Bienvenido a mi Blog

.

sábado, 2 de febrero de 2013

El problema de las sectas

La tolerancia religiosa constituye un importante avance social en casi todos los países occidentales, donde en los últimos siglos la religión dominante ha solido respetar –salvo algunas excepciones– a quienes profesaban otras creencias minoritarias (algo que, como hemos recordado, no puede decirse que suceda de modo habitual en el resto del mundo).

Junto a eso, en los últimos años hay en esos países una seria preocupación –que comparto– por la aparición de lo que se ha llamado el fenómeno de las sectas. Se trata de un renacer de sentimientos religiosos bastante complejo, que debe analizarse con calma para no caer en actitudes persecutorias sistemáticas, que serían muy poco congruentes con la necesaria libertad religiosa.

Es preciso delimitar con claridad el problema. Para los romanos, secta era un bando, una escuela, un grupo de personas que seguían a un líder. Más adelante, se denominaron sectas a las doctrinas religiosas que se separaban de un tronco principal. Hoy, cuando se habla del problema de las sectas, solemos pensar en doctrinas que se propagan recurriendo a la violencia o al engaño, o ejerciendo una influencia ilegítima sobre las personas.

Como es lógico, hay que perseguir a quienes se apartan de la legalidad. Y si una secta utiliza medios ilegales, o comete cualquier irregularidad que deba castigarse, tendrán que intervenir los tribunales y hacer que se aplique la ley.

Pero no se les castigará por sus creencias, sino por violar la legalidad penal, civil, laboral, fiscal o administrativa vigente (secuestro de personas, violencia física o psíquica, proxenetismo, prostitución, inducción al suicidio, ejercicio ilícito de la medicina, evasión de impuestos, etc.). Y se castigaría igual a cualquiera que obrara así, fuera una secta, un grupo de amigos, un partido político o un club de cazadores.

Sin embargo, sería una clara manifestación de intolerancia perseguirlas simplemente porque adoptan o propagan estilos de vida que, siendo lícitos, son contrarios a la mentalidad dominante. Eso es lo que han hecho algunos movimientos antisectas, que califican como sectaria cualquier forma de experiencia religiosa que, desde su particular punto de vista, consideran más intensa de lo que su laicismo esté dispuesto a consentir.

Más preocupante aún es que algunos de esos movimientos antisectas parecen considerar lícito cualquier medio para conseguir los fines que se proponen. Es cierto que hay aspectos muy discutibles en muchas sectas, y que sus actuaciones son a veces claramente inmorales, y en algunos casos, incluso delictivas. Y efectivamente es preciso hacer una crítica enérgica, y pedir que se castigue con rigor cualquier conducta ilícita. Pero nunca puede ser correcto emplear para ello la violencia o el engaño, como de hecho hacen con frecuencia algunos de esos movimientos antisectas, cayendo en los mismos desafueros que ellos denuncian en las sectas.
Por: Alfonso Aguiló

viernes, 1 de febrero de 2013

TEXTO COMPLETO: Mensaje del Papa para la Cuaresma 2013

Creer en la caridad suscita caridad
«Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16)


Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.

1. La fe como respuesta al amor de Dios

En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1). La fe constituye la adhesión personal ―que incluye todas nuestras facultades― a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.

«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).

2. La caridad como vida en la fe

Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido. Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).

Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad. Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).

La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).

3. El lazo indisoluble entre fe y caridad

A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica». Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.

La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42). La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana. Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Caritas in veritate, 8).

En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto ―indispensable― con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.

A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de san Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10). Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad. Éstas no son principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente. La cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.

4. Prioridad de la fe, primado de la caridad

Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir: «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).

La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud. Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).

La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano. Análogamente, la fe precede a la

caridad, pero se revela genuina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co13,13).

Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.

Vaticano, 15 de octubre de 2012

BENEDICTUS PP. XVI

Bolivia: Inauguran imagen de la Virgen María más grande del mundo

Esta mañana se inauguró en Oruro (Bolivia), la imagen más grande del mundo dedicada a la Virgen María, concretamente la advocación de la Virgen de la Candelaria que localmente se conocen como Virgen del Socavón, y que tiene una altura de 45,5 metros; 7 metros más que el Cristo del Corcovado en Brasil.

"Este monumento de fe tiene una estructura antisísmica cuya solidez se sustenta en la fe inquebrantable y la fuerza de los orureños", dijo la alcaldesa de la ciudad, Rossío Pimentel, al entregar la obra en un acto al que asistió el Presidente de Bolivia, Evo Morales.

Miles de católicos acudieron a la inauguración de la imagen, que está colocado sobre uno de los cerros de Oruro que está a 3 740 metros sobre el nivel del mar y a unos 230 kilómetros al sur de La Paz.

"Más que una obra de ingeniería y arte, este monumento es un acto de fe, que refuerza nuestras tradiciones", dijo a la prensa Rolando Rocha, coordinador del grupo de escultores que ejecutó el proyecto cuyo costo ha sido de 1,2 millones de dólares.

La Virgen del Socavón de Oruro, es patrona de los mineros y Reina del Folklore de Bolivia, cuya imagen está en el Santuario Diocesano de Nuestra Señora del Socavón.

Con la inauguración de la gigantesca imagen se ha iniciado el carnaval de Oruro, declarado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. Es el único que tiene como motivo ewl baile en honor a la Virgen María.

La imagen pesa en total 1500 toneladas, está hecha de ferrocemento, hormigón y fibra de vidria.

Durante esta tarde, como todos los años, el pueblo de Oruro participa en la procesión de los Cirios hacia el Santuario del Socavón, por las calles de la ciudad.

Mons. Cristóbal Bialasik, Obispo de Oruro, envió una carta a los vecinos de las calles por donde recorrerá la peregrinación, invitándolos a preparar altares, escuchar la emisora diocesana y adornar sus fachadas con la Virgen del Socavón.

Mañana sábado 2 de febrero, día de la Virgen de la Candelaria, se realizará el Festival de Bandas; en el que se dedicará un qochu (plegaria) a la Madre de Dios saludando su entrada en una de las réplicas que visitaron las parroquias.

A las 6:00 p.m. Mons. Bialasik presidirá una Eucaristía junto a las comunidades religiosas y clero local, al conmemorarse la Jornada Mundial de la Vida Consagrada.

El domingo 3 de febrero, a las 6:30 a.m., el Obispo y sus sacerdotes, con los religiosos y laicos acompañarán a los directivos de la Asociación de Conjuntos del Folklore de Oruro (ACFO) y autoridades en el inicio del llamado "Último Convite".

Los bailarines que componen los 48 conjuntos afiliados a la ACFO harán el último recorrido a través de la tradicional ruta rumbo al Santuario para pedir permiso a la Virgen y prometer bailar para ella durante tres años.

jueves, 31 de enero de 2013

PERÚ VIVE TU FE: Comunicado de los Obispos del Perú con motivo del Año de la Fe

Los Obispos del Perú, reunidos en Asamblea a todos nuestros hermanos en la fe les deseamos salud y paz en Jesucristo

1. Estamos en el Año de la Fe, convocado por el Papa Benedicto XVI e iniciado ya en cada una de nuestras diócesis, prelaturas y vicariatos. Como continuadores del grupo de los apóstoles de Jesucristo, puestos por Él para hacerse presente al mundo y para reunir y guiar a su Iglesia, queremos expresarles, junto con el gozo compartido de ser sus discípulos, algunas reflexiones que puedan ayudarnos a “redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe” (Porta fidei7).

2. Nos llena de júbilo compartir con ustedes la misma fe en Jesús de Nazaret, Hijo de Dios y de María, pues en Él encontramos lo que, como personas humanas, todos buscamos: la verdad, el amor, la felicidad de una vida completa y sin fin. Lo diremos con palabras de la asamblea episcopal de 2007 en Aparecida: “Ante los desafíos que nos plantea esta nueva época en la que estamos inmersos, renovamos nuestra fe, proclamando con alegría a todos los hombres y mujeres de nuestro continente: Somos amados y redimidos en Jesús, Hijo de Dios, el Resucitado vivo en medio de nosotros; por Él podemos ser libres del pecado, de toda esclavitud y vivir en justicia y fraternidad. ¡Jesús es el camino que nos permite descubrir la verdad y lograr la plena realización de nuestra vida!” (Mensaje final, 1).

3. Efectivamente, proclamar nuestra fe en Jesucristo hoy es algo tan urgente como necesario, a la vista de los grandes desafíos que afrontamos en esta época, y porque estamos inmersos en una crisis de fe que no sólo dificulta la solución de los problemas humanos sino que los agrava. Esto es así porque, como bien sabemos los cristianos y nos lo confirma el Concilio Vaticano II, “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Pues Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo, el Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre el misterio de su vocación”(Gaudium et Spes22).

4. Pero esto no resulta tan claro para muchos de nuestros contemporáneos. Hay quienes no sólo lo desconocen o lo ponen en duda sino que lo rechazan. Con la creciente globalización de toda suerte de ideas, experiencias y comportamientos, también va haciéndose lamentablemente común y “normal” el prescindir de Dios y de su manifestación en Jesucristo para definir la vida personal y la organización de la sociedad. Nosotros mismos, discípulos del Señor, aunque –como Él nos dice– no seamos del mundo, por el hecho de estar en el mundo también podemos quedar afectados por el ambiente de increencia que nos envuelve. En consecuencia, recibamos la propuesta de este Año de la fe como “una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo; un tiempo de gracia espiritual que el Señor nos ofrece para rememorar el don precioso de la fe, que es decidirse a estar con el Señor para vivir con Él” (Porta fidei6,8.10), puesto que Él y sólo Él es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn14,6).

5. Esforcémonos, pues, durante este año, en redescubrir el don precioso de la fe, regalo que Dios nos da porque nos ama y quiere hacernos partícipes de su misma vida, pues nos ha creado a imagen y semejanza de su Hijo, Jesucristo, el cual, tomando nuestra maltrecha condición de pecadores, se ha entregado a nosotros, convirtiéndose así, para quien lo acepta, en su Redentor, en Recreador de su autenticidad humana. Sin este don, el hombre es como un ciego que no puede ver, como un hambriento que se debilita, como un paralítico que no se puede mover.

6. Sin la fe se está solo, sin Dios. Y sin Dios, el hombre pierde la verdad sobre sí mismo, sobre su real dignidad, vocación y misión. En consecuencia, el mundo no será la casa de la familia, sino una materia que usar sin sentido y sin control. Los otros ya no serán vistos como hermanos con quienes compartir vida y bienes; de modo que, en el mejor de los casos, podemos encontrarnos con actitudes de indiferencia –“¡es su problema!”–, y en los peores, con tantos otros males como, de hecho, nos afligen: celos, envidias, competencia desleal, calumnias, corrupción, injusticias, abuso de poder, violencia contra pobres e ignorantes, robos, secuestros, abortos provocados, homicidios y un largo etcétera de calamidades familiares y ciudadanas, nacionales e internacionales. Para colmo, hay quienes, sin conocerse ni valorarse a sí mismos, se desesperan hasta llegar al suicidio. ¡Pobre del individuo y de la sociedad que prescinden de Dios, pues están demoliendo sus cimientos y, sin cimientos, una casa se hunde!

