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domingo, 21 de octubre de 2012

Comentario del Mensaje del Papa para el Domingo Mundial de las Misiones 2012, P. Timoteo Lehane, SVD,Secretario General de la Obra de la Propagación de la Fe

El Domingo Mundial de la Misiones es el día en que todas las comunidades e instituciones católicas del mundo entero, se unen con el Santo Padre en oración por los misioneros y para prometerles toda nuestra colaboración y apoyo sincero con nuestras ofertas. Es un día en el que celebramos el amor especial que Dios nos ofrece, a través de la mediación de la comunidad, de nuestro amor entre nosotros y sobre todo en nuestra preocupación por los demás. Es a través de la solidaridad y nuestras relaciones con los demás en la comunidad y entre las comunidades que damos testimonio de ello. Damos testimonio de la plenitud y la alegría que sentimos cuando ponemos en practica el mandamiento evangélico, "vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda criatura" (Mc 16:15). 
La celebración de la Jornada Mundial de la Misiones (21 de octubre) tiene un significado muy especial este año, porque coincide con tres eventos importantes diferentes. El 50 º aniversario del inicio del Concilio Vaticano II, el Sínodo de los Obispos sobre el tema de la Nueva Evangelización y la apertura del Año de la Fe. Estos eventos nos ayudarán a discernir nuestra fe y percibir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Nos ayudarán como un "pueblo peregrino de Dios" (LG 68) que "por naturaleza" (AG 2) es misionero y está "guiado por el Espíritu Santo" (GS 1). Hoy, al comenzar el Año de la Fe, nuestros pastores se reúnen en Sínodo y nuestra peregrinación continúa y estos eventos contribuirán para reafirmar el deseo continuo de la Iglesia a comprometerse con mayor fuerza y celo en su misión de llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Este llamado a la misión ad gentes, ha ido cambiando poco a poco, las Iglesias locales en su propia autocomprensión y, en su Mensaje de este año, el Santo Padre dice que éste debe ser el horizonte constante y paradigma de toda nuestra actividad pastoral. Hoy, muchos católicos quieren participar en el llamado misionero porque tienen una mayor conciencia de lo que significa ser una comunidad católica en nuestro mundo moderno y globalizado. Se han vuelto más sensibles a la peregrinación de la humanidad en su propio camino y se animan a buscar nuevas formas de hacer del Evangelio un mensaje revelante a los areópagos de hoy. Permítanme compartir con ustedes tres ideas sobre el Mensaje del Domingo Mundial de la Misiones de este año.

1. La misión comprende que todos nosotros jugamos un papel activo y en la vida de la Iglesia.
El propósito de la Iglesia tiene su origen en la misión, y estamos llamados a dar testimonio de ello. La misión es el pilar fundamental de nuestra experiencia de la Iglesia y la promoción de la misión es esencial si queremos comprender verdaderamente lo que somos como seguidores de Jesús. Antes del Vaticano II, la misión fue asignada a las diferentes congregaciones e institutos religiosos, que estaban en la vanguardia del mandato misionero. Desde entonces, la tarea se ha hecho compromiso de todo el Pueblo de Dios, ya que cada persona a través de su bautismo y el don del Espíritu Santo, está llamada a desempeñar un papel activo en la vida y misión de la Iglesia. El Vaticano II, trajo con sí, una nueva conciencia y comprensión de la misión cuando insistía que en la Trinidad es su origen, modelo y meta. A través de sus reflexiones, la Iglesia redescubrió su responsabilidad misionera como participación en la vida de la Trinidad y que todos los bautizados estamos invitados a tomar conciencia de nuestra participación en esta misión. El mensaje de este año es muy específico cuando dice que la misión: "No se trata de una contribución opcional para la Iglesia". Es el núcleo de su misma existencia y la fe en Dios, " la fe en Dios es ante todo un don y un misterio que hemos de acoger en el corazón y en la vida, y del cuál debemos estar siempre agradecidos al Señor. Pero la fe es un don que se nos dado para ser compartido; es un talento recibido para que dé fruto; es una luz que no debe quedar escondida, sino iluminar toda la casa."(Mensaje 2012). 
El Vaticano II y más tarde, otros documentos misioneros nos ayudan a redescubrir la responsabilidad maravillosa que todos tenemos al participar en esta misión y es concebida como una actividad eclesial que se relaciona con los diferentes entornos en los que Cristo y el Evangelio aún no se conocen y donde las comunidades cristianas no son lo suficientemente maduras. La Iglesia existe para evangelizar y anunciar siempre y en todas partes la Buena Nueva a todos los hombres de buena voluntad. El mandato sigue siendo lo mismo, ya que es el mismo Jesucristo,"ayer, hoy y siempre" (Heb 13:8). Ella, a través de sus misioneros ha ido a vivir en todos los rincones del mundo en busca de los pueblos para compartirles el verdadero significado de la historia, para explicarles su destino final y para conducirlos a la salvación en el Reino de Dios. (AG 11) Al participar en esta, la misión universal, nosotros como comunidad ofrecemos amistad a la comunidad de la humanidad con una conciencia de nuestra vocación y "Como Pablo, debemos dirigirnos hacia los que están lejos, aquellos que no conocen todavía a Cristo y todavía no han experimentado la paternidad de Dios" (Mensaje 2012). El mensaje nos invita a desarrollar este don de nuestra fe y a compartirla. Por eso, es necesario un cambio de actitudes y de hecho, el Santo Padre alienta un cambio de paradigma y dice que se debe ser acompañado por una renovación más profunda con el fin de revitalizar nuestra actividad pastoral como se propone en el Instrumentum Laboris del Sínodo de los Obispos.

2. Misión ad gentes “debe ser el horizonte constante y el paradigma” de todo empeño eclesial. 
En su mensaje de 2009, el Santo Padre escribe que "la misión universal debe convertirse en una constante fundamental de la vida de la Iglesia", y este año dice que “hoy, la misión ad gentes debe ser el horizonte constante y el paradigma en todas las actividades eclesiales, porque la misma identidad de la Iglesia está constituida por la fe en el misterio de Dios, que se ha revelado en Cristo para traernos la salvación, y por la misión de testimoniarlo y anunciarlo al mundo, hasta que Él regrese”(Mensaje 2012). El mensaje nos anima aprender de la experiencia de nuestra comprensión de la dinámica de la misión ad gentes de la Iglesia, para ver cómo esto puede convertirse en un "horizonte constante y el paradigma" en nuestro propio trabajo pastoral. En términos prácticos, creo que esto significa compartir los testimonios (Kerigma ) de cada uno para apoyarse y animarse mutuamente. Estaba leyendo recientemente sobre el nombramiento de los primeros veintidós ministros laicos que van a celebrar las ceremonias fúnebres en la archidiócesis de Liverpool y el artículo dice que el arzobispo aseguró a la congregación que estos nuevos ministros laicos recibirán el apoyo y la capacitación necesaria para garantizar que el servicio que proporcionarán será "de la mejor calidad". Del otro lado del mundo, recuerdo un testimonio de un catequista humilde que fue asesinado cuando hacia su labor pastoral como laico de la archidiócesis de Gulu, en el norte de Uganda en los años 90 durante la guerra civil. Mariano Omony fue uno de los muchos anunciadores valientes de la auténtica esperanza y de paz, en un tiempo, cuando miles de personas murieron y muchos sacerdotes fueron detenidos. Su ejemplo de fidelidad y su afán nos puede iluminar y creo que testimonios como el suyo, incluso podría llegar a ser una parte integral de la formación de nuestros agentes, en nuestra Iglesia local. Son testimonios que llegan al corazón y nos cuestionan porque nos llegan desde el compromiso y celo personal de aquellos que trabajan en circunstancias difíciles. Ellos nos dan ejemplo de cómo nosotros también podemos atestiguar la presencia viva de Dios entre nosotros en las dificultades de hoy. "El encuentro con Cristo como Persona viva que colma la sed del corazón puede sólo conducir al deseo de compartir con otros el gozo de esta presencia y de hacerlo conocer para que todos la puedan experimentar" (Mensaje 2012).
Este año el mensaje dice que, "Necesitamos por tanto retomar el mismo fervor apostólico de las primeras comunidades cristianas que, pequeñas e indefensas, fueron capaces de difundir el Evangelio en todo el mundo entonces conocido mediante su anuncio y testimonio" Fr. Joseph Okumu cuenta cómo Mariano salió un día en su bicicleta para viajar 45km a la parroquia vecina para confesarse y traer hostias consagradas a su propio pueblo. Regresando a su casa, fue detenido por algunos rebeldes que sospecharon del por qué y el dónde de su viaje, y lo acusaron de espiar para las fuerzas armadas. En vano, les mostró la Cruz que recibió el día de su comisión como catequista, y lo golpearon y lo dejaron herido y casi muerto. Más tarde, un escuadrón militar le encontró y lo vieron “en mal estado” por el camino polvoriento. Sólo el corazón más duro no puede sino dejarse de conmover por esta imagen de una figura solitaria en la orilla del camino, sino que ellos también lo acusaron de ser un rebelde borracho. Uno de ellos, al ver que llevaba un copón pensó que, "esto es bueno para beber" y lo quitó de las manos ansiosas y debilitadas. Después de arrojar las hostias consagradas por el camino, se fueron y dejaron a Mariano casi muerto por los golpes adicionales. De vuelta en su cuartel, el soldado mostró el copón como si se tratara de un trofeo y otro catequista, que también había sido detenido, con gran coraje y con fe inquebrantable le desafió, "eso es de Dios, y no es tuyo ". También él estaba a punto de ser golpeado por su "insolencia" cuando un comandante del campamento escuchó lo que siguió y fue a investigar. Este señor, posiblemente viendo un panorama más amplio, ordenó que el copón sea devuelto inmediatamente y envió a sus subordinados a volver sobre sus pasos para buscar a Mariano. Era demasiado tarde, ya había muerto cuando lo encontraron. El buen capitán ordenó que el cuerpo fuera llevado en un helicóptero militar hasta el lugar en donde los sacerdotes habían sido detenidos y al día siguiente, Mariano fue enterrado en una ceremonia, presidida por el entonces Arzobispo, entre sus colegas catequistas y sacerdotes. "Culturalmente y tradicionalmente", dice P. Joseph, "su cuerpo debería haber sido llevado a su propio pueblo para ser enterrado, pero era imposible hacerlo debido a los toques de queda" Más tarde, cuando llegó la oportunidad para re-enterrarlo, su esposa dijo, que debía permanecer donde estaba, porque Mariano estaba "con su familia" y ahora, él estaría con ellos "en una manera diferente". "Era especial", recuerda el P. José, porque no solo atendía las necesidades de sus vecinos en las diferente celebraciones religiosas, pero era atento a la situación de los enfermos y a menudo, subía a los autobuses que pasaban por su aldea local para ver si podía encontrar a un sacerdote a bordo, que por casualidad viajaba a Kampala, para ver si podía atender a un enfermo. "Él es nuestro testimonio" y uno de los muchos catequistas que dieron su tiempo muy valioso y su para la Iglesia. “Predicaron con su vida y su compasión por todos, y en especial por los más necesitados. Su amor por la vida y su sentido de la alegría, su entusiasmo compartido, su fe en el Señor nos da testimonio hasta hoy”.

