos testigos de Cristo.

Escuchemos los saludos que el Papa dirigió al Cardenal Santos Abril y Castelló en nuestro idioma:(Audio) RealAudioMP3

TEXTO SALUDO AL CARDENAL SANTOS ABRIL:
"Saludo con afecto al Cardenal Santos Abril y Castelló, Arcipreste de la Basílica Santa María la Mayor, así como a sus familiares, a los Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos venidos especialmente de España para esta ocasión. Les invito a todos a acompañar con sus plegarias y cercanía espiritual a los nuevos miembros del Colegio de cardenales para que, llenos de amor a Dios y estrechamente unidos al Sucesor de Pedro, continúen la misión espiritual y apostólica con plena fidelidad al Evangelio".
Tras saludar en diversos idiomas a los nuevos purpurados, el Papa agradeció a todos por su significativa presencia expresando que la creación de los nuevos Cardenales es ocasión para reflexionar sobre la misión universal de la Iglesia en la historia de los hombres:

En las circunstancias humanas, muchas veces convulsionadas y contrastantes, la Iglesia está siempre viva y presente, llevando a Cristo, luz y esperanza para la entera humanidad. Permanecer unidos a la Iglesia y al mensaje de salvación que ella difunde, significa anclarse a la Verdad, reforzar el sentido de los verdaderos valores, estar serenos de cara a cada momento, les dijo el Papa antes de concluir este encuentro.

Las últimas palabras del Papa a participantes fueron una exhortación a que permanezcan siempre unidos a sus Pastores, como también a los nuevos Cardenales, para estar en comunión con la Iglesia. “La unidad en la Iglesia –les dijo- es don divino que hay que defender y hacer crecer”. Mientras que a los 22 cardenales de reciente creación les dijo y a los fieles y familiares que los acompañaban Benedicto XVI, antes de impartir su bendición apostólica, los encomendó “A la protección de la Madre de Dios y a la de los Apóstoles Pedro y Pablo”.
(PLJR / RC - RV)
radiovaticana.org

domingo, 19 de febrero de 2012

Cómo crean duda las sectas cristianas en los Católicos

Ex- pastor Pentecostal explica cómo las sectas cristianas (evangélicos, pentecostales, cristianos, etc.) crean duda en los católicos y así lograr que se cambien de religión.

Papa: la autoridad de Pedro está basada en el amor

La Cátedra de Pedro, es signo de autoridad, pero aquella de Cristo, basada en la fe y en el amor. Palabras del Papa antes del Ángelus, recordando la fiesta de la Cátedra de San Pedro que la Iglesia celebra hoy. La Cátedra, que es la silla reservada al obispo es el símbolo de la especial misión de Pedro y de sus sucesores de apacentar el rebaño de Cristo teniéndolo unido en la fe y en la caridad. Luego de rezar por los nuevos cardenales creados en el consistorio del viernes, comprometidos a "testimoniar el Evangelio hasta el sacrificio de la propia vida", Benedicto XVI se dirigió a María para que lo ayude junto a sus colaboradores a trabajar incansablemente por la unidad del pueblo de Dios y a anunciar ...

Iglesia: lugar donde Dios 'llega' a nosotros y desde donde nosotros 'partimos' hacia Él

Benedicto XVI en su homilía esta mañana con los nuevos cardenales, recordó que la fe se orienta al amor. Una fe egoísta no es una fe verdadera. Quien cree en Jesucristo y entra en el dinamismo del amor que tiene su fuente en la Eucaristía, descubre la verdadera alegría y, a su vez, es capaz de vivir según la lógica del don. La verdadera fe es iluminada por el amor y conduce al amor, hacia lo alto.

Texto completo de la Homilía del Santo Padre en la Basílica Vaticana

Señores Cardenales,

Venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio
Queridos hermanos y hermanas

