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domingo, 2 de diciembre de 2012

Motu Proprio de Benedicto XVI sobre el SERVICIO DE LA CARIDAD


BENEDICTO XVI
Motu Proprio sobre el
SERVICIO DE LA CARIDAD

Proemio
«La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra» (Carta enc. Deus caritas est, 25).
El servicio de la caridad es también una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia y expresión irrenunciable de su propia esencia (cf. ibíd.); todos los fieles tienen el derecho y el deber de implicarse personalmente para vivir el mandamiento nuevo que Cristo nos dejó (cf. Jn 15, 12), brindando al hombre contemporáneo no sólo sustento material, sino también sosiego y cuidado del alma (cf. Carta enc. Deus caritas est, 28). Asimismo, la Iglesia está llamada a ejercer la diakoniade la caridad en su dimensión comunitaria, desde las pequeñas comunidades locales a las Iglesias particulares, hasta abarcar a la Iglesia universal; por eso, necesita también «una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado» (cf. ibíd., 20), una organización que a su vez se articula mediante expresiones institucionales.
A propósito de esta diakonia de la caridad, en la Carta encíclica Deus caritas est señalé que «es propio de la estructura episcopal de la Iglesia que los Obispos, como sucesores de los Apóstoles, tengan en las Iglesias particulares la primera responsabilidad de cumplir» el servicio de la caridad (n. 32), y observaba que «el Código de Derecho Canónico, en los cánones relativos al ministerio episcopal, no habla expresamente de la caridad como un ámbito específico de la actividad episcopal» (ibíd.). Aunque «el Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos ha profundizado más concretamente el deber de la caridad como cometido intrínseco de toda la Iglesia y del Obispo en su diócesis» (ibíd.), en cualquier caso era necesario colmar dicha laguna normativa a fin de expresar adecuadamente, en el ordenamiento canónico, el carácter esencial del servicio de la Caridad en la Iglesia y su relación constitutiva con el ministerio episcopal, trazando los perfiles jurídicos que conlleva este servicio en la Iglesia, especialmente si se presta de manera organizada y con el sostén explícito de los Pastores.
Desde esta perspectiva, por tanto, con el presente Motu proprio deseo proporcionar un marco normativo orgánico que sirva para ordenar mejor, en líneas generales, las distintas formas eclesiales organizadas del servicio de la caridad, que está estrechamente vinculada a la naturaleza diaconal de la Iglesia y del ministerio episcopal.
Se ha de tener muy presente que «la actuación práctica resulta insuficiente si en ella no se puede percibir el amor por el hombre, un amor que se alimenta en el encuentro con Cristo» (ibíd., 34). Por tanto, en la actividad caritativa, las numerosas organizaciones católicas no deben limitarse a una mera recogida o distribución de fondos, sino que deben prestar siempre especial atención a la persona que se encuentra en situación de necesidad y llevar a cabo asimismo una preciosa función pedagógica en la comunidad cristiana, favoreciendo la educación a la solidaridad, al respeto y al amor según la lógica del Evangelio de Cristo. En efecto, en todos sus ámbitos, la actividad caritativa de la Iglesia debe evitar el riesgo de diluirse en una organización asistencial genérica, convirtiéndose simplemente en una de sus variantes (cf. ibíd., 31).
Las iniciativas organizadas que promueven los fieles en el sector de la caridad en distintos lugares son muy diferentes entre ellas y requieren una gestión apropiada. De modo particular, se ha desarrollado en el ámbito parroquial, diocesano, nacional e internacional la actividad de la «Caritas», institución promovida por la Jerarquía eclesiástica, que se ha ganado justamente el aprecio y la confianza de los fieles y de muchas otras personas en todo el mundo por el generoso y coherente testimonio de fe, así como por la concreción a la hora de responder a las peticiones de las personas necesitadas. Junto a esta amplia iniciativa, sostenida oficialmente por la autoridad de la Iglesia, han surgido en diferentes lugares otras múltiples iniciativas, que nacen del libre compromiso de los fieles que quieren contribuir de diferentes maneras con su esfuerzo a testimoniar concretamente la caridad para con las personas necesitadas. Tanto unas como otras son iniciativas distintas en cuanto al origen y al régimen jurídico, aunque expresan igualmente sensibilidad y deseo de responder a una misma llamada.
La Iglesia, en cuanto institución, no puede ser ajena a las iniciativas que se promueven de modo organizado y son libre expresión de la solicitud de los bautizados por las personas y los pueblos necesitados. Por esto, los Pastores deben acogerlas siempre como manifestación de la participación de todos en la misión de la Iglesia, respetando las características y la autonomía de gobierno que, según su naturaleza, competen a cada una de ellas como manifestación de la libertad de los bautizados.