3. La Misión comprende que cada Iglesia debe volver a comprometerse a la universalidad de la actividad misionera.
Queridos amigos, este es sólo un testimonio que se puede compartir desde la experiencia ad gentes y la actividad misionera de la Iglesia. Hay tantos otros que compartimos en nuestras propias publicaciones nacionales para la Jornada Misionera Mundial. Son parte de la vitalidad y la esperanza que se encuentra en el corazón de nuestros pueblos en los que se puede descubrir la gran riqueza de sus recursos espirituales. P. José cree que "podría ser difícil para muchas personas entenderlo, pero el testimonio de Mariano ha dado vida a nuestra Iglesia" Ser cristiano en el molde de Mariano es un imperativo que viene del Mensaje de este año y creo que las experiencias de fe vividas deben ser compartida cada vez más en nuestras comunidades. "ahora como entonces, nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra" (Carta Apostólica Porta fidei 7). La misión está allí donde las personas nos necesitan, está en las fronteras culturales y geográficas, está en las situaciones del nuevo ateísmo o en la apatía hacia la vida espiritual y la práctica de la fe; está en los desafíos de la injusticia o de la cultura de la muerte. 
El mensaje habla de "la cooperación misionera (que) se debe ampliar hoy con nuevas formas para incluir no sólo la ayuda económica, sino también la participación directa en la evangelización "(Mensaje 2012) El Evangelio nos advierte sobre la complacencia de "los oídos oyen pesadamente y han cerrado sus ojos para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos"(Mt. 13,15). Una vez que somos conscientes de que es la autenticidad y la integridad que son importantes para la proclamación del Evangelio y nosotros con una actitud de discernimiento, de búsqueda del conocimiento, del dónde y del cómo Cristo desea mi participación en su misión en las circunstancias de mi vida. Lo importante es estar motivado por una conciencia filial en mi peregrinación en respuesta a las necesidades de los demás y en la construcción del bien común en el nombre de Jesús para todos los pueblos. "El afán de predicar a Cristo nos lleva a leer la historia para escudriñar los problemas, las aspiraciones y las esperanzas de la humanidad, que Cristo debe curar, purificar y llenar con su presencia. Su mensaje, efectivamente, es siempre actual, se introduce en el corazón de la historia y es capaz de dar una respuesta a las inquietudes más profundas de cada hombre". (Mensaje 2012). Esta es la visión misionera que surgió del corazón del Concilio Vaticano II, y su comprensión es fundamental para nuestro viaje universal juntos en este, el Año de la Fe. Como Iglesias particulares, podemos proporcionar momentos para compartir, unos con los otros, sobre la experiencia de nuestra fe viva en los lugares en que Dios nos ha llamado a vivir y dar testimonio. 
El Domingo Mundial de las Misiones organizado por la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, es un día reservado para los católicos de todo el mundo para renovar su compromiso con la actividad misionera universal. Se trata de "un día importante en la vida de la Iglesia, porque enseña cómo dar: como una ofrenda hecha a Dios, en la celebración eucarística y para todas las misiones del mundo" (RM 81). Es un día en el que se nos pide orar por y ayudar a financiar nuestras Iglesias locales más pobres para que puedan desarrollar su actividad de evangelización, que debido a la falta de recursos, tienen dificultades para llevar a cabo su actividad pastoral. “Se trata de una expresión de profunda comunión, de un compartir y de una caridad entre las Iglesias, para que cada hombre pueda escuchar o volver a escuchar el anuncio que sana y, así, acercarse a los Sacramentos, fuente de la verdadera vida” (Mensaje 2012). Es también un día en el que celebramos entre otros, la generosidad de Dios hacia nosotros, y los testimonios como el de Mariano nos puede ayudar a animar y dar un nuevo dinamismo a la vida de nuestra Iglesia local. Durante el año pasado he tenido la oportunidad de acompañar a misioneros en diferentes países y he visto cómo Dios ha bendecido a nuestra Iglesia. Obviamente, hay sombras y situaciones difíciles que deben afectar a todos nosotros, como la de Siria y África del Norte en estos momentos, y debemos recordar y orar por sus pueblos y pastores. El cuadro general que emerge es que estamos verdaderamente bendecidos por el testimonio del gran numero de los testigos ansiosos por el amor de Dios y su Evangelio. Entre ellos, nosotros también estamos llamados por el Señor. “Junto a este gran signo de fe que se transforma en caridad, recuerdo y agradezco a las Obras Misionales Pontificias, instrumentos de cooperación en la misión universal de la Iglesia en el mundo. Por medio de sus acciones el anuncio del Evangelio se convierte en una intervención para ayudar al prójimo, la justicia para los más pobres, la posibilidad de instrucción en los pueblos más lejanos, en asistencia médica en lugares remotos, la emancipación de la miseria, la rehabilitación de aquellos que son marginados, apoyo al desarrollo de los pueblos, la superación de las divisiones étnicas, el respeto de la vida en cada una de sus etapas” (Mensaje 2012). La celebración de la Jornada Misionera Mundial es otra señal de la gracia del Señor y le agradezco a Ustedes, sus Directores Diocesanos y a sus equipos, por el trabajo lindo de animación que están haciendo en nombre del Santo Padre. 

En unión misionera, 
P. Timoteo Lehane, SVD, Secretario General de la Obra de la Propagación de la Fe

Fuente: radiovaticana.org

Texto completo de la homilía de Benedicto XVI, celebrada el 21 de octubre

El hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por la multitud (cf. Mc 10,45).
Venerados Hermanos,
queridos hermanos y hermanas.
Hoy la Iglesia escucha una vez más estas palabras de Jesús, pronunciadas durante el camino hacia Jerusalén, donde tenía que cumplirse su misterio de pasión, muerte y resurrección. Son palabras que manifiestan el sentido de la misión de Cristo en la tierra, caracterizada por su inmolación, por su donación total. En este tercer domingo de octubre, en el que se celebra la Jornada Mundial de las Misiones, la Iglesia las escucha con particular intensidad y reaviva la conciencia de vivir completamente en perenne actitud de servicio al hombre y al Evangelio, como Aquel que se ofreció a sí mismo hasta el sacrificio de la vida.

Saludo cordialmente a todos vosotros, que llenáis la Plaza de San Pedro, en particular a las delegaciones oficiales y a los peregrinos venidos para festejar a los siete nuevos santos. Saludo con afecto a los cardenales y obispos que en estos días están participando en la Asamblea sinodal sobre la Nueva Evangelización. Se da una feliz coincidencia entre la celebración de esta Asamblea y la Jornada Misionera; y la Palabra de Dios que hemos escuchado resulta iluminadora para ambas. Ella nos muestra el estilo del evangelizador, llamado a dar testimonio y a anunciar el mensaje cristiano conformándose a Jesucristo, siguiendo su mismo camino. Esto vale tanto para la misión ad gentes como para la nueva evangelización en las regiones de antigua tradición cristiana. 
El hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por la multitud (cf. Mc 10,45).
Estas palabras han constituido el programa de vida de los siete beatos que hoy la Iglesia inscribe solemnemente en el glorioso coro de los santos. Con valentía heroica gastaron su existencia en una total consagración a Dios y en un generoso servicio a los hermanos. Son hijos e hijas de la Iglesia, que escogieron el camino del servicio siguiendo al Señor. La santidad en la Iglesia tiene siempre su fuente en el misterio de la Redención, que ya el profeta Isaías prefigura en la primera lectura: el Siervo del Señor es el Justo que «justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos» (53,11), es Jesucristo, crucificado, resucitado y vivo en la gloria. La canonización que estamos celebrando constituye una elocuente confirmación de esta misteriosa realidad salvadora. La tenaz profesión de fe de estos siete generosos discípulos de Cristo, su configuración al Hijo del hombre, resplandece hoy en toda la Iglesia. 
Jacques Berthieu, nacido en 1838 en Francia, fue desde muy temprano un enamorado de Jesucristo. Durante su ministerio parroquial, deseó ardientemente salvar a las almas. Al profesar como jesuita, quería recorrer el mundo para la gloria de Dios. Pastor infatigable en la isla de Santa María y después en Madagascar, luchó contra la injusticia, aliviando a los pobres y los enfermos. Los malgaches lo consideraban como un sacerdote venido del cielo, y decían: tú eres nuestro padre y madre. Él se hizo todo para todos, sacando de la oración y el amor al Corazón de Jesús la fuerza humana y sacerdotal para llegar hasta el martirio, en 1896. Murió diciendo: Prefiero morir antes que renunciar a mi fe. Queridos amigos, que la vida de este evangelizador sea un acicate y un modelo para los sacerdotes, para que sean hombres de Dios como él. Que su ejemplo ayude a los numerosos cristianos que hoy en día son perseguidos a causa de su fe. Que su intercesión, en este Año de la fe, sea fructuosa para Madagascar y el continente africano. Que Dios bendiga al pueblo malgache.
Pedro Calungsod nació alrededor del año 1654, en la región de Bisayas en Filipinas. Su amor a Cristo lo impulsó a prepararse como catequista con los misioneros jesuitas. En el año 1668, junto con otros jóvenes catequistas, acompañó al Padre Diego Luis de San Vítores a las Islas Marianas, para evangelizar al pueblo Chamorro. La vida allí era dura y los misioneros sufrieron la persecución a causa de la envidia y las calumnias. Pedro, sin embargo, mostró una gran fe y caridad y continuó catequizando a sus numerosos convertidos, dando testimonio de Cristo mediante una vida de pureza y dedicación al Evangelio. Por encima de todo estaba su deseo de salvar almas para Cristo, y esto le llevó a aceptar con resolución el martirio. Murió el 2 de abril de 1672. Algunos testigos cuentan que Pedro pudo haber escapado para ponerse a salvo, pero eligió permanecer al lado del Padre Diego. El sacerdote le dio a Pedro la absolución antes de que él mismo fuera asesinado. Que el ejemplo y el testimonio valeroso de Pedro Calungsod inspire al querido pueblo filipino para anunciar con ardor el Reino y ganar almas para Dios.
Giovanni Battista Piamarta, sacerdote de la diócesis de Brescia, fue un gran apóstol de la caridad y de la juventud. Percibía la exigencia de una presencia cultural y social del catolicismo en el mundo moderno, por eso se dedicó a hacer progresar cristiana, moral y profesionalmente a las nuevas generaciones con claras dosis de humanidad y bondad. Animado por una confianza inquebrantable en la Divina Providencia y por un profundo espíritu de sacrificio, afrontó dificultades y fatigas para poner en práctica varias obras apostólicas, entre las cuales: el Instituto de los artesanillos, la Editorial Queriniana, la Congregación masculina de la Sagrada Familia de Nazaret y la Congregación de las Humildes Siervas del Señor. El secreto de su intensa y laboriosa vida estaba en las largas horas que dedicaba a la oración. Cuando estaba abrumado por el trabajo, aumentaba el tiempo para el encuentro, de corazón a corazón, con el Señor. Prefería permanecer junto al Santísimo Sacramento, meditando la pasión, muerte y resurrección de Cristo, para retomar fuerzas espirituales y volver a lanzarse a la conquista del corazón de la gente, especialmente de los jóvenes, para llevarlos otra vez a las fuentes de la vida con nuevas iniciativas pastorales. 


«Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti». Con estas palabras, la liturgia nos invita a hacer nuestro este himno al Dios creador y providente, aceptando su plan en nuestras vidas. Así lo hizo Santa María del Carmelo Sallés y Barangueras, religiosa nacida en Vic, España, en 1848. Ella, viendo colmada su esperanza, después de muchos avatares, al contemplar el progreso de la Congregación de Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, que había fundado en 1892, pudo cantar junto a la Madre de Dios: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Su obra educativa, confiada a la Virgen Inmaculada, sigue dando abundantes frutos entre la juventud a través de la entrega generosa de sus hijas, que como ella se encomiendan al Dios que todo lo puede.

Paso hablar ahora de Mariana Cope, nacida en 1838 en Heppenheim, Alemania. Con apenas un año de edad fue llevada a los Estados Unidos y en 1862 entró en la Tercera Orden Regular de san Francisco, en Siracusa, Nueva York. Más tarde, y como superiora general de su congregación, Madre Mariana acogió gustosamente la llamada a cuidar a los leprosos de Hawai, después de que muchos se hubieran negado a ello. Con seis de sus hermanas de congregación, fue personalmente a dirigir el hospital en Oahu, fundando más tarde el hospital de Malulani en Maui y abriendo una casa para niñas de padres leprosos. Cinco años después aceptó la invitación a abrir una casa para mujeres y niñas en la isla de Molokai, encaminándose allí con valor y poniendo fin de hecho a su contacto con el mundo exterior. Allí cuidó al Padre Damián, entonces ya famoso por su heroico trabajo entre los leprosos, atendiéndolo mientras moría y continuando su trabajo entre los leprosos. En un tiempo en el que poco se podía hacer por aquellos que sufrían esta terrible enfermedad, Mariana Cope mostró un amor, valor y entusiasmo inmenso. Ella es un ejemplo luminoso y valioso de la mejor tradición de las hermanas enfermeras católicas y del espíritu de su amado san Francisco.

Kateri Tekakwitha nació en el actual Estado de Nueva York, en 1656, de padre mohawk y madre algonquina cristiana, quien le trasmitió la experiencia del Dios vivo. Fue bautizada a la edad de 20 años y, para escapar de la persecución, se refugió en la misión de san Francisco Javier, cerca de Montreal. Allí trabajó hasta que murió a los 24 años de edad, fiel a las tradiciones de su pueblo, pero renunciando a las convicciones religiosas del mismo. Llevando una vida sencilla, Kateri permaneció fiel a su amor a Jesús, a su oración y a su Misa diaria. Su deseo más alto era conocer y hacer lo que agradaba a Dios.
Kateri impresiona por la acción de la gracia en su vida, carente de apoyos externos, y por la firmeza de una vocación tan particular para su cultura. En ella, fe y cultura se enriquecen recíprocamente. Que su ejemplo nos ayude a vivir allá donde nos encontremos, sin renegar de lo que somos, amando a Jesús. Santa Kateri, protectora de Canadá y primera santa amerindia, te confiamos la renovación de la fe en los pueblos originarios y en toda América del Norte. Que Dios bendiga a los pueblos originarios.

La joven Anna Schäffer, de Mindelstetten, quería entrar en una congregación misionera. Nacida en una familia humilde, trabajó como criada buscando ganar la dote necesaria y poder entrar así en el convento. En este trabajo, tuvo un grave accidente, sufriendo quemaduras incurables en los pies que la postraron en un lecho para el resto de sus días. Así, la habitación de la enferma se transformó en una celda conventual, y el sufrimiento en servicio misionero. Al principio se rebeló contra su destino, pero enseguida, comprendió que su situación fue una llamada amorosa del Crucificado para que le siguiera. Fortificada por la comunión cotidiana se convirtió en una intercesora infatigable en la oración, y un espejo del amor de Dios para muchas personas en búsqueda de consejo. Que su apostolado de oración y de sufrimiento, de ofrenda y de expiación sea para los creyentes de su tierra un ejemplo luminoso. Que su intercesión intensifique la pastoral de los enfermos en cuidados paliativos, en su benéfico trabajo.


Queridos hermanos y hermanas, estos nuevos santos, diferentes por origen, lengua, nación y condición social, están unidos con todo el Pueblo de Dios en el misterio de la salvación de Cristo, el Redentor. Junto a ellos, también nosotros reunidos aquí con los Padres sinodales, procedentes de todas las partes del mundo, proclamamos con las palabras del salmo que el Señor «es nuestro auxilio y nuestro escudo», y le pedimos: «Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti» (Sal 32,20-22). Que el testimonio de los nuevos santos, de su vida generosamente ofrecida por amor de Cristo, hable hoy a toda la Iglesia, y su intercesión la fortalezca y la sostenga en su misión de anunciar el Evangelio al mundo entero.

“Que en el Año de la Fe en Manchay se rece el Rosario en los hogares y las escuelas”

“Hay que tener más amor a ser peruanos, a la familia y a ayudarnos. Y a la gente humilde los animo a algo muy barato: pórtense bien en sus hogares, eduquen a sus hijos, den ejemplo y sonrían, que los niños siempre vean a sus papás sonrientes”, exhortó el Cardenal Juan Luis Cipriani en la multitudinaria Misa que presidió en la Plaza Principal de Manchay en el marco del inicio del Año de la Fe en dicha zona de la arquidiócesis y la fiesta de la Virgen del Rosario, patrona del lugar.
“Pongamos la alegría en el amor a Dios, en el trato a los niños, en la educación, en la ayuda al prójimo, eso nunca defrauda. De esta manera veremos cómo se levanta este pueblo de Manchay”, pronunció en la homilía.

Nuevo proyecto de salud
El Arzobispo de Lima destacó el nuevo convenio suscrito con el Ministerio de Salud del Perú para la atención en el centro de salud de la zona.
“En Manchay desde hace muchos años estamos empeñados en obras de fe. Ahora estamos a punto de poner en práctica un centro médico para el que hemos hecho un convenio con el Ministerio de Salud. De esta manera vemos cómo el Estado colabora en esa tarea en que la Iglesia ayuda a los más necesitados”, mencionó.

También resaltó las obras que se emprenden en Manchay en educación.
“En las guarderías se les da una primera educación a los niños de 0 a 3 años. También tenemos aquí el colegio Virgen del Rosario, porque la gente humilde también necesita escuelas muy buenas, y lentamente estamos construyendo un coliseo cerrado para hacer deportes”, refirió.
“Y la juventud tiene el instituto tecnológico, para aprender tareas intermedias de mecánica e industrias alimentarias. Hay miles de peruanas y peruanos que colaboran con nosotros en esta tarea para hacer de Manchay un lugar de fe, esperanza, progreso, amor y paz. Que el Perú mire y diga: si ellos han podido, el Perú entero también puede salir adelante, trabajando unidos, preocupándose por la gente más pobre, sin hacer política y por amor a Dios, ese es el secreto”, prosiguió.

El Año de la Fe en Manchay
En otro momento, el Cardenal Cipriani exhortó a todos los pobladores a hacer el propósito en el Año de la Fe de rezar el Rosario.
“Tener una mayor amistad con Jesucristo es una meta en este Año de la Fe. Y tenemos ese desafío, que la fe se convierta en obras. Por eso les quiero pedir que busquen a Cristo en el Evangelio, conózcanlo estudiando el Catecismo”, señaló.
“Y de manera particular recen el Rosario. Que en Manchay se rece el Rosario en los hogares y colegios. Que en el Año de la Fe Jesús pueda decir que está contento, porque en Manchay aman a María, rezando el Rosario”, continuó.

El Arzobispo de Lima agradeció a las religiosas que trabajan en la zona por su generosa y discreta labor.
Finalmente les pidió un especial cuidado a la familia, para que los padres sean el principal ejemplo en la educación de los hijos.
“Eduquen bien a los hijos. Que los papás respeten a sus esposas, de esa manera el hogar tiene paz, los niños viven contentos y así forjamos un Perú bueno, porque de la familia, de la educación de la casa y la escuela, surge ese futuro maravillosos”, refirió.

En la Santa Misa, 120 niños recibieron la Primera Comunión.
Concelebraron con el Cardenal Cipriani, el Padre José Chuquillanqui, párroco; y los cuatro vicarios parroquiales de la zona: Padre Manuel Zegarra, Padre Litman Rodríguez, Padre Willman Cuyutúpac, y Padre Emerson Velaysosa.
Participaron de la Santa Misa el Alcalde de Pachacámac, Hugo Ramos; el Alcalde de Cieneguilla, Emilio Chávez y el Alcalde de Magdalena del Mar, Francis Allison.

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sábado, 20 de octubre de 2012

El desafío de este año de la fe es demostrar el amor que le tenemos a Dios

El Cardenal Juan Luis Cipriani señaló que el misterio de este año de la fe es saber escuchar y buscar a Dios, preguntarle cual es la misión que nos tiene a cada uno de nosotros. “El gran desafío de este año es que la fe tiene que convertirse en vida, si crees demuéstralo”, reflexionó durante su programa Diálogo de Fe, el 20 de octubre.

