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martes, 7 de febrero de 2012

“Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras”, dice Benedicto XVI


Esta mañana a las 11,30 se presentó en la Sala de Prensa de la Santa Sede el Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma de este año, bajo el tema: “Prestemos atención los unos a los otros, para estímulo de la caridad y las obras buenas”. Intervinieron en la presentación el Cardenal Robert Sarah, Presidente del Consejo pontificio “Cor Unum”, con Monseñor Giampietro Dal Toso y Monseñor Segundo Tejado Muñoz, respectivamente secretario y subsecretario del mencionado dicasterio.

En su mensaje, firmado en la Ciudad del Vaticano el 3 de noviembre del año pasado el Papa comienza explicando que “la Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana”, a saber: la caridad. Y agrega que “este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario”, puesto que se trata de “un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual”.

El Santo Padre propone algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras” (10, 24). Y explica que el fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor “con corazón sincero y llenos de fe” (v. 22), de mantenernos firmes “en la esperanza que profesamos” (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos “la caridad y las buenas obras” (v. 24). Mientras recuerda que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25).

En el primer punto subtitulado “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano; Benedicto XVI afirma que también hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos “guardianes” de nuestros hermanos (cf. Gn 4, 9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. Porque “el gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente”.

“La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual”, escribe más adelante Benedicto XVI. Y señala que “la cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es ‘bueno y hace el bien’ (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades”.

Tras plantear la pregunta de “¿qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano?”, el Papa escribe que “con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás”. Mientras “nunca debemos ser incapaces de tener misericordia para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre”; porque “el encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza”.

En el tercer punto el Papa se refiere al estímulo de la caridad y las buenas obras, como camino hacia la santidad. Y recuerda que “lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a ‘comerciar con los talentos’ que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25 ss). “Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor –concluye su Mensaje– todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras” (cf. Hb 6,10). Llamada que es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. (María Fernanda Bernasconi – RV).

Sigue el texto completo del Mensaje del Santo Padre, firmado en el Vaticano el 3 de noviembre del año pasado:
Queridos hermanos y hermanas

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).

La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.

El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein— es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecuan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.
Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.

Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).

3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.
Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.

Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).

Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.

radiovaticana.org

lunes, 6 de febrero de 2012

Presentan documental sobre esterilizaciones forzadas, apoyadas por feministas en Perú

La parlamentaria Hilaria Supa presentó en Lima el pasado fin de semana el documental "La cicatriz de Paulina", que recoge testimonios de las víctimas del programa de esterilizaciones forzadas, implementado durante el gobierno de Alberto Fujimori Fujimori en la década de 1990 en Perú, con el apoyo de diversas ONGs feministas y el financiamiento de Estados Unidos.
Según explica el director del filme, Manuel Legarda, su trabajo expone "las cicatrices dejadas en ellas (las víctimas) por políticas financiadas a través de organizaciones internacionales y cuyas consecuencias finales aún no han sido determinadas".
Legarda trata de justificar la complicidad de muchos grupos feministas en materia de las esterilizaciones forzadas, afirmando que "algunas organizaciones feministas en un principio creen en la iniciativa del presidente (Fujimori)", y la emprende contra la Iglesia al señalar que "dicho programa iba a contracorriente de las tendencias conservadoras principalmente de la jerarquía eclesiástica y permitiría el acceso de todas las mujeres a los diferentes métodos anticonceptivos".
De acuerdo al Population Research Institute (PRI), importantes grupos feministas "celebraron la modificación a la Ley Nacional de Población en Octubre de 1995 para incluir la esterilización como método de Planificación Familiar y recibieron muchísimo dinero de USAID precisamente desde 1995 para sumarse al Programa de Planificación Familiar y Salud Reproductiva en el gobierno de Fujimori".
Uno de estos grupos feministas que participaron en la política de esterilizaciones del régimen fujimorista habría sido Manuela Ramos.
Según revela el PRI, "Manuela Ramos recibió 25 millones de dólares de USAID en un solo proyecto llamado Reprosalud entre 1995 y 2000 para ´aumentar la utilización de métodos de planificación familiar y otros servicios seleccionados de salud reproductiva en las áreas objetivo (varías provincias del interior del Perú)’"
Por su parte, Maruja Barrig, importante feminista peruana, en su libro "Persistencia de la Memoria. Feminismo y estado en el Perú de los 90" reconoció las escasas y tardías denuncias de los grupos feministas sobre los casos de esterilizaciones forzadas, con respecto a las presentados por la Iglesia Católica.
"La centralidad de la Iglesia Católica no sólo en el debate sino también en la acción se evidencia en el aún inédito reporte de la Defensoría del Pueblo respecto al AQV: de los 80 casos ingresados ‘de parte’, es decir cuando la denuncia la efectúa el o la agraviada, los familiares o una institución, 35 de ellos fueron ingresados por representantes de la Iglesia Católica y sólo ocho por ONGs de mujeres", manifestó Barrig en su estudio, publicado en 2002.
Tema electoral
Durante las pasadas elecciones generales en Perú, en las que resultó elegido como Presidente de la República Ollanta Humala Tasso, diversos grupos feministas usaron el tema de las esterilizaciones forzadas en contra de la candidata Keiko Fujimori, hija del exmandatario Alberto Fujimori, omitiendo mencionar la adhesión de muchas de estas ONGs a esa política gubernamental.
Las feministas apoyaron la candidatura de Humala Tasso porque este llevó dentro de su plancha congresal y en su equipo de asesores a diversas figuras de izquierda y que favorecen al aborto, la anticoncepción y los llamados "derechos" reproductivos.
Puede ver el trailer del documental en http://www.youtube.com/watch?v=HUzVI_wmV0M 
aciprensa.com

México y Cuba. Consejo de Comunicadores Católicos: una página web

El Próximo 23 de marzo Su Santidad Benedicto XVI estará llegando a la Ciudad de León Guanajuato, en la región denominada Bajío, para iniciar su visita al Continente latinoamericano. Para la ocasión se abrió una página web titulada visitapapal.com organizada por el Consejo de Comunicadores Católicos en donde es posible acceder a información de primera mano sobre la organización y las actividades y documentos pontificios que serán emanados durante esta primera fase de la visita del Sucesor de Pedro al Continente de la Esperanza: México del 23 al 26 de marzo, y sucesivamente, del 26 al 28 a Cuba. El 29 de marzo está prevista la llegada del Papa a la Ciudad del Vaticano.
También la Conferencia del Episcopado Mexicano, contará con una página web en la que se ofrecerá información sobre la organización con la cobertura de la visita del Papa en este importante encuentro a nivel continental. En días pasados, el Presidente de la Conferencia Episcopal Mons. Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Tlalnepantla, lanzó la invitación a los obispos latinoamericanos, estadounidenses y canadienses para que participen en el encuentro con el Sucesor de Pedro. Hasta el momento 150 de todo el mundo han confirmado su presencia.
Patricia L. Jáuregui Romero - RV