Junto a ellas, la autoridad eclesiástica ha promovido por iniciativa propia obras específicas, a través de las cuales provee institucionalmente a encauzar las donaciones de los fieles, según formas jurídicas y operativas adecuadas que permitan llegar a resolver con más eficacia las necesidades concretas.
Sin embargo, en la medida en que dichas actividades las promueva la propia Jerarquía, o cuenten explícitamente con el apoyo de la autoridad de los Pastores, es preciso garantizar que su gestión se lleve a cabo de acuerdo con las exigencias de las enseñanzas de la Iglesia y con las intenciones de los fieles y que respeten asimismo las normas legítimas emanadas por la autoridad civil. Frente a estas exigencias, era necesario determinar en el derecho de la Iglesia algunas normas esenciales, inspiradas en los criterios generales de la disciplina canónica, que explicitaran en este sector de actividades las responsabilidades jurídicas que asumen en esta materia los diversos sujetos implicados, delineando en particular la posición de autoridad y de coordinación que corresponde en esto al Obispo diocesano. Dichas normas, sin embargo, debían tener una amplitud suficiente para comprender la apreciable variedad de instituciones de inspiración católica que, en cuanto tales, actúan en este sector, tanto las que nacieron por impulso de la Jerarquía, como las que surgieron por iniciativa directa de los fieles, y que los Pastores del lugar acogieron y alentaron. Si bien era necesario establecer normas al respecto, era preciso a su vez tener en cuenta cuanto requiere la justicia y la responsabilidad que los Pastores asumen frente a los fieles, respetando la legítima autonomía de cada ente.
Parte dispositiva
Por consiguiente, a propuesta del Emmo. Presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum», tras haber escuchado el parecer del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, establezco y decreto lo siguiente:
Art. 1. - § 1. Los fieles tienen el derecho de asociarse y de instituir organismos que lleven a cabo servicios específicos de caridad, especialmente en favor de los pobres y los que sufren. En la medida en que estén vinculados al servicio de caridad de los Pastores de la Iglesia y/o por ese motivo quieran valerse de la contribución de los fieles, deben someter sus Estatutos a la aprobación de la autoridad eclesiástica competente y observar las normas que siguen.
§ 2. En los mismos términos, también es derecho de los fieles constituir fundaciones para financiar iniciativas caritativas concretas, según las normas de los cánones 1303 CIC y 1047 CCEO. Si este tipo de fundaciones respondiese a las características indicadas en el § 1 se observarán asimismo, congrua congruis referendo, las disposiciones de la presente ley.
§ 3. Además de observar la legislación canónica, las iniciativas colectivas de caridad a las cuales hace referencia el presente Motu Proprio deben seguir en su actividad los principios católicos, y no pueden aceptar compromisos que en cierta medida puedan condicionar la observancia de dichos principios.
§ 4. Los organismos y las fundaciones que promueven con fines de caridad los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica están sujetos a la observancia de las presentes normas y deben seguir cuanto establecido en los cánones 312 § 2 CIC y 575 § 2 CCEO.
Art. 2. - § 1. En los Estatutos de cada organismo caritativo a los que hace referencia el artículo anterior, además de los cargos institucionales y las estructuras de gobierno según el can. 95 § 1 CIC, también se expresarán los principios inspiradores y las finalidades de la iniciativa, las modalidades de gestión de los fondos, el perfil de los propios agentes, así como las relaciones y las informaciones que han de presentar a la autoridad eclesiástica competente.
§ 2. Un organismo caritativo puede usar la denominación de «católico» sólo con el consentimiento escrito de la autoridad competente, como se indica en el can. 300 CIC.
§ 3. Los organismos con finalidad caritativa que promueven los fieles pueden tener un Asistente eclesiástico nombrado con arreglo a los Estatutos, conformemente a los cánones 324 § 2 y 317 CIC.
§ 4. Al mismo tiempo, la autoridad eclesiástica deberá tener presente el deber de regular el ejercicio de los derechos de los fieles a tenor de los cánones 223 § 2 CIC y 26 § 3 CCEO, con el fin de evitar el multiplicarse de las iniciativas de servicio de caridad en detrimento de la operatividad y la eficacia respecto a las finalidades que se proponen.
Art. 3.- § 1. A efectos de los artículos anteriores, se entiende por autoridad competente, en los respectivos niveles, la que se indica en los cánones 312 CIC y 575 CCEO.
§ 2. Si se trata de organismos no aprobados en el ámbito nacional, aunque trabajen en varias diócesis, se entiende por autoridad competente el Obispo diocesano del lugar en el cual se encuentre la sede principal de dicho ente. En cualquier caso, la organización tiene el deber de informar a los Obispos de las demás diócesis en las cuales lleva a cabo su labor, y de respetar sus indicaciones en relación a las actividades de las distintas entidades caritativas presentes en la diócesis.