El Arzobispo de Lima incentivó a todos los fieles a escuchar y seguir el camino de Jesús, para que ese amor se involucre mucho en esa fe de verdad, porque lo que Dios nos está pidiendo es fortalecer ese amor hacia su hijo para no caer en las tentaciones ni en el pecado.
“Cuando uno deja de obedecer a Dios inmediatamente la luz de la fe se apaga. Dios de una manera estupenda está esperando una respuesta. Pero si una persona no quiere confesarse, no acude a misa, Dios con mucho dolor se calla y entonces el pecado hace mucho daño a la fe”, reflexionó.
Asimismo señaló que Dios está esperando que cambiemos nuestra forma de vivir y de pensar para no caer en el pecado y la única manera de lograrlo es tener esos momentos de oración para que nuestra fe se fortalezca.
“Dios está esperando que cambies. La fe se fortalece creyendo, dando, obedeciendo la voz de Dios, si nosotros tenemos ese momento de oración, Dios no nos abandona, somos frágiles y caemos en pecado”, expresó.
En otro momento el Padre Miguel Ángel Vasallo recalcó que el don de la fe es un regalo que Cristo nos da desde el momento que somos bautizados y que depende de cada uno si quiere que esa fe siga creciendo en nuestros corazones.
“La fe es un contacto vivo con Dios y yo no puedo ocultarlo, yo lo tengo que tener en todo momento. Dios nos acompaña siempre. Es quien me impulsa a ayudar a los demás. No es una cuestión que tiene que estar a un margen sino en todo momento”, indicó.
Finalmente recordó que Jesús a pesar de que nosotros preferimos ir por otro camino, él siempre estará esperando a que le abras tu corazón.
De la misma manera señaló que este año de la fe es un reto para todo católico pues para estar cerca de Dios hay que dejar de lado todo obstáculo que no nos permita tener esa experiencia de amor con él.
“Dios siempre esta esperándonos. El año de la fe es un asunto de aceptar el reto de tener una experiencia con Dios y de lo que implica: tienes que dejar los vicios, las malas costumbres a pesar de que no nos gusta dejar esas cosas. Un vicio, un pecado siempre te esclaviza”, finalizó.

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viernes, 19 de octubre de 2012

El Sínodo viaja a Siria para llevar el afecto y las oraciones de toda la familia de la Iglesia

La delegación del Sínodo que viajará a Siria la próxima semana "llevará a la población que sufre el consuelo del Santo Padre y de los obispos de todo el mundo, para dar testimonio de cercanía y expresar nuestra proximidad" ante la situación que están viviendo. No llevamos una solución política, esto lo dejamos a los que se deben ocupar de ello. Nosotros iremos allí "para ser partícipes de una obra de caridad" y de una obra espiritual de confortación. Lo afirmó el Cardenal Laurent Mosengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa, que guiará junto con los cardenales Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, y Jean-Louis Tauran, Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, la delegación de los Padres sinodales que visitarán Siria, por decisión de Benedicto XVI.

El cardenal Tauran, por su parte, precisó, a nuestra emisora (Radio Vaticano), que la Iglesia Católica, aún no teniendo una receta, quiere "animar a todos los que están colaborando en la búsqueda de una solución para Siria, que solo puede "ser política "." Queremos expresar también la solidaridad humana -aseguró el cardenal Tauran- a las familias que están sufriendo tanto. Pensamos especialmente en las personas marginadas, los ancianos, los enfermos. "Para ellos, reveló el cardenal francés, llevamos "una contribución financiera de parte de los padres sinodales y también la solidaridad " a nuestros hermanos espirituales cristianos que tienen necesidad de escuchar, como en una familia, el afecto y las oraciones de toda la familia de la Iglesia".

"La noticia de que una delegación del Sínodo de los Obispos viajará de Roma a Damasco la próxima semana es "un motivo de esperanza para
los cristianos y para todos los habitantes de este país. Todos esperamos que la visita asuma un perfil de una verdadera y propia misión de paz, para pedir la reconciliación entre las partes que se combaten ferozmente". Esta es la declaración a la agencia Fides del arzobispo armenio-católico de Aleppo, Boutros Marayati, que invita “a no hacer una lectura superficial y engañosa” de esta visita de los padres sinodales. (ER – RV)




ANUNCIO DEL CARDENAL BERTONE 

El martes, 16 de octubre por la tarde, durante los trabajos de la Asamblea sinodal, intervino el cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone para anunciar que el Papa Benedicto XVI ha decidido enviar en los próximos días a Damasco una delegación del Sínodo.

“El propósito - dijo el cardenal Bertone - es expresar la "solidaridad fraterna" del Papa y de toda la Iglesia a todo el pueblo sirio", con un donativo personal de los padres sinodales, así como también otro de la Santa Sede", y al mismo tiempo mostrar la cercanía espiritual "a nuestros hermanos y hermanas cristianos " y llevar asimismo "nuestro aliento a todos los que están buscando la salida a un acuerdo que respete los derechos y deberes de todos los sirios, con una especial atención a las disposiciones del derecho humanitario". 

"No podemos ser meros espectadores de una tragedia como la que está teniendo lugar en Siria - dijo el cardenal Bertone – y algunas intervenciones en el aula del sínodo son prueba de ello" De ahí la decisión de enviar una delegación. "Estamos convencidos de que la solución de la crisis tiene que ser política, pensando en el inmenso sufrimiento de la población, en el destino de los refugiados y en el futuro de la nación". 

Luego el secretario de Estado invitó a la oración a Dios para que en Siria" prevalezca la razón y la compasión. "La delegación del sínodo está integrada por los siguientes Padres sinodales: el cardenal Laurent Mosengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa; el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso; el cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York; Mons. Fabio Suescun Mutis, ordinario militar en Colombia; Mons. Joseph Nguyen Nang, obispo de Phat Diem. Además, forman parte de la delegación Mons. Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, y Mons. Alberto Ortega, funcionario de la Secretaría de Estado.

Recordamos que en la sesión de apertura, los padres sinodales rezaron por la paz en Siria, "preocupados por la trágica situación del pueblo martirizado por tanta violencia” y el Papa mandó su especial saludo en árabe recordando el deber de todo el mundo de comprometerse por la paz. (ER – RV)

Fuente: radiovaticana.org

Sínodo: la Iglesia en las llamas del Espíritu Santo

(audio) Las parroquias, las pequeñas comunidades, las escuelas, las peregrinaciones, los catequistas, el papel sacerdotes y laicos y de manera especial la familia. Son los temas de las relaciones conclusivas del Sínodo sobre la Nueva evangelización que centraron ayer la Conferencia de prensa de los presidentes delegados, haciendo balance de la primera fase de la Asamblea sinodal, que hoy ha proseguido sus debates en la decimoséptima congregación.

“Para describir en una sola palabra o una imagen lo que sucede en el Sínodo, puedo decir que la Iglesia está en las llamas del Espíritu Santo."

Son palabras de su Beatitud Sviatoslav Schevchuk, jefe de la Iglesia greco-católica ucraniana hablando de la vivacidad y diversidad del mundo católico congregado en Roma. Obispos de todo el mundo que se encuentran invitados por Benedicto XVI y hablan con entusiasmo del Año de la fe y de los desafíos de la Nueva evangelización. El cardenal John Ton Hon obispo de Hong Kong (China) subraya la importancia de los catequistas. Y el cardenal congoleño Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa, afirma que “nuevos deben ser el ardor, el método y la expresión en un mundo en el que muchos no creen”

"¿Cómo podemos hablar de Dios, de Jesucristo, en un mundo que ya no cree, y que no se cuestiona sobre Dios o se hace esta pregunta mal?"

El arzobispo eslovaco Mons. Ján BABJAK, Metropolita di Prešov para los católicos de rito bizantino habla de los lugares de peregrinación, con una recomendación

“En los lugares de peregrinación, hay que poner los sacerdotes más preparados y maduros, aquellos que aman a Dios y a los hombres que son llamados a servirlos, especialmente a través de las Confesiones, la escucha y la discusión sobre sus problemas."

“It’ just wonderful to be part…"

Y éstas son palabras de Mons. José Horacio Gómez, arzobispo de Los Ángeles, que confía en lo extraordinario que es para él, por primera vez en el Sínodo, encontrarse con una Iglesia que reflexiona, analiza y pone de relieve, la importancia del papel de los laicos. 
Y del laicado y la parroquia habló en particular, el Arzobispo Schevchuk:

“La parroquia es el lugar donde hoy la iglesia puede ayudar a las familias a transmitir la fe cristiana a las nuevas generaciones y lo es porque la fe puede ser transmitida sólo por los creyentes que la viven. La parroquia es el lugar de encuentro con Cristo vivo, resucitado, presente en la Iglesia".

El presidente delegado cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara habló de los movimientos y la obediencia al obispo.

"Hay muchos nuevos movimientos entre nosotros. Por supuesto, es necesario poner un poco de orden, porque de lo contrario todo el mundo empieza a hacer lo que quiere y hay desorden en la casa. Normalmente, los obispos están abiertos, los nuevos movimientos hacen su trabajo sin dificultad, pero de vez en cuando hay alguien que quiere imponerse al obispo….Cada uno haga su trabajo y entonces las cosas irán bien".

Todos buscan el camino de la verdad y belleza de la fe. Es necesario encontrar este camino para acercarnos de nuevo a Jesús. (ER - RV)

miércoles, 17 de octubre de 2012

El Año de la Fe en 5 puntos

Te contamos qué es el Año de la Fe en menos de 2 minutos; pero no olvides ir más a fondo luego.

¿Por qué un Año de la Fe?

El Padre Carlos Rosell, Rector del Seminario de Santo Toribio de Mogrovejo, de Lima (Perú) responde a la pregunta del porqué el Santo Padre Benedicto XVI ha convocado un Año de la Fe. Primer vídeo del subsidio mensual Viviendo Nuestra Fe, propuesto por el Arzobispado de Lima.

Municipalidad peruana presenta muestra blasfema y anticatólica

Foto: Facebook de Sala Luis Miró Quesada Garland
La Municipalidad de Miraflores, en Lima (Perú), acoge en su galería “Luis Miró Quesada Garland”, hasta el 25 de octubre, la muestra blasfema “Así sea”, con esculturas de diversos santos y de Cristo en poses grotescas, desnudos, con tiras de metal que salen de sus bocas conteniendo frases extraídas de oraciones como el Padre Nuestro.

En la exposición, cuya autora es Cristina Planas, se puede encontrar imágenes –entre una ruma de cuerpos desnudos repartidos por el piso– de Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, San Juan Bautista decapitado y con un tocado de indígena de la selva peruana, San Sebastián, entre otros.

