Hemos escuchado la profecía de Isaías: “El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros ...” (Is. 25,8). Estas palabras, llenas de la esperanza de Dios, indican la meta, muestran el futuro hacia el cual nos dirigimos. En este camino los santos nos preceden y nos guían. Estas palabras también delinean la vocación de los hombres y mujeres misioneros.
Los misioneros son aquellos que, dóciles al
