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lunes, 26 de marzo de 2012

Benedicto XVI en Cuba: La regeneración de las sociedades requiere hombres rectos


¡El Papa Benedicto XVI llegó a Cuba! Luego de los mexicanos, ahora es el pueblo cubano que acoge al Santo Padre y se regocija con su presencia. Su permanencia como “Peregrino de la Caridad” llena de esperanza el corazón de todos de los que se alegran con su permanencia en el país, para renovar el propio compromiso evangélico y vivir una vida más autentica.

El Pontífice, al llegar al aeropuerto internacional de Santiago de Cuba, dirigió un discurso a las distintas autoridades presentes y a todo el pueblocubano, agradeciendo las palabras de bienvenida y saludando asimismo al Arzobispo de Santiago de Cuba y Presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Dionisio Guillermo García Ibáñez y al Señor Arzobispo de La Habana, Cardenal Jaime Ortega y Alamino, entre otros.

Benedicto XVI, recordó la histórica visita a Cuba de su Predecesor, el Beato Juan Pablo II, que ha dejado –dijo- una huella imborrable en el alma de los cubanos. En este contexto destacó: “Uno de los frutos importantes de aquella visita fue la inauguración de una nueva etapa en las relaciones entre la Iglesia y el Estado cubano, con un espíritu de mayor colaboración y confianza, si bien todavía quedan muchos aspectos en los que se puede y debe avanzar, especialmente por cuanto se refiere a la aportación imprescindible que la religión está llamada a desempeñar en el ámbito público de la sociedad”.

Por otra parte, el Papa manifestó su alegría de unirse a la alegría de todos los cubanos con motivo de la celebración del cuatrocientos aniversario del hallazgo de la bendita imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre y no pudo dejar de reflexionar sobre la actual crisis económica que se vive en muchas partes del mundo, que no pocos concuerdan –afirmó- “en situar en una profunda crisis de tipo espiritual y moral, que ha dejado al hombre vacío de valores y desprotegido frente a la ambición y el egoísmo de ciertos poderes que no tienen en cuenta el bien auténtico de las personas y las familias”. En este contexto, destacó que “el progreso verdadero tiene necesidad de una ética que coloque en el centro a la persona humana y tenga en cuenta sus exigencias más auténticas, de modo especial su dimensión espiritual y religiosa”.

Queridos amigos –dijo con cariño Benedicto XVI- “estoy convencido de que Cuba, en este momento especialmente importante de su historia, está mirando ya al mañana, y para ello se esfuerza por renovar y ensanchar sus horizontes, a lo que cooperará ese inmenso patrimonio de valores espirituales y morales que han ido conformando su identidad más genuina, y que se encuentran esculpidos en la obra y la vida de muchos insignes padres de la patria, como el Beato José Olallo y Valdés, el Siervo de Dios Félix Varela o el prócer José Martí”. La Iglesia, por su parte –agregó- “ha sabido contribuir diligentemente al cultivo de esos valores mediante su generosa y abnegada misión pastoral, y renueva sus propósitos de seguir trabajando sin descanso por servir mejor a todos los cubanos” (CA/-RV)


Texto y audio completo del discurso del Santo Padre (Audio) RealAudioMP3

Señor Presidente,
Señores Cardenales y Hermanos en el Episcopado,
Excelentísimas Autoridades,
Miembros del Cuerpo Diplomático,
Señores y señoras,
Queridos amigos cubanos:

Le agradezco, Señor Presidente, su acogida y sus corteses palabras de bienvenida, con las que ha querido transmitir también los sentimientos de respeto de parte del gobierno y el pueblo cubano hacia el Sucesor de Pedro. Saludo a las Autoridades que nos acompañan, así como a los miembros del Cuerpo Diplomático aquí presentes. Dirijo un caluroso saludo al Señor, y a los demás hermanos Obispos de Cuba, a los que manifiesto toda mi cercanía espiritual. Saludo en fin con todo el afecto de mi corazón a los fieles de la Iglesia católica en Cuba, a los queridos habitantes de esta hermosa isla y a todos los cubanos, allá donde se encuentren. Los tengo siempre muy presentes en mi corazón y en mi oración, y más aún en los días en que se acercaba el momento tan deseado de visitarles, y que gracias a la bondad divina he podido realizar.

Al hallarme entre ustedes, no puedo dejar de recordar la histórica visita a Cuba de mi Predecesor, el Beato Juan Pablo II, que ha dejado una huella imborrable en el alma de los cubanos. Para muchos, creyentes o no, su ejemplo y sus enseñanzas constituyen una guía luminosa que les orienta tanto en la vida personal como en la actuación pública al servicio del bien común de la Nación. En efecto, su paso por la isla fue como una suave brisa de aire fresco que dio nuevo vigor a la Iglesia en Cuba, despertando en muchos una renovada conciencia de la importancia de la fe, alentando a abrir los corazones a Cristo, al mismo tiempo que alumbró la esperanza e impulsó el deseo de trabajar audazmente por un futuro mejor. Uno de los frutos importantes de aquella visita fue la inauguración de una nueva etapa en las relaciones entre la Iglesia y el Estado cubano, con un espíritu de mayor colaboración y confianza, si bien todavía quedan muchos aspectos en los que se puede y debe avanzar, especialmente por cuanto se refiere a la aportación imprescindible que la religión está llamada a desempeñar en el ámbito público de la sociedad.

Me complace vivamente unirme a vuestra alegría con motivo de la celebración del cuatrocientos aniversario del hallazgo de la bendita imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre. Su entrañable figura ha estado desde el principio muy presente tanto en la vida personal de los cubanos como en los grandes acontecimientos del País, de modo muy particular durante su independencia, siendo venerada por todos como verdadera madre del pueblo cubano. La devoción a «la Virgen Mambisa» ha sostenido la fe y ha alentado la defensa y promoción de cuanto dignifica la condición humana y sus derechos fundamentales; y continúa haciéndolo aún hoy con más fuerza, dando así testimonio visible de la fecundidad de la predicación del evangelio en estas tierras, y de las profundas raíces cristianas que conforman la identidad más honda del alma cubana. Siguiendo la estela de tantos peregrinos a lo largo de estos siglos, también yo deseo ir a El Cobre a postrarme a los pies de la Madre de Dios, para agradecerle sus desvelos por todos sus hijos cubanos y pedirle su intercesión para que guíe los destinos de esta amada Nación por los caminos de la justicia, la paz, la libertad y la reconciliación.

Vengo a Cuba como peregrino de la caridad, para confirmar a mis hermanos en la fe y alentarles en la esperanza, que nace de la presencia del amor de Dios en nuestras vidas. Llevo en mi corazón las justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos, dondequiera que se encuentren, sus sufrimientos y alegrías, sus preocupaciones y anhelos más nobles, y de modo especial de los jóvenes y los ancianos, de los adolescentes y los niños, de los enfermos y los trabajadores, de los presos y sus familiares, así como de los pobres y necesitados.

Muchas partes del mundo viven hoy un momento de especial dificultad económica, que no pocos concuerdan en situar en una profunda crisis de tipo espiritual y moral, que ha dejado al hombre vacío de valores y desprotegido frente a la ambición y el egoísmo de ciertos poderes que no tienen en cuenta el bien auténtico de las personas y las familias. No se puede seguir por más tiempo en la misma dirección cultural y moral que ha causado la dolorosa situación que tantos experimentan. En cambio, el progreso verdadero tiene necesidad de una ética que coloque en el centro a la persona humana y tenga en cuenta sus exigencias más auténticas, de modo especial su dimensión espiritual y religiosa. Por eso, en el corazón y el pensamiento de muchos, se abre paso cada vez más la certeza de que la regeneración de las sociedades y del mundo requiere hombres rectos, de firmes convicciones morales y altos valores de fondo que no sean manipulables por estrechos intereses, y que respondan a la naturaleza inmutable y trascendente del ser humano.

Queridos amigos, estoy convencido de que Cuba, en este momento especialmente importante de su historia, está mirando ya al mañana, y para ello se esfuerza por renovar y ensanchar sus horizontes, a lo que cooperará ese inmenso patrimonio de valores espirituales y morales que han ido conformando su identidad más genuina, y que se encuentran esculpidos en la obra y la vida de muchos insignes padres de la patria, como el Beato José Olallo y Valdés, el Siervo de Dios Félix Varela o el prócer José Martí. La Iglesia, por su parte, ha sabido contribuir diligentemente al cultivo de esos valores mediante su generosa y abnegada misión pastoral, y renueva sus propósitos de seguir trabajando sin descanso por servir mejor a todos los cubanos.