También hace parte de la muestra una escultura que representa a Jesús acostado con los brazos abiertos y desnudo, que es recorrida, a manera de escáner, por luces verdes y azules, bajo el título “Lecciones de Anatomía – 2012”.

Un grupo de católicos ha iniciado una recolección de firmas dirigida a la Municipalidad de Miraflores, pidiendo que se retire la exposición “Así sea”, por ser “una representación obscena y sacrílega de Jesucristo y los santos, que ofende profundamente la fe católica compartida por la inmensa mayoría de los vecinos y de los peruanos”.

En el mensaje a Jorge Muñoz, alcalde de Miraflores, se le pide que cancele la “exhibición y en lo sucesivo bajo ningún pretexto apruebe, promocione o financie actividades que afrenten la fe católica y hieran los sentimientos religiosos de los vecinos del distrito”.

Para firmar la petición, ingrese a: http://miraflores.epetitions.net/

Fuente: aciprensa.com

Texto completo de la catequesis de Benedicto XVI: Creer es el encuentro con una Persona, que vive y nos transforma (17 de octubre 2012)

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quisiera presentar el nuevo ciclo de catequesis, que se desarrollará durante todo el Año de la Fe - que acaba de empezar - y que interrumpe durante este período el ciclo dedicado a la escuela de oración. Con la Carta apostólica Porta Fidei proclamé este Año especial, precisamente para que la Iglesia renueve el entusiasmo de creer en Jesucristo, único Salvador del mundo, reavive la alegría de caminar por el camino que nos ha mostrado y testimonie de forma concreta la fuerza transformadora de la fe.
La conmemoración de los cincuenta años de la apertura del Concilio Vaticano II es una oportunidad importante para volver a Dios, para profundizar y vivir con mayor valentía la propia fe, para fortalecer la pertenencia a la Iglesia, "maestra de humanidad", que, a través de la proclamación de la Palabra, la celebración de los Sacramentos y la obra de la caridad nos guía para poder encontrar y conocer a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. No se trata del encuentro con una idea o con un proyecto de vida, sino con una Persona viva, que nos transforma profundamente, revelándonos nuestra verdadera identidad como hijos de Dios.
El encuentro con Cristo renueva nuestras relaciones humanas, orientándolas, día a día, hacia una mayor solidaridad y fraternidad, en la lógica del amor. Tener fe en el Señor no es algo que abarca sólo nuestra inteligencia, el área del conocimiento intelectual, sino que es un cambio que implica toda nuestra vida, todo de nosotros mismos: sentimiento, corazón, inteligencia, voluntad, corporeidad, emociones y relaciones humanas. Con la fe cambia realmente todo en nosotros y para nosotros, y se revela claramente nuestro destino futuro, la verdad de nuestra vocación en la historia, el sentido de la vida, la alegría de ser peregrinos hacia la Patria celestial.
Pero - nos preguntamos - ¿la fe es verdaderamente la fuerza que transforma mi vida? ¿o es sólo uno de los elementos que forman parte de la vida, sin ser el que es determinante y el que la abarca por completo? Con las catequesis de este Año de la Fe, quisiéramos recorrer un camino para fortalecer o volver a encontrar la alegría de la fe, comprendiendo que no es algo ajeno, desconectado de la vida concreta, sino que es el alma de la misma. La fe en un Dios que es amor, y que se hizo cercano al hombre, encarnándose y entregándose en la cruz para salvarnos y volvernos a abrir las puertas del Cielo, indica de forma luminosa que sólo en el amor se encuentra la plenitud del hombre. 
Hoy en día, es necesario reiterarlo con claridad. Al tiempo que las transformaciones culturales que se están realizando, muestran a menudo tantas formas de barbarie, que pasan bajo el signo de "conquistas de la civilización": la fe afirma que existe verdadera humanidad sólo en los lugares, en los gestos, en los tiempos y en las formas en que el hombre está animado por el amor que viene de Dios, se expresa como don y se manifiesta en relaciones llenas de amor, de compasión, de atención y de servicio desinteresado a los demás. Donde hay dominación, afán de poseer, explotación, mercantilización de los otros por el propio egoísmo, donde se encuentra la arrogancia del yo encerrado en sí mismo, el hombre es empobrecido, degradado y desfigurado. La fe cristiana, activa en la caridad y fortalecida en la esperanza, no limita, sino humaniza la vida, aún más, la hace plenamente humana.
La fe es acoger este mensaje transformador en nuestras vidas, es acoger la revelación de Dios, que nos hace conocer quién es Él, cómo actúa, cuáles son sus proyectos para con nosotros. Por supuesto, el misterio de Dios queda siempre más allá de nuestros conceptos y de nuestra razón, de nuestros ritos y oraciones. Sin embargo, con la revelación es Dios mismo quien se ‘auto comunica’, se cuenta, se hace accesible. Y nosotros recibimos la capacidad de escuchar su palabra y de recibir su verdad. He aquí, entonces, la maravilla de la fe: Dios, en su amor, crea en nosotros - a través de la obra del Espíritu Santo - las condiciones adecuadas para que podamos reconocer su Palabra. Dios mismo, en su voluntad de manifestarse, de ponerse en contacto con nosotros, de hacerse presente en nuestra historia, nos hace capaces de escucharlo y de acogerlo. San Pablo lo expresa con alegría y gratitud: "Nosotros, por nuestra parte, no cesamos de dar gracias a Dios, porque cuando recibieron la Palabra que les predicamos, ustedes la aceptaron no como palabra humana, sino como lo que es realmente, como Palabra de Dios, que actúa en ustedes, los que creen" (1 Ts 2,13).
Dios se ha revelado en las palabras y los hechos a través de una larga historia de amistad con el hombre, que culmina en la Encarnación del Hijo de Dios y su Misterio de Muerte y Resurrección. Dios no sólo se ha revelado en la historia de un pueblo, no sólo habló por medio de los Profetas, sino que ha salido de su Cielo para entrar en la tierra de los hombres como hombre, para que pudiéramos conocerlo y escucharlo. Y, desde Jerusalén, el anuncio del Evangelio de la salvación se ha extendido hasta los confines de la tierra. La Iglesia, que nació del costado de Cristo, se ha vuelto portadora de una nueva y sólida esperanza: Jesús de Nazaret, crucificado y resucitado, salvador del mundo, que está sentado a la diestra del Padre, y es el juez de los vivos y los de muertos. Éste es el kerigma, el anuncio central e impetuoso de la fe. Pero desde el principio, surgió el problema de la "regla de la fe", es decir, la fidelidad de los creyentes a la verdad del Evangelio, en la cual permanecer firmes, a la verdad salvífica sobre Dios y sobre el hombre, para custodiarla y transmitirla. San Pablo escribe: "Por ella – la Buena Noticia - son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano". (1 Cor 15,2).
Pero, ¿dónde encontramos la fórmula esencial de la fe? ¿dónde encontramos las verdades que se nos han transmitido fielmente y que son la luz para nuestra vida de cada día? La respuesta es simple: en el Credo, en la Profesión de Fe o Símbolo de la Fe, nosotros nos volvemos a enlazar con el evento originario de la Persona y de la Historia de Jesús de Nazaret, se vuelve concreto lo que el Apóstol de los gentiles les decía a los cristianos de Corinto: " Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura " (1 Cor 15, 3).
También hoy tenemos la necesidad de que el Credo se conozca, se comprenda y se rece mejor. Sobre todo, es importante que el Credo sea, por decirlo así ‘reconocido”. En efecto, conocer podría ser una acción sólo intelectual, mientras que "reconocer" quiere decir la necesidad de descubrir la profunda conexión que hay entre las verdades que profesamos en el Credo y nuestra vida cotidiana, para que estas verdades sean real y efectivamente - como siempre fueron - luz para los pasos de nuestra vida, agua que riega nuestro camino árido y sediento, vida que vence algunos desiertos de la vida contemporánea. En el Credo se injerta la vida moral del cristiano, que en él encuentra su fundamento y su justificación.
No fue una casualidad que el Beato Juan Pablo II quisiera que el Catecismo de la Iglesia Católica, norma segura para la enseñanza de la fe y fuente certera para una catequesis renovada, se fundara en el Credo. Se quiso confirmar y custodiar este núcleo central de las verdades de la fe, presentándolo en un lenguaje más inteligible a los hombres de nuestro tiempo, a nosotros. Es un deber de la Iglesia transmitir la fe, comunicar el Evangelio, para que las verdades cristianas sean luz en las nuevas transformaciones culturales, y los cristianos sean capaces de dar cuenta de la esperanza que brindan (cfr. 1 Pe 3, 14). Hoy en día vivimos en una sociedad profundamente cambiada, incluso en comparación con el pasado reciente y en constante movimiento. Los procesos de secularización y de una mentalidad nihilista en la que todo es relativo, han marcado fuertemente la mentalidad común. De este modo, la vida es vivida con frecuencia a la ligera, sin ideales claros y esperanzas sólidas, en el marco de lazos sociales y familiares ‘líquidos’ y provisionales. En particular, no se educa a las generaciones más jóvenes a la búsqueda de la verdad y el sentido profundo de la existencia, que supera lo contingente, a la estabilidad de los afectos, a la confianza. Por el contrario, el relativismo lleva a no tener puntos fijos, la sospecha y lo voluble causan rupturas en las relaciones humanas, al tiempo que la vida se vive en experimentos que duran poco, sin asumirse responsabilidad alguna. Si el individualismo y el relativismo parecen dominar el espíritu de tantos contemporáneos, no podemos decir que los creyentes queden totalmente inmunes ante estos peligros, con los que nos enfrentamos en la transmisión de la fe. La encuesta promovida en todos los continentes, para la celebración del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, ha puesto de relieve algunos: una fe vivida de forma pasiva y privada, el rechazo de la educación en la fe, la brecha entre vida y fe.
A menudo, el cristiano ni siquiera conoce el núcleo central de su fe católica, del Credo, y de este modo deja espacio a un cierto sincretismo y relativismo religioso, sin claridad sobre las verdades en las cuales creer y sobre la singularidad salvífica del cristianismo. No está tan lejos hoy el riesgo de construirse, por así decirlo, una religión "hecha por sí mismos". En cambio, debemos volver a Dios, al Dios de Jesucristo, debemos redescubrir el mensaje del Evangelio, hacerlo entrar con mayor profundidad en nuestras conciencias y la vida de cada día.
En las catequesis de este Año de la Fe, quisiera ofrecer una ayuda para cumplir este camino, para retomar y profundizar las verdades centrales de la fe sobre Dios, sobre el hombre, sobre la Iglesia, sobre toda la realidad social y cósmica, meditando y reflexionando sobre las declaraciones del Credo. Y quisiera que fuera claro que estos contenidos o verdades de la fe se enlazan directamente con nuestras vivencias; requieren una conversión de la existencia, que da vida a una nueva forma de creer en Dios (fides qua). Conocer a Dios, encontrarlo, profundizar los rasgos de su rostro pone en juego nuestra vida, porque Él entra en los dinamismos profundos del ser humano.
Que el camino que cumpliremos este año pueda hacernos crecer a todos en la fe y en el amor de Cristo, para que podamos aprender a vivir - en las opciones y acciones diarias – la vida buena y bella del Evangelio. Gracias