En la solemnidad de la Cátedra del apóstol san Pedro, tenemos la alegría de reunirnos alrededor del Altar del Señor junto con los nuevos Cardenales, que ayer he agregado al colegio cardenalicio. Les saludo ante todo a ellos muy cordialmente, y agradezco al Cardenal Fernando Filoni las amables palabras me ha dirigido en su nombre. Extiendo mi saludo a los demás purpurados y a todos los obispos presentes, así como a las distinguidas autoridades, a los señores embajadores, a los sacerdotes, a los religiosos y a todos los fieles, venidos de varias partes del mundo para esta feliz circunstancia que reviste una carácter especial de universalidad.
En la segunda lectura que se acaba de proclamar, el apóstol Pedro exhorta a los «presbíteros» de la Iglesia a ser pastores diligentes y solícitos del rebaño de Cristo (cf. 1 Pe 5,1-2). Estas palabras están dirigidas sobre todo a vosotros, queridos y venerados hermanos, que ya tenéis muchos meritos ante el Pueblo de Dios por vuestra generosa y sapiente labor desarrollada en el ministerio pastoral en diócesis exigentes, en la dirección de los Dicasterios de la Curia Romana o en el servicio eclesial del estudio y de la enseñanza. La nueva dignidad que se os ha conferido quiere manifestar el aprecio por vuestro trabajo fiel en la viña del Señor, honrar a las comunidades y naciones de las cuales procedéis y de las que sois dignos representantes de la Iglesia, confiaros nuevas y más importantes responsabilidades eclesiales y, finalmente, pediros mayor disponibilidad para Cristo y para toda la comunidad cristiana. Esta disponibilidad al servicio del Evangelio está solidamente fundada en la certeza de la fe. En efecto, sabemos que Dios es fiel a sus promesas y permanecemos en la esperanza de que se cumplan las palabras del apóstol Pedro: «Y cuando aparezca el Supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita» (1 Pe 5,4).

El pasaje del Evangelio de hoy presenta a Pedro que, movido por una inspiración divina, expresa la propia fe fundada en Jesús, el Hijo de Dios y el Mesías prometido. En respuesta a esta límpida profesión de fe, que Pedro confiesa también en nombre de los otros apóstoles, Cristo les revela la misión que pretende confiarles, la de ser la «piedra», la «roca», el fundamento visible sobre el que está construido todo el edificio espiritual de la Iglesia (cf. Mt 16,16-19). Esta expresión de «roca-piedra» no se refiere al carácter de la persona, sino que sólo puede comprenderse partiendo de un aspecto más profundo, del misterio: mediante el cargo que Jesús les confía, Simón Pedro se convierte en algo que no es por «la carne y la sangre». El exegeta Joaquín Jeremías ha hecho ver cómo en el trasfondo late el lenguaje simbólico de la «roca santa». A este respecto, puede ayudarnos un texto rabínico que reza así: «El Señor dijo: “¿Cómo puedo crear el mundo cuando surgirán estos sin-Dios y se volverán contra mi?”. Pero cuando Dios vio que debía nacer Abraham, dijo: “Mira, he encontrado una roca, sobre la cual puedo construir y fundar el mundo”. Por eso él llamó Abrahán una roca». El profeta Isaías se refiere a eso cuando recuerda al pueblo: «Mirad la roca de donde os tallaron,… mirad a Abrahán vuestro padre» (51,1-2). Se ve a Abrahán, el padre de los creyentes, que por su fe es la roca que sostiene la creación. Simón, que es el primero en confesar a Jesús como el Cristo, y es el primer testigo de la resurrección, se convierte ahora, con su fe renovada, en la roca que se opone a la fuerza destructiva del mal.

Queridos hermanos y hermanas. Este pasaje evangélico que hemos escuchado encuentra una más reciente y elocuente explicación en un elemento artístico muy notorio que embellece esta Basílica Vaticana: el altar de la Cátedra. Cuando se recorre la grandiosa nave central, una vez pasado el crucero, se llega al ábside y nos encontramos ante un grandioso trono de bronce que parece suelto, pero que en realidad está sostenido por cuatro estatuas de grandes Padres de la Iglesia de Oriente y Occidente. Y, sobre el trono, circundado por una corona de ángeles suspendidos en el aire, resplandece en la ventana ovalada la gloria del Espíritu Santo. ¿Qué nos dice este complejo escultórico, fruto del genio de Bernini? Representa una visión de la esencia de la Iglesia y, dentro de ella, del magisterio petrino.

La ventana del ábside abre la Iglesia hacia el externo, hacia la creación entera, mientras la imagen de la paloma del Espíritu Santo muestra a Dios como la fuente de la luz. Pero se puede subrayar otro aspecto: en efecto, la Iglesia misma es como una ventana, el lugar en el que Dios se acerca, se encuentra con el mundo. La Iglesia no existe por sí misma, no es el punto de llegada, sino que debe remitir más allá, hacia lo alto, por encima de nosotros. La Iglesia es verdaderamente ella misma en la medida en que deja trasparentar al Otro – con la «O» mayúscula – del cual proviene y al cual conduce. La Iglesia es el lugar donde Dios «llega» a nosotros, y desde donde nosotros «partimos» hacia él; ella tiene la misión de abrir más allá de sí mismo ese mundo que tiende a creerse un todo cerrado y llevarle la luz que viene de lo alto, sin la cual sería inhabitable.