(RV).- (Audio) RealAudioMP3 El departamento de comunicación y difusión de la Conferencia Episcopal Mexicana, al hacer público el logotipo para la visita de Su Santidad Benedicto XVI a América Latina, cuyas etapas de viaje prevén México del 23 al 26, y sucesivamente Cuba - del 26 al 28 de marzo -, en una nota de prensa explica el significado de la imagen oficial que está formada por dos iconos reconocibles de la Iglesia Católica en el País hermano. Al fondo se encuentra la figura del monumento nacional a Cristo Rey, símbolo de gran importancia para el Bajío, dado que la visita del Sucesor de Pedro al Continente tendrá lugar en la Ciudad de León, Guanajuato, donde se eleva el Monumento a Cristo Rey, en el Cerro del Cubilete, y que representa el lugar al que llegará el Santo Padre. La imagen de la Virgen de Guadalupe, representa a todo México, y está representada en contornos suaves y delineados, ya que su figura es la sutileza de la oración, la pureza de espíritu que requiere la humanidad para llegar a Dios. Su Santidad, Benedicto XVI, está representado en el logotipo con su propio nombre. El comunicado expresa agradecimiento. Y citamos: “En este año 2012 Dios ha concedido para América Latina y de manera especial para México la gracia de la presencia del Sumo Pontífice entre nosotros”.
Patricia L. Jáuregui Romero - RV
Nota de prensa de la CEM



Programa oficial de la visita apostólica de Benedicto XVI a México y Cuba


(RV).- Se hizo público el programa del viaje de Benedicto XVI a México y Cuba que tendrá lugar del 23 al 29 de marzo próximos. El viaje apostólico inicia a las 9 y media del viernes 23 de marzo, día en el que el Santo Padre viajará hasta Guanajuato, en México, y adonde llegará a las 4 y media de la tarde. El día siguiente, sábado, sólo están previstas la Santa Misa en privado a las 8 de la mañana, la visita de cortesía al presidente federal en la Casa del Conde Rul de Guanajuato y un saludo a los niños en la Plaza de la Paz a las 7 menos cuarto.

El domingo, el Pontífice celebrará la Santa Misa y rezará el Ángelus por la mañana en el Parque del Bicentenario de León y por la tarde a las 6 tendrá lugar la celebración de las vísperas con los obispos de México y America Latina en la catedral de la Madre Santísima de la Luz de León. El lunes 26 de marzo el Papa se despide de México y viajará a Cuba, adonde llegará a las 2 de la tarde. Por la tarde, a las 5 y media, Benedicto XVI celebrará la Santa Misa en ocasión del 400 aniversario del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre.

Al día siguiente el Papa visitaré el Santuario de la Virgen de la Caridad y viajará a La Habana, donde por la tarde realizará una visita de cortesía al presidente del Consejo de Estado y del Consejo de los Ministros de la República en el Palacio de La Revolución de La Habana. Antes de pernoctar en la Nunciatura Apostólica de la capital cubana el Papa se reunirá y cenará aquí con los obispos cubanos y el séquito papal.

El miércoles 28 de marzo Benedicto XVI celebrará la Santa Misa en la Plaza de La Revolución y se despedirá de Cuba por la tarde para regresar a Roma. La llegada del Pontífice está prevista a las 10 y cuarto del jueves 29. (M.F.B. - RV).
radiovaticana.org

Juan Pablo II en El Perú, febrero 1985


(RV).- En 1985 el Papa Juan Pablo II visitó Venezuela, Ecuador, Perú y Trinidad y Tobago. El Papa dijo que en el momento histórico de ese país, en esa época, era necesaria una creciente solidaridad entre el pueblo peruano y un nuevo descubrimiento de sus raíces humanas y religiosas. (Audio) RealAudioMP3

Ecos en Guatemala:
Juan Pablo II en Guatemala, marzo de 1983

(RV).- (Audio) RealAudioMP3 En su viaje a Centro América Juan Pablo II visitó también Guatemala, lugar de particular significado en la historia de este istmo centroamericano. Una Nación como dijo el Papa, varias veces escenario de calamidades que han sembrado la muerte en muchos hogares. En su visita alentó todos los esfuerzos para que se detenga la violencia en ese país, sus palabras no pierden actualidad.

TEXTO AUDIO:
Esta nación ha sido varias veces, aun en tiempos recientes, escenario de calamidades que han sembrado muerte y destrucción en muchos hogares. Y hoy sigue sufriendo el flagelo de la lucha entre hermanos que provoca tanto dolor. En nombre de todas las víctimas inocentes querría pedir que se movilicen todas las fuerzas y buena voluntad, para lograr la pacífica convivencia social, fruto de la justicia y de una gran reconciliación de los espíritus.
Desde ahora aliento todos los esfuerzos que se hagan en esa dirección, asociándome a los objetivos marcados por la Conferencia Episcopal de Guatemala en el comunicado preparatorio a mi visita. Encomiendo a vuestra plegaria estos objetivos y desde ahora bendigo a todos los hijos de Guatemala, sobre todo a los enfermos y a los que sufren en el cuerpo o en el alma. Que la Madre de la Asunción nos acompañe con su valimiento"
Producción de: Patricia Ynestroza - Raúl Cabrera




(RV).-En su primera visita a Argentina Juan Pablo II habló de paz, este país estaba en medio del
conflicto de las Malvinas. El Papa quiso ser el mensajero de “… de una plegaria a favor de la paz… el suyo fue un encuentro del padre en la fe con los hijos que sufre. RealAudioMP3

producción: PY-RC (RV)

Ecos de Nicaragua:
Juan Pablo II en Nicaragua, marzo de 1983

(RV).- En su primer viaje por Centro América, Juan Pablo II llegó también a Nicaragua. Al pueblo le dijo que le trae a Nicaragua “una misión de carácter religioso; vengo como mensajero de paz, como alentador de la esperanza, como un servidor de la fe, para corroborar a los fieles en su fidelidad a cristo y a su Iglesia”. (audio) RealAudioMP3

Producción PY-RC (RV)


Ecos de Costa Rica
Juan Pablo II en San José, marzo de 1983


(RV).- Era marzo de 1983. El Papa visita por primera vez centro América. En Costa Rica, al dirigirse a los jóvenes les dijo que llegaba a ese país, para compartir con ellos una fraterna experiencia humana y eclesial, y dijo: “… vengo… a deciros una palabra que estoy seguro tendrá un fuerte eco en vuestro corazón generoso: Cristo, el eternamente joven, os necesita y os convoca en la Iglesia, “verdadera juventud del mundo”. (Audio) RealAudioMP3