Ruego al Señor que bendiga copiosamente a esta tierra y a sus hijos, en particular a los que se sienten desfavorecidos, a los marginados y a cuantos sufren en el cuerpo o en el espíritu, al mismo tiempo que, por intercesión de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, conceda a todos un futuro lleno de esperanza, solidaridad y concordia. Muchas gracias. 
radiovaticana,org

Benedicto XVI: Renovarse desde sus fundamentos para alcanzar una vida digna


Benedicto XVI, en un clima de fiesta por todo el bien que pudo donar y todo el bien recibido; con la esperanza de un país mejor del pueblo mexicano y con la alegría que caracterizaron los días en los estuvo presente, dirigió su discurso final dirigido a las autoridades, cardenales y hermanos del episcopado presentes.

Un Papa, que como le expresaron “Ya eres mexicano”, agradece el afecto y la cercanía recibida, las experiencias inolvidables, así como los pequeños detalles. Entre otros puntos, el Pontífice, recordando a la virgen de Guadalupe y la Luz que –como destacó- ha visto reflejada en los rostros de los mexicanos- quiso reiterar con energía y claridad -entre otros puntos- “un llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo y a no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal, a ser valiente y trabajar para que la savia de sus propias raíces cristianas haga florecer su presente y su futuro” (CA-RV)

Texto y audio completo de Benedicto XVI (Audio) RealAudioMP3

Señor Presidente,
Distinguidas autoridades,
Señores Cardenales,
Queridos hermanos en el episcopado,
Amigos mexicanos

Mi breve pero intensa visita a México llega ahora a su fin. Pero no es el fin de mi afecto y cercanía a un país que llevo muy dentro de mí. Me voy colmado de experiencias inolvidables, como inolvidables son tantas atenciones y muestras de afecto recibidas. Agradezco las amables palabras que me ha dirigido el Señor Presidente, así como lo mucho que las autoridades han hecho por este entrañable viaje. Y doy las gracias de todo corazón a cuantos han facilitado o colaborado para que, tanto en los aspectos destacados como en los más pequeños detalles, los actos de estas jornadas se hayan desarrollado felizmente. Pido al Señor que tantos esfuerzos no hayan sido vanos, y que con su ayuda produzcan frutos abundantes y duraderos en la vida de fe, esperanza y caridad de León y Guanajuato, de México y de los países hermanos de Latinoamérica y el Caribe.

Ante la fe en Jesucristo que he sentido vibrar en los corazones, y la devoción entrañable a su Madre, invocada aquí con títulos tan hermosos como el de Guadalupe y la Luz, que he visto reflejada en los rostros, deseo reiterar con energía y claridad un llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo y a no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal, a ser valiente y trabajar para que la savia de sus propias raíces cristianas haga florecer su presente y su futuro.

También he sido testigo de gestos de preocupación por diversos aspectos de la vida en este amado país, unos de más reciente relieve y otros que provienen de más atrás, y que tantos desgarros siguen causando. Los llevo igualmente conmigo, compartiendo tanto las alegrías como el dolor de mis hermanos mexicanos, para ponerlos en oración al pie de la cruz, en el corazón de Cristo, del que mana el agua y la sangre redentora.

En estas circunstancias, aliento ardientemente a los católicos mexicanos, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no ceder a la mentalidad utilitarista, que termina siempre sacrificando a los más débiles e indefensos. Los invito a un esfuerzo solidario, que permita a la sociedad renovarse desde sus fundamentos para alcanzar una vida digna, justa y en paz para todos. Para los católicos, esta contribución al bien común es también una exigencia de esa dimensión esencial del evangelio que es la promoción humana, y una expresión altísima de la caridad. Por eso, la Iglesia exhorta a todos sus fieles a ser también buenos ciudadanos, conscientes de su responsabilidad de preocuparse por el bien de los demás, de todos, tanto en la esfera personal como en los diversos sectores de la sociedad.

Queridos amigos mexicanos, les digo ¡adiós!, en el sentido de la bella expresión tradicional hispánica: ¡Queden con Dios! Sí, adiós; hasta siempre en el amor de Cristo, en el que todos nos encontramos y nos encontraremos. Que el Señor les bendiga y María Santísima les proteja.
radiovaticana.org

Benedicto XVI: Adiós: Me voy colmado de experiencias inolvidables

(Audio) RealAudioMP3 “A donde irá veloz y fatigada la golondrina que de aquí se va. Junto a mi pecho hallará su nido en donde pueda la estación pasar. Ave querida, amada peregrina, mi corazón al tuyo estrecharé, oiré tus cantos, bella golondrina, recordaré mi patria y lloraré”…
Se fue de México: La estrofa inicial y final del tradicional canto mexicano de despedida, “Las golondrinas” que por cierto arranca las lágrimas más conmovidas cuando se le canta a alguien a quien mucho se ha querido… El sentir mexicano, a flor de piel, con el sentimiento de tristeza por ver partir a un ser querido, que tras estos días de inigualable contacto y reconocimiento de la figura del Papa, el pueblo de México ha experimentado. Se trató de amor a primera vista, y aquí nos hacemos a la importancia de la visibilidad de un Pontífice. Vino a México movido por el amor, con sus achaques de hombre de Dios, quebrantado por la edad, pero con la firme voluntad de dejar en este pueblo Juanpaulino por tradición, la certeza de que el Sucesor de Pedro le sigue amando, y ahora que los ha conocido, más aún les ama.
“ADIÓS: queden con Dios, les dijo el Papa asegurando que su partida la hace colmado de experiencias inolvidables. Tres días intensos… a los que el Santo Padre ha correspondido pidiéndoles a todos que se queden con Dios el Señor les bendiga y María Santísima les proteja. “Adiós Queridos amigos mexicanos… Adiós en el sentido de la bella tradición hispánica que significa queden con Dios”. Igualmente emotivo fue el discurso de despedida del mandatario mexicano Felipe Calderón Hinojosa, aludiendo a estos 3 días de intensa emoción de un pueblo que ha expresado su fe en plena libertad. De hecho ha subrayado que ha sido memorable el modo en que se ha manifestado el júbilo en las ciudades de León, de Guanajuato y Silao que han mostrado lo mejor de sí para recibirlo.
La certeza de que “México nunca olvidará a Su Santidad, porque lo llevará siempre en el alma” ha sido subrayada por el Presidente Felipe Hinojosa, con la clara indicación: “Santidad, llévese para siempre las sonrisas de nuestros niños las porras de nuestros jóvenes, nuestras esperanzas y sepa que México siempre lo recordará. Lleve también consigo las lágrimas de las personas que ha encontrado, y sus pensamientos, tenga presente a México.
Destacó que esta visita suscitó emoción esperanza cuando constató que con su venida Benedicto XVI ha tocado el corazón de los mexicanos con su cercanía, “ahora, el alma de muchos podrá soportar el cansancio, millones de familias redoblarán su esfuerzo para vivir los valores que usted ha comunicado y que evitarán que se caiga en la tentación del dinero fácil”.
“Somos un pueblo vigoroso que abre sus puertas a todo aquel que lo llama amigo y en especial al Obispo de Roma” dijo el presidente de México para expresar el agradecimiento por esta visita que México nunca olvidará y gracias por fortalecer la concordia para seguir luchando por un México prospero, gracias por estos días y por la profundidad de sus palabras”.

Benedicto XVI partió con destino a Cuba y la verdad nuestros corazones como dicen acá se “apachurraron de tristeza” porque del 23 al 26 de marzo, en México quedo escrita con lágrimas, emoción y vida una nueva página en la vida de la Iglesia y del pueblo mexicano. Y bueno, ahora nos toca seguir de cerca la segunda etapa del Viaje del Papa en América Latina, pero esa será otra historia. Desde León de los Aldama, para Radio Vaticano Patricia Jáuregui Romero (MFB/CA-RV)
radiovaticana.org

Conducir a los hombres hacia Cristo


(Audio) Una vez concluida la celebración de la Santa Misa y el rezo del ángelus dominical, Benedicto XVI se trasladó al helipuerto del Parque del Bicentenario de la Ciudad mexicana de León con destino al Colegio de Miraflores. Tras almorzar, a primeras horas de la tarde, el Papa se dirigió en automóvil descubierto hasta la cercana Catedral de León, distante 5 km, donde tuvo lugar la celebración de las Vísperas con los Obispos de México y de toda América Latina.

En su homilía, el Santo Padre comenzó manifestando su gran gozo por rezar con todos ellos en esa Basílica-Catedral de León, dedicada a Nuestra Señora de la Luz:

En la bella imagen que se venera en este templo, la Santísima Virgen tiene en una mano a su Hijo con gran ternura, y extiende la otra para socorrer a los pecadores. Así ve a María la Iglesia de todos los tiempos, que la alaba por habernos dado al Redentor, y se confía a ella por ser la Madre que su divino Hijo nos dejó desde la cruz. Por eso, nosotros la imploramos frecuentemente como «esperanza nuestra», porque nos ha mostrado a Jesús y transmitido las grandezas que Dios ha hecho y hace con la humanidad, de una manera sencilla, como explicándolas a los pequeños de la casa.
No hay motivos, dijo el Papa, para rendirse al despotismo del mal. Y pidamos al Señor Resucitado que manifieste su fuerza en nuestras debilidades y penurias.