(Traducción del italiano: Cecilia de Malak - RV)

Fuente radiovaticana.org

martes, 16 de octubre de 2012

Cifras de la Iglesia: En 2010 hubo 15 millones más de católicos


Cada año la Iglesia católica publica un anuario estadístico sobre la situación de los católicos en el mundo. 
En el año 2010, el número total de católicos ha aumentado en 15 millones de personas, superando los 1.190 millones. Este incremento se ha dado en todos los continentes pero en África es donde más ha crecido con más de 6 millones de nuevos católicos.
En la Iglesia hay 5.104 obispos, 39 más que en 2009. También crece el número de sacerdotes. Durante 2010 hubo 1.643 nuevos sacerdotes. Así la cifra total se sitúa en 412.236. Sin embargo, no aumentan en todos los continentes. Europa tiene 905 sacerdotes menos que el año anterior. 
Aunque desciende la cifra total de religiosos no sacerdotes en 436 y se sitúan en 54.665, aumentan en número en todos los continentes salvo en América. Y además, sube el número de catequistas, superando los 3 millones, una figura que se considera clave para el Año de la Fe. 
En ámbito social, la Iglesia católica atiende más de 5.300 hospitales, 18.000 dispensarios, 17.000 casas de ancianos, 547 leproserías y 15.300 consultorías matrimoniales. 
En el sector educativo, aumenta en más de dos mil el número de escuelas infantiles gestionadas por la Iglesia: de 68.119 a 70.544. Desciende el número de escuelas de primaria en 124, de 
92.847 a 92.723 con 30 millones de alumnos pero aumenta su presencia en la educación secundaria con más de mil nuevos institutos, de 42.495 a 43.591 con 17 millones de estudiantes.

34 aniversario de la elección del Beato Juan Pablo II

Su largo pontificado es también ejemplo de nueva evangelización, dijo Benedicto XVI, invocando su intercesión, inaugurando el Sínodo.
Con su misma voz, recordamos al Beato Juan Pablo II en los primeros momentos de su Pontificado:
«¡Alabado sea Jesucristo!
Queridísimos hermanos y hermanas: 
Todos estamos apenados todavía por la muerte de nuestro amadísimo Papa Juan Pablo I. Y he aquí que los Eminentísimos Cardenales han designado un nuevo Obispo de Roma. Lo han llamado de un país lejano..., lejano pero muy cercano siempre por la comunión en la fe y tradición cristiana.
He sentido miedo al recibir esta designación, pero lo he hecho con espíritu de obediencia a Nuestro Señor Jesucristo y con confianza plena en su Madre María Santísima.
No sé si podré explicarme bien en vuestra... nuestra lengua italiana; si me equivoco, me corregiréis.
Y así me presento a todos vosotros para confesar nuestra fe común, nuestra esperanza y nuestra confianza en la Madre de Cristo y de la Iglesia; y también para comenzar de nuevo el camino de la historia y de la Iglesia, con la ayuda de Dios y con la ayuda de los hombres».
Era el 16 de octubre de 1978... el primer saludo de Juan Pablo II, que el 22 de octubre comenzó solemnemente su ministerio petrino como 263 sucesor del Apóstol Pedro – cuyo pontificado, uno de los más largos de la historia de la Iglesia, duró casi 27 años. Con incansable espíritu misionero, dedicando todas sus energías, movido por la "sollicitudo omnium Ecclesiarum" y por la caridad abierta a toda la humanidad.

Más de 17.600.000 peregrinos participaron en sus 1166 Audiencias Generales. Sin contar las otras audiencias especiales y las ceremonias religiosas - más de 8 millones de peregrinos durante el Gran Jubileo del año 2000 - y los millones de fieles que Juan Pablo II encontró durante las visitas pastorales en Italia y en el resto del mundo. Bajo su guía, la Iglesia se acercó al tercer milenio y celebró el Gran Jubileo del año 2000, según las líneas que indicó en la carta apostólica Tertio millennio adveniente; y se asomó después a la nueva época, recibiendo sus indicaciones en la carta apostólica Novo millennio ineunte, en la que mostraba a los fieles el camino del tiempo futuro. Presidió 15 Asambleas del Sínodo de los obispos... 

Hace tan solo unos días Benedicto XVI, inaugurando el Año de la fe destacó el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre, y en la solemne apertura del Sínodo sobre la Nueva Evangelización, evocó a su amado predecesor, invocando la intercesión de los santos y evangelizadores:

«Queridos hermanos y hermanas, encomendemos a Dios los trabajos de la Asamblea sinodal con el sentimiento vivo de la comunión de los santos, invocando la particular intercesión de los grandes evangelizadores, entre los cuales queremos contar con gran afecto al beato Juan Pablo II, cuyo largo pontificado ha sido también ejemplo de nueva evangelización».

lunes, 15 de octubre de 2012

¿Por qué un Año de la Fe?

Cada persona está invitada a recorrer el camino de la fe, desde su propia libertad, poniendo todo el empeño de su inteligencia y de su voluntad para acoger ese don divino en su vida.

Se trata de vivir la fe en Dios Uno y Trino, que la Iglesia ha conservado, custodiado y transmitido a lo largo de dos mil años. Profesamos el “Credo”, herencia que nos han dejado los mismos Apóstoles; celebramos los sacramentos tal como lo hacían los primeros cristianos; como ellos, vivimos según la ley de Cristo y buscamos construir una sociedad enraizada en los valores del Evangelio; oramos como Cristo nos enseñó y esperamos la realización de sus promesas. Nuestra fe católica, al mismo tiempo que es un acto personal (“creo”) se profesa siempre en comunión con la Iglesia (“creemos”) de todos los tiempos y lugares.

Cuando San Pablo empezó a viajar anunciando el Evangelio de Jesucristo se alegró de que, en un momento, “la puerta de la fe” se hubiese abierto también para los griegos[1]. Hoy en día esa “puerta” sigue abierta para todos los que, habiendo recibido el don del Bautismo, emprenden el camino de la fe impulsados por el Espíritu Santo. Inspirado en las metáforas de la “puerta” y del “camino”, el Papa Benedicto XVI ha querido escribir una Carta Apostólica titulada Porta fidei (Puerta de la fe) anunciando la realización de un Año de la fe en la Iglesia. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013.

Redescubriendo el tesoro de la Fe

¿De qué se trata este evento? ¿Por qué lo ha convocado el Santo Padre? El Papa Benedicto XVI ha propuesto el Año de la fe como «una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo»[2]. Hemos de «redescubrir el camino de la fe»[3], es decir: «redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree»[4]. En todas las familias y grupos, parroquias y diócesis, movimientos y comunidades, estamos invitados a interiorizar lo que creemos y adherirnos más de mente y corazón a Aquél en quien creemos, para así vivir según sus enseñanzas.

Nuestra fe ha de llegar a su plenitud en la caridad, que tiene como dimensión ineludible el anuncio evangelizador. El Año de la fe nos debe animar a anunciar el Evangelio con más valentía, a «dar razón de nuestra esperanza»[5], asumiendo más radicalmente nuestro compromiso cristiano.

Un mundo lleno de incredulidad

La iniciativa tomada por el Santo Padre al lanzar el Año de la fe se da en un contexto histórico. En nuestra época los valores del Evangelio son con frecuencia negados por sectores de la sociedad «a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas»[6]. La incredulidad, que consiste en «el menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario de prestarle asentimiento»[7], parece ser una nota característica de muchos ambientes de nuestro mundo.

Sabemos que la incredulidad se manifiesta de diferentes maneras. Enumeremos tan sólo algunas de las corrientes de nuestro tiempo, que expresan de una u otra forma la falta de fe, y que debemos conocer en vistas a nuestra vida cristiana y apostolado.

En algunas personas la incredulidad llega al punto de ser un explícito ateísmo, es decir, «la negación de la existencia de Dios»[8]. Junto a éste está el agnosticismo, por el cual se rechaza «sin excepción toda verdad absoluta»[9]. El agnosticismo ha pasado a ser una de las corrientes dominantes, tanto en su formulación teórica como en su vivencia práctica, funcional. Lleva a vivir, sea por principio sea de manera práctica, como si Dios no existiera, poniéndolo, en un sentido, entre paréntesis. Como resultado toda afirmación radical de una verdad es vista como “fundamentalismo”, y «el relativismo, es decir, dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos»[10].

En muchos lugares, se percibe que la ignorancia acerca de la fe abre paso a un vago misticismo religioso, o a un conjunto de creencias lleno de sincretismo. El secularismo y el materialismo también afectan el pensamiento y la vida de muchas personas, llevando a la indiferencia respecto a las preguntas fundamentales de la existencia en virtud de la sobrevaloración de una vida donde lo que prima es el confort, el consumismo y el bienestar egoísta.

Pero también debemos considerar, como una de las causas de la incredulidad del hombre contemporáneo, «la reacción crítica contra las religiones, y, ciertamente en algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religión cristiana. Por lo cual, en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión»[11].

La respuesta de la Iglesia

Ante ese panorama de incredulidad el Papa Benedicto XVI nos exhorta a «intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo»[12]. Ese esfuerzo se realiza en el marco de dos grandes acontecimientos: la celebración de los 50 años del Concilio Vaticano II y de los 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica.

El Año de la fe comienza en la misma fecha de la inauguración del Concilio Vaticano II[13]. Para la Iglesia el Concilio ha sido un momento de renovación en su identidad y misión. Medio siglo después debemos volver a leer, estudiar, interiorizar y aplicar los textos del Concilio, que como decía el Beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor». El Vaticano II es «la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza»[14].

Uno de los frutos del Concilio Vaticano II fue, precisamente, la redacción de un nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1992. En el Catecismo «se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los Maestros de teología a los Santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe»[15]. En este Año el Catecismo podrá ser un «verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural»[16].