Producción PY-RC

Ecos de Colombia
Juan Pablo II en Bogotá, julio de 1986

(RV).- De cara al inminente viaje que el Sucesor de Pedro realizará al Continente de la Esperanza, de nuestro archivo Sonoro, traemos a la memoria el magisterio del Beato Juan Pablo II cuando visitó Colombia, en julio de 1986: “Quiero ser sembrador de las enseñanzas de Jesús, de la doctrina perenne de la Iglesia, en esta ciudad capital y en las otras ciudades y lugares que, con la ayuda de Dios, me propongo visitar”. Con estas palabras Juan Pablo II llegaba a Colombia en julio de 1986 en un viaje marcado por discursos dedicados al llamado al país a la paz y la reconciliación. (Audio) RealAudioMP3 (producción: P. Ynestroza - R. Cabrera)
radiovaticana.org

domingo, 5 de febrero de 2012

El único misionero en un pueblo de Etiopía: «Llevo tres años y pico diciendo misa para mí solo»

Tras trabajar con la Madre Teresa en Calcuta y evangelizar en el Bronx y República Dominicana, emprende nuevos proyectos entre musulmanes. 

- Como mucho apenas conseguirás cristianizar a 10 ó 20 personas en todo un año. Como contar granos de arena en el desierto.

- ¿Cuántas personas?... ¡Ya quisiera yo! Tú sabes que llevo tres años y pico diciendo misa para mí solo. Nadie viene a la capilla. Cuando doy la paz, miro por la ventana, porque dentro no hay nadie. Miro por la ventana y le doy la paz a Somalia entera. Somalia, la paz sea contigo, digo yo. Es mi vocación.

- ¿Qué es la vocación?

- ¿Que qué es la vocación? Es a quien pertenece tu corazón.

- ¿Acaso no es ese el enamoramiento?

- Mi vocación, mi enamoriamiento, no es individual, es con toda este gente abandonada, con una pobre madre que intenta que su hijo no muera de hambre mañana mismo. Cuando veo sus caras, veo la cara de sufrimiento de Viernes Santo.

El de arriba es parte del diálogo sostenido entre un periodista y un sacerdote misionero, el padre Christopher Hartley Sartorius, nacido en el seno de una familia acomodada hace 50 años, hijo de padre inglés y madre española, alumno avanzado de la Madre Teresa (trabajó en Calcuta con ella), que dejó a un lado una prometedora carrera eclesiástica después de sus estudios en Roma por irse a predicar el Evangelio.

Como lo señala en el diálogo que reproduce el diario El Mundo, Christopher Hartley vive desde hace casi cuatro años en una olvidada región entre Etiopía y Somalia, concretamente en la localidad de Gode (Etiopía).

Decidió irse a aquella olvidada parte de África después de que abandonara República Dominicana (1197-2006), donde se convirtió en la pesadilla de los productores de azúcar que explotaban a los recogedores haitianos de la caña. Además de llevar la luz y el agua a 60 poblados y crear comedores para los niños, logró negociar con las azucareras, por primera vez en la historia, un contrato que establezcía un día de descanso a la semana, una cama por trabajador y un sueldo de 2,4 euros por cada jornada. Concluida su misión centroamericana, Hartley buscó en el mapa un punto donde jamás hubiera habido un misionero católico y "aterrizó" en medio de la nada...

El próximo proyecto del misionero es construir un comedor/escuela para los niños de la zona, sin importar que sean musulmanes y ni, probablemente, vayan a estar cristianizados jamás.
religionenlibertad.com 

Estudio señala aumento de los fieles católicos en Hong Kong

Un estudio de la Comisión Diocesana que se ocupa del desarrollo pastoral de Hong Kong, China, reveló que entre el año 2000 y el 2010 el número de fieles católicos aumentó significativamente y alcanzó el cinco por ciento de la población.
De los más de siete millones de personas que viven en la capital china, más de 350 mil profesan la religión católica y, según informó Radio Vaticana, la cifra podría aumentar considerando a todos los católicos que emigraron a Filipinas.
El estudio se sirvió de todos los anuarios estadísticos de la diócesis desde su primera publicación en el año 1954 hasta hoy. El aumento de fieles no fue acompañado paralelamente por el de sacerdotes, y consecuentemente, la diferencia entre sacerdotes y fieles se ha dinamizado en los últimos 40 años.
En el año 1971 la diócesis contaba con un sacerdote por cada 500 fieles, mientras que en el 2010 la relación desciende a uno por cada mil 200.
El número de parroquias también aumentó y de las 62 que había en el año 1995 se llegó en 2010 a 51.
El estudio pone de manifiesto además, que entre el año 2009 y 2010 unos tres millones de personas pasaron por los servicios sanitarios que ofrece la Iglesia Católica de China.
Por su parte, el Padre Dominic Chan Chi-ming, vicario general y ex miembro de la Comisión Diocesana, explicó a la agencia UCAN que estos datos ayudarán a reorganizar el ministerio en consonancia con las necesidades actuales.
aciprensa.com

Educar jóvenes libres

Un proceso que dura toda la vida

Comparto este artículo del obispo de San Cristóbal de las Casas, México, Felipe Arizmendi Esquivel, continúa comentando el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, de Benedicto XVI, analizando lo que significa educar en libertad.
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+ Felipe Arizmendi Esquivel