Esperaba con gran ilusión este encuentro con ustedes, Pastores de la Iglesia de Cristo que peregrina en México y en los diversos países de este gran Continente, como una ocasión para mirar juntos a Cristo que les ha encomendado la hermosa tarea de anunciar el evangelio en estos pueblos de recia raigambre católica. La situación actual de sus diócesis plantea ciertamente retos y dificultades de muy diversa índole. Pero, sabiendo que el Señor ha resucitado, podemos proseguir confiados, con la convicción de que el mal no tiene la última palabra de la historia, y que Dios es capaz de abrir nuevos espacios a una esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5).

Tras agradecer el cordial saludo que le dirigió el Arzobispo de Tlalnepantla y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Consejo Episcopal Latinoamericano, haciéndose intérprete y portavoz de todos, el Pontífice rogó a los Pastores de las diversas Iglesias particulares, que, al regresar a sus sedes, trasmitan a sus fieles el afecto entrañable del Papa, que lleva muy dentro de su corazón todos sus sufrimientos y aspiraciones.

Al ver en sus rostros el reflejo de las preocupaciones de la grey que apacientan, me vienen a la mente las Asambleas del Sínodo de los Obispos, en las que los participantes aplauden cuando intervienen quienes ejercen su ministerio en situaciones particularmente dolorosas para la vida y la misión de la Iglesia. Ese gesto brota de la fe en el Señor, y significa fraternidad en los trabajos apostólicos, así como gratitud y admiración por los que siembran el evangelio entre espinas, unas en forma de persecución, otras de marginación o menosprecio. Tampoco faltan preocupaciones por la carencia de medios y recursos humanos, o las trabas impuestas a la libertad de la Iglesia en el cumplimiento de su misión.

El Sucesor de Pedro les dijo también que participa de estos sentimientos y agradece su solicitud pastoral paciente y humilde:

Las iniciativas que se realicen con motivo del Año de la fe deben estar encaminadas a conducir a los hombres hacia Cristo, cuya gracia les permitirá dejar las cadenas del pecado que los esclaviza y avanzar hacia la libertad auténtica y responsable. A esto está ayudando también la Misión continental promovida en Aparecida, que tantos frutos de renovación eclesial está ya cosechando en las Iglesias particulares de América Latina y el Caribe. Entre ellos, el estudio, la difusión y meditación de la Sagrada Escritura, que anuncia el amor de Dios y nuestra salvación. En este sentido, los exhorto a seguir abriendo los tesoros del evangelio, a fin de que se conviertan en potencia de esperanza, libertad y salvación para todos los hombres (cf. Rm 1,16). Y sean también fieles testigos e intérpretes de la palabra del Hijo encarnado, que vivió para cumplir la voluntad del Padre y, siendo hombre con los hombres, se desvivió por ellos hasta la muerte.

Tras recomendarles a sus queridos hermanos en el Episcopado, que en el actual horizonte pastoral y evangelizador “es de capital relevancia cuidar con gran esmero de los seminaristas, animándolos a que no se precien «de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado», por ser “sus primeros colaboradores en la comunión sacramental del sacerdocio”, y que lo mismo cabe decir de las diversas formas de vida consagrada, cuyos carismas han de ser valorados con gratitud y acompañados con responsabilidad y respeto al don recibido, el Papa les pidió también “una atención cada vez más especial” por los laicos más comprometidos en la catequesis, la animación litúrgica, la acción caritativa y el compromiso social.

Con estos vivos deseos el Obispo de Roma los invitó “a ser vigías que proclamen día y noche la gloria de Dios, que es la vida del hombre”:

Estén del lado de quienes son marginados por la fuerza, el poder o una riqueza que ignora a quienes carecen de casi todo. La Iglesia no puede separar la alabanza de Dios del servicio a los hombres. El único Dios Padre y Creador es el que nos ha constituido hermanos: ser hombre es ser hermano y guardián del prójimo. En este camino, junto a toda la humanidad, la Iglesia tiene que revivir y actualizar lo que fue Jesús: el Buen Samaritano, que viniendo de lejos se insertó en la historia de los hombres, nos levantó y se ocupó de nuestra curación.

Y concluyó afirmando que “la Iglesia en América Latina, que muchas veces se ha unido a Jesucristo en su pasión, ha de seguir siendo semilla de esperanza, que permita ver a todos cómo los frutos de la resurrección alcanzan y enriquecen estas tierras”.

A la vez que pidió a la Madre de Dios, “en su advocación de María Santísima de la Luz”, que “disipe las tinieblas de nuestro mundo y alumbre nuestro camino, para que podamos confirmar en la fe al pueblo latinoamericano en sus fatigas y anhelos, con entereza, valentía y fe firme en quien todo lo puede y a todos ama hasta el extremo”.


Texto y audio completo de las vísperas en la Basílica-Catedral de León (Audio) RealAudioMP3


Señores Cardenales,
Queridos hermanos en el Episcopado

Es un gran gozo rezar con todos ustedes en esta Basílica-Catedral de León, dedicada a Nuestra Señora de la Luz. En la bella imagen que se venera en este templo, la Santísima Virgen tiene en una mano a su Hijo con gran ternura, y extiende la otra para socorrer a los pecadores. Así ve a María la Iglesia de todos los tiempos, que la alaba por habernos dado al Redentor, y se confía a ella por ser la Madre que su divino Hijo nos dejó desde la cruz. Por eso, nosotros la imploramos frecuentemente como «esperanza nuestra», porque nos ha mostrado a Jesús y transmitido las grandezas que Dios ha hecho y hace con la humanidad, de una manera sencilla, como explicándolas a los pequeños de la casa.

Un signo decisivo de estas grandezas nos la ofrece la lectura breve que hemos proclamado en estas Vísperas. Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Cristo, pero, al condenarlo a muerte, dieron cumplimiento de hecho a las palabras de los profetas (cf. Hch 13,27). Sí, la maldad y la ignorancia de los hombres no es capaz de frenar el plan divino de salvación, la redención. El mal no puede tanto.

Otra maravilla de Dios nos la recuerda el segundo salmo que acabamos de recitar: Las «peñas» se transforman «en estanques, el pedernal en manantiales de agua» (Sal 113,8). Lo que podría ser piedra de tropiezo y de escándalo, con el triunfo de Jesús sobre la muerte se convierte en piedra angular: «Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente» (Sal 117,23). No hay motivos, pues, para rendirse al despotismo del mal. Y pidamos al Señor Resucitado que manifieste su fuerza en nuestras debilidades y penurias.

Esperaba con gran ilusión este encuentro con ustedes, Pastores de la Iglesia de Cristo que peregrina en México y en los diversos países de este gran Continente, como una ocasión para mirar juntos a Cristo que les ha encomendado la hermosa tarea de anunciar el evangelio en estos pueblos de recia raigambre católica. La situación actual de sus diócesis plantea ciertamente retos y dificultades de muy diversa índole. Pero, sabiendo que el Señor ha resucitado, podemos proseguir confiados, con la convicción de que el mal no tiene la última palabra de la historia, y que Dios es capaz de abrir nuevos espacios a una esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5).

Agradezco el cordial saludo que me ha dirigido el Señor Arzobispo de Tlalnepantla y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Consejo Episcopal Latinoamericano, haciéndose intérprete y portavoz de todos. Y les ruego a ustedes, Pastores de las diversas Iglesias particulares, que, al regresar a sus sedes, trasmitan a sus fieles el afecto entrañable del Papa, que lleva muy dentro de su corazón todos sus sufrimientos y aspiraciones.

Al ver en sus rostros el reflejo de las preocupaciones de la grey que apacientan, me vienen a la mente las Asambleas del Sínodo de los Obispos, en las que los participantes aplauden cuando intervienen quienes ejercen su ministerio en situaciones particularmente dolorosas para la vida y la misión de la Iglesia. Ese gesto brota de la fe en el Señor, y significa fraternidad en los trabajos apostólicos, así como gratitud y admiración por los que siembran el evangelio entre espinas, unas en forma de persecución, otras de marginación o menosprecio. Tampoco faltan preocupaciones por la carencia de medios y recursos humanos, o las trabas impuestas a la libertad de la Iglesia en el cumplimiento de su misión.

El Sucesor de Pedro participa de estos sentimientos y agradece su solicitud pastoral paciente y humilde. Ustedes no están solos en los contratiempos, como tampoco lo están en los logros evangelizadores. Todos estamos unidos en los padecimientos y en la consolación (cf. 2 Co 1,5). Sepan que cuentan con un lugar destacado en la plegaria de quien recibió de Cristo el encargo de confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22,31), que les anima también en la misión de hacer que nuestro Señor Jesucristo sea cada vez más conocido, amado y seguido en estas tierras, sin dejarse amedrentar por las contrariedades.