7. En cambio, la presencia y la acción de Jesucristo, Dios-con-nosotros, que vive resucitado, animando, como cabeza, el cuerpo de su Iglesia que formamos sus discípulos, siempre hace posible, hoy igual que ayer, lo que parece imposible: ciegos que ven, sordos que oyen, muertos que resucitan y personas que dan a los demás, incluso a los enemigos, cuanto tienen: conocimientos, bienes materiales, cuidados sanitarios, amistad desinteresada y, llegado el caso, la propia vida para salvar la de otro. Una sociedad que legisle, gobierne, juzgue, eduque y actúe de acuerdo a la voluntad del Creador sobre la creatura –el mundo y la humanidad– a la que Él da vida, es una sociedad con cimientos indestructibles: progresarán en ella todos sus miembros, y multiplicarán sus posibilidades por la fuerza de la solidaridad en la que se reconocen y con la que interactúan, fruto y reflejo del Creador y Dador de la vida, que es comunidad de Tres en la unidad de su recíproco amor.

8. Con personas así, el mundo tiene futuro. Un futuro que no es capaz de impedir ni siquiera la muerte. El temor a perder lo que se tenga a la mano más acá de la muerte, como si todo fuera eso y no existiera nada más, es lo que ocasiona tanta violencia y sufrimiento. Quien sabe que Jesucristo ha resucitado sólo teme perderle, seguro de que, teniéndole a Él, nada le faltará, porque todo ha sido creado por Él y para Él; y Él se lo entrega a quien, aceptándole, ya en adelante vive pensando como Él, sintiendo como Él, hablando y actuando como Él. Ésta es la vida que brota de la fe: una vida cristiana, una vida unida a la de Cristo, como la suya: vida auténticamente humana, divina.

9. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si, al fin, se pierde a sí mismo? Este aviso de Jesús ha de animarnos a mantener nuestra fe en Él y a crecer como discípulos y misioneros suyos, pues la Buena Noticia de la Vida que recibimos de Dios Él la quiere para todos, y cuenta con nuestra colaboración para difundirla. La fe se agranda cuando se comparte. A todos –laicos, religiosos y ministros ordenados–nos llama el Señor a trabajar en su viña para que nadie pase hambre ni sed, para que nadie se pierda lejos de su Casa, sin Él. Por lo mismo, junto con el Papa,“deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza. Al mismo tiempo, esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe hacer propio, sobre todo en este Año” (Porta fidei9).

10. “El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida” (Porta fidei14). Es Él quien nos lo dice: “Lo que hicieron con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25,40).

11. Dios se ha dado a conocer en su Hijo hecho hombre, Jesucristo; y hoy se hace presente al mundo en la humanidad visible de la Iglesia que formamos nosotros, sus discípulos. Para que así sea, para que no seamos estorbo que impida encontrarle a quienes le andan buscando, oremos unos por otros y vivamos como Iglesia profundizando en el conocimiento de nuestra fe, bebiendo en la fuente de los sacramentos, ayudándonos a permanecer unidos en Jesucristo. De tal forma que sea Él a quien encuentren en nosotros cuantos se nos acerquen, así como muchos lo encontraron en nuestros queridos santos peruanos, para gloria de Dios y alegría de la humanidad.

12. Nos despedimos recordando una de sus preciosas palabras, válidas y eficaces permanentemente: “Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho esto para que gracias a mí tengan paz. En el mundo tendrán que sufrir; pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo. Volveré a verles y se alegrará su corazón, y su alegría nadie se la podrá quitar” (Jn16, 32-33;16,22).

Fraternalmente, en Jesucristo y María, la bienaventurada por haber creído, y, por ello, madre suya y nuestra, a quien pedimos interceda por nosotros para que creyendo, amemos, y, amando, gocemos de la vida y la felicidad que nunca se acaban.


Los Obispos del Perú.

Lima, enero de 2013

Calendario de las próximas Celebraciones litúrgicas del Papa


(Mons. Guido Marini, Maestro de las Celebraciones litúrgicas pontificias, hizo público el calendario de las próximas celebraciones que Benedicto XVI presidirá durante los meses de febrero y marzo. 

El próximo sábado, 2 de febrero, a las 17,30 en la Basílica Vaticana, Su Santidad presidirá la Santa Misa con los miembros de los Institutos de Vida Consagradas y las Sociedades de Vida Apostólica en la fiesta de la Presentación del Señor y XVII Jornada Mundial de la Vida Consagrada. 

El lunes 11 de febrero, en la Sala del Consistorio, tendrá lugar a las 11,00 de la mañana un Consistorio Ordinario Público para la presentación de algunas Causas de Canonización. 

El miércoles 13 de febrero, a las 16,30 de la tarde, en la Basílica romana de San Anselmo, tendrá lugar la “Statio” con procesión penitencial, y a las 17,00 en la Basílica de Santa Sabina, el Papa celebrará la Santa Misa con la bendición e imposición de las cenizas.

El 17 de febrero, Primer Domingo de Cuaresma, comenzarán, a las 18,00 los ejercicios espirituales de la Curia Romana en la Capilla Redemptoris Mater del Vaticano; que concluirán el sábado 23 de febrero en la misma capilla a las 9 de la mañana.

El 24 de marzo, Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor, en la Plaza de San Pedro, a las 9,30 de la mañana, tendrá lugar la bendición y procesión de las palmas a lo que seguirá la celebración de la Santa Misa presidida por Benedicto XVI.

El 28 de marzo, Jueves Santo, el Papa celebrará a las 9,30 de la mañana en la Basílica Vaticana, la Santa Misa del Crisma.

Ese mismo día por la tarde, el Santo Padre dará inicio al Triduo Pascual en la Basílica romana de San Juan de Letrán, a las 17,30 de la tarde, con la Celebración de la Santa Misa de la Cena del Señor.

El 29 de marzo, Viernes Santo, el Obispo de Roma celebrará el Vía Crucis, a las 21,15 de la noche, en el Coliseo.

El 30 de marzo, Sábato Santo, Su Santidad celebrará la Vigilia Pascual en la Noche Santa, a las 20,30 en la Basílica de San Pedro.

Y el 31 de marzo, Domingo de Pascua, el Santo Padre presidirá la Santa Misa en la Plaza de San Pedro a las 10,15 de la mañana, mientras a mediodía, desde la logia central dirigirá su Bendición “Urbi et Orbi”.

Texto completo de la Catequesis del Papa: "Confiar en el perdón de Dios cuando nos equivocamos" (31.01.13)

Queridos hermanos y hermanas:

en la catequesis del miércoles pasado, hemos reflexionado sobre las palabras del Credo: "Creo en Dios". Pero la profesión de fe especifica esta afirmación: Dios es el Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Me gustaría reflexionar con ustedes ahora sobre la primera y fundamental definición de Dios, que el Credo nos presenta: Él es Padre.
No siempre es fácil hoy en día hablar de paternidad. Sobre todo en el mundo occidental. Las familias disgregadas, los compromisos de trabajo cada vez más apretados, las preocupaciones y, a menudo, la fatiga de equilibrar el presupuesto familiar, así como la invasiva distracción de los medios de comunicación en la vida diaria son algunos de los muchos factores que pueden impedir una relación serena y constructiva entre padres e hijos. 
A veces, la comunicación se hace difícil, se pierde la confianza y la relación con la figura del padre puede llegar a ser problemática. Por lo que, no teniendo modelos adecuados como referencia, se vuelve problemático incluso imaginar a Dios como padre. Para aquellos que han tenido la experiencia de un padre demasiado autoritario e inflexible, o indiferente y poco afectuoso, o incluso ausente, no es fácil pensar con serenidad en Dios como Padre y abandonarse a Él con confianza.
Pero la revelación bíblica ayuda a superar estas dificultades hablándonos de un Dios que nos muestra qué significa ser verdaderamente "padre", y es sobre todo el Evangelio el que nos revela este rostro de Dios como Padre, que ama hasta el don de su propio Hijo para la salvación de la humanidad. 
La referencia a la figura paterna ayuda por lo tanto a comprender algo del amor de Dios, que sin embargo es infinitamente más grande, fiel y total que el de cualquier hombre. "¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! "(Mt 7,9 - 11; cfr Lc 11,11 a 13). Dios es nuestro Padre porque Él nos ha bendecido y elegido antes de la creación del mundo (cfr. Ef 1,3-6), nos hizo realmente sus hijos en Jesús (cfr. 1 Jn 3,1). Y, como Padre, Dios acompaña con amor nuestra vida, nos da su Palabra, sus enseñanzas, su gracia y su Espíritu.
Él - como revela Jesús - es el Padre que alimenta a las aves del cielo, sin que deban sembrar y cosechar, y reviste de colores maravillosos las flores del campo, con trajes más bellos que los del rey Salomón (cfr. Mt 6,26 - a 32; Lucas 12,24-28), y - añade Jesús - ¡nosotros valemos mucho más que las flores y las aves del cielo! Y si Él es tan bueno que hace "salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos " (Mt 5, 45), siempre podremos, sin miedo y con total confianza, encomendarnos a su perdón cuando nos equivocamos de camino. Dios es un Padre bueno que acoge y abraza al hijo perdido y arrepentido (cfr. Lc 15, 11), da gratuitamente a los que piden (cfr. Mt 18,19; Mc 11, 24, Jn 16, 23) y ofrece el pan del cielo y el agua viva que da vida para siempre (cfr. Jn 6, 32, 51,58).
Por lo tanto, el orante del Salmo 27, rodeado de enemigos, asediado por los malvados y calumniadores, mientras busca la ayuda del Señor y lo invoca, puede dar su testimonio lleno de fe, afirmando: " Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá "(v. 10). Dios es un Padre que nunca abandona a sus hijos, un Padre amoroso que sostiene, ayuda, acoge, perdona y salva, con una fidelidad que supera inmensamente la de los hombres, para abrirse a las dimensiones de la eternidad. "Porque es eterno su amor", como repite en una letanía, en cada versículo, el Salmo 136 evocando la historia de la salvación. El amor de Dios Padre nunca falla, no se cansa de nosotros, es amor que se da sin límites, hasta el sacrificio de su Hijo. La fe nos dona esta certeza que se convierte en una roca segura en la construcción de nuestras vidas: podemos afrontar todos los momentos de dificultad y de peligro, la experiencia de la oscuridad de la crisis y del tiempo de dolor, sostenidos por la fe en que Dios no nos deja solos y siempre está cerca, para salvarnos y llevarnos a la vida eterna.
Es en el Señor Jesús donde se muestra plenamente el rostro benévolo del Padre que está en los cielos. Conociéndolo a Él, podemos conocer también al Padre (cfr. Jn 8,19, 14,7), viéndolo a Él, podemos ver al Padre, porque Él está en el Padre y el Padre está en Él (cfr. Jn 14,9,11). Él es la "Imagen del Dios invisible”, como lo define el himno de la Carta a los Colosenses, “el Primogénito de toda la creación... el Primero que resucitó de entre los muertos", "en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados " y la reconciliación de todas las cosas, “habiendo restablecido la paz por la sangre de su cruz y reconciliando todo lo que existe en la tierra y en el cielo, " (cfr. Col 1,13-20).
La fe en Dios Padre pide creer en el Hijo, bajo la acción del Espíritu, reconociendo en la Cruz que salva la revelación definitiva del amor divino. Dios es nuestro Padre al darnos a su Hijo por nosotros; Dios es nuestro Padre perdonando nuestros pecados y llevándonos a la alegría de la vida resucitada; Dios es nuestro Padre al ofrecernos el Espíritu que nos hace hijos y que nos permite llamarlo, en verdad, "Abba, Padre "(cf. Rom 8:15). Por eso Jesús, enseñándonos a orar, nos invita a decir "Padre Nuestro" (Mt 6,9 a 13;. Cf Lc 11:2-4).
La paternidad de Dios es, pues, amor infinito, ternura que se inclina sobre nosotros, hijos débiles, necesitados de todo. El Salmo 103, el gran himno de la misericordia divina, proclama: "«Como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus fieles; él conoce de qué estamos hechos, sabe muy bien que no somos más que polvo." (vv. 13-14). Es sólo nuestra pequeñez, nuestra débil naturaleza humana, nuestra fragilidad que se convierte en llamamiento a la misericordia del Señor para que manifieste su grandeza y ternura de Padre que nos ayuda, nos perdona y nos salva.
Y Dios responde a nuestra llamada, enviando a su Hijo, que muere y resucita por nosotros; entra en nuestra fragilidad, haciendo lo que el hombre solo nunca hubiera podido hacer: él toma sobre Sí el pecado del mundo, como cordero inocente y nos abre el camino a la comunión con Dios, nos hace verdaderos hijos de Dios. Está ahí, en el Misterio pascual, que se revela en todo su esplendor, el rostro definitivo del Padre. Y es aquí, en la Cruz gloriosa, que se realiza la plena manifestación de la grandeza de Dios como "Padre omnipotente".
Pero podemos preguntarnos: ¿cómo es posible imaginar un Dios todopoderoso mirando la cruz de Cristo? ¿Este poder del mal que lleva a matar al hijo de Dios? Nos gustaría una omnipotencia divina de acuerdo con nuestros esquemas mentales y nuestros deseos: un Dios "omnipotente" que resuelva los problemas, que intervenga para evitarnos las dificultades, que venza a los poderes adversos, cambie el curso de los acontecimientos y anule el dolor. Por eso, hoy en día muchos teólogos dicen que Dios no es omnipotente, porque de lo contrario no existiría tanto sufrimiento, y tanta maldad en el mundo. De hecho, ante el mal y el sufrimiento, para muchos de nosotros, es problemático, difícil creer en un Dios Padre y creerlo todopoderoso; algunos buscan refugio en los ídolos, cediendo a la tentación de encontrar una respuesta en una omnipotencia supuesta "magia" y sus promesas ilusorias.
Pero la fe en Dios Todopoderoso nos lleva por caminos muy diferentes. A aprender a conocer que el pensamiento de Dios es diferente del nuestro, que los caminos de Dios son diferentes de los nuestros, y también su omnipotencia es diferente: no se expresa como una fuerza automática o arbitraria, sino que se caracteriza por una libertad amorosa y paternal. De hecho, Dios al crear criaturas libres, dándoles libertad ha renunciado a una parte de su poder, dejando el poder de nuestra libertad. Así ama y respeta la libre respuesta de amor a su llamada. Como Padre, Dios quiere que seamos sus hijos de su corazón y vivamos como tal, en su Hijo, en comunión, en plena familiaridad con Él.
Su omnipotencia no se expresa en la violencia, no se expresa en la destrucción de un poder adverso como nosotros quisiéramos, sino que se expresa en el amor, la misericordia, el perdón, en la aceptación de nuestra libertad y en la incansable llamada a la conversión del corazón, en una actitud, sólo aparentemente débil. Dios parece débil si vemos a Jesucristo que ora, que invita, que se hace matar, pero es la actitud aparentemente débil hecha de paciencia, mansedumbre y amor que demuestra que éste es el verdadero camino de la potencia y de poder. Este es el poder de Dios y esto vencerá. El sabio del libro de la Sabiduría se dirige a Dios de esta manera: "Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes, y apartas los ojos de los pecados de los hombres para que ellos se conviertan. Tú amas todo lo que existe…Pero tú eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Señor que amas la vida "(11:23-24a .26).
Sólo el que es realmente poderoso puede soportar el dolor y tener a la vez compasión, solo quien es de verdad potente puede ejercer plenamente la fuerza del amor. Y Dios, a quien pertenecen todas las cosas, porque todas las cosas fueron hechas por Él, revela su fuerza amando a todos y a todo, en una paciente espera de la conversión de nosotros los hombres, a los que quiere tener como hijos. Dios espera nuestra conversión. El amor todopoderoso de Dios no tiene límites, hasta el punto que "no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros" (Romanos 8:32). La omnipotencia del amor no es la del poder del mundo, sino la del don total, y Jesús, el Hijo de Dios, revela al mundo la verdadera omnipotencia del Padre dando su vida por nosotros pecadores. He aquí la verdadera, auténtica y perfecta potencia divina: responder al mal no con el mal sino con el bien, a los insultos con el perdón, al odio homicida con el amor que da la vida.
Así pues, el mal viene vencido realmente, porque viene lavado por el amor de Dios; y la muerte viene derrotada definitivamente, porque es transformada en don de vida. Dios Padre resucita al Hijo: la muerte, la gran enemiga (cf. 1 Cor 15:26), viene tragada y privada de su veneno (cf. 1 Cor 15,54-55), y nosotros, liberados del pecado, podemos acceder a nuestra realidad de hijos de Dios.
Por lo tanto, cuando decimos "Yo creo en Dios Padre omnipotente" expresamos nuestra fe en el poder del amor de Dios que, en su Hijo muerto y resucitado vence el odio, la maldad, el pecado y nos da vida eterna, aquella de hijos que quieren estar siempre en la "Casa del Padre". Decir Creo en Dios Padre omnipotente, en su poder, en su manera de ser padre, es siempre un acto de fe, de conversión, de transformación de nuestro pensamiento, de todo nuestro afecto, de todo nuestro modo de vivir.
Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor que sostenga nuestra fe, que nos ayude a encontrar realmente la fe, y nos de la fuerza para anunciar a Cristo crucificado y resucitado Cristo y darle testimonio en el amor a Dios y al prójimo. Y Dios nos conceda recibir el don de nuestra filiación, para vivir plenamente la realidad del Credo, confiando en el amor del Padre y de su omnipotencia misericordiosa, la verdadera omnipotencia, que salva. Gracias. 

(traducción de Cecilia de Malak y Eduardo Rubió)

miércoles, 23 de enero de 2013

Texto completo de la catequesis del Papa: "Creer implica adhesión y obediencia" (23.01.13)

Queridos hermanos y hermanas:

en este Año de la fe, hoy me gustaría empezar a reflexionar juntos sobre el Credo, la solemne profesión de fe, que acompaña nuestras vidas como creyentes. El Credo comienza así: "Creo en Dios". Es una afirmación fundamental, aparentemente simple en su esencialidad, que sin embargo abre al mundo infinito de la relación con el Señor y con su misterio. Creer en Dios implica adhesión a Dios, acogida de su Palabra y obediencia gozosa a su revelación. 

Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: "La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. " (n. 166). Poder decir que se cree en Dios es, por lo tanto, un don y un compromiso al mismo tiempo, es gracia divina y responsabilidad humana, en una experiencia de diálogo con Dios, que, por amor, "habla a los hombres como amigos" (Dei Verbum, 2), nos habla para que, en la fe y con la fe, podamos entrar en comunión con Él.

¿Dónde podemos escuchar a Dios que nos habla? Para ello es fundamental la Sagrada Escritura, en la que, la Palabra de Dios se hace audible para nosotros y nutre nuestra vida de "amigos" de Dios. Toda la Biblia narra la revelación de Dios a la humanidad, toda la Biblia habla de la fe y nos enseña la fe, narrando una historia en la que Dios lleva a cabo su plan de redención y se acerca a los hombres, a través de tantas figuras luminosas de personas que creen en Él y confían en Él, hasta la plenitud de la revelación en el Señor Jesús.

En este sentido, es muy lindo el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos – que acabamos de escuchar - que habla de la fe y hace relucir las grandes figuras bíblicas que han vivido la fe, llegando a ser modelo para todos los creyentes: "Ahora bien, la fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven. "(11,1) – dice el primer versículo. Los ojos de la fe son, por lo tanto, capaces de ver lo invisible y el corazón del creyente puede esperar más allá de toda esperanza, al igual que Abraham, del que Pablo dice en la Carta a los Romanos que "creyó, esperando contra toda esperanza" (4,18).

Y precisamente sobre Abraham, me gustaría que detengamos nuestra atención, porque él es la primera gran figura de referencia para hablar acerca de la fe en Dios: el gran patriarca Abraham, modelo ejemplar, padre de todos los creyentes (cfr. Rom 4,11-12 ). La Carta a los Hebreos lo presenta así: "Por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba. Por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba. Por la fe, vivió como extranjero en la Tierra prometida, habitando en carpas, lo mismo que Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa. Porque Abraham esperaba aquella ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. "(11, 8-10).

El autor de la Carta a los Hebreos se refiere aquí a la llamada de Abraham, narrada en el libro del Génesis ¿qué le pide Dios a este gran patriarca? Le pide que abandone su tierra para ir al país que le mostrará, " El Señor dijo a Abram: «Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. " (Génesis 12, 1). ¿Cómo habríamos respondido nosotros a una invitación semejante? Se trata, en efecto, de un partir en la oscuridad, sin saber dónde lo conducirá Dios, es un camino que requiere una obediencia y una confianza radicales, a la que sólo la fe permite acceder. Pero la oscuridad de lo desconocido está iluminada por la luz de una promesa; Dios añade a su mando una palabra tranquilizadora, que le abre a Abraham un futuro de vida en toda su plenitud: " Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre... y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra" (Gen 12,2.3).