HECHOS
El tesoro más grande que Dios nos dio es la libertad. Y nos parecemos más a El cuando la usamos para amar. Nos alejamos de ser su imagen si esta libertad nos destruye, si nos encadena a vicios, si abusamos de ella para dañar a los demás.
La educación más difícil, personal y de otros, es el proceso para ser libres. El reto más complicado es que los hijos, desde pequeñitos, sobre todo los adolescentes y jóvenes, con el buen ejemplo de sus padres, aprendan a controlar sus instintos y reacciones, que sean dueños de sí mismos, no esclavos de sus gustos, emociones y deseos. Cuando esto se logra, se forman personas maduras, responsables, fieles a sus compromisos, respetuosos de los demás, pacientes, capaces de renunciar a los atractivos del alcohol, de las drogas, del abuso sexual, del atractivo de robar y de golpear. Es un proceso que dura toda la vida, pero tienen que ponerse las bases desde la familia, la escuela y la Iglesia.
Todo lo contrario a esta libertad madura y constructiva, en la tendencia a ver con buenos ojos que cada quien haga lo que quiera, que no se le reprima para que no se traumatice, que se manifieste tal cual es, que nada se le niegue, que goce la vida… Aquí está la raíz de tanto libertinaje, de la exaltación de los derechos sin deberes, de la agresividad social incontrolada. ¿Qué hacer?
CRITERIOS
El papa Benedicto XVI, con motivo de la Jornada Mundial de la Paz en este año, nos dice:
“La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender y usar mal. En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común. Para ejercer su libertad, el hombre debe superar por tanto el horizonte del relativismo y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal.
Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo. El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.
También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz”.
PROPUESTAS
Padres de familia: Vivan responsablemente su propia libertad, para que sean capaces de educar a sus hijos en esta nobilísima virtud. No den mal ejemplo llegando a casa a la hora que les dé la gana, alegando que pueden hacer lo que quieran. Eso generará que sus hijos procedan igual. Al contrario, ejerzan su libertad siendo responsables en el trabajo y en el hogar. No consientan que los hijos se la pasen jugando, en la calle, viendo televisión, durmiendo, si es que deben hacer la tarea, ayudar al quehacer familiar, compartir con los demás. Que se levanten a tiempo, que regresen a una hora fija por las noches, que se controlen al comer y beber. Duele no darles gusto en todo, pero es lo que más les hace crecer como personas libres.
Profesores, comunicadores y pastores, ayudemos en esta trascendente tarea educativa.
zenit.org

“Dios quiere que los jóvenes se entreguen al servicio de la Iglesia en la vocación sacerdotal”


El Padre Miguel Ángel Vassallo, Director del Centro de Promoción Vocacional Casa de Nazareth recordó que todos estamos llamados a la santidad en una vocación particular: la gran mayoría al matrimonio y algunos al sacerdocio y a la vida consagrada. Estas exhortaciones las realizó en el programa Diálogo de Fe del sábado 04 de febrero.
“El Cardenal Juan Luis Cipriani desde el 2010 creó e impulsó la Casa de Nazareth como un centro de actividades para jóvenes donde de manera especial se trate a aquellos que quieren ser sacerdotes. El primer fruto fue el año pasado que entraron al seminario 14 jóvenes que felizmente han perseverando; y ahora en febrero esta segunda promoción de ingresantes al seminario son 17. Entonces hay 31 jóvenes que gracias a Dios y a este trabajo de mucho empeño y oración están preparándose para ser sacerdotes”, reconoció.
El Padre Vassallo reconoció que cuando visita universidades, institutos y colegios los jóvenes están ávidos a conocer a Dios y muchos de estos jóvenes sienten un llamado concreto a la vida consagrada. 
“Dios quiere algo para tu vida: que seas un excelente padre o madre de familia pero también quiere que algunos se entreguen al servicio en la Iglesia a través de la vocación sacerdotal o religiosa”, comentó.
Asimismo explicó que el proceso de selección para que los jóvenes ingresen al seminario dura aproximadamente un año y comprende de un programa especial en Casa de Nazareth donde se comparten retiros, convivencias, voluntariados, “donde se profundiza bastante y se les da los medios para que cuando entren al seminario las tengan clara”, explicó.
También reconoció que en la vida de los jóvenes es muy importante el sustento familiar.
“El jalón de orejas a veces hay que dárselo a los papás. Hay una crisis de valores que a veces empieza en la familia. Entiendo que la sociedad reclama que los papás rindan en su trabajo, pero la primera ocupación de los padres es brindar un espacio de tiempo concreto al hijo para escucharlo, porque el amor también es heroísmo. El papá está llamado a ser referente de moral y coherencia de sus hijos, sin ello es más fácil que los chicos caigan en drogas y desviaciones”, mencionó.
“Es increíble la gran herida que tienen los jóvenes cuando los papás no les han dado afecto y luego salen a la calle a buscarlo de mil maneras, y las crisis afectivas de rompimientos, abortos y desviaciones es en el fondo un afecto no bien conducido. Es importantísima la base familiar para la vocación de un chico ya sea al matrimonio o a la vida consagrada”, prosiguió.
Finalmente animó a los jóvenes a participar de las actividades organizadas en la Casa de Nazareth. Los interesados pueden comunicarse al teléfono (511) 477–1642 o visitando la página web oficial www.sigueme.pe
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“No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos", dice Benedicto XVI


(Con Audio) Este 5 de febrero en el marco del Rezo Mariano del Ángelus Domini, y trigésimo cuarta Jornada Nacional por la Vida promovida por la Conferencia Episcopal italiana Benedicto XVI se refirió a la enfermedad como oportunidad de acercamiento explicando que “la enfermedad puede ser un momento saludable en el cual se puede experimentar la atención de los demás y brindar atención a los demás”.
El Sucesor de Pedro en su alocución dominical citando la liturgia del día recordó que, “las enfermedades son un signo de la acción del Mal en el mundo y en el hombre, mientras las sanaciones demuestran que el Reino de Dios está cerca porque Jesucristo ha venido a derrotar el Mal desde la raíz, y las curaciones son una anticipación de su victoria, obtenida con su Muerte y Resurrección”.
Asimismo aludió a la próxima celebración de la Jornada Mundial del Enfermo, el próximo 11 de febrero en la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, para invitarnos a presentar a Él a todos los enfermos, confiados en que Él quiere y puede sanarlos pero también a invocar la intercesión de la Santísima Virgen, especialmente para las situaciones de mayor sufrimiento y abandono.
Tras el rezo mariano del Ángelus, Benedicto XVI recordó la celebración en toda Italia de la Jornada por la Vida promovida por la Conferencia Episcopal bajo el tema “Jóvenes abiertos a la Vida” y citamos las palabras del Papa: “Me uno a los Pastores de la Iglesia en Italia cuando afirman que la verdadera juventud se realiza en la acogida, en el amor y en el servicio a la vida”.
En efecto, en la Plaza de San Pedro estaban presentes jóvenes estudiantes de la facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Roma, y estudiantes de otras facultades de Ginecología y Obstetricia a quienes dirigió un saludo particular.

Escuchemos los saludos del Papa en nuestro idioma (Audio) RealAudioMP3
(PLJR – RV)

TEXTO SALUDOS DEL PAPA EN ESPAÑOL:
“Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de fieles de distintas parroquias de Sevilla, así como al grupo de alumnos y profesores de Zafra, Montánchez y Cáceres. El Evangelio de hoy presenta a Jesús que une estrechamente su predicación y cuidado por los enfermos a una intensa oración. Este modo de actuar del Maestro se prolonga también hoy en la vida y misión de la Iglesia. Que la Virgen María asista a cada uno de sus hijos para saber conjugar siempre la actividad apostólica y misionera con una ferviente plegaria a Dios. Feliz domingo”.

TEXTO PALABRAS DEL PAPA ANTES DEL REZO MARIANO DEL ÁNGELUS:

¡Queridos hermanos y hermanas!