La fe católica ha marcado significativamente la vida, costumbres e historia de este Continente, en el que muchas de sus naciones están conmemorando el bicentenario de su independencia. Es un momento histórico en el que siguió brillando el nombre de Cristo, llegado aquí por obra de insignes y abnegados misioneros, que lo proclamaron con audacia y sabiduría. Ellos lo dieron todo por Cristo, mostrando que el hombre encuentra en él su consistencia y la fuerza necesaria para vivir en plenitud y edificar una sociedad digna del ser humano, como su Creador lo ha querido. Aquel ideal de no anteponer nada al Señor, y de hacer penetrante la Palabra de Dios en todos, sirviéndose de los propios signos y mejores tradiciones, sigue siendo una valiosa orientación para los Pastores de hoy.

Las iniciativas que se realicen con motivo del Año de la fe deben estar encaminadas a conducir a los hombres hacia Cristo, cuya gracia les permitirá dejar las cadenas del pecado que los esclaviza y avanzar hacia la libertad auténtica y responsable. A esto está ayudando también la Misión continental promovida en Aparecida, que tantos frutos de renovación eclesial está ya cosechando en las Iglesias particulares de América Latina y el Caribe. Entre ellos, el estudio, la difusión y meditación de la Sagrada Escritura, que anuncia el amor de Dios y nuestra salvación. En este sentido, los exhorto a seguir abriendo los tesoros del evangelio, a fin de que se conviertan en potencia de esperanza, libertad y salvación para todos los hombres (cf. Rm 1,16). Y sean también fieles testigos e intérpretes de la palabra del Hijo encarnado, que vivió para cumplir la voluntad del Padre y, siendo hombre con los hombres, se desvivió por ellos hasta la muerte.

Queridos hermanos en el Episcopado, en el horizonte pastoral y evangelizador que se abre ante nosotros, es de capital relevancia cuidar con gran esmero de los seminaristas, animándolos a que no se precien «de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Co 2,2). No menos fundamental es la cercanía a los presbíteros, a los que nunca debe faltar la comprensión y el aliento de su Obispo y, si fuera necesario, también su paterna admonición sobre actitudes improcedentes. Son sus primeros colaboradores en la comunión sacramental del sacerdocio, a los que han de mostrar una constante y privilegiada cercanía. Igualmente cabe decir de las diversas formas de vida consagrada, cuyos carismas han de ser valorados con gratitud y acompañados con responsabilidad y respeto al don recibido. Y una atención cada vez más especial se debe a los laicos más comprometidos en la catequesis, la animación litúrgica, la acción caritativa y el compromiso social. Su formación en la fe es crucial para hacer presente y fecundo el evangelio en la sociedad de hoy. Y no es justo que se sientan tratados como quienes apenas cuentan en la Iglesia, no obstante la ilusión que ponen en trabajar en ella según su propia vocación, y el gran sacrificio que a veces les supone esta dedicación. En todo esto, es particularmente importante para los Pastores que reine un espíritu de comunión entre sacerdotes, religiosos y laicos, evitando divisiones estériles, críticas y recelos nocivos.

Con estos vivos deseos, les invito a ser vigías que proclamen día y noche la gloria de Dios, que es la vida del hombre. Estén del lado de quienes son marginados por la fuerza, el poder o una riqueza que ignora a quienes carecen de casi todo. La Iglesia no puede separar la alabanza de Dios del servicio a los hombres. El único Dios Padre y Creador es el que nos ha constituido hermanos: ser hombre es ser hermano y guardián del prójimo. En este camino, junto a toda la humanidad, la Iglesia tiene que revivir y actualizar lo que fue Jesús: el Buen Samaritano, que viniendo de lejos se insertó en la historia de los hombres, nos levantó y se ocupó de nuestra curación.

Queridos hermanos en el Episcopado, la Iglesia en América Latina, que muchas veces se ha unido a Jesucristo en su pasión, ha de seguir siendo semilla de esperanza, que permita ver a todos cómo los frutos de la resurrección alcanzan y enriquecen estas tierras.

Que la Madre de Dios, en su advocación de María Santísima de la Luz, disipe las tinieblas de nuestro mundo y alumbre nuestro camino, para que podamos confirmar en la fe al pueblo latinoamericano en sus fatigas y anhelos, con entereza, valentía y fe firme en quien todo lo puede y a todos ama hasta el extremo.
Amén.
radiovaticana.org

La devoción a la Virgen María nos acerca a Jesús


Una vez finalizada la Misa en el Parque del Bicentenario de León el Papa rezó con los fieles allí reunidos la oración mariana del ángelus. A los queridos hermanos y hermanas presentes, Su Santidad les recordó que en el Evangelio de este domingo, Jesús habla del grano de trigo que cae en tierra, muere y se multiplica, respondiendo a algunos griegos que se acercan al apóstol Felipe para pedirle: “Quisiéramos ver a Jesús”. Y nosotros hoy –dijo el Papa– invocamos a María Santísima y le suplicamos: “Muéstranos a Jesús”.

Al rezar ahora el Ángelus, recordando la Anunciación del Señor, nuestros ojos también se dirigen espiritualmente hacia el cerro del Tepeyac, al lugar donde la Madre de Dios, bajo el título de «la siempre virgen santa María de Guadalupe», es honrada con fervor desde hace siglos, como signo de reconciliación y de la infinita bondad de Dios para con el mundo.

Benedicto XVI también recordó que sus Predecesores en la Cátedra de san Pedro la honraron con títulos tan entrañables como “Señora de México, celestial Patrona de Latinoamérica, Madre y Emperatriz de este Continente”. Mientras sus fieles hijos, a la vez que experimentan sus auxilios, la invocan llenos de confianza con nombres tan afectuosos y familiares como “Rosa de México, Señora del Cielo, Virgen Morena, Madre del Tepeyac, Noble Indita”.

Queridos hermanos, no olviden que la verdadera devoción a la Virgen María nos acerca siempre a Jesús, y «no consiste ni en un estéril y transitorio sentimentalismo, ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, que nos lleva a reconocer la excelencia de la Madre de Dios y nos inclina a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes» (Lumen gentium, 67).

“Amarla –dijo el Papa– es comprometerse a escuchar a su Hijo, venerar a la Guadalupana es vivir según las palabras del fruto bendito de su vientre”.

En estos momentos en que tantas familias se encuentran divididas o forzadas a la migración, cuando muchas padecen a causa de la pobreza, la corrupción, la violencia doméstica, el narcotráfico, la crisis de valores o la criminalidad, acudimos a María en busca de consuelo, fortaleza y esperanza. Es la Madre del verdadero Dios, que invita a estar con la fe y la caridad bajo su sombra, para superar así todo mal e instaurar una sociedad más justa y solidaria.
Y concluyó afirmando que con estos sentimientos, también el Sucesor de Pedro deseaba “poner nuevamente bajo la dulce mirada de Nuestra Señora de Guadalupe a este país y a toda Latinoamérica y el Caribe”.

Confío a cada uno de sus hijos a la Estrella de la primera y de la nueva evangelización, que ha animado con su amor materno su historia cristiana, dando expresión propia a sus gestas patrias, a sus iniciativas comunitarias y sociales, a la vida familiar, a la devoción personal y a la Misión continental que ahora se está desarrollando en estas nobles tierras. En tiempos de prueba y dolor, ella ha sido invocada por tantos mártires que, a la voz de «viva Cristo Rey y María de Guadalupe», han dado testimonio inquebrantable de fidelidad al Evangelio y entrega a la Iglesia. Le suplico ahora que su presencia en esta querida Nación continúe llamando al respeto, defensa y promoción de la vida humana y al fomento de la fraternidad, evitando la inútil venganza y desterrando el odio que divide. Santa María de Guadalupe nos bendiga y nos alcance por su intercesión abundantes gracias del Cielo.


Texto y audio completo del Ángelus (Audio) RealAudioMP3


Queridos hermanos y hermanas

En el Evangelio de este domingo, Jesús habla del grano de trigo que cae en tierra, muere y se multiplica, respondiendo a algunos griegos que se acercan al apóstol Felipe para pedirle: «Quisiéramos ver a Jesús» (Jn 12,21). Nosotros hoy invocamos a María Santísima y le suplicamos: «Muéstranos a Jesús».
Al rezar ahora el Angelus, recordando la Anunciación del Señor, nuestros ojos también se dirigen espiritualmente hacia el cerro del Tepeyac, al lugar donde la Madre de Dios, bajo el título de «la siempre virgen santa María de Guadalupe», es honrada con fervor desde hace siglos, como signo de reconciliación y de la infinita bondad de Dios para con el mundo.

Mis Predecesores en la Cátedra de san Pedro la honraron con títulos tan entrañables como Señora de México, celestial Patrona de Latinoamérica, Madre y Emperatriz de este Continente. Sus fieles hijos, a su vez, que experimentan sus auxilios, la invocan llenos de confianza con nombres tan afectuosos y familiares como Rosa de México, Señora del Cielo, Virgen Morena, Madre del Tepeyac, Noble Indita.