La bendición, en la Sagrada Escritura, se enlaza principalmente con el don de la vida que viene de Dios y se manifiesta ante todo en la fertilidad, en una vida que se multiplica, pasando de generación en generación. Asimismo, la bendición está relacionada también con la experiencia de poseer una tierra, un lugar estable para vivir y crecer en libertad y seguridad, temiendo a Dios y construyendo una sociedad de hombres fieles a la Alianza, "un reino de sacerdotes y una nación santa" (cfr. Ex 19,6).

Por lo tanto, Abraham, en el diseño de Dios, está destinado a llegar a ser el "padre de una multitud de naciones" (Gn 17,5; cfr. Rom 4, 17-18) y a entrar en una nueva tierra donde vivir. Y, sin embargo, Sara, su esposa, es estéril, no puede tener hijos, el país al que Dios lo conduce está lejos de su tierra natal, ya está habitado por otros pueblos y nunca le pertenecerá verdaderamente. El narrador bíblico hace hincapié en esto, aunque muy discretamente: cuando Abraham llegó al lugar de la promesa de Dios: " los cananeos ocupaban el país " (Gen 12:6). La tierra que Dios le dona a Abraham no le pertenece, él es un extranjero y lo seguirá siendo para siempre, con todo lo que ello conlleva: no tener intenciones de posesión, sentir siempre la propia pobreza, verlo todo como un don. Ésta es también la condición espiritual de quien acepta seguir al Señor, de quien decide partir aceptando su llamada, bajo el signo de su bendición invisible pero poderosa. Y Abraham, el "padre de los creyentes", acepta esta llamada, en la fe. San Pablo escribe en la carta a los Romanos: “Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto - tenía casi cien años - y que también lo estaba el seno de Sara. El no dudó de la promesa de Dios, por falta de fe, sino al contrario, fortalecido por esa fe, glorificó a Dios, plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete”.(Rm 4,18-21).

La fe conduce a Abraham a seguir un camino paradójico. Él será bendecido, pero sin los signos visibles de la bendición: recibe la promesa de formar un gran pueblo, pero con una vida marcada por la esterilidad de Sara, su esposa; es llevado a una nueva patria, pero tendrá que vivir como un extranjero; y la única posesión de la tierra que se le permitirá será el de una parcela de terreno para enterrar a Sara (cf. Gn 23,1 a 20). Abraham fue bendecido porque, en la fe, supo discernir la bendición divina yendo más allá de las apariencias, confiando en la presencia de Dios, incluso cuando sus caminos se le muestran misteriosos.

¿Qué significa esto para nosotros? Cuando decimos: "Yo creo en Dios", decimos, como Abraham: "Confío en ti, me confío a ti, Señor", pero no como a Alguien a quien se acude sólo en los momentos de dificultad o al que dedicar algún momento del día o de la semana. Decir "Yo creo en Dios" significa fundar en Él mi vida, dejar que su Palabra la oriente cada día, en las opciones concretas sin temor de perder algo de mí mismo. Cuando, en el rito del Bautismo, se pide tres veces: "¿Creéis? en Dios, en Jesucristo, en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica y las demás verdades de la fe, la triple respuesta es en singular: "Yo creo", porque es mi existencia personal la que va a recibir un viraje con el don de la fe, es mi vida la que debe cambiar, convertirse. Cada vez que participamos en un Bautismo, debemos preguntarnos cómo vivimos cada día el gran don de la fe.

Abraham, el creyente, nos enseña la fe; y, como un extranjero en la tierra, nos muestra la verdadera patria. La fe nos hace peregrinos en la tierra, dentro del mundo y de la historia, pero en camino hacia la patria celestial.
Creer en Dios nos hace, pues, portadores de valores que a menudo no coinciden con la moda y la opinión del momento, nos pide adoptar criterios y asumir conductas que no pertenecen a la manera común de pensar. El cristiano no debe tener miedo de ir "contra corriente" para vivir su propia fe, resistiendo a la tentación de "adecuarse". En muchas de nuestras sociedades, Dios se ha convertido en el "gran ausente" y en su lugar hay muchos ídolos, en primer lugar el "yo" autónomo. Y también los significativos y positivos progresos de la ciencia y de la tecnología han llevado al hombre a una ilusión de omnipotencia y de autosuficiencia, y un creciente egoísmo ha creado muchos desequilibrios en las relaciones y el comportamiento social.

Y, sin embargo, la sed de Dios (cf. Sal 63,2) no se extinguió y el mensaje del Evangelio sigue resonando a través de las palabras y los hechos de muchos hombres y mujeres de fe. Abraham, el padre de los creyentes, sigue siendo el padre de muchos hijos que están dispuestos a seguir sus pasos y se ponen en camino, en obediencia a la llamada divina, confiando en la presencia benevolente del Señor y acogiendo su bendición para ser una bendición para todos. Es el mundo bendecido por la fe al que todos estamos llamados, para caminar sin miedo siguiendo al Señor Jesucristo. Y a veces es un difícil viaje, que conoce, incluso, la prueba de la muerte, pero que está abierto a la vida, en una transformación radical de la realidad que sólo los ojos de la fe pueden ver y disfrutar en abundancia.

Afirmar "yo creo en Dios" nos conduce, pues, a escapar, a salir de nosotros mismos continuamente, al igual que Abraham, para llevar, en la realidad cotidiana en que vivimos, la certeza que viene de la fe: la certeza, es decir, la presencia de Dios en la historia, también hoy; una presencia que da vida y salvación, y nos abre a un futuro con Él para una plenitud de vida que nunca conocerá la puesta del sol.

(Traducción de Cecilia de Malak y Eduardo Rubió)

domingo, 20 de enero de 2013

Tercer día: "Caminar hacia la libertad", Unidad de los Cristianos

Tercer día "Caminar hacia la libertad " (Audio)

Lecturas:
Éxodo 1,15-22 Las matronas judías observan la ley de Dios por encima de la orden del faraón 
Salmo 17,1-6 La oración confiada del que está abierto a la mirada de Dios 
2 Corintios 3,17-18 La gloriosa libertad en Cristo de los hijos de Dios 
Juan 4,4-26 La conversación con Jesús lleva a la mujer samaritana a un modo de vida más libre 

Comentario: 
Caminar humildemente con Dios es siempre un caminar para recibir la libertad que concede a todos los pueblos. Teniendo esto presente, celebramos. Celebramos el misterio de la lucha por la libertad, que tiene lugar también en sitios donde la opresión, el prejuicio y la pobreza parecen cargas insostenibles. El claro rechazo a aceptar órdenes y condiciones inhumanas – como las que dio el faraón a las matronas del pueblo judío esclavizado – pueden parecer actos pequeños; sin embargo, estos son frecuentemente el tipo de actos a favor de la libertad que se producen en comunidades locales en todas partes. Este caminar resuelto hacia una vida más plena hace presente el don de la esperanza evangélica a todos los pueblos, concretado, de distintos modos, en los patrones de desigualdad que existen en el mundo.

El paso gradual de discriminaciones injustas y de prejuicios hacia la libertad se nos muestra en el relato del encuentro de Jesús con la mujer de Samaria junto al pozo. Esta mujer se pregunta ante todo por los prejuicios a los que se enfrenta y busca aliviar las cargas de su vida. Estas preocupaciones son el punto de partida del diálogo con Jesús. Él mismo inicia la conversación con ella a partir de su propia necesidad de una ayuda concreta (tiene sed) y de la consideración de los prejuicios sociales que hacen que esta ayuda parezca problemática. El camino hacia una vida más libre se va abriendo ante los ojos de la mujer a medida que las palabras de Jesús arrojan luz sobre la realidad compleja de su vida. Al final estas intuiciones personales dirigen la conversación hacia un lugar en que se trasciende lo que divide a estos dos grupos de personas: donde se debe dar culto. “Culto en espíritu y verdad” es lo que se exige, y aquí aprendemos a ser libres de todo lo que impide que vivamos juntos, que tengamos vida en abundancia.

Ser llamados a una mayor libertad en Cristo es ser llamados a una comunión más profunda. Las cosas que nos separan –tanto como cristianos en busca de la unidad, como en cuanto personas separadas por tradiciones y desigualdades injustas– nos mantienen atrapados y escondidos unos de otros. Nuestra libertad en Cristo se caracteriza por esa nueva vida en el Espíritu que nos permite estar juntos ante las glorias de Dios con “rostros descubiertos”. En esta luz gloriosa aprendemos a vernos unos a otros más auténticamente, mientras crecemos en la semejanza con Jesús hacia la plena unidad cristiana. 

Oración: 
Dios que liberas, te damos gracias por la resistencia y la fe esperanzada de los que luchan por la dignidad y la plenitud de la vida. Sabemos que levantas a los que son derribados y desatas a los que están atados. Tu Hijo Jesús camina con nosotros para mostrarnos la senda hacia la libertad verdadera. Que sepamos valorar lo que nos ha sido dado y que seamos fortalecidos para superar todo lo que dentro de nosotros nos esclaviza. Envíanos tu Espíritu para que la verdad nos haga libres y para que, uniendo nuestras voces, podamos proclamar tu amor al mundo. Dios de vida, condúcenos a la justicia y la paz. Amén.

Segundo día: "Caminar con el cuerpo partido de Cristo", Unidad de los Cristianos

( Con Audio) Segundo día " Caminar con el cuerpo partido de Cristo "
Lecturas 
Ezequiel 37,1-14 “¿Volverán a vivir estos huesos?” 
Salmo 22,1-8 El siervo de Dios, ultrajado e insultado, grita a Dios 
Hebreos 13, 12-16 La llamada a ir hacia Jesús “fuera del campamento” 
Lucas 22, 14-23 Jesús parte el pan, dándose a sí mismo, antes de su pasión 

Comentario 

Caminar humildemente con Dios significa escuchar la llamada a caminar fuera de los lugares de nuestra comodidad y acompañar a los otros, sobre todo a los otros que sufren.

“Nuestros huesos están secos, hemos perdido la esperanza, todo ha acabado para nosotros” (Ez37,11). Estas palabras de Ezequiel dan voz a la experiencia de muchas personas en todo el mundo hoy en día. En la India, son las ‘gente partida’ de las comunidades dalits, cuya vida habla con elocuencia de este sufrimiento – un sufrimiento que Cristo, el crucificado, comparte. Con las personas heridas de todos los tiempos y lugares, Jesús grita al Padre: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Los cristianos están llamados a este camino de la cruz. La Carta a los Hebreos no solamente deja clara la realidad salvífica del sufrimiento de Jesús ‘en los márgenes’, sino también la necesidad de que sus discípulos ‘salgan del campamento’ para unirse con él allí. Cuando nos encontramos con los que han sido excluidos y reconocemos al crucificado en sus sufrimientos, la dirección hacia la cual debemos dirigirnos queda clara: estar con Cristo significa estar solidariamente con los que están marginados, cuyas heridas él comparte.