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús que alivia a los enfermos: primero a la suegra de Simón Pedro, que estaba en cama con fiebre y Él, tomándola de la mano, la alivia y la hace levantar; luego todos los enfermos de Cafarnaúm, probados en el cuerpo, en la mente y en el espíritu, y Él “curó a muchos… y expulsó a muchos demonios” (Mc 1,34). Los cuatro Evangelistas están de acuerdo en testimoniar que la liberación de dolencias y enfermedades de todo género constituyó, junto con la predicación, la principal actividad de Jesús en su vida pública. En efecto, las enfermedades son un signo de la acción del Mal en el mundo y en el hombre, mientras las sanaciones demuestran que el Reino de Dios está cerca. Jesucristo ha venido a derrotar el Mal desde la raíz, y las curaciones son una anticipación de su victoria, obtenida con su Muerte y Resurrección.

Un día Jesús dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos” (Mc 2,17). En aquella circunstancia se refería a los pecadores, que Él vino a llamar y a salvar. Permanece como verdad que la enfermedad es una condición típicamente humana, en la que experimentamos fuertemente que no somos autosuficientes, sino que tenemos necesidad de los demás. En este sentido paradójicamente podemos decir que ¡la enfermedad puede ser un momento saludable en el cual se puede experimentar la atención de los demás y brindar atención a los demás!
Sin embargo, ésta es siempre una prueba que puede hacerse larga y difícil. Cuando la sanación no llega y los sufrimientos se prolongan, podemos permanecer como aplastados, aislados, y entonces nuestra existencia se deprime y se deshumaniza. ¿Cómo debemos reaccionar a este ataque del Mal? Ciertamente con los cuidados apropiados – la medicina en estas décadas ha cumplido pasos de gigante – pero la Palabra de Dios nos enseña que existe una actitud decisiva y de fondo con la cual afrontar la enfermedad y es aquella de la fe. Jesús lo repite siempre a las personas que alivia: Tu fe te ha salvado (cfr Mc 5,34.36). Inclusive de frente a la muerte, la fe puede hacer posible aquello que humanamente es imposible. ¿Pero la fe en qué cosa? En el amor de Dios. Esta es la verdadera respuesta, que derrota radicalmente el Mal. Así como Jesús ha afrontado al Maligno con la fuerza del amor que le venía del Padre, también nosotros podemos afrontar y vencer la prueba de la enfermedad teniendo el corazón sumergido en el amor de Dios. Todos conocemos personas que han soportado sufrimientos terribles porque Dios las proveía de una serenidad profunda. Pienso en el reciente ejemplo de la Beata Chiara Badano, truncada en la flor de su juventud por un mal sin tregua: ¡cuantos iban a visitarla, recibían de ella luz y confianza! Sin embargo, en la enfermedad, todos tenemos necesidad de calor humano: para confortar a una persona enferma, más que las palabras, cuenta la cercanía sincera.

Queridos amigos, el próximo sábado 11 de febrero, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, es la Jornada Mundial del Enfermo. Hagamos también nosotros como la gente de los tiempos de Jesús: espiritualmente presentémosle a Él a todos los enfermos, confiados en que Él quiere y puede sanarlos. E invoquemos la intercesión de la Santísima Virgen, especialmente para las situaciones de mayor sufrimiento y abandono. ¡María Salud de los enfermos, ruega por nosotros!

TEXTO DE LA ALOCUCIÓN DEL PAPA DESPUÉS DEL REZO MARIANO DEL ANGELUS

Hoy en Italia se celebra la Jornada por la Vida, iniciada para defender la vida naciente y sucesivamente hecha extensiva a todas las fases y las condiciones de la existencia humana. Este año el Mensaje de los Obispos propone el tema: “Jóvenes abiertos a la vida”. Me uno a los Pastores de la Iglesia en Italia cuando afirman que la verdadera juventud se realiza en la acogida, en el amor y en el servicio a la vida. Me alegro por el encuentro promovido ayer en Roma por las Escuelas de Obstetricia y Ginecología de las Universidades romanas para reflexionar sobre la “Promoción y tutela de la vida humana naciente”, y saludo de corazón a Mons. Lorenzo Leuzzi, a los docentes y a los jóvenes presentes hoy en la Plaza de San Pedro.
Traducción: Patricia L. Jáuregui Romero
radiovaticana.org

sábado, 4 de febrero de 2012

Lefebvristas no aceptan propuesta para ingresar a la Iglesia Católica

El superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (lefebvristas), Bernard Fellay, señaló que "estamos obligados a decir que no" a la propuesta que hizo el Vaticano para que este grupo ingrese a la plena comunión de la Iglesia Católica.

Con este rechazo, los lefebvristas vuelven a decir que no a la mano tendida del Papa para su inserción en la Iglesia, expresada en el preámbulo doctrinal que la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe les entregó el 14 de septiembre de 2011, en la que se detallan los requisitos mínimos que debían aceptar.

Fellay, líder de la organización fundada por el arzobispo francés Marcel Lefebvre –que falleció excomulgado por ordenar a 4 obispos sin permiso del Papa– dijo el 2 de febrero durante una homilía en su seminario Santo Tomás de Aquino en Estados Unidos que la Santa Sede habría aceptado "todas nuestras demandas desde el punto de vista organizativo" aunque se conservarían "distancias desde el punto de vista doctrinal".

En la homilía, Fellay también acusa al Vaticano de "modernista" y se declara por encima de la Iglesia Católica reinterpretando a su manera los términos "tradición" y "coherencia" rechazando el ecumenismo y la libertad religiosa que promueve el Concilio Vaticano II que siempre han objetado.

"Hemos dicho claramente que si nos aceptan tal y como somos, sin cambios, sin obligarnos a aceptar estas cosas, estamos listos. Pero si quieren hacernos aceptar estas cosas, entonces estamos obligados a decir que no", dijo Fellay en su sermón.

La respuesta lefebvrista ya la tienen en el Vaticano, más precisamente en la Pontificia Comisión Ecclesia Dei creada para dialogar con los seguidores del arzobispo excomulgado Lefebvre.

Una historia de rechazo a la Iglesia Católica

Las afirmaciones de Fellay se suman a una serie de declaraciones, expresiones, homilías y comunicados a través de los cuales y constantemente los lefebvristas han dicho no a la mano tendida del Papa que ha buscado que acepten las condiciones mínimas para ingresar a la Iglesia.

El 14 de septiembre el Vaticano dio a conocer un comunicado en el que explicó que el Preámbulo entregado a los lefebvristas ese día "establece algunos principios doctrinales y criterios de interpretación de la doctrina católica, necesarios para garantizar la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y el ‘sentire cum Ecclesia’ (sentir con la Iglesia)".