Queridos hermanos, no olviden que la verdadera devoción a la Virgen María nos acerca siempre a Jesús, y «no consiste ni en un estéril y transitorio sentimentalismo, ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, que nos lleva a reconocer la excelencia de la Madre de Dios y nos inclina a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes» (Lumen gentium, 67). Amarla es comprometerse a escuchar a su Hijo, venerar a la Guadalupana es vivir según las palabras del fruto bendito de su vientre.

En estos momentos en que tantas familias se encuentran divididas o forzadas a la migración, cuando muchas padecen a causa de la pobreza, la corrupción, la violencia doméstica, el narcotráfico, la crisis de valores o la criminalidad, acudimos a María en busca de consuelo, fortaleza y esperanza. Es la Madre del verdadero Dios, que invita a estar con la fe y la caridad bajo su sombra, para superar así todo mal e instaurar una sociedad más justa y solidaria.

Con estos sentimientos, deseo poner nuevamente bajo la dulce mirada de Nuestra Señora de Guadalupe a este País y a toda Latinoamérica y el Caribe. Confío a cada uno de sus hijos a la Estrella de la primera y de la nueva evangelización, que ha animado con su amor materno su historia cristiana, dando expresión propia a sus gestas patrias, a sus iniciativas comunitarias y sociales, a la vida familiar, a la devoción personal y a la Misión continental que ahora se está desarrollando en estas nobles tierras. En tiempos de prueba y dolor, ella ha sido invocada por tantos mártires que, a la voz de «viva Cristo Rey y María de Guadalupe», han dado testimonio inquebrantable de fidelidad al Evangelio y entrega a la Iglesia. Le suplico ahora que su presencia en esta querida Nación continúe llamando al respeto, defensa y promoción de la vida humana y al fomento de la fraternidad, evitando la inútil venganza y desterrando el odio que divide. Santa María de Guadalupe nos bendiga y nos alcance por su intercesión abundantes gracias del Cielo.
radiovaticana.org

Dejarse interpelar por su palabra, dice Benedicto XVI


En este V Domingo de Cuaresma, en su viaje apostólico en México, Benedicto XVI, celebró la Santa Misa en el Parque del Bicentenario de León. Con el Santo Padre, concelebraron unos 250 prelados entre cardenales y obispos junto a los Presidentes de las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y del Caribe, además de casi tres mil sacerdotes.

En su homilía, Benedicto XVI comenzó diciendo:

Queridos hermanos y hermanas, me complace estar entre ustedes, y deseo agradecer vivamente a Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, Arzobispo de León, sus amables palabras de bienvenida. Saludo al episcopado mexicano, así como a los Señores Cardenales y demás Obispos aquí presentes, en particular a los procedentes de Latinoamérica y el Caribe. Vaya también mi saludo caluroso a las Autoridades que nos acompañan, así como a todos los que se han congregado para participar en esta Santa Misa presidida por el Sucesor de Pedro.

Tras recordar que en el salmo responsorial se había invocado “Crea en mí, Señor, un corazón puro”; el Papa explicó que esta exclamación muestra la profundidad con la que hemos de prepararnos para celebrar la próxima semana el gran misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Y añadió que nos ayuda, asimismo, a mirar muy dentro del corazón humano, especialmente en los momentos de dolor y de esperanza a la vez, como los que atraviesa en la actualidad el pueblo mexicano y también otros de Latinoamérica.

El Pontífice también recordó que ese anhelo de un corazón puro, sincero, humilde, era muy sentido ya por Israel, a medida que tomaba conciencia de la persistencia del mal y del pecado en su seno, como un poder prácticamente implacable e imposible de superar. Por lo que sólo quedaba confiar en la misericordia de Dios omnipotente, así como tener la esperanza de que él cambiara desde dentro, desde el corazón, una situación insoportable, oscura y sin futuro.

De este modo, dijo el Papa, fue abriéndose paso el recurso a la misericordia infinita del Señor, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Y al destacar que la historia de Israel narra también grandes proezas y batallas, pero a la hora de afrontar su existencia más auténtica, su destino más decisivo, la salvación, más que en sus propias fuerzas, pone su esperanza en Dios, que puede recrear un corazón nuevo, no insensible y engreído, el Papa dijo:

Esto nos puede recordar hoy a cada uno de nosotros y a nuestros pueblos que, cuando se trata de la vida personal y comunitaria, en su dimensión más profunda, no bastarán las estrategias humanas para salvarnos. Se ha de recurrir también al único que puede dar vida en plenitud, porque él mismo es la esencia de la vida y su autor, y nos ha hecho partícipes de ella por su Hijo Jesucristo.

Su Santidad también afirmó que el Evangelio de este domingo prosigue haciéndonos ver cómo este antiguo anhelo de vida plena se ha cumplido realmente en Cristo, tal como lo explica san Juan en un pasaje en el que se cruza el deseo de unos griegos de ver a Jesús y el momento en que el Señor está por ser glorificado. A la pregunta de los griegos, representantes del mundo pagano, Jesús responde diciendo: «Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado».

“Respuesta extraña –dijo el Santo Padre– que parece incoherente con la pregunta de los griegos. Pero no es así –prosiguió–, puesto que la respuesta de Jesús, anunciando su pasión inminente, viene a decir que un encuentro ocasional en aquellos momentos sería superfluo y tal vez engañoso. Al que los griegos quieren ver en realidad, lo verán levantado en la cruz, desde la cual atraerá a todos hacia sí y allí comenzará su «gloria», a causa de su sacrificio de expiación por todos, como el grano de trigo caído en tierra que muriendo, germina y da fruto abundante.

De este modo, afirmó Benedicto XVI, “encontrarán a quien seguramente sin saberlo andaban buscando en su corazón, al verdadero Dios que se hace reconocible para todos los pueblos”:

Este es también el modo en que Nuestra Señora de Guadalupe mostró su divino Hijo a san Juan Diego. No como a un héroe portentoso de leyenda, sino como al verdaderísimo Dios, por quien se vive, al Creador de las personas, de la cercanía y de la inmediación, del Cielo y de la Tierra (cf. Nican Mopohua, v. 33). Ella hizo en aquel momento lo que ya había ensayado en las Bodas de Caná. Ante el apuro de la falta de vino, indicó claramente a los sirvientes que la vía a seguir era su Hijo: «Hagan lo que él les diga» (Jn 2,5).

Y al recordar a los queridos hermanos que participaron en esta Santa Misa dominical que al llegar hasta allí, pudo acercarse al monumento a Cristo Rey, en lo alto del Cubilete, Su Santidad agregó:

Mi venerado predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, aunque lo deseó ardientemente, no pudo visitar este lugar emblemático de la fe del pueblo mexicano en sus viajes a esta querida tierra. Seguramente se alegrará hoy desde el cielo de que el Señor me haya concedido la gracia de poder estar ahora con ustedes, como también habrá bendecido a tantos millones de mexicanos que han querido venerar sus reliquias recientemente en todos los rincones del país. Pues bien, en este monumento se representa a Cristo Rey. Pero las coronas que le acompañan, una de soberano y otra de espinas, indican que su realeza no es como muchos la entendieron y la entienden.

El Papa reiteró que su reinado “no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia”. Sino que se funda en “un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío –dijo– que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar. Por eso es justo que, por encima de todo, este santuario sea un lugar de peregrinación, de oración ferviente, de conversión, de reconciliación, de búsqueda de la verdad y acogida de la gracia”.

E invitó a pedir a Cristo “que reine en nuestros corazones haciéndolos puros, dóciles, esperanzados y valientes en la propia humildad”.

También hoy, desde este parque con el que se quiere dejar constancia del bicentenario del nacimiento de la nación mexicana, aunando en ella muchas diferencias, pero con un destino y un afán común, pidamos a Cristo un corazón puro, donde él pueda habitar como príncipe de la paz, gracias al poder de Dios, que es el poder del bien, el poder del amor. Y, para que Dios habite en nosotros, hay que escucharlo, hay que dejarse interpelar por su Palabra cada día, meditándola en el propio corazón, a ejemplo de María (cf. Lc 2,51). Así crece nuestra amistad personal con él, se aprende lo que espera de nosotros y se recibe aliento para darlo a conocer a los demás.

Benedicto XVI recordó que en Aparecida, Brasil, los Obispos de Latinoamérica y el Caribe han sentido “con clarividencia la necesidad de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en la historia de estas tierras desde el encuentro personal y comunitario con Jesucristo”, para que suscite discípulos y misioneros”, tal como se lee en el Documento conclusivo:

La Misión Continental, que ahora se está llevando a cabo diócesis por diócesis en este Continente, tiene precisamente el cometido de hacer llegar esta convicción a todos los cristianos y comunidades eclesiales, para que resistan a la tentación de una fe superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente. También aquí se ha de superar el cansancio de la fe y recuperar «la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia. De esta alegría nacen también las energías para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano, para ponerse a su disposición, sin replegarse en el propio bienestar» (Discurso a la Curia Romana, 22 diciembre 2011).
“Lo vemos muy bien en los santos –dijo también el Papa– que se entregaron de lleno a la causa del Evangelio con entusiasmo y con gozo, sin reparar en sacrificios”, incluso el de su propia vida, puesto que su corazón era una apuesta incondicional por Cristo, de quien habían aprendido lo que significa verdaderamente amar hasta el final.