El cuerpo de Cristo, partido en la cruz, es “partido por vosotros”. El relato de la pasión de Cristo y su muerte tiene como prefacio el relato de la última cena: se celebra así como victoria sobre la muerte en cada eucaristía. En esta celebración cristiana, el cuerpo partido de Cristo es su cuerpo resucitado y glorioso; su cuerpo es partido para que podamos compartir su vida y, en él, ser un solo cuerpo. 

Como cristianos en camino hacia la unidad frecuentemente vemos la eucaristía como un lugar en que el escándalo de nuestra desunión se hace dolorosamente patente, ya que, de momento, no podemos compartir juntos plenamente este sacramento como deberíamos. Esta situación nos llama a renovar nuestros esfuerzos hacia una comunión más profunda entre nosotros.

Las lecturas de hoy pueden abrir también otra pista para la reflexión. Caminar con el cuerpo partido de Cristo nos abre vías para ser juntos eucarísticos: compartir nuestro pan con el hambriento, demoler las barreras de la pobreza y de la desigualdad –estos también son ‘actos eucarísticos’, en los cuales todos los cristianos están llamados a caminar juntos. El papa Benedicto XVI enmarca sus reflexiones sobre la eucaristía para la Iglesia justo de este modo: es un sacramento no solo para ser creído y celebrado, sino también para ser vivido (sacramentum caritatis). Manteniéndose dentro de la compresión ortodoxa de la ‘liturgia después de la liturgia’, reconoce que no hay nada ‘auténticamente humano’ que no encuentre su forma y su plenitud de vida en la eucaristía (SC 71).

Oración 

Dios de misericordia, tu Hijo murió en la cruz para que a través de su cuerpo partido pudieran ser destruidas nuestras divisiones. Sin embargo, lo hemos crucificado una y otra vez por medio de nuestra desunión, y con sistemas y actuaciones que obstaculizan tu cuidado paternal y socavan tu justicia hacia aquellos que han sido excluidos de los dones de tu creación. Mándanos tu Espíritu para que insufle vida y sanación en nuestras rupturas de modo que podamos dar testimonio juntos de la justicia y el amor de Cristo. Camina con nosotros hacia el día en que podamos compartir el único pan y el único cáliz en la mesa común. Dios de vida, condúcenos a la justicia y la paz. Amén.
Fuente: radiovaticana.org

Texto completo de la reflexión del Papa previa a la oración del Ángelus: Lo que llena verdaderamente el corazón (20.01.13)

¡Queridos hermanos y hermanas!
Hoy la Liturgia propone el Evangelio de las bodas de Caná, un episodio narrado por Juan, testigo ocular del hecho. Este episodio ha sido colocado en este domingo que sigue inmediatamente al tiempo de Navidad porque, junto con la visita de los Magos de Oriente y con el Bautismo de Jesús, forma la trilogía de la Epifanía, o sea la manifestación de Cristo. Aquello de las bodas de Caná es en efecto “el inicio de los signos de Jesús” (Jn, 2, 11), o sea el primer milagro cumplido por Jesús, con el cual Él manifestó en público su gloria, suscitando la fe de sus discípulos. Recordamos brevemente lo que ocurrió durante esa fiesta de las bodas en Caná de Galilea. Sucedió que hizo falta el vino, y María, la Madre de Jesús, lo hizo notar a su Hijo. Él le responde que aún no había llegado su hora; pero después, con la insistencia de María, llenadas de agua seis grandes ánforas , transformó el agua en vino, un vino excelente, mejor que el precedente. Con este “signo”, Jesús se revela como el esposo mesiánico, venido a establecer con su pueblo la nueva y eterna Alianza, según las palabras de los profetas: “Como se alegra el esposo con la esposa así se alegrará tu Dios contigo”. Y el vino es símbolo de esta alegría del amor; pero esto alude también a la sangre, que Jesús, derramará al final para sellar su pacto nupcial con la humanidad. 
La Iglesia es la esposa de Cristo, el cual la hace santa y bella con su gracia. Sin embargo esta esposa, formada por seres humanos, está siempre necesitada de purificación. Y una de las culpas más graves que desfiguran el rostro de la Iglesia es la que va contra su unidad visible, en particular las históricas divisiones que han separado a los cristianos y que no han sido aún superadas. Y justamente en estos días del 18 al 25 de enero, se desarrolla la anual Semana de oración por la unidad de los cristianos, un momento siempre grato a los creyentes y a las comunidades, que despierta en todos el deseo y el compromiso espiritual de la plena comunión. En este sentido ha sido muy significativa la vigilia que he podido celebrar hace casi un mes, en esta Plaza, con millares de jóvenes de toda Europa y con la comunidad ecuménica de Taizé; un momento de gracia en el cual hemos experimentado la belleza de formar en Cristo una cosa sola. Animo a todos a rezar juntos para que podamos realizar “Aquello que el Señor exige de nosotros” (cfr Mi 6,6-8), como dice este año el tema de la Semana; un tema propuesto por algunas comunidades cristianas de la India, que invitan a caminar con decisión hacia la unidad visible entre todos los cristianos y a superar, como hermanos en Cristo, todo tipo de injusta discriminación. El viernes próximo, al concluir estas jornadas de oración, presidiré las Vísperas en la Basílica de San Pablo extramuros, en presencia de los Representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales. 
Queridos amigos, a la oración por la unidad de los cristianos quisiera agregar todavía una vez mas la oración por la paz, para que, en los diversos conflictos por desgracia en acto, cesen las masacres de civiles inermes, tenga fin toda violencia, y se encuentre el coraje del diálogo y de la negociación. Para ambas intenciones, invoquemos la intercesión de María Santísima, mediadora de gracia. 
Traducción del italiano: Patricia Ynestroza-RV-@pattynesc


Saludos del Papa, en otras lenguas, tras la oración mariana del Ángelus

Terminada la oración dominical del Ángelus, el Santo Padre saludó, en una mañana desapacible y lluviosa en Roma, a los miles de peregrinos reunidos con él en la plaza de san Pedro. El primer milagro de Jesús en Cana y la Semana de Oración por la unidad de los cristianos fueron también los temas centrales de los saludos que el Santo Padre dirigió en otras lenguas a los fieles.

“Pidamos a Dios por el don de la unidad por la que Jesús oró”, exhortó el Papa a los peregrinos francófonos. “Comprometámonos a amarnos unos a otros para que el mundo crea. Que el Señor obtenga para nosotros, especialmente en este Año de la fe, la conversión del corazón y el espíritu para que la comunión entre los bautizados sea eficaz. 

Saludando en inglés, Benedicto XVI ha pedido unir “nuestras oraciones a las de nuestros hermanos y hermanas de todas las Iglesias y las comunidades, para dedicarnos cada vez más intensamente a trabajar para nuestra unidad visible en Jesucristo”.

Un cálido saludo de bienvenida lo ha dedicado Benedicto XVI a los siempre numerosos grupos de lengua alemana a los que, hablando del milagro de Jesús en las bodas de Caná, ha invitado a confiar en la intercesión de María siguiendo la palabra de Jesucristo para así caminar con Dios. 

Hablando en portugués, el Papa ha invocado asimismo la solicitud maternal de la Virgen María para que en cada hogar cristiano, se mantenga viva la llama de la fe, el amor y la armonía, como preciosa herencia que los padres han de entregar a sus hijos. ¡Salud, paz y gracia del Señor para todas vuestras familias y pueblos!

Finalmente a los peregrinos polacos el Pontífice ha pedido que la respuesta a la semana de Oración por la Unidad de los cristianos sea efectivamente “la oración, el diálogo ecuménico sincero, la búsqueda de la verdad, los gestos de comprensión mutua y la reconciliación. Que el Espíritu Santo nos una en la común profesión de fe y haga que ‘todos seamos uno’".
(ER - RV)
Saludo del Papa en lengua española: (Audio)

sábado, 19 de enero de 2013

Primer día: "Caminar en conversación", Unidad de los Cristianos

Radio Vaticano propone el audio con una breve reflexión y oración en el marco del Octavario de oración por la unidad de los Cristianos. El tema de este año es ¿Qué exige el Señor de nosotros?
(Cf. Miqueas 6, 6-8). Como presentación, recordemos que para conmemorar su centenario, se invitó al Movimiento Estudiantil Cristiano de la India (siglas en inglés: SCMI) a que preparara los materiales para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (SOUC) 2013, y este a su vez hizo partícipes a la Federación Universitaria Católica de toda la India y al Consejo Nacional de las Iglesias en la India. En el proceso preparatorio, al reflexionar sobre el significado de la SOUC, se decidió que en un contexto de gran injusticia hacia los dalits en la India y en la Iglesia, la búsqueda de la unidad visible no se puede disociar del desmantelamiento del sistema de castas y el reconocimiento de las aportaciones a la unidad por los más pobres entre los pobres.
En el contexto indio, los dalits son las comunidades consideradas ‘parias’. Son las personas más afectadas por el sistema de las castas, que es una modalidad rígida de estratificación social fundada en la noción de pureza e impureza ritual. En este sistema, las castas se distinguen en ‘superiores’ e ‘inferiores’. Las comunidades dalits son consideradas las más contaminadas y contaminantes. Se sitúan fuera del sistema de las castas y en el pasado incluso se las calificaba de ‘intocables’. A causa del sistema de las castas, los dalits son marginados socialmente, infrarepresentados políticamente, explotados económicamente, y culturalmente subyugados. Casi el 80% de los cristianos indios es de procedencia dalit. A continuación les proponemos los audios con los que se pueden acompañar las intenciones de este Octavario de oración. 