Al mismo tiempo, deja abierta "a una discusión legítima, el estudio y la explicación teológica de expresiones o formulaciones particulares presentes en los documentos del Concilio Vaticano II y del Magisterio sucesivo".

Ese texto recuerda que el Papa decidió en 2009 levantar la excomunión que pesaba sobre los cuatro obispos ordenados por Lefebvre "a raíz de la súplica dirigida por el Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X a Su Santidad Benedicto XVI el 15 de diciembre de 2008".

En aquel entonces, el 4 de febrero de 2009 la Secretaría de Estado del Vaticano dio a conocer un comunicado en el que se precisa que "el levantamiento de la excomunión ha liberado a los cuatro obispos de una pena canónica gravísima, pero no ha cambiado la situación jurídica de la Fraternidad San Pío X, que en el momento actual, no goza de ningún reconocimiento canónico en la Iglesia Católica".

Ese comunicado señala que los cuatro obispos que ordenó Lefebvre a quienes se les levantó la excomunión están obligados al pleno reconocimiento del Concilio Vaticano II –que hasta ahora han rechazado como se desprende de las declaraciones expuestas en esta nota y en reportes anteriores de ACI Prensa– y del Magisterio de todos los Papas posteriores a Pío XII.

El Concilio Vaticano II es uno de los eventos más importantes en la historia de la Iglesia. Se realizó 1962 y 1965 congregando a obispos de todo el mundo. Produjo un cuerpo de doctrina que busca promover la fe católica, renovar la vida de los fieles, adaptar la liturgia y alentar la presencia de los laicos.

aciprensa.com

Vaticano reitera enérgico rechazo a acusaciones de corrupción

La presidencia de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano reiteró hoy, a través de una declaración, el rechazo a las acusaciones de corrupción económica realizadas por diversos medios de comunicación, especialmente en Italia.
Esta declaración se suma a la del Padre Federico Lombardi, Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, que hace unos días rechazó las acusaciones de corrupción realizadas por algunos diarios italianos y el programa televisivo Gli Intocabbili, en una edición de dos horas de duración.
En la declaración de hoy las autoridades vaticanas se refieren concretamente a "la publicación abusiva" de dos cartas del Arzobispo Carlo Maria Viganò, actual Nuncio en Estados Unidos y exsecretario general de la Gobernación: la primera dirigida al Papa el 27 de marzo de 2011 y la segunda al Secretario de Estado con fecha 8 de mayo, lo que ha sido "motivo de gran amargura" para la Gobernación.
"Las afirmaciones –señala la declaración– contenidas en ellas no pueden sino causar la impresión de que la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, en vez de ser un instrumento de gobierno responsable, es una entidad no confiable, rodeada de fuerzas oscuras".
La Gobernación señala que ha realizado un atento examen a las cartas y considera "su deber declarar públicamente que las afirmaciones que se hacen en ellas son fruto de valoraciones erróneas, o se basan en temores no apoyados por pruebas, sino ampliamente contradichas por las principales personalidades presentadas como testigos".
Entre las afirmaciones del Arzobispo Viganó en las cartas están que en el Vaticano se trabajaría con algunas empresas al doble del costo normal y que los banqueros del Comité de Finanzas y Gestión que los asesora habrían perdido 2,5 millones de dólares en 2009.
En su declaración divulgada hoy, la Presidencia de la Gobernación subrayó que sus balances, tras ser aprobados por la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, se someten de forma regular a la Prefectura de los Asuntos Económicos de la Santa Sede que puede revisarlos "en cualquier momento y sin previo aviso".
El texto señala además que las inversiones financieras de la Gobernación, confiadas a gestores externos, "sufrieron relevantes pérdidas durante la gran crisis internacional del 2008". Esas pérdidas se extendieron al ejercicio de 2009 y generaron un pasivo de 7.815.000 millones de euros.
La declaración explica que el paso de ese pasivo al resultado final positivo de 21.043.000 en 2010 se debió, explica la declaración, a dos factores: "a la gestión de las inversiones financieras de la Gobernación, confiada por el Cardenal Presidente a la APSA sesión extraordinaria de 2009, y en mayor medida, a los excelentes resultados de los Museos Vaticanos".
Tras resaltar su "plena confianza" en los miembros del Comité Financiero y de Gestión, la Gobernación denuncia en este caso "un cierto periodismo muy poco serio" que generó una "noticia infundada" según la cual "¡se habrían efectuado interceptaciones telefónicas y ambientales al interior de un proceso meramente administrativo y disciplinar!"
A continuación señalan la necesidad de seguir mejorando la gestión de la Gobernación, para lo cual desde el año 2009 colabora la prestigiosa Sociedad de Gestión McKinsey.
Para concluir, la declaración expresa el compromiso de todos los trabajan en la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano "de seguir en el empleo de todas sus fuerzas al servicio, con fidelidad e integridad total, al Sumo Pontífice, con la conciencia del gran honor y de la gran responsabilidad que significa estar al servicio del Papa".
Firman la declaración el Presidente Emérito de la Gobernación, Cardenal Giovanni Lajolo, (bajo cuya administración sirvió Mons. Viganó), el actual Presidente, Arzobispo Giuseppe Bertello; Mons. Giuseppe Sciacca, Secretario General; y Mons. Giorgio Corbellini, Vicesecretario General.
aciprensa.com