En este sentido, el Año de la fe, al que he convocado a toda la Iglesia, «es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo [...]. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo» (Porta fidei, 11 octubre 2011, 6.7).

El Santo Padre invitó a los fieles presentes en la celebración de la Santa Misa de este V Domingo de Cuaresma a pedir a la Virgen María “que nos ayude a purificar nuestro corazón”, especialmente ante la cercana celebración de las fiestas de Pascua, para que lleguemos a participar mejor en el misterio salvador de su Hijo, tal como ella lo dio a conocer en estas tierras.

Y pidámosle también que siga acompañando y amparando a sus queridos hijos mexicanos y latinoamericanos, para que Cristo reine en sus vidas y les ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad. Amén.

Texto y audio completo de la homilía del Santo Padre (Audio) RealAudioMP3


Queridos hermanos y hermanas,

Me complace estar entre ustedes, y deseo agradecer vivamente a Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, Arzobispo de León, sus amables palabras de bienvenida. Saludo al episcopado mexicano, así como a los Señores Cardenales y demás Obispos aquí presentes, en particular a los procedentes de Latinoamérica y el Caribe. Vaya también mi saludo caluroso a las Autoridades que nos acompañan, así como a todos los que se han congregado para participar en esta Santa Misa presidida por el Sucesor de Pedro.

«Crea en mí, Señor, un corazón puro» (Sal 50,12), hemos invocado en el salmo responsorial. Esta exclamación muestra la profundidad con la que hemos de prepararnos para celebrar la próxima semana el gran misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Nos ayuda asimismo a mirar muy dentro del corazón humano, especialmente en los momentos de dolor y de esperanza a la vez, como los que atraviesa en la actualidad el pueblo mexicano y también otros de Latinoamérica.

El anhelo de un corazón puro, sincero, humilde, aceptable a Dios, era muy sentido ya por Israel, a medida que tomaba conciencia de la persistencia del mal y del pecado en su seno, como un poder prácticamente implacable e imposible de superar. Quedaba sólo confiar en la misericordia de Dios omnipotente y la esperanza de que él cambiara desde dentro, desde el corazón, una situación insoportable, oscura y sin futuro. Así fue abriéndose paso el recurso a la misericordia infinita del Señor, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cf. Ez 33,11). Un corazón puro, un corazón nuevo, es el que se reconoce impotente por sí mismo, y se pone en manos de Dios para seguir esperando en sus promesas. De este modo, el salmista puede decir convencido al Señor: «Volverán a ti los pecadores» (Sal 50,15). Y, hacia el final del salmo, dará una explicación que es al mismo tiempo una firme confesión de fe: «Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias» (v. 19).

La historia de Israel narra también grandes proezas y batallas, pero a la hora de afrontar su existencia más auténtica, su destino más decisivo, la salvación, más que en sus propias fuerzas, pone su esperanza en Dios, que puede recrear un corazón nuevo, no insensible y engreído. Esto nos puede recordar hoy a cada uno de nosotros y a nuestros pueblos que, cuando se trata de la vida personal y comunitaria, en su dimensión más profunda, no bastarán las estrategias humanas para salvarnos. Se ha de recurrir también al único que puede dar vida en plenitud, porque él mismo es la esencia de la vida y su autor, y nos ha hecho partícipes de ella por su Hijo Jesucristo.

El Evangelio de hoy prosigue haciéndonos ver cómo este antiguo anhelo de vida plena se ha cumplido realmente en Cristo. Lo explica san Juan en un pasaje en el que se cruza el deseo de unos griegos de ver a Jesús y el momento en que el Señor está por ser glorificado. A la pregunta de los griegos, representantes del mundo pagano, Jesús responde diciendo: «Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado» (Jn 12,23). Respuesta extraña, que parece incoherente con la pregunta de los griegos. ¿Qué tiene que ver la glorificación de Jesús con la petición de encontrarse con él? Pero sí que hay una relación. Alguien podría pensar – observa san Agustín – que Jesús se sentía glorificado porque venían a él los gentiles. Algo parecido al aplauso de la multitud que da «gloria» a los grandes del mundo, diríamos hoy. Pero no es así. «Convenía que a la excelsitud de su glorificación precediese la humildad de su pasión» (In Joannis Ev., 51,9: PL 35, 1766).

La respuesta de Jesús, anunciando su pasión inminente, viene a decir que un encuentro ocasional en aquellos momentos sería superfluo y tal vez engañoso. Al que los griegos quieren ver en realidad, lo verán levantado en la cruz, desde la cual atraerá a todos hacia sí (cf. Jn 12,32). Allí comenzará su «gloria», a causa de su sacrificio de expiación por todos, como el grano de trigo caído en tierra que muriendo, germina y da fruto abundante. Encontrarán a quien seguramente sin saberlo andaban buscando en su corazón, al verdadero Dios que se hace reconocible para todos los pueblos. Este es también el modo en que Nuestra Señora de Guadalupe mostró su divino Hijo a san Juan Diego. No como a un héroe portentoso de leyenda, sino como al verdaderísimo Dios, por quien se vive, al Creador de las personas, de la cercanía y de la inmediación, del Cielo y de la Tierra (cf. Nican Mopohua, v. 33). Ella hizo en aquel momento lo que ya había ensayado en las Bodas de Caná. Ante el apuro de la falta de vino, indicó claramente a los sirvientes que la vía a seguir era su Hijo: «Hagan lo que él les diga» (Jn 2,5).

Queridos hermanos, al venir aquí he podido acercarme al monumento a Cristo Rey, en lo alto del Cubilete. Mi venerado predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, aunque lo deseó ardientemente, no pudo visitar este lugar emblemático de la fe del pueblo mexicano en sus viajes a esta querida tierra. Seguramente se alegrará hoy desde el cielo de que el Señor me haya concedido la gracia de poder estar ahora con ustedes, como también habrá bendecido a tantos millones de mexicanos que han querido venerar sus reliquias recientemente en todos los rincones del país. Pues bien, en este monumento se representa a Cristo Rey. Pero las coronas que le acompañan, una de soberano y otra de espinas, indican que su realeza no es como muchos la entendieron y la entienden. Su reinado no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío, que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar. Por eso es justo que, por encima de todo, este santuario sea un lugar de peregrinación, de oración ferviente, de conversión, de reconciliación, de búsqueda de la verdad y acogida de la gracia. A él, a Cristo, le pedimos que reine en nuestros corazones haciéndolos puros, dóciles, esperanzados y valientes en la propia humildad.

También hoy, desde este parque con el que se quiere dejar constancia del bicentenario del nacimiento de la nación mexicana, aunando en ella muchas diferencias, pero con un destino y un afán común, pidamos a Cristo un corazón puro, donde él pueda habitar como príncipe de la paz, gracias al poder de Dios, que es el poder del bien, el poder del amor. Y, para que Dios habite en nosotros, hay que escucharlo, hay que dejarse interpelar por su Palabra cada día, meditándola en el propio corazón, a ejemplo de María (cf. Lc 2,51). Así crece nuestra amistad personal con él, se aprende lo que espera de nosotros y se recibe aliento para darlo a conocer a los demás.

En Aparecida, los Obispos de Latinoamérica y el Caribe han sentido con clarividencia la necesidad de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en la historia de estas tierras «desde el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros» (Documento conclusivo, 11). La Misión Continental, que ahora se está llevando a cabo diócesis por diócesis en este Continente, tiene precisamente el cometido de hacer llegar esta convicción a todos los cristianos y comunidades eclesiales, para que resistan a la tentación de una fe superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente. También aquí se ha de superar el cansancio de la fe y recuperar «la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia. De esta alegría nacen también las energías para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano, para ponerse a su disposición, sin replegarse en el propio bienestar» (Discurso a la Curia Romana, 22 diciembre 2011). Lo vemos muy bien en los santos, que se entregaron de lleno a la causa del evangelio con entusiasmo y con gozo, sin reparar en sacrificios, incluso el de la propia vida. Su corazón era una apuesta incondicional por Cristo, de quien habían aprendido lo que significa verdaderamente amar hasta el final.

En este sentido, el Año de la fe, al que he convocado a toda la Iglesia, «es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo [...]. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo» (Porta fidei, 11 octubre 2011, 6.7).