Art. 4. - § 1. El Obispo diocesano (cf. can. 134 § 3 CIC y can. 987 CCEO) ejerce su solicitud pastoral por el servicio de la caridad en la Iglesia particular que tiene encomendada como Pastor, guía y primer responsable de ese servicio.
§ 2. El Obispo diocesano favorece y sostiene iniciativas y obras de servicio al prójimo en su Iglesia particular, y suscita en los fieles el fervor de la caridad laboriosa como expresión de vida cristiana y de participación en la misión de la Iglesia, como se señala en los cánones 215 y 222 CIC y 25 y 18 CCEO.
§ 3. Corresponde al respectivo Obispo diocesano vigilar a fin de que en la actividad y la gestión de estos organismos se observen siempre las normas del derecho universal y particular de la Iglesia, así como las voluntades de los fieles que hayan hecho donaciones o dejado herencias para estas finalidades específicas (cf. cánones 1300 CIC y 1044 CCEO).
Art. 5. - El Obispo diocesano debe asegurar a la Iglesia el derecho de ejercer el servicio de la caridad, y cuidar de que los fieles y las instituciones bajo su vigilancia observen la legislación civil legítima en materia.
Art. 6. – Es tarea del Obispo diocesano, como indican los cánones 394 § 1 CIC y 203 § 1 CCEO, coordinar en su circunscripción las diversas obras de servicio de caridad, tanto las que promueve la Jerarquía misma, como las que responden a la iniciativa de los fieles, respetando la autonomía que les fuese otorgada conformemente a los Estatutos de cada una. En particular, vele para que sus actividades mantengan vivo el espíritu evangélico.
Art. 7. - § 1. Las entidades a las que hace referencia el art. 1 § 1 deben seleccionar a sus agentes entre personas que compartan, o al menos respeten, la identidad católica de estas obras.
§ 2. Con el fin de garantizar el testimonio evangélico en el servicio de la caridad, el Obispo diocesano debe velar para que quienes trabajan en la pastoral caritativa de la Iglesia, además de la debida competencia profesional, den ejemplo de vida cristiana y prueba de una formación del corazón que testimonie una fe que actúa por la caridad. Con este objetivo, provea a su formación también en ámbito teológico y pastoral, con específicos curricula concertados con los directivos de los varios organismos y con propuestas adecuadas de vida espiritual.
Art. 8. – Donde fuese necesario por número y variedad de iniciativas, el Obispo diocesano debe establecer en la Iglesia que se le ha encomendado una oficina que en su nombre oriente y coordine el servicio de la caridad.
Art. 9. - § 1. El Obispo debe favorecer la creación en cada parroquia de su circunscripción de un servicio de «Caritas» parroquial o análogo, que promueva asimismo una acción pedagógica en el ámbito de toda la comunidad para educar en el espíritu de una generosa y auténtica caridad. Si fuera oportuno, dicho servicio se constituirá en común para varias parroquias del mismo territorio.
§ 2. Corresponde al Obispo y al párroco respectivo asegurar que, en el ámbito de la parroquia, junto a la «Caritas» puedan coexistir y desarrollarse otras iniciativas de caridad, bajo la coordinación general del párroco, si bien teniendo en cuenta cuanto indicado en el art. 2 § 4.
§ 3. Es un deber del Obispo diocesano y de los respectivos párrocos evitar que en esta materia se induzca a error o malentendidos a los fieles, por lo que deben impedir que a través de las estructuras parroquiales o diocesanas se haga publicidad de iniciativas que, aunque se presenten con finalidades de caridad, propongan opciones o métodos contrarios a las enseñanzas de la Iglesia.
Art. 10. - § 1. Corresponde al Obispo la vigilancia sobre los bienes eclesiásticos de los organismos caritativos sujetos a su autoridad.
§ 2. Es un deber del Obispo diocesano asegurarse de que los ingresos provenientes de las colectas que se realicen en conformidad a los cánones 1265 y 1266 CIC, y cánones 1014 y 1015 CCEO, se destinen a las finalidades para las cuales se han recogido (cánones 1267 CIC, 1016 CCEO).
§ 3. En particular, el Obispo diocesano debe evitar que los organismos de caridad sujetos a su cargo reciban financiación de entidades o instituciones que persiguen fines en contraste con la doctrina de la Iglesia. Análogamente, para no dar escándalo a los fieles, el Obispo diocesano debe evitar que dichos organismos caritativos acepten contribuciones para iniciativas que, por sus fines o por los medios para alcanzarlos, no estén de acuerdo con la doctrina de la Iglesia.
§ 4. De modo particular, el Obispo debe cuidar que la gestión de las iniciativas que dependen de él sea testimonio de sobriedad cristiana