Hacia la curación y renovación

En un congreso, la Iglesia estudia una respuesta global a los abusos a menores

El congreso organizado del 6 al 9 de febrero con el título “Hacia la curación y la renovación” le permitirá a la Iglesia dar una respuesta global sobre el tema de los abusos cometidos por integrantes del clero contra menores, así como la tutela de las personas en situación de riesgo, a través de un sistema de prevención y formación.
Además de la creación de un centro, una plataforma en Alemania de e-learning, a la que se podrá escribir a través de un e-mail desde cualquier parte del mundo. En el sitio web se explicará además en cuatro idiomas como reaccionar en situaciones de abusos o cuando alguien se entera que existen hechos de este tipo.
Vale a decir un señal de la estrategia firme y decidida con la que el Vaticano enfrenta hoy la lucha contra la pederastia en el interior de la Iglesia.
Organizado por la Universidad Pontificia Gregoriana contará con la participación de representantes de 110 conferencias episcopales. Generalmente es el obispo encargado de los casos de abuso en las respectivas conferencias, además de los superiores generales de más de treinta órdenes religiosas y unas setenta personas expertas en Derecho canónico, psiquiatría y psicoterapia que trabajan con las víctimas y con los que abusaron.
Varios de estos datos fueron dados por la Radio Vaticano que además entrevistó a monseñor Charles Scicluna, promotor de Justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien reiteró la clara voluntad de extirpar y prevenir esta llaga abierta, porque los abusos son “un fenómeno muy triste que además de ser pecado es un delito. Y como delito existe la justa jurisdicción del Estado y existe el deber de colaborar con esta jurisdicción penal estatal”.
Pero también “la determinación de actuar bien, porque nosotros como Iglesia católica podemos también en esta materia así tremenda, dar un óptimo ejemplo, lo que corresponde también a nuestra misión evangélica”.
En la entrevista de Fabio Colagrande el prelado indicó que será un congreso en el cual participará en nombre de las víctimas una persona dolorosamente golpeada por esta realidad tan triste.
El simposio además ayudará a poner en práctica las directivas de la carta circular de mayo de 2011, de la Congregación para la doctrina de la Fe, y por ello prefecto de dicha Congregación, el cardenal Levada, dará inicio a este simposio.
Monseñor Charles Scicluna recordó que en la carta circular se pidió a todas las conferencias episcopales que preparen las líneas guía para poder dar una respuesta adecuada a este triste fenómeno, si bien acorde al propio ambiente cultural, y que el simposio ayudará a muchos cuando retornen a su país para concluir el trabajo que ya han comenzado.
Además asistirán “diversos expertos que fueron invitados a hablar de manera que se permita a las Iglesias locales y a las ordenes religiosas que realicen una política clara y eficaz como respuesta al fenómeno de los abusos sexuales a menores”.
En la prevención se apuntará “a la formación, antes de todo, de los agentes pastorales: hablamos de clérigos y también de laicos empeñados como catequistas. Prevención que tiene que nacer en la base: non solamente desde arriba, pero desde la base. Y esta es la cosa más importante. Porque la formación tiene que realizarse también en las familias, en las escuelas, en las parroquias. Cómo detectar comportamientos de riesgo. De qué manera ayudar a los jóvenes a defenderse de la interferencia maliciosa de otros”.
Por H. Sergio Mora
zenit.org

jueves, 2 de febrero de 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA JORNADA MISIONERA MUNDIAL 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
PARA LA JORNADA MISIONERA MUNDIAL 2012
“Llamados a hacer resplandecer la Palabra de verdad”
(Carta apostólica Porta fidei, n. 6)