Pidamos a la Virgen María que nos ayude a purificar nuestro corazón, especialmente ante la cercana celebración de las fiestas de Pascua, para que lleguemos a participar mejor en el misterio salvador de su Hijo, tal como ella lo dio a conocer en estas tierras. Y pidámosle también que siga acompañando y amparando a sus queridos hijos mexicanos y latinoamericanos, para que Cristo reine en sus vidas y les ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad.
Amén. 
radiovaticana.org

Encuentro con la prensa en México


(Cono audio) RealAudioMP3 Ayer en México, el Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Padre Federico Lombardi, mantuvo un encuentro con los medios de comunicación. Les ofrecemos el audio integral:

(RC/CdM)
radiovaticana.org

Son un regalo de Dios para México y el mundo

Al encontrar a un grupo de pequeños que representaban a todos los niños de México, el Papa instó a todos a protegerlos y cuidarlos "para que en ellos nunca se apague la sonrisa, puedan vivir en paz y mirar al futuro con confianza". "Ustedes, mis pequeños amigos -les dijo a los niños mexicanos- no están solos" (RC/CA-RV)

Texto y audio completo discurso Papa a los niños (Audio) RealAudioMP3

Queridos niños:

Estoy contento de poderlos encontrar y ver sus rostros alegres llenando esta bella plaza. Ustedes ocupan un lugar muy importante en el corazón del Papa. Y en estos momentos quisiera que esto lo supieran todos los niños de México, particularmente los que soportan el peso del sufrimiento, el abandono, la violencia o el hambre, que en estos meses, a causa de la sequía, se ha dejado sentir fuertemente en algunas regiones. Gracias por este encuentro de fe, por la presencia festiva y el regocijo que han expresado con los cantos. Hoy estamos llenos de júbilo, y eso es importante. Dios quiere que seamos siempre felices. Él nos conoce y nos ama. Si dejamos que el amor de Cristo cambie nuestro corazón, entonces nosotros podremos cambiar el mundo. Ese es el secreto de la auténtica felicidad.

Este lugar en el que nos hallamos tiene un nombre que expresa el anhelo presente en el corazón de todos los pueblos: «la paz», un don que proviene de lo alto. «La paz esté con ustedes» (Jn 20,21). Son las palabras del Señor resucitado. Las oímos en cada Misa, y hoy resuenan de nuevo aquí, con la esperanza de que cada uno se transforme en sembrador y mensajero de esa paz por la que Cristo entregó su vida.

El discípulo de Jesús no responde al mal con el mal, sino que es siempre instrumento del bien, heraldo del perdón, portador de la alegría, servidor de la unidad. Él quiere escribir en cada una de sus vidas una historia de amistad. Ténganlo, pues, como el mejor de sus amigos. Él no se cansará de decirles que amen siempre a todos y hagan el bien. Esto lo escucharán, si procuran en todo momento un trato frecuente con él, que les ayudará aún en las situaciones más difíciles.

He venido para que sientan mi afecto. Cada uno de ustedes es un regalo de Dios para México y para el mundo. Su familia, la Iglesia, la escuela y quienes tienen responsabilidad en la sociedad han de trabajar unidos para que ustedes puedan recibir como herencia un mundo mejor, sin envidias ni divisiones.

Por ello, deseo elevar mi voz invitando a todos a proteger y cuidar a los niños, para que nunca se apague su sonrisa, puedan vivir en paz y mirar al futuro con confianza.

Ustedes, mis pequeños amigos, no están solos. Cuentan con la ayuda de Cristo y de su Iglesia para llevar un estilo de vida cristiano. Participen en la Misa del domingo, en la catequesis, en algún grupo de apostolado, buscando lugares de oración, fraternidad y caridad. Eso mismo vivieron los beatos Cristóbal, Antonio y Juan, los niños mártires de Tlaxcala, que conociendo a Jesús, en tiempos de la primera evangelización de México, descubrieron que no había tesoro más grande que él. Eran niños como ustedes, y de ellos podemos aprender que no hay edad para amar y servir.

Quisiera quedarme más tiempo con ustedes, pero ya debo irme. En la oración seguiremos juntos. Los invito, pues, a rezar continuamente, también en casa; así experimentarán la alegría de hablar con Dios en familia. Recen por todos, también por mí. Yo rezaré por ustedes, para que México sea un hogar en el que todos sus hijos vivan con serenidad y armonía. Los bendigo de corazón y les pido que lleven el cariño y la bendición del Papa a sus padres y hermanos, así como a sus demás seres queridos. Que la Virgen les acompañe.

Muchas gracias, mis pequeños amigos.
radiovaticana.org

jueves, 22 de marzo de 2012

Bendición de la Capilla e inauguración de la Casa Provincial de las Hijas de San Camilo


El Cardenal Juan Luis Cipriani exhortó a las Hijas de San Camilo a mantener siempre su fidelidad en el Señor. Estas palabras las mencionó en la Santa Misa en la cual consagró la Capilla de su nueva Casa Provincial “Villa Inmaculada” en el Perú.
En el marco de las celebraciones por el 50° Aniversario de la presencia en el Perú de dicha Congregación y en la Solemnidad de San José, el Arzobispo de Lima manifestó que el haber construido una obra tan maravillosa es un acto de fe y de grandeza de espíritu en estos tiempos.
“Aquí deben formar bien a las hermanas, aquí quieren tener esa potencia que se logra junto al Sagrario. Por eso, al contemplar esta extraordinaria obra digo Gracias, han tenido fe, fortaleza; y ahora ustedes fieles y siendo humildes obedezcan al Señor”, expresó.
Recordó también que San José representa para la Iglesia y para todos nosotros un ejemplo de gozo, alegría, bondad y fidelidad.
“San José fue el hombre que cuidó a María y a Jesús, el hombre fiel, el hombre humilde, el hombre valiente, el hombre de la fe y de tantas otras virtudes. Yo encomiendo a San José todo el trabajo que tendrán aquí de formación”, señaló.
“San José nos dice Tómense en serio la fe, a mí Dios me escoge para custodiar a María y no me da todas las indicaciones, me las va dando poco a poco; en la vida de cada uno es igual; por eso la vida es un acto de fe constante que Dios nos va enseñando poco a poco”, prosiguió.
En otro momento, el Cardenal Cipriani pidió a San José, a la Beata Madre Josefina Vannini y al Beato Padre Luis Tezza que protejan a las Hijas de San Camilo y las ayuden a mantener su fidelidad en el Señor, ayudando y compartiendo especialmente con los enfermos.
“Quiero levantar el corazón lleno de gozo a Dios y pedirle a San José esa fe, esa fortaleza para que custodie sus hogares y pedirles a ustedes hermanas fidelidad. Dios ha hecho cosas tan buenas con ustedes y tenemos que estar muy agradecidos y para eso el Señor solo nos pide Quiéreme más, déjame actuar a través tuyo en el corazón de miles de personas”, reflexionó.
Al terminar la celebración eucarística, se procedió a la inauguración oficial y la bendición de las instalaciones de la Casa Provincial de la Congregación Hijas de San Camilo “Villa Inmaculada”.

Oficina de Comunicaciones y Prensa

Mexicanos en León: Estamos felices porque Benedicto XVI trae paz y esperanza

A solo un día de la llegada del Papa Benedicto XVI a la ciudad de León, ACI Prensa recogió el testimonio de distintas personas que ya cuentan las horas para la primera e histórica visita del Santo Padre a México entre el 23 y el 26 de marzo. Patricia Eugenia Cruz, casada y madre de dos niñas, comentó que espera "con mucha felicidad al Santo Padre. Espero además que nos traiga un mensaje de paz y esperanza a todos los mexicanos, y también un mensaje especialmente de caridad". El Santo Padre llegará al aeropuerto internacional de Guanajuato, en la localidad de Silao, el viernes 23 de marzo a las 4:30 p.m. en donde será recibido por el Arzobispo de León, Mons. José Guadalupe Martín Rábago; el Nuncio Apostólico en México, Mons. Christophe Pierre; y el Presidente Federal de la República de México, Felipe Calderón. Para Felipe Martínez, que conversó con ACI Prensa en las afueras de la imponente Catedral de León, "con la visita del Santo Padre espero que se renueven todos los valores, que el Papa nos dé nuevamente esos valores que tanto necesitan no solo México sino toda América Latina". Entre los distintos recibimientos y muestras de afecto que los leoneses brindarán al Santo Padre, se ha previsto que junto a los aproximadamente 3500 fieles que estarán en el aeropuerto, también toque un tradicional grupo de mariachis. Por su parte, la señora Leo de Tejada comentó que de la visita de Benedicto XVI "espero muchas bendiciones porque las necesitamos todas aquí en México". Para José Miguelón "todos los mexicanos estamos contentos y alegres porque nunca había venido un Papa a visitarnos. Estamos todos muy felices, yo y mis paisanos, por este acontecimiento del que tiene el honor la gente de León". Las calles y la autopista en las afueras de la ciudad de León están llenas de letreros que anuncian la llegada de Benedicto XVI, entre los que destaca los carteles que marcan el recorrido del Papamóvil y un afiche que afirma que León está listo para recibir "al Papa y al mundo". En opinión de Mauricio Velásquez, casado también y padre de dos pequeñas, la visita del Papa Benedicto XVI a México será motivo "para que nos traiga un mensaje de paz y esperanza" a todos. Martín Ernesto Dávalos Segura, un contador casado y padre de dos muchachos, señaló que "la visita del Papa es una bendición muy grande. Lo que hace más grande esta bendición es que el mismo Santo Padre decidió venir aquí". "Es un privelegio y es un honor", concluyó.
aciprensa.com