Como hijos de la Iglesia estamos llamados a acoger la invitación del Santo Padre a vivir intensamente este Año de la fe. El estudio, la celebración, la meditación y la vivencia de nuestra fe nos debe llevar a crecer en santidad, para así dar frutos en nuestro servicio y nuestro apostolado.

CITAS PARA LA ORACIÓN

La puerta de la fe se abre para todos: Hech 14, 27

La fe actúa por el amor: Gál 5, 6; Stgo 2, 14-18

La fe se convierte en criterio para nuestra acción: Rom 12, 2;Col 3, 9-10; Ef 4, 20-29; 2Cor 5, 17

María, modelo de fe: Lc 1, 45

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

1. ¿Cuál es la intención del Santo Padre al proclamar el Año de la fe?

2. ¿Cuáles son los desafíos que debemos enfrentar ante el mundo que sufre la falta de fe?

3. ¿Qué fue el Concilio Vaticano II? ¿Qué importancia tiene para la Iglesia hoy?

4. ¿Cómo puedo estudiar el Catecismo de modo que me ayude a crecer en mi comprensión de la fe que profesamos?

TRABAJO DE INTERIORIZACIÓN

1. Nos dice el Papa Benedicto XVI que, «durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, “que inicia y completa nuestra fe”» (Heb 12, 2).

Pregúntate: ¿Tengo la mirada puesta en Jesús? ¿Permito que Él sea el que habite en mi interior por la fe? ¿Conozco a Jesucristo? ¿Conozco a su Iglesia y la fe que ella profesa?

2. Algunos días antes de ser elegido Papa, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger decía en una homilía:

«¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios! ¡cuántas corrientes ideológicas! ¡cuántas modas de pensamiento!... La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos.

Nosotros, en cambio, tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el hombre verdadero. Él es la medida del verdadero humanismo. No es “adulta” una fe que sigue las olas de la moda y la última novedad; adulta y madura es una fe profundamente arraigada en la amistad con Cristo. Esta amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da el criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad. Debemos madurar esta fe adulta; debemos guiar la grey de Cristo a esta fe. Esta fe —sólo la fe— crea unidad y se realiza en la caridad»[17].

¿Te dejas llevar por los “vientos de doctrina” y por las “modas de pensamiento” del mundo? ¿Te conformas con vivir en la “dictadura del relativismo”? ¿Qué tan bien formada es tu fe? ¿Crees que posees ya una fe “adulta”, o de lo contrario, qué te falta para tenerla?

3. Nos enseña el Catecismo que:

«La Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe. En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel, creyendo que “nada es imposible para Dios” (Lc 1,37; cf. Gén 18,14) y dando su asentimiento: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Isabel la saludó: “¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” (Lc 1,45). Por esta fe todas las generaciones la proclamarán bienaventurada (cf. Lc 1,48).

Durante toda su vida, y hasta su última prueba (cf. Lc 2,35), cuando Jesús, su hijo, murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el “cumplimiento” de la palabra de Dios. Por todo ello, la Iglesia venera en María la realización más pura de la fe»[18].

En este Año de la fe, ¿qué medios puedo poner para tener una fe semejante a la de Santa María?

4. Como sugerencia, puedes proponerte aprender o volver a profundizar en los puntos centrales de la fe católica: el Credo, los siete Sacramentos, los Diez Mandamientos y la oración del Padre Nuestro. Para ello, cuentas con el Catecismo de la Iglesia Católica, o al menos estudiar el Catecismo Menor que ha publicado el Arzobispado de Lima. ¿Lo tienes? Si no lo tienes, ¿qué te falta para adquirir uno?


[1] Cf. Hech 14, 27.

[2] S.S. Benedicto XVI, Porta fidei, 6.

[3] S.S. Benedicto XVI, Porta fidei, 1.

[4] S.S. Benedicto XVI, Porta fidei, 9.

[5] 1Pe 3, 15.

[6] S.S. Benedicto XVI, Porta fidei, 2.

[7] Catecismo de la Iglesia Católica, 2089.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, 2125.

[9] Gaudium et spes, 19.

[10] Card. Joseph Ratzinger, Homilía en la Misa Pro eligendo Pontifice, 18 de abril del 2005.

[11] Gaudium et spes, 19.

[12] S.S. Benedicto XVI, Porta fidei, 8.

[13] El Concilio fue inaugurado el día 11 de octubre de 1962 por el Beato Juan XXIII.

[14] S.S. Juan Pablo II, Novo millenio ineunte, 57.

[15] S.S. Benedicto XVI, Porta fidei, 11.

[16] S.S. Benedicto XVI, Porta fidei, 12.

[17] Card. Joseph Ratzinger, Homilía en la Misa Pro eligendo Pontifice, 18 de abril del 2005.

[18] Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 148-149.
Fuente: arzobispadodelima.org

Carta Pastoral del Cardenal Cipriani sobre el Año de la Fe

Carta Pastoral del Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, sobre el Año de la Fe, con reflexiones concretas sobre el desafío que significa este año convocado por el Santo Padre, Benedicto XVI.
Fuente: http://www.arzobispadodelima.org/annusfidei/

Periodista católica “deja” lucha pro-vida para ser religiosa de clausura

Kathleen Gilbert. Foto: John-Henry Westen
Tras algunos años como periodista en temas pro-vida, la joven católica Kathleen Gilbert descubrió el llamado de Dios para ser una religiosa contemplativa y que el Señor se valió de su labor para disponerla a responder con un “sí” generoso a su llamado. Esta es su historia.

El 14 de octubre, la que fuera hasta ahora editorial del sitio pro-vidaLifeSiteNews en Estados Unidos, comenzó su primer año como postulante de las carmelitas descalzas en Buffalo, estado de Nueva York.

En entrevista concedida a ACI Prensa, Gilbert comentó que aunque fue criada en un “ambiente católico” en el que la vida religiosa siempre fue vista como “algo muy bueno”, nunca se sintió “presionada” en alguna dirección en particular y fue “totalmente libre para ser lo que quisiera ser”.

Hace algunos años, recordó, quiso ser una apologeta para defender la fe católica, especialmente porque con frecuencia tuvo que explicarle el catolicismo a su padre que es presbiteriano.

Con oraciones y una intense formación de fe en la familia, Gilbert comentó que “llegué a la adultez sabiendo que el camino que escogería sería mi respuesta creativa a Dios, no sólo una autodeterminación sin sentido”.

La joven también quiso estudiar demonología, pero eventualmente se convirtió en periodista, dejando sus estudios de posgrado en teología para escribir a tiempo completo para LifeSiteNews.com, un sitio web que defiende la vida y la familia.

En su opinión, ese cambio de rumbo sólo fue posible debido a la naturaleza espiritual de su trabajo, que era “suficiente para satisfacer mi deseo de hacer el bien y de, especialmente, luchar contra el mal”.

“Era un sitio para trabajar totalmente espiritual. Nuestro pan cotidiano es laoración. Poder avanzar con un solo espíritu hacia Dios en el trabajo cotidiano es realmente un privilegio”.

La escritora pro-vida dijo a ACI Prensa que “nunca he sentido una razón para el miedo o la desesperanza. Cualquier oscuridad que encontrábamos se convertía en una razón más para remangarnos y trabajar para dar luz sobre eso”.

En diciembre de 2011, luego de trabajar como periodista durante tres años, Gilbert comenzó un serio proceso de discernimiento considerando la vida religiosa. La joven cuenta que siempre se sintió un poco “desapegada del mundo” y que ese sentimiento dio paso luego a “una pequeña voz” que la llevó a visitar un monasterio carmelita.

“Dado que nunca imagine este futuro antes, lo rápido de esto me ayudó a darme cuenta de que no era sólo mi idea” y por eso pensó en unirse a las carmelitas, a quienes con cariño llama las “marines (fuerza élite de EEUU) de la Iglesia”.

Ella se sintió atraída a quienes viven con “énfasis” una “total unión con Dios en la oración contemplativa”. De esta forma, las carmelitas “dedicamos toda nuestra vida a ser el punto de contacto entre el Cielo y la Tierra, pidiendo gracias para los sacerdotes, los misioneros y las familias en el mundo”.

Aunque ahora ya no escribirá más, al menos no en el trabajo que tenía, Kathleen afirma que el mundo de las noticias pro-vida fue una “excelente forma de saber por qué cosas rezar” ahora en el convento.

Si bien ya no será parte de LifeSiteNews, la joven espera que pueda ayudar como su “religiosa” que trabajará “a tiempo completo en los escalones más altos del poder”.

Gilbert también espera que su trabajo como periodista haya “salvado por lo menos la vida de un no nacido o que haya suavizado el corazón de la dignidad de la persona humana, o le haya dado un poco es esperanza en el camino hacia la verdadera libertad”.

Fuente: aciprensa.com

domingo, 14 de octubre de 2012

“Que en el Año de la Fe se vea en nuestras obras que somos hijos de Dios”

“El gran anuncio del Año de la Fe es que Cristo ha venido a salvarnos del pecado, a través de su Iglesia, en ese camino de los mandamientos y sacramentos, nos espera en la oración. Que cada uno experimente esa conmoción personal, cara a cara con Jesús”, señaló el Cardenal Juan Luis Cipriani en la solemne Misa que presidió en el marco del inicio del Año de la Fe en la Arquidiócesis de Lima, el domingo 14 de octubre.
“Hoy la Arquidiócesis de Lima se une al Santo Padre Benedicto XVI que ha convocado este Año de la Fe y que se inició en Roma el 11 de octubre”, recordó durante la homilía.

Coherencia de vida cristiana

El Arzobispo de Lima animó a los numerosos fieles congregados en la Iglesia Primada a estrenar, en este Año de la Fe, un estilo de vida cristiana ejemplar.

“Tenemos una gran tarea para este año: si somos de verdad hijos de Dios que se vea en nuestra conducta en nuestra familia y trabajo. Que puedan decir: “Mira cómo se comportan y cómo se quieren los católicos”, y así ese estilo de vida cristiana será una luz reflejará la vida de Cristo. Si las enseñanzas de Dios no se plasman dentro de mi alma y en mis obras, la fe se muere y rápidamente empiezan una serie de conductas ajenas y aberrantes, que es lo que tantas veces estamos viendo en el mundo actual”, refirió.

“Si pensamos que la fe solo es una cuestión sentimental o intelectual nos equivocamos. Cuando la fe se encuentra débil, empieza a escoger algunas cosas que le gusta y a rechazar las que no le gustan y eso no es la fe, es una fe muerta. Y cuando la fe muere viene el desenfreno de la libertad, un relativismo moral que es muy grande”, prosiguió.