Queridos hermanos y hermanas:
La celebración de la Jornada Misionera Mundial de este año adquiere un significado especial. La celebración del 50 aniversario del Decreto conciliar Ad gentes, la apertura del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, contribuyen a reafirmar la voluntad de la Iglesia de comprometerse con más valor y celo en la misión ad gentes, para que el Evangelio llegue hasta los confines de la tierra.
El Concilio Ecuménico Vaticano II, con la participación de tantos obispos de todos los rincones de la tierra, fue un signo brillante de la universalidad de la Iglesia, reuniendo por primera vez a tantos Padres Conciliares procedentes de Asia, África, Latinoamérica y Oceanía. Obispos misioneros y obispos autóctonos, pastores de comunidades dispersas entre poblaciones no cristianas, que han llevado a las sesiones del Concilio la imagen de una Iglesia presente en todos los continentes, y que eran intérpretes de las complejas realidades del entonces llamado “Tercer Mundo”. Ricos de una experiencia que tenían por ser pastores de Iglesias jóvenes y en vías de formación, animados por la pasión de la difusión del Reino de Dios, ellos contribuyeron significativamente a reafirmar la necesidad y la urgencia de la evangelización ad gentes, y de esta manera llevar al centro de la eclesiología la naturaleza misionera de la Iglesia.
Eclesiología misionera
Hoy esta visión no ha disminuido, sino que por el contrario, ha experimentado una fructífera reflexión teológica y pastoral, a la vez que vuelve con renovada urgencia, ya que ha aumentado enormemente el número de aquellos que aún no conocen a Cristo: “Los hombres que esperan a Cristo son todavía un número inmenso”, comentó el beato Juan Pablo II en su encíclica Redemptoris missio sobre la validez del mandato misionero, y agregaba: “No podemos permanecer tranquilos, pensando en los millones de hermanos y hermanas, redimidos también por la Sangre de Cristo, que viven sin conocer el amor de Dios” (n. 86). En la proclamación del Año de la Fe, también yo he dicho que Cristo “hoy como ayer, nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra” (Carta apostólica Porta fidei, 7); una proclamación que, como afirmó también el Siervo de Dios Pablo VI en su Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, “no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado” (n. 5). Necesitamos por tanto retomar el mismo fervor apostólico de las primeras comunidades cristianas que, pequeñas e indefensas, fueron capaces de difundir el Evangelio en todo el mundo entonces conocido mediante su anuncio y testimonio.
Así, no sorprende que el Concilio Vaticano II y el Magisterio posterior de la Iglesia insistan de modo especial en el mandamiento misionero que Cristo ha confiado a sus discípulos y que debe ser un compromiso de todo el Pueblo de Dios, Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos. El encargo de anunciar el Evangelio en todas las partes de la tierra pertenece principalmente a los Obispos, primeros responsables de la evangelización del mundo, ya sea como miembros del colegio episcopal, o como pastores de las iglesias particulares. Ellos, efectivamente, “han sido consagrados no sólo para una diócesis, sino para la salvación de todo el mundo” (Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris missio, 63), “mensajeros de la fe, que llevan nuevos discípulos a Cristo” (Ad gentes, 20) y hacen “visible el espíritu y el celo misionero del Pueblo de Dios, para que toda la diócesis se haga misionera” (ibíd., 38).
La prioridad de evangelizar
Para un Pastor, pues, el mandato de predicar el Evangelio no se agota en la atención por la parte del Pueblo de Dios que se le ha confiado a su cuidado pastoral, o en el envío de algún sacerdote, laico o laica Fidei donum. Debe implicar todas las actividades de la iglesia local, todos sus sectores y, en resumidas cuentas, todo su ser y su trabajo. El Concilio Vaticano II lo ha indicado con claridad y el Magisterio posterior lo ha reiterado con vigor. Esto implica adecuar constantemente estilos de vida, planes pastorales y organizaciones diocesanas a esta dimensión fundamental de ser Iglesia, especialmente en nuestro mundo que cambia de continuo. Y esto vale también tanto para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólicas, como para los Movimientos eclesiales: todos los componentes del gran mosaico de la Iglesia deben sentirse fuertemente interpelados por el mandamiento del Señor de predicar el Evangelio, de modo que Cristo sea anunciado por todas partes. Nosotros los Pastores, los religiosos, las religiosas y todos los fieles en Cristo, debemos seguir las huellas del apóstol Pablo, quien, “prisionero de Cristo para los gentiles” (Ef 3,1), ha trabajado, sufrido y luchado para llevar el Evangelio entre los paganos (Col 1,24-29), sin ahorrar energías, tiempo y medios para dar a conocer el Mensaje de Cristo.
También hoy, la misión ad gentes debe ser el horizonte constante y el paradigma en todas las actividades eclesiales, porque la misma identidad de la Iglesia está constituida por la fe en el misterio de Dios, que se ha revelado en Cristo para traernos la salvación, y por la misión de testimoniarlo y anunciarlo al mundo, hasta que Él vuelva. Como Pablo, debemos dirigirnos hacia los que están lejos, aquellos que no conocen todavía a Cristo y no han experimentado aún la paternidad de Dios, con la conciencia de que “la cooperación misionera se debe ampliar hoy con nuevas formas para incluir no sólo la ayuda económica, sino también la participación directa en la evangelización” (Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris missio, 82). La celebración del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización serán ocasiones propicias para un nuevo impulso de la cooperación misionera, sobre todo en esta segunda dimensión.
La fe y el anuncio
El afán de predicar a Cristo nos lleva a leer la historia para escudriñar los problemas, las aspiraciones y las esperanzas de la humanidad, que Cristo debe curar, purificar y llenar de su presencia. En efecto, su mensaje es siempre actual, se introduce en el corazón de la historia y es capaz de dar una respuesta a las inquietudes más profundas de cada ser humano. Por eso la Iglesia debe ser consciente, en todas sus partes, de que “el inmenso horizonte de la misión de la Iglesia, la complejidad de la situación actual, requieren hoy nuevas formas para poder comunicar eficazmente la Palabra de Dios” (Benedicto XVI, Exhort. apostólica postsinodal Verbum Domini, 97). Esto exige, ante todo, una renovada adhesión de fe personal y comunitaria en el Evangelio de Jesucristo, “en un momento de cambio profundo como el que la humanidad está viviendo” (Carta apostólica Porta fidei, 8).
En efecto, uno de los obstáculos para el impulso de la evangelización es la crisis de fe, no sólo en el mundo occidental, sino en la mayoría de la humanidad que, no obstante, tiene hambre y sed de Dios y debe ser invitada y conducida al pan de vida y al agua viva, como la samaritana que llega al pozo de Jacob y conversa con Cristo. Como relata el evangelista Juan, la historia de esta mujer es particularmente significativa (cf. Jn 4,1-30): encuentra a Jesús que le pide de beber, luego le habla de una agua nueva, capaz de saciar la sed para siempre. La mujer al principio no entiende, se queda en el nivel material, pero el Señor la guía lentamente a emprender un camino de fe que la lleva a reconocerlo como el Mesías. A este respecto, dice san Agustín: “después de haber acogido en el corazón a Cristo Señor, ¿qué otra cosa hubiera podido hacer [esta mujer] si no dejar el cántaro y correr a anunciar la buena noticia?” (In Ioannis Ev., 15,30). El encuentro con Cristo como Persona viva, que colma la sed del corazón, no puede dejar de llevar al deseo de compartir con otros el gozo de esta presencia y de hacerla conocer, para que todos la puedan experimentar. Es necesario renovar el entusiasmo de comunicar la fe para promover una nueva evangelización de las comunidades y de los países de antigua tradición cristiana, que están perdiendo la referencia de Dios, de forma que se pueda redescubrir la alegría de creer. La preocupación de evangelizar nunca debe quedar al margen de la actividad eclesial y de la vida personal del cristiano, sino que ha de caracterizarla de manera destacada, consciente de ser destinatario y, al mismo tiempo, misionero del Evangelio. El punto central del anuncio sigue siendo el mismo: el Kerigma de Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo, el Kerigma del amor de Dios, absoluto y total para cada hombre y para cada mujer, que culmina en el envío del Hijo eterno y unigénito, el Señor Jesús, quien no rehusó compartir la pobreza de nuestra naturaleza humana, amándola y rescatándola del pecado y de la muerte mediante el ofrecimiento de sí mismo en la cruz.
En este designio de amor realizado en Cristo, la fe en Dios es ante todo un don y un misterio que hemos de acoger en el corazón y en la vida, y del cuál debemos estar siempre agradecidos al Señor. Pero la fe es un don que se nos dado para ser compartido; es un talento recibido para que dé fruto; es una luz que no debe quedar escondida, sino iluminar toda la casa. Es el don más importante que se nos ha dado en nuestra existencia y que no podemos guardarnos para nosotros mismos.
El anuncio se transforma en caridad
¡Ay de mí si no evangelizase!, dice el apóstol Pablo (1 Co 9,16). Estas palabras resuenan con fuerza para cada cristiano y para cada comunidad cristiana en todos los continentes. También en las Iglesias en los territorios de misión, iglesias en su mayoría jóvenes, frecuentemente de reciente creación, el carácter misionero se ha hecho una dimensión connatural, incluso cuando ellas mismas aún necesitan misioneros. Muchos sacerdotes, religiosos y religiosas de todas partes del mundo, numerosos laicos y hasta familias enteras dejan sus países, sus comunidades locales y se van a otras iglesias para testimoniar y anunciar el Nombre de Cristo, en el cual la humanidad encuentra la salvación. Se trata de una expresión de profunda comunión, de un compartir y de una caridad entre las Iglesias, para que cada hombre pueda escuchar o volver a escuchar el anuncio que cura y, así, acercarse a los Sacramentos, fuente de la verdadera vida.
Junto a este grande signo de fe que se transforma en caridad, recuerdo y agradezco a las Obras Misionales Pontificias, instrumento de cooperación en la misión universal de la Iglesia en el mundo. Por medio de sus actividades, el anuncio del Evangelio se convierte en una intervención de ayuda al prójimo, de justicia para los más pobres, de posibilidad de instrucción en los pueblos más recónditos, de asistencia médica en lugares remotos, de superación de la miseria, de rehabilitación de los marginados, de apoyo al desarrollo de los pueblos, de superación de las divisiones étnicas, de respeto por la vida en cada una de sus etapas.
Queridos hermanos y hermanas, invoco la efusión del Espíritu Santo sobre la obra de la evangelización ad gentes, y en particular sobre quienes trabajan en ella, para que la gracia de Dios la haga caminar más decididamente en la historia del mundo. Con el Beato John Henry Newman, quisiera implorar: “Acompaña, oh Señor, a tus misioneros en las tierras por evangelizar; pon las palabras justas en sus labios, haz fructífero su trabajo”. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización, acompañe a todos los misioneros del Evangelio.
Vaticano, 6 de enero de 2012, Solemnidad de la Epifanía del Señor

BENEDICTUS PP. XVI
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