Primer día "Caminar en conversación" (Audio)

Primer día "Caminar en conversación"
Comentario 
Caminar humildemente con Dios significa caminar como personas que hablan unos con otros y con el Señor, estando siempre atentos a lo que oímos. Y así empezamos nuestra celebración de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos reflexionando sobre pasajes de la Escritura que hablan de este quehacer fundamental que es la conversación. La conversación ha sido algo primordial para el movimiento ecuménico, al abrir espacios para que aprendamos unos de otros, compartiendo lo que tenemos en común y haciendo que nuestras diferencias salgan a la luz y sean abordadas. Esta es la forma en que se desarrolla el entendimiento mutuo. Los dones que derivan de la búsqueda de la unidad son parte de nuestra vocación fundamental de responder a lo que Dios exige de nosotros: a través de la conversación verdadera se hace justicia y aprendemos la amabilidad. Las experiencias de liberación real en todo el mundo muestran claramente que el aislamiento de las personas a las que se hace vivir en pobreza se supera forzosamente con la práctica del diálogo.
La lectura del Génesis de hoy y la historia de Pentecostés reflejan a la vez algo de este acto humano y su lugar en el plan de liberación de Dios para su pueblo. La historia de la torre de Babel describe en primer lugar cómo es posible realizar grandes empresas cuando no existen barreras lingüísticas. Sin embargo, la historia también narra el modo en que esta capacidad es comprendida como base para la autopromoción: “hacernos famosos” es lo que motiva la construcción de la gran ciudad. Al final este proyecto lleva a la confusión de las lenguas; desde este momento tenemos que aprender a conocer nuestra propia humanidad por medio de la escucha paciente del otro que es un extranjero para nosotros. Por medio de la efusión del Espíritu en Pentecostés se hace posible de un modo nuevo la comprensión por encima de las diferencias gracias al poder de la resurrección de Cristo. Ahora se nos invita a compartir el don de hablar y de escuchar orientados hacia el Señor y hacia la libertad. Estamos llamados a caminar en el Espíritu.
La experiencia de los discípulos en el camino de Emaús es una conversación que tiene lugar en el contexto de un viaje que hacen juntos, pero también de una pérdida y de una esperanza defraudada. Como Iglesias que vivimos con diferentes niveles de desunión y como sociedades divididas por prejuicios y miedo al otro, nos podemos reconocer en ello. Pero he aquí que Jesús elige unirse a la conversación precisamente en este momento – no presumiendo del rol superior de maestro, sino caminando al lado de sus discípulos. Su deseo de tomar parte en nuestra conversación y nuestra respuesta de querer que se quede y que hable más con nosotros es lo que permite un encuentro real con el Señor Resucitado.
Todos los cristianos saben lo que significa este encuentro con Jesús, y el poder de su palabra que ‘arde en nuestro corazón’; esta experiencia de resurrección nos llama a una unidad más profunda en Cristo. La conversación constante entre nosotros y con Jesús –también en nuestra misma desorientación – nos mantiene caminando juntos hacia la unidad.
Oración 
Jesucristo, confesamos con alegría nuestra identidad común en Ti y te damos gracias por invitarnos a un diálogo de amor contigo. Abre nuestros corazones para que podamos compartir más plenamente tu oración al Padre de que seamos uno, y para que, mientras viajamos juntos, podamos unirnos cada vez más unos a otros. Danos la valentía para que podamos dar testimonio juntos de la verdad y que nuestras conversaciones puedan abrazar a los que perpetúan la desunión. Manda tu Espíritu que nos dé fuerza para combatir las situaciones en las que falta dignidad y compasión en nuestras sociedades, nuestras naciones y en el mundo.
Dios de vida, condúcenos a la justicia y la paz. Amén.
Preguntas
¿Dónde practicamos una verdadera conversación más allá de las diferencias que nos separan? 
¿Está orientada nuestra conversación a una gran empresa solamente nuestra o hacia la vida nueva que trae esperanza de resurrección? 
¿Con qué personas conversamos y quién no está incluido en nuestra conversación? 

PLJR / @pjuregui

Roma locuta, causa finita

Por Natale Amprimo Plá
Constitucionalista

Las universidades son centros de estudios dedicados a la investigación, enseñanza y formación de los diversos campos del saber. Interesan a la Iglesia por dos motivos principales: por la importancia de iluminar las tareas universitarias a la luz del Evangelio, respetando su natural y legítima autonomía científica; y porque el ordenamiento canónico ha de garantizar que las universidades católicas respondan efectivamente a su condición (“El derecho de la Iglesia. Curso básico de derecho canónico”).

El Código Canónico de 1917 ya establecía que competía a los obispos el derecho de aprobar a los profesores de religión para cualquier grado; pero fue recién en 1931 que se introdujo en la legislación universal de la Iglesia el requisito de la “missio canónica”. El Código Canónico vigente dispone, en su canon 812: “Quienes explican disciplinas teológicas en cualquier instituto de estudios superiores deben tener mandato de la autoridad eclesiástica competente”.

Como explica Davide Cito, el mandato canónico formaliza y refuerza oficialmente el contenido jurídico del vínculo que existe entre el fiel que cultiva las ciencias sagradas y la autoridad eclesiástica, “pues para enseñar ciencias sagradas en las universidades católicas o eclesiásticas no basta con la preparación profesional y la moralidad de vida del profesor –que, por lo demás, son presupuestos ineludibles-, sino que se requiere además un acto administrativo de la autoridad eclesiástica por el que se confiere el encargo; este acto oficializa las obligaciones deontológicas que tal encargo lleva consigo y, por ende, las hace más eficaces, también ante el Derecho del Estado”.

En ese sentido, el otorgamiento del mandato canónico, si bien no implica que el profesor represente oficialmente a la Iglesia, ayuda a garantizar y a manifestar que enseña en comunión con la Iglesia y en conformidad con su magisterio. En el Perú, el acuerdo vigente entre la Santa Sede y el Estado Peruano le reconoce a la Iglesia la plena libertad y autonomía para establecer centros educacionales a todo nivel, además de disponer que, para el nombramiento civil de los profesores de Religión Católica de los centros educacionales públicos, se requiere de la presentación del obispo respectivo. Incluso señala: “El profesor de Religión podrá ser mantenido en su cargo mientras goce de la aprobación del obispo”.

En el caso de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) –a la que, por mandato de su santidad Benedicto XVI, se le ha prohibido el uso de los títulos de “pontificia” y “católica” en su denominación, debido a que, entre otras razones, “la mencionada universidad persiste en seguir orientando sus iniciativas institucionales según criterios que no son compatibles con la disciplina y la moral de la Iglesia”-, no debe llamar a extrañeza que no se renueven los mandatos canónicos, pues ello es una consecuencia natural de lo resuelto en Roma.

Lo ilógico sería que, a pesar de que las actuales autoridades de dicho centro de estudios han asumido una actitud de rebeldía a la indicación recibida del más alto nivel de la Iglesia Católica, se actuase aquí como si nada hubiese pasado, convalidando el desempeño de lo que, para la Iglesia, ya no es una universidad que se comporta como católica.

Si la PUCP sigue rechazando el magisterio de la Iglesia y desobedeciendo al mandato de las autoridades de la Iglesia Universal, resulta lógico que, desde la propia Iglesia, se adopten decisiones que, más temprano que tarde, incluirán aspectos adicionales, lo que sin duda afectará al alumnado; aunque pareciera que eso poco importa a las rebeldes autoridades universitarias.
Publicado en el diario El Comercio
Lunes, 3 de enero de 2013

miércoles, 16 de enero de 2013

Texto completo de la catequesis del Papa: "Jesús inaugura un nuevo modo de presencia de Dios en la historia" (16.01.13)

Queridos hermanos y hermanas:

el Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la divina Revelación, afirma que la íntima verdad de la revelación de Dios brilla para nosotros “en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la Revelación” (n. 2 ). El Antiguo Testamento nos dice cómo Dios, después de la creación, a pesar del pecado original y de la arrogancia del hombre de querer ponerse en el lugar de su Creador, vuelve a ofrecer la posibilidad de su amistad, sobre todo a través de la alianza con Abraham y el camino de un pueblo pequeño, el de Israel, que Él elige, no criterios de poder terrenal, sino simplemente por amor. 

Es una elección que sigue siendo un misterio y revela el estilo de actuar de Dios, que llama a algunos, no para excluir a los demás, sino para que sirvan de puente con el fin de conducir hacia Él. Elección siempre para el otro. En la historia del pueblo de Israel, podemos volver a recorrer las etapas de un largo camino, en el que Dios se deja conocer, se revela, entra en la historia con palabras y con acciones. Para esta obra, Él se sirve de mediadores, como Moisés, los Profetas y los Jueces, que comunican al pueblo su voluntad, recuerdan la necesidad de fidelidad a la alianza y mantienen viva la espera de la realización plena y definitiva de las promesas divinas.

Y es la realización de estas promesas que hemos contemplado en la Santa Navidad: la Revelación de Dios llega a su culmen, a su plenitud. En Jesús de Nazaret, Dios visita realmente a su pueblo, visita a la humanidad de una manera que va más allá de todas las expectativas: envía a su Hijo Unigénito, Dios mismo se hace hombre. Jesús no nos dice algo acerca de Dios, no habla simplemente del Padre - sino que es Revelación de Dios, porque es Dios - nos revela el rostro de Dios. En el prólogo de su Evangelio, Juan escribe: " Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre "(Jn 1,18).

Quisiera detenerme en este "revelar el rostro de Dios". En este contexto, San Juan, en su Evangelio, nos narra un hecho significativo, que acabamos de escuchar. Al acercarse la Pasión, Jesús tranquiliza a sus discípulos, exhortándoles a no tener miedo y tener fe, luego entabla un diálogo con ellos, en el que habla de Dios Padre (cfr. Jn 14,2-9). En un momento, el apóstol Felipe le pide a Jesús: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta" (Juan 14:8). Felipe es muy práctico y concreto: dice también lo que nosotros queremos decir, queremos ver al Padre - le pide "ver" el Padre, para ver su rostro. La respuesta de Jesús – no sólo a Felipe, sino también a nosotros - nos introduce en el corazón de la fe cristológica. El Señor afirma: "El que me ha visto, ha visto al Padre" (Jn 14, 9). En esta expresión se encierra sintéticamente la novedad del Nuevo Testamento, aquella novedad que apareció en la gruta de Belén: Dios se puede ver, Dios ha manifestado su rostro, es visible en Jesucristo.

En todo el Antiguo Testamento está presente el tema de la “búsqueda del rostro de Dios”, el anhelo de conocer este rostro, de ver a Dios como es, tanto que el término hebreo pānîm, que significa “rostro”, se repite 400 veces, de las que 100 se refieren a Dios, cien veces se refiere y se quiere ver el rostro de Dios. Y, sin embargo, la religión hebraica, prohibiendo por completo las imágenes, porque Dios no se puede representar – como hacían los pueblos cercanos con la adoración de los ídolos, por lo tanto con esta prohibición de imágenes en el Antiguo Testamento – parece excluir totalmente el “ver” del culto y de la piedad ¿Qué significa, entonces, para el piadoso israelita, buscar a pesar de todo el rostro de Dios, aun sabiendo que no puede haber ninguna imagen suya? La pregunta es importante: por un lado, quiere decir que Dios no puede ser reducido a un objeto, como una imagen que se puede tomar en la mano, así como no se puede poner algo en lugar de Dios, y por el otro, se afirma que Dios tiene un rostro, es decir que es un "Tú", que puede entrar en una relación, que no está cerrado en su Cielo, mirando desde lo alto a la humanidad.

Dios está sin duda por encima de todo, pero se dirige hacia nosotros, nos escucha, nos ve, habla, establece alianza, es capaz de amar. La historia de la salvación es la historia de Dios con la humanidad y la historia de esta relación de Dios, que se revela progresivamente al hombre, que se hace conocer a sí mismo, su rostro.

Precisamente al comienzo del año, el 1 de enero, hemos oído, en la liturgia, la hermosa oración de bendición sobre su pueblo: " Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz."(Números 6:24-26).
El Esplendor del rostro divino es la fuente de la vida, es lo que permite ver la realidad; la luz de su rostro es la guía de la vida. En el Antiguo Testamento hay una figura a la que está enlazado de forma muy especial el tema del ‘rostro de Dios. Se trata de Moisés, aquel al que Dios elige para liberar al pueblo de la esclavitud de Egipto, donarle la Ley de la alianza y guiarlo a la Tierra prometida. 