jueves, 15 de marzo de 2012

Homilia par el cuarto dominggo de cuaresma


“Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti”.
Este estribillo que repetiremos durante el salmo responsorial, refleja el amor grande del pueblo de Dios a su templo y a su Señor.
En realidad el pueblo de Israel, como todos nuestros pueblos, tenía siempre el mismo problema: Fidelidad de Dios por un lado e infidelidad y arrepentimiento por parte del pueblo escogido.
Las lecturas de hoy nos permiten asomarnos a esa fuente de misericordia que es el corazón de Dios. Así se ha manifestado en distintas oportunidades.
Precisamente cuando Dios se define a sí mismo en el encuentro místico entre Moisés y él, dice que es “clemente y rico en misericordia”.
Esta misericordia y bondad aparecen cuando menos lo pensamos.
Testigo de ello es el relato que hoy nos hace el segundo libro de las Crónicas.
Personalmente siempre me preguntaba ¿y cómo se arregló Dios para hacer que los desterrados de Babilonia volvieran otra vez a la tierra prometida?
Pues sí, cuando menos se lo esperaban, resulta que el nuevo rey de Persia, Ciro, cumplió la profecía de Jeremías de una manera inconciente.
En efecto, leemos, “movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino:
“Así habla Ciro el rey de Persia: “El Señor, el rey de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá. Quien de vosotros pertenezca a su pueblo sea Dios con él y suba”.
¿No les parece que esto fue tan inesperado como maravilloso?
A partir de ese momento los judíos que quisieron regresaron a su tierra y reconstruyeron el templo y ciudad de Jerusalén.
Otra gran prueba de la misericordia de Dios con nosotros nos la da San Pablo que escribe a los Efesios estas palabras dignas de meditación:
“Dios rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por el pecado, nos ha hecho vivir con Cristo, nos ha resucitado con Él…
Pero hay un paréntesis importante porque añade San Pablo: “por pura gracia, por puro regalo, estáis salvados”.
A veces no lo pensamos pero una de las gracias más grandes, posiblemente la mayor que Dios nos ha hecho, es que siendo pecadores y estando en el pecado, Jesús dio la vida para salvarnos.
No mereceremos nunca la salvación. Es pura gracia.
Por su parte San Juan nos lleva a una noche serena de Jerusalén y nos imaginamos a Jesús y al anciano Nicodemo sentados y contemplando, a la luz de la luna, la ciudad de Jerusalén.
Ese tímido seguidor de Cristo, fariseo que temía a sus compañeros, es testigo de la gran manifestación de amor que ha tenido Dios con la humanidad.
Meditemos hoy con mucha atención y gratitud:
“Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna”.
Ese es el regalo de Dios: su propio Hijo.
Él no se encarnó ni entró en este mundo para condenar a nadie. Él vino a ofrecer la salvación a todos.
Es cierto que, a pesar de todo, hay y habrá hombres que prefieren las tinieblas a la luz porque sus obras son malas. Pero nunca podrán decir que Dios los condenó por falta de misericordia.
El juicio de Dios está claro y tenemos que tenerlo muy presente:
“La luz vino al mundo y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz.
En cambio otros que realizan la verdad se acercan con toda seguridad a la luz, que es Cristo, para que todos vean que sus obras están hechas según Dios”.
Recuerda siempre, amigo, estas preciosas palabras más o menos literales de San Pablo:
“Tú eres obra de Dios. Él te ha creado en Cristo Jesús para que te dediques a hacer las obras buenas que Él mismo nos ha pedido”.
Entonces serás feliz y cantarás eternamente las misericordias del Señor.

domingo, 11 de marzo de 2012

Qué es la Cuaresma

La oración es el encuentro con Dios

Cuaresma tiempo de conversión

Testimonio de Charlene Andersen (ex evangélica luterana) - Me tomó meses leer a Scott Hahn

Charlene Andersen es canadiense autora del libro "Paraíso solitario" donde narra su experiencia en las comunidades religiosas luteranas, durante su proceso de conversión se enfrentó a muchos cuestionamientos sobre la Iglesia Católica y cuando le regalaron el libro Roma Dulce Hogar dudó siquiera en abrirlo.

Después de haber entrado en comunión recomienda a los católicos ser sensibles con los hermanos separados y a ellos les invita a no predicar en contra y a buscar información fidedigna. Es entrevistada por el Dr. Marcus Grodi quien nació también en una familia luterana y accedió al ministerio pastoral antes de su conversión.

El audio en ingles en el sitio oficial de EWTN puede ser descargado en:
http://www.ewtn.com/vondemand/audio/seriessearchprog.asp?pgnu=12&SeriesID...

El libro del Dr. Scott y Kimberly Hahn puede ser leido desde
http://es.scribd.com/doc/34358137/Roma-Dulce-Hogar-Scott-y-Kimberly-Hahn

Si esta buscando apoyo en su proceso de conversión por favor contácte a la red del Regreso a Casa.
http://www.chnetwork.org

“Desterremos de nuestras vidas esa tendencia de agraviar a los demás”, dijo Cardenal Juan Luis Cipriani


En el programa Diálogo de Fe del sábado 10 de marzo el Cardenal Juan Luis Cipriani manifestó que en este ambiente de Cuaresma, de preparación al encuentro con Dios, es importante que hagamos una penitencia de saber callar y no agraviar al prójimo.
“Vale la pena en este ejemplo de penitencia y sacrificio que nos pide Jesús esforzarme en callar esa palabra que va a hacer daño, ese comentario sarcástico o falso. Esa serenidad nos la muestra Cristo cuando va camino a la muerte en la cruz, nos la muestra la Virgen María cuando contempla en silencio. Es una reflexión de fe que podríamos poner en práctica este tiempo de Cuaresma”, exhortó.
Mencionó que no solo es fundamental el no agraviar sino también el saber qué decir o hacer para agradar a los demás sin mentiras, el llamara a aquella persona que está pasando un mal momento o a quien pueda tener dificultades para ayudarlo.
“Hay que esforzarnos en tener más cercanía con Jesús; hay que desterrar de la vida personal y familiar, de la vida política y de la sociedad esa tendencia enfermiza de estar permanentemente resaltando aspectos negativos y malos; no nos dejemos invadir por esa nube de pesimismo en la que permanentemente estamos agraviándonos unos a otros”, señaló.
“Si el ser humano se engrandece como persona también se engrandece como político, como gobernante, como sacerdote, como periodista. Esa grandeza de tener una riqueza interior nos da la capacidad de dar a los demás por amor”, prosiguió.
El Arzobispo de Lima afirmó que en la vida hay una salvación, una posibilidad de ser felices conociendo una ley fundamental: Para vivir hay que morir; morir al odio, a la venganza, al resentimiento, a la envidia.
“La vida humana requiere abrir un espacio interior en donde el silencio te permita comprender mejor a tu esposa, comprender a quien opina diferente, aceptar mejor la posición de quien no está contigo; pero dejar de lado la descalificación, el agravio, la envidia, el estar maquinando cómo enveneno al otro. A eso hay que huir, porque de alguna manera ese silencio de Dios que acompaña a la Cuaresma, es un ejemplo para ser cultivado”, reflexionó.
Comentó también que prueba de todo esto son los distintos tipos de voluntariados como “los bomberos, una institución extraordinaria que arriesgan su vida y dan su salud, los voluntarios en los hospitales, las religiosas y sacerdotes que de alguna manera debemos ser signo de ayudar a la gente”. 
En otro momento, se refirió al tema de la Pontificia Universidad Católica del Perú y pidió oraciones para que, conforme pasen las semanas, se vaya resolviendo la situación. 
“Tenemos un compromiso de que las cosas la llevemos con la seriedad y respeto entre nosotros. La fecha sigue en pie y, con la ayuda de Dios, pienso que podemos seguir adelante. También con lo que hemos hablado hoy: serenidad, paciencia, no agraviar”, manifestó.
“También cuesta que unos y otros nos veamos con más respeto y aprecio, no mandemos escribir a otros lo que queremos decir nosotros. En general demos ejemplo de una relación madura y buena, en la que estamos esforzándonos que haya una conversión y un cambio. De esa manera daremos una lección de lo que hemos dicho hoy: serenidad y paciencia”, concluyó.

Oficina de Comunicaciones y Prensa

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