Educación en la fe: estudio del Catecismo

El Cardenal Cipriani también animó a los fieles a profundizar en las enseñanzas de la Iglesia a través del estudio del Catecismo de la Iglesia Católica. Como se recuerda, en la Arquidiócesis de Lima se ha elaborado, con motivo del Año de la Fe, la Novena Edición del Catecismo Menor y se ofrece a S/. 1.00 (un nuevo sol).

“Este año haremos el esfuerzo de conocer mejor el Catecismo de la Iglesia, aquí, en Lima lo estamos vendiendo a un sol, para que todos puedan conocer, estudiar, promover e invitar a muchos en sus casas y lugares de trabajo”, señaló.

“¿Cómo se puede ser católico e ir contra los mandamientos de la fe, cómo ser católico y no recibir los sacramentos o criticar al Santo Padre? Despertemos, nuestra madre Iglesia es una maravilla, está compuesta por pecadores, pero tratemos de convertirnos para que también la Iglesia brille con el testimonio de tu vida y de la mía”, exhortó.

De esta manera invitó a todos los fieles congregados a estudiar el Catecismo de la Iglesia, a visitar frecuentemente las capillas del Santísimo Sacramento, y a recibir los sacramentos.

“Que el amor a la Iglesia no sea un amor simplemente teórico. Amor con obras, Iglesias limpias, celebraciones litúrgicas festivas, hogares luminosos donde presida la Virgen María, escuelas y colegios donde alumbre la fe, calles y plazas donde los católicos anunciemos y enseñemos nuestra fe”, animó el Arzobispo de Lima.

Finalmente invitó de manera especial a todos los sacerdotes, religiosos, fieles de parroquias, movimientos, colegios y universidades a estudiar la fe.

Concelebraron con el Cardenal Cipriani, el Nuncio Apostólico en el Perú, Monseñor James Patrick Green; los tres Obispos Auxiliares, Monseñor Adriano Tomasi O.F.M., Monseñor Raúl Chau y Monseñor Guillermo Abanto; el Obispo del Callao, Monseñor José Luis del Palacio; el Obispo Emérito del Callao, Monseñor Miguel Irizar; y el Obispo Emérito de Ica, Monseñor Guido; así como numerosos sacerdotes de la Arquidiócesis de Lima.

Participaron en la Santa Misa miles de fieles de parroquias y movimientos eclesiales de Lima.

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Musulmanes saquean e incendian casa de joven cristiano acusado de blasfemia en Pakistán

Una turba de extremistas musulmanes saqueó e incendió la casa de un joven al que acusan de haber enviado un mensaje de texto blasfemo contra el Islam en el distrito de Gulshan-i-Iqbal, zona burguesa de Karachi, metrópolis del Sur de Pakistán.

Según informó a la agencia vaticana Fides la ONG local World Vision in Progress, el muchacho de 15 años, Ryan Brian Patus, y su familia fueron rescatados por la organización. Pudieron escapar de la turba dado que en el momento del ataque, el joven estaba en el hospital para atender a su padre, gravemente enfermo, y su familia, por temor a represalias había preferido dejar la casa.

La policía que ha intervenido ha dicho que el muchacho está acusado de enviar un mensaje de texto blasfemo que ha circulado entre los vecinos del barrio, provocando esta reacción. Ryan afirma que ha recibido y transmitido el mensaje a sus amigos sin leerlo cuidadosamente.

Lo acusan oficialmente dos personas y el Imam Qari Ghulam Qadir, de la mezquita Jamia, que ha presentado una denuncia formal por infracción del artículo 295c del Código Penal que se refiere a los insultos al Profeta Mahoma.

El obispo anglicano de Karachi, Ijaz Inayat, de la "Church of Pakistan", dice que está "horrorizado por la historia y profundamente preocupado por la seguridad de la familia".

En un mensaje enviado a la Agencia Fides, desde la ONG pakistaní Human Rights Commission of Pakistan, se informa que en el 2012 en Pakistán se han registrado 22 casos oficiales de blasfemia, todos polémicos, entre ellos el de Rimsha Masih, la niña cristiana acusado falsamente por el Imam Khalid Jadoon Chisti.

Ayer al líder religioso Chisti, acusado de quemar páginas del Corán para encarcelar a Rimsha, se le ha concedido la libertad bajo fianza de 200 mil rupias (unos 2000 dólares) por un tribunal de primera instancia en Islamabad.

Según su abogado, ya que todos los testigos que declararon en su contra se han retractado, el Iman debe ser absuelto por falta de pruebas.

Los abogados de Rimsha Masih, actualmente en libertad bajo fianza, señalan que las declaraciones de los testigos fueron formalizadas por el tribunal con arreglo al art. 164 del Código Penal (que incluye tres confirmaciones) y son consideradas indiscutibles: en este caso la retracción es inaceptable.

La audiencia para el caso de Rimsha y la posible absolución completa se espera para el 17 de octubre.

Fuente: aciprensa.com

Angelus del Papa: Que los ricos se abran a la generosidad (14.10.12)

Saludos del Papa en nuestro idioma. (Audio)

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de este domingo (Mc 10,17-30) lleva como tema principal el de la riqueza. Jesús enseña que para un rico es muy difícil entrar en el Reino de Dios, pero no es imposible; en efecto, Dios puede conquistar el corazón de una persona que posee muchos bienes e impulsarla a la solidaridad y a compartir con quien tiene necesidad, con los pobres, es decir, a entrar en la lógica del don. En este modo se coloca sobre el camino de Jesucristo, el cual –como escribe el apóstol Pablo- «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2 Cor 8,9). 

Como muchas veces sucede en los Evangelios, todo inicia de un encuentro: el de Jesús con un hombre que «poseía muchos bienes» (Mc 10,22). Él era una persona que desde su juventud observaba con fidelidad todos los mandamientos de la Ley de Dios, pero que no había encontrado la verdadera felicidad; y por esto le pregunta a Jesús sobre cómo hacer para «para heredar la Vida eterna» (v. 17). Por una parte él se siente atraído, como todos, por la plenitud de la vida; por la otra, estando acostumbrado a contar sobre sus propias riquezas, piensa que también la vida eterna se pueda de alguna manera «adquirir», tal vez observando algún mandamiento especial. Jesús comprende el deseo profundo que hay en aquella persona, y –señala el evangelista- posa su mirada llena de amor sobre de él: la mirada de Dios (cfr v. 21). Pero Jesús, también comprende cual es el punto débil de aquel hombre: y es el de su apego a sus muchos bienes; y por ello le propone de darlo todo a los pobres, de modo que así, su tesoro –y por lo tanto su corazón- ya no esté más sobre la tierra, sino en el cielo, y añade, «ven y sígueme» (v. 22). Aquel tal, sin embargo, en vez de acoger con gozo la invitación de Jesús, se fue apenado (cfr v.23), porque no es capaz de despegarse de sus riquezas, que nunca podrán darle la felicidad y la vida eterna.

Es a este punto que Jesús da a sus discípulos –y también a nosotros hoy- su enseñanza: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!» (v. 23). Ante estas palabras, los discípulos permanecieron desconcertados; y todavía más aún después de que Jesús hubo añadido: «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios». Pero, viéndolos atónitos les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible» (cfr vv. 24-27). Así comenta San Clemente de Alejandría: «Que esta parábola enseñe a los ricos que no deben descuidar su salvación como si ya fuesen sido condenados, ni deben arrojar al mar la riqueza ni condenarla como insidiosa y hostil a la vida, sino que deben aprender en algún modo a usar la riqueza y procurarse la vida» (¿Quién será el rico que se salvará? Tratado, 27, 1-2). La historia de la Iglesia está llena de ejemplos de personas ricas, que han usado los propios bienes en modo evangélico, alcanzando también ellos la santidad. Pensemos en san Francisco, en santa Isabel de Hungría o san Carlos Borromeo. Que la Virgen María, Sede de la Sabiduría, nos ayude para acoger con gozo la invitación de Jesús, para entrar en la plenitud de la vida. 
Traducción de Patricia L. Jáuregui Romero

SALUDOS DEL PAPA EN DISTINTAS LENGUAS TRAS EL REZO DEL ÁNGELUS

Como cada domingo después del rezo mariano, el Santo Padre ha saludado a los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de san Pedro en distintas lenguas.

Hablando a los peregrinos de lengua francesa en el comienzo del Año de la Fe, Benedicto XVI ha dicho que el Evangelio de hoy nos invita a abandonarlo todo para seguir a Jesús. “No tengan miedo de vivir y proclamar nuestra fe en Dios”. Hoy en día, vivir para Dios nos obliga a tomar decisiones para poder seguir adelante. A veces son difíciles. Pero sabemos que Dios está con nosotros y nos ayuda a hacer el bien, porque su gracia siempre nos precede. En este mes del Rosario, dirijamos nuestra mirada a la Virgen María. Ella fue capaz de aceptar y vivir la Palabra de Dios. ¡Confiemos a Él también nuestras familias y todos los participantes reunidos aquí en el Sínodo que reflexionan y debaten sobre la Nueva Evangelización! 

Saludando a todos los fieles de habla inglesa presentes en la plaza, el Papa ha indicado que durante este Año de la fe podemos, al igual que el hombre rico del evangelio de hoy, tener el coraje de preguntarle al Señor qué más podemos hacer, sobre todo por los pobres, los que están solos, los enfermos y los que sufren, para ser testigos y herederos de la vida eterna que Dios nos promete.

Luego, el Santo Padre dirigiéndose a sus compatriotas y fieles de lengua alemana, ha vuelto a insistir en el evangelio de hoy, en el que Jesús responde a un hombre que le pregunta sobre la forma segura de conseguir la vida eterna. El Señor le aconseja dejar todo su dinero a los pobres. Dios quiere transformar nuestros corazones para que seamos capaces de expresar nuestro amor al mundo y cumplir su voluntad. Dios nos conduce al verdadero tesoro, en comunión con él, que es inagotable.

“Saludo cordialmente a los polacos -ha dicho finalmente Benedicto XVI. Hoy, en Polonia, y también en las parroquias polacas en el mundo, que se celebra el "Día del Papa" con el lema: "Juan Pablo II - El Papa de la familia". Gracias por este signo de unidad con la Santa Sede, por vuestras oraciones y por el apoyo a los jóvenes becarios de la Fundación "Obra del Nuevo Milenio", que preparan esta jornada. Deseo que en cada una de las familias polacas brille el fuego vivo de la fe, la bondad y el amor evangélico. Os bendigo de corazón. (ER –RV)

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