Después Moisés regresaba al campamento, pero Josué –hijo de Nun, su joven ayudante– no se apartaba del interior de la Carpa. Pues bien, en el capítulo 33 del libro del Éxodo, se dice que Moisés tenía una relación cercana y confidencial con Dios: " El Señor conversaba con Moisés cara a cara, como lo hace un hombre con su amigo." (v. 11). En virtud de esta confianza, Moisés pide a Dios: "Muéstrame tu gloria", y la respuesta de Dios es clara:«Haré pasar junto a ti toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre del Señor… Pero tú no podrás ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y seguir viviendo…Aquí a mi lado tienes un lugar… tú verás mis espaldas. Pero nadie puede ver mi rostro». (vv. 18-23). Por un lado, pues, hay un diálogo cara a cara, como amigos, pero por el otro, hay la imposibilidad, en esta vida, de ver el rostro de Dios, que permanece oculto; la visión es limitada. Al final, a Dios sólo se le puede seguir, viendo sus hombros. Los Padres dicen esto: tú sólo puedes ver mi espalda, significa que tú sólo puedes seguir a Cristo y siguiéndole ves desde detrás el misterio de Dios. Dios se puede seguir viendo su espalda.

Algo completamente nuevo sucede, sin embargo, con la Encarnación. La búsqueda del rostro de Dios recibe un cambio radical increíble, porque ahora se puede ver este rostro: el de Jesús, el Hijo de Dios que se hace hombre. En Él se cumple el camino de la revelación de Dios comenzado con la llamada de Abraham, Él es la plenitud de esta revelación, porque él es el Hijo de Dios, es a la vez "mediador y plenitud de toda la Revelación" (Constitución Dogmática. Dei Verbum, 2), y en Él el contenido de la Revelación y el Revelador coinciden. Jesús nos muestra el rostro de Dios y nos enseña el nombre de Dios. En la Oración sacerdotal de la Última Cena, Él le dice al Padre: "He manifestado tu nombre a los hombres... Yo les he dado a conocer tu nombre" (cf. Jn 17,6.26).

El término "nombre de Dios" significa Dios como Aquel que está presente entre los hombres. A Moisés en la zarza ardiente, Dios había revelado su nombre, se había hecho invocar, había dado una señal concreta de su "existencia" entre los hombres. Todo esto encuentra cumplimiento y plenitud en Jesús: Él inaugura de forma nueva la presencia de Dios en la historia, porque el que le ve a Él, ve al Padre, como dice a Felipe (cf. Jn 14:9). El Cristianismo - dice San Bernardo - es la "religión de la Palabra de Dios", no de, "una palabra escrita y muda, sino del Verbo encarnado y vivo" (Hom. super missus est, IV, 11: PL 183, 86B). En la tradición de la patrística y medieval se usa una fórmula especial para expresar esta realidad: Jesús es el Verbum abbreviatum (cf. Rom 9,28, en referencia a Isaías 10:23), el Verbo abreviado, la Palabra breve, abreviada y sustancial del Padre, que nos dijo todo de Él. En Jesús toda la palabra es presente.

En Jesús incluso la mediación entre Dios y el hombre encuentra su plenitud. En el Antiguo Testamento hay una gran cantidad de figuras que han venido desempeñando esta tarea, sobre todo Moisés, el libertador del, el guía, el "mediador" de la alianza, como lo define el Nuevo Testamento (cf. Gal 3:19; Hechos 7 , 35, Jn 1:17). Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, no es uno más de los mediadores entre Dios y el hombre, sino "el mediador" de la nueva y eterna alianza (cf. Heb 8:6; 9.15, 12.24), "un sólo, de hecho, es Dios - dice Pablo - y un solo uno el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesus"(1 Timoteo 2:5, Gálatas 3:19-20). En él podemos ver y conocer al Padre; en Él podemos invocar a Dios como "Abba, Padre" en Él nos vienen dada la salvación.

El deseo de conocer a Dios realmente, es decir, de ver el rostro de Dios, está en todos los hombres, incluso en los ateos. Y nosotros tenemos este deseo consciente de ver quién es, qué es, qué es para nosotros. Pero este deseo se realiza siguiendo a Cristo, así vemos la espalda y vemos, por fin, a Dios como a un amigo, su rostro en el rostro de Cristo.

Es importante que sigamos a Cristo pero no sólo cuando lo necesitamos y cuando encontramos un espacio de tiempo, entre los miles quehaceres de cada día, sino con nuestra vida. Toda nuestra existencia debe estar orientada al encuentro con Él, al amor hacia Él y en ella, el amor al prójimo debe tener asimismo un lugar central. Ese amor que, a la luz del Crucificado, nos hace reconocer el rostro de Jesús en el pobre, en el débil y en el que sufre. Ello es posible sólo si el verdadero rostro de Jesús se nos ha vuelto familiar, en la escucha de su Palabra - en el diálogo interior con su Palabra para que lo podamos encontrar a Él verdaderamente - y naturalmente en el Misterio de la Eucaristía. 

En el Evangelio de San Lucas es significativo el pasaje de los dos discípulos de Emaús, que reconocieron a Jesús al partir el pan. Pero preparados por el camino cuando está preparado por la invitación que le hacen para que se quede con ellos, preparado por el diálogo que hizo arder sus corazones. Así ven al final a Jesús. También para nosotros, la Eucaristía es, preparada por una vida en diálogo con Jesús, la gran escuela en la que aprendemos a ver el rostro de Dios, entramos en relación íntima con Él; y aprendemos al mismo tiempo a dirigir la mirada hacia el momento final de la historia, cuando Él nos saciará con la luz de su rostro. En la tierra caminamos hacia esta plenitud, en la espera gozosa que se cumpla el Reino de Dios.

(Traducción de Cecilia de Malak y Eduardo Rubió)