La gran cátedra de bronce contiene un sitial de madera del siglo IX, que por mucho tiempo se consideró la cátedra del apóstol Pedro, y que fue colocada precisamente en ese altar monumental por su alto valor simbólico. Ésta, en efecto, expresa la presencia permanente del Apóstol en el magisterio de sus sucesores. El sillón de san Pedro, podemos decir, es el trono de la verdad, que tiene su origen en el mandato de Cristo después de la confesión en Cesarea de Filipo. La silla magisterial nos trae a la memoria de nuevo las palabras del Señor dirigidas a Pedro en el Cenáculo: «Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos» (Lc 22,32).

La Cátedra de Pedro evoca otro recuerdo: la celebra expresión de san Ignacio de Antioquia, que en su carta a los Romanos llama a la Iglesia de Roma «aquella que preside en la caridad» (Inscr.: PG 5, 801). En efecto, el presidir en la fe está inseparablemente unido al presidir en el amor. Una fe sin amor nunca será una fe cristiana autentica. Pero las palabras de san Ignacio tienen también otra connotación mucho más concreta. El término «caridad», en efecto, se utilizaba en la Iglesia de los orígenes para indicar también la Eucaristía. La Eucaristía es precisamente Sacramentum caritatis Christi, mediante el cual él continua a atraer a todos hacia sí, como lo hizo desde lo alto de la cruz (cf. Jn 12,32). Por tanto, «presidir en la caridad» significa atraer a los hombres en un abrazo eucarístico, el abrazo de Cristo, que supera toda barrera y toda exclusión, creando comunión entre las múltiples diferencias. El ministerio petrino, pues, es primado de amor en sentido eucarístico, es decir, solicitud por la comunión universal de la Iglesia en Cristo. Y la Eucaristía es forma y medida de esta comunión, y garantía de que ella se mantenga fiel al criterio de la tradición de la fe.

La gran Cátedra está apoyada sobre los Padres de la Iglesia. Los dos maestros de oriente, san Juan Crisóstomo y san Atanasio, junto con los latinos, san Ambrosio y san Agustín, representando la totalidad de la tradición y, por tanto, la riqueza de las expresiones de la verdadera fe de la única Iglesia. Este elemento del altar nos dice que el amor se asienta sobre la fe. Y se resquebraja si el hombre ya no confía en Dios ni le obedece. Todo en la Iglesia se apoya sobre la fe: los sacramentos, la liturgia, la evangelización, la caridad. También el derecho, también la autoridad en la Iglesia se apoya sobre la fe. La Iglesia no se da a sí misma las reglas, el propio orden, sino que lo recibe de la Palabra de Dios, que escucha en la fe y trata de comprender y vivir. Los Padres de la Iglesia tienen en la comunidad eclesial la función de garantes de la fidelidad a la Sagrada Escritura. Ellos aseguran una exegesis fidedigna, sólida, capaz de formar con la Cátedra de Pedro un complejo estable y unitario. Las Sagradas Escrituras, interpretadas autorizadamente por el Magisterio a la luz de los Padres, iluminan el camino de la Iglesia en el tiempo, asegurándole un fundamento estable en medio a los cambios históricos.

Tras haber considerado los diversos elementos del altar de la Cátedra, dirijamos una mirada al conjunto. Y veamos cómo está atravesado por un doble movimiento: de ascensión y de descenso. Es la reciprocidad entre la fe y el amor. La Cátedra está puesta con gran realce en este lugar, porque aquí está la tumba del apóstol Pedro, pero también tiende hacia el amor de Dios. En efecto, la fe se orienta al amor. Una fe egoísta no es una fe verdadera. Quien cree en Jesucristo y entra en el dinamismo del amor que tiene su fuente en la Eucaristía, descubre la verdadera alegría y, a su vez, es capaz de vivir según la lógica del don. La verdadera fe es iluminada por el amor y conduce al amor, hacia lo alto, del mismo modo que el altar de la Cátedra apunta hacia la ventana luminosa, la gloria del Espíritu Santo, que constituye el verdadero punto focal para la mirada del peregrino que atraviesa el umbral de la Basílica Vaticana. En esa ventana, la corona de los ángeles y los grandes rayos dorados dan una espléndido realce, con un sentido de plenitud desbordante, que expresa la riqueza de la comunión con Dios. Dios no es soledad, sino amor glorioso y gozoso, difusivo y luminoso.

Queridos hermanos y hermanas, a cada cristiano y a nosotros, se nos confía el don de este amor: un don que ha de ofrecer con el testimonio de nuestra vida. Esto es, en particular, vuestra tarea, venerados Hermanos Cardenales: dar testimonio de la alegría del amor de Cristo. Confiemos ahora vuestro nuevo servicio eclesial a la Virgen María, presente en la comunidad apostólica reunida en oración en espera del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Que Ella, Madre del Verbo encarnado, proteja el camino de la Iglesia, sostenga con su intercesión la obra de los Pastores y acoja bajo su manto a todo el colegio cardenalicio. Amén (PY)
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