Temas en este Blog

Abancay (1) aborto (100) abstinencia (2) Abuelos de Jesús (1) abuso (7) abusos sexuales (25) Acción Católica (1) Adicción (2) Adolescencia (13) Adviento (15) Afganistán (1) África (16) Agnosticismo (1) al azhar (1) Alemania (20) Alfonso Aguiló (4) Alocución del Papa Francisco (477) Alois Andritzki (1) Álvaro del Portillo (1) América (7) América Latina (19) amor (15) Amoris laetitia (1) Ángelus (214) Ángelus del Papa Francisco (159) Anglicanos (10) Aniversario sacerdotal (16) Aniversarios (2) anticonceptivos (5) Año de la Fe (47) Aparecida (2) Apariciones y revelaciones (1) Apóstoles (2) Arequipa (4) Argelia (1) Argentina (34) Arzobispado de Lima (85) Arzobispo de Lima (25) arzobispo de piura (2) asesinato (37) Asís (10) astronauta (1) astronomía (1) Asturias (1) Ateísmo (9) atentado (12) ateo (21) audiencia general (89) aundiencia general (3) Australia (3) Autoestima (2) Ayacucho (8) Basílicas (2) Bautismo de Jesús (4) beata (7) Beatos (23) Bélgica (2) Benedicto XVI (536) Benin (1) Benín (1) Biblia (8) Bienaventuranzas de los políticos (1) Bioética (1) Birmania (1) Bolivia (19) Brasil (22) Brujería (2) Cajamarca (1) Calendario (1) Cambio de sexo (2) Camino Neocatecumenal (4) Canadá (5) Cancionero Católico (1) Canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII (2) cantos (6) Cantos Litúrgicos (1) Cantos para la Misa (1) Capuchinos (1) Cardenal Cañizares (1) Cardenal François-Xavier Nguyên Van Thuân (1) Cardenal Juan Luis Cipriani (187) caridad (5) Cáritas (10) Caritas in Veritate (1) Cáritas Internationalis (6) Carta Apostólica (1) Castel Gandolfo (18) Castidad (2) catalina de siena (1) Catecismo (5) Catecismo de la Iglesia Catolica (3) Catecismo menor (3) catecúmenos (1) catequesis (185) Catequesis del Papa Francisco (138) catequista (4) católicos (18) Celebraciones Pontificias (1) Celibato (4) CEPROFARENA (1) cerebro (1) Chiclayo (3) Chile (17) China (18) Chipre (1) cielo (3) ciencia (10) cine (2) cisma (1) clero (1) Códice Calixtino (1) Colegio Cardenalicio (10) Colombia (30) Comisión Bíblica (1) Comisión Episcopal de Familia (2) Comisión Pontificia (1) comunicación social (3) Comunión (6) Comunión de los santos (2) comunismo (4) conciencia (2) Concilio Vaticano II (7) Cónclave (16) Conferencia (1) Conferencia Episcopal de Bolivia (10) Conferencia Episcopal de Brasil (2) Conferencia Episcopal de Chile (4) Conferencia Episcopal de Colombia (6) Conferencia Episcopal de Cuba (13) Conferencia Episcopal de Ecuador (CEE) (11) Conferencia Episcopal de México (CEM) (4) Conferencia Episcopal de Nicaragua (2) Conferencia Episcopal Española (1) Conferencia Episcopal Francesa (2) Conferencia Episcopal Peruana (15) Conferencia Episcopal Venezolana (4) confesión (9) Congregación para el Clero (1) Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (3) Congregación para la Doctrina de la Fe (8) Congregación para la Evangelización de los Pueblos (2) Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (5) Congregaciones (5) Congreso Eucarístico Internacional (3) Congreso internacional pro-vida (2) Congreso Misionero (1) Congreso Misionero Americano (1) Congreso Teológico (1) Conmemoración de los fieles difuntos (3) Consejo de Cardenales (1) Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) (7) Consejo Internacional para la Catequesis (1) Consejo Pontificio para la cultura (1) Consejo pontificio para la pastoral de los migrantes e itinerantes (3) consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales (1) consistorio (7) contaminación (1) Conversación (1) conversiones (32) Corea (5) Corona de Adviento (1) Corpus Christi (14) Costa Rica (4) Cracovia (1) Credo (13) crisis (8) cristianismo (2) cristianos (6) Croacia (9) Cruz (9) cruzadas (2) Cuaresma (27) Cuba (39) cultura y arte (22) Cusco (4) defensa de la vida (82) Democracia (1) deporte (5) derecho a vivir (7) derechos (3) derechos humanos (9) Día de los trabajadores (1) Día del Papa (3) Día Mundial de la Radio (1) Diablo (1) diálogo de fe (57) diálogo interreligioso (7) dignidad (2) Diócesis (1) Dios (11) discapacitados (4) discriminación (2) Discurso completo del Papa Francisco al Congreso de los Estados Unidos (1) Discurso de Benedicto XVI (15) Discurso del Papa Francisco (58) Discurso del Papa Francisco en la ONU (4) dispensador (1) Divina Misericordia (7) Divorcio (8) doctrina social (3) documentos revservados (1) Domingo de Ramos (3) Domingo del Mar (1) Domund (3) drogas (8) Ecuador (20) Ecumenismo (26) educación (13) Egipto (8) El buen samaritano (3) El Cancionero Católico (1) El Papa pide perdón por pedofilia (3) el trabajo (1) elecciones (2) embarazos (4) embrión (1) Encíclicas (4) Encuentro Interreligioso (11) Encuentro Mundial de las Familias (5) Encuesta para las Conferencias Episcopales sobre MÚSICA SACRA (1) encuestas (1) enfermedad (4) Epifanía (14) Episcopalianos (1) esclavitud (2) Escudo Pontificio (1) España (31) Espíritu Santo (16) Estadísticas (1) Estados Unidos (60) esterilizaciones (2) Estigmas (1) ética (5) Eucaristía (15) eugenesia (2) Europa (11) eutanasia (11) Evangelios (1) Excomunión (2) Exhortación Apostólica (2) exorcismo (3) falso sacerdote (1) falsos profetas (2) familia (103) fanatismo (1) Fátima (5) fe (27) Fecundación in vitro (5) Felicidad (4) feministas (2) Fernando Pascual (2) Fides et ratio (1) Filadelfia (1) Filipinas (8) filosofía (1) fin del mundo (1) Francia (6) franciscanas hospitalarias de la Inmaculada Concepción (1) Franciscanos (2) Fray Junípero (1) Galileo Galilei (2) genocidio (1) Gracia (2) Guatemala (2) Gudalajara (1) Hermana Dulce (1) Himno para el Año de la Fe (2) historia (1) Holanda (2) holocausto (1) homilías (139) Homilías del Papa Francisco (135) homosexualidad (41) Horóscopo (1) Hungría (2) Identidad (1) Ideología de género (3) iglesia (21) Iglesia Católica (61) Iglesia Evangélica (8) iglesia pentecostal (1) imágenes (6) independencia (2) India (12) indiferencia (1) Indulgencias (4) Inglaterra (3) injusticia (1) Inmigrantes (2) Inquisición (1) insulto (1) intenciones del Papa (10) internet (2) Iquicisión (1) Irak (2) Irán (4) Iraq (3) Irlanda (10) Isaías (1) Islam (14) Israel (12) italia (9) Japón (3) Jesucristo Rey del Universo (2) jesuitas (6) Jesús (4) Jesús de Nazaret (1) Jorge Bergoglio (3) Jornada de la Familia (3) Jornada Misionera Mundial (4) Jornada Mundial de la Juventud (90) Jornada Mundial de la Juventud 2011 (30) Jornada Mundial de la Juventud 2013 (24) Jornada Mundial de la Juventud 2016 (2) Jornada Mundial de la paz (5) Jornada Mundial de la Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica (3) Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (5) Jornada mundial de las misiones (3) Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (9) Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado (2) Jornada Mundial del Enfermo (5) Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (2) jóvenes (118) Juan de Palafox y Mendoza (2) Juan Manuel Roca (1) juan pablo ii (43) Juan XXIII (4) jubileo (4) Jubileo de la Misericordia (6) Jubileo de los adolescentes (1) judíos (5) Juicio Particular (1) justicia (6) justicia social (5) Kazajstán (1) Kenia (9) Kerygma (1) Kiko Argüello (1) L'Osservatore Romano (5) La alegría del amor (1) La alegría del Evangelio (2) La Amistad (4) La Confirmación (1) La Cruz de Motupe (1) La hospitalidad (1) La Iglesia (5) La luz de la fe (4) La multiplicación de los panes (2) La Sabiduría (1) La Transfiguración (3) La última Cena (1) La Virgen de Asunta (7) La Virgen de Medjugorje (4) Lefebre (7) lesbianas (11) Líbano (9) libertad religiosa (30) Libia (1) libros (4) líderes religiosos (1) Lima (47) Liturgia (8) Los abuelos (1) Los ancianos (1) Los Carismas (1) Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización (2) Los dones del Espíritu Santo (9) Los Mandamientos (3) Luis Ignacio Batista (1) Lumen Fidei (2) Luteranos (3) Luxemburgo (1) madre clara (1) Magisterio de la Iglesia (3) Malasia (1) Manchay (21) Manuela Ramos (1) María Auxiliadora (4) Mario Vargas Llosa (2) Mariología (2) mártires (4) martirio (1) Masonería (7) matrimonio (50) Matrimonio gay (1) Medio Oriente (2) Mensaje de Fátima (2) Mensaje del Papa (247) Mensaje del Papa al pueblo de Bérgamo (3) Mensaje del Papa Francisco por el Bicentenario de la Independencia Argentina (1) mentira (4) método natural (1) mexico (5) México (59) Miami (1) Miércoles de Ceniza (5) milagro (12) Milán (1) Misa (1) Misa Crismal (2) misión (4) misioneros (7) Misterio (1) misterios luminosos (1) Moisés (1) Moldavia (1) Monaguillos (1) monasterio (6) Mons. Javier Echevarría (1) Mons. José Ignacio Alemany Grau (1) monseñor Juan del Río Martín (5) moral (9) Motu Proprio (3) Movimiento internacional de Fe y Luz (1) Mozambique (1) muerte (20) muertos (8) mujeres (9) Música sacra (9) músicos (8) musulmanes (13) Naciones Unidas (1) natividad de la Virgen María (2) Navidad (53) New Age (1) Nicaragua (8) Nigeria (9) niños (12) nombramientos (52) Noruega (6) noviazgo (3) Nuestra Señora del Carmen. Escapulario (2) Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (1) Nueva Era (2) nueva evangelización (31) Nuncios (2) obispos (19) Octava Dies (1) OEA (2) ONU (21) opus dei (5) oración (20) Oración a la Virgen de la Caridad del Cobre (1) ordenaciones (11) Ordinariato Católico (3) Ordinariato Personal de Nuestra Señora de la Cruz del Sur (1) Organización de Universidades Católicas de América Latina y el Caribe (ODUCAL) (1) ortodoxos (4) Óscar Romero (1) Pakistán (7) Papa (8) Papa Francisco (45) Papa Pablo VI (6) Paraguay (16) parroquia (1) Partituras (1) pastoral (1) paternidad (1) paz (20) pecado (2) pedofilia (15) Pekín (2) pentecostales (3) Pentecostés (18) perdón (4) peregrinos (2) persecución (28) Perú (115) píldora anticonceptiva (2) Pío Moa (1) Pío XII (6) Piura (2) planificación familiar (2) pobres (6) pobreza (8) política (17) Polonia (3) Pontificia Comisión para América Latina (4) Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) (88) Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización (2) Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos (2) Pontificio Consejo para los Textos Legislativos (1) Premios (4) prensa (3) preservativo (6) Protestantismo (1) protomártir (1) Puerto Rico (4) Purgatorio (1) Quirógrafo (1) Ramadán (1) Ratzinger (3) razón (1) reconciliación (2) Récord (1) Redes sociales (3) Reencarnación (1) Regina Coeli (30) Reino de Jordania (3) Reino Unido (4) relativismo (2) Religión (9) religiones (1) religiosas (24) religiosos (8) reliquia (2) Renuncia del Papa (6) Resurrección (14) revelación (1) Reyes Magos (3) ricos (1) Robo (11) Roma (7) Rueda de prensa del Papa Francisco (3) Rusia (3) sacerdocio (10) Sacerdote (53) Sacramentales (1) Sacramentos (20) sacrilegio (14) Sagrado Corazón de Jesús (7) salesianos (2) salmos (2) salud (2) Salud reproductiva (1) San Alfonso María Ligorio (1) San Benito (1) San Cayetano (1) San Felipe (2) San Francisco de Asís (4) San Ignacio de Loyola (1) San José. (5) San Josemaría Escrivá (3) San Juan Bautista (7) San Juan Bosco (2) San Juan de Ávila (2) San Juan de Letrán (2) San Juan Diego (1) San Juan María Vianney (2) San Martín de Porres (2) San Pablo (7) San Pantaleón (1) San Pedro (9) san Timoteo (1) San Valentín (3) Santa Claus (6) Santa Faustina Kowalska (1) Santa Margarita de Alacoque (1) santa misa (2) Santa Rita de Casia (1) Santa Rosa de Lima (6) santa sede (21) Santa Teresa de Jesús (1) Santiago el Mayor (1) Santísima Trinidad (6) Santo Domingo (1) Santo Padre (6) santo rosario (7) Santos (40) Secretaría de Estado (1) Sectas (7) secuestro (4) secularismo (4) secularización (1) Sede vacante (11) Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (12) Semana Santa (17) Semiaristas (1) Seminario (3) Señor de los Milagros (3) Servicio de la caridad (1) sexualidad (11) SIDA (14) síndrome de down (2) Sínodo de Obispos (16) Sínodo sobre la Familia (5) Siria (5) sociología (1) solidaridad (2) Somalia (1) Sudán (4) suicidio (3) Te Deum (2) Teología marxista de la liberación (1) Tercer Reich (1) Teresa de Calcuta (2) terrorismo (11) Testigos de Jehová (2) testimonio (4) Testimonio de Gloria Polo (1) Tiara (1) Tierra Santa (16) Tito Yupanqui (2) tornado (1) Toronto (1) Tradición (1) Tribunal de la Rota Romana (3) Turquía (1) Ulf Ekman (1) ultrasonido (1) Unción de los Enfermos (2) Unión civil (2) uniones gay (19) urbano vi (1) Urbi et Orbi (5) Uruguay (2) vacaciones (2) Valores (14) Vaticano (32) Vatileaks (1) Venezuela (15) verdad (14) vestido (2) Via Crucis (2) Via Lucis (1) Viaje Apostólico del Papa Francisco a Filipinas (8) Viaje Apostólico del Papa Francisco a Tirana Albania (6) vida (40) Video (11) Vietnam (2) Vigilia Pascual (3) VIH (3) Villancicos (2) violación (7) violencia (19) Virgen de Copacabana (1) Virgen de Guadalupe (5) Virgen de Lourdes (2) Virgen del Carmen (1) Virgen del Rosario (3) Virgen María (26) Virtudes (1) Visita del Papa a Centroáfrica (3) Visita del Papa a Kenia (7) Visita del Papa Francisco a Armenia (8) Visita del Papa Francisco a Cuba (12) Visita del Papa Francisco a Estados Unidos (20) Visita del Papa Francisco a México (12) Visita del Papa Francisco a Tierra Santa (11) Visita del Papa Francisco a Uganda (5) Visitación de la Virgen (2) vocación (23) www.elcancionerocatolico.blogspot.com (1) Yoga (1)

Sacerdote para siempre quiero ser

Los Siete Sacramentos

La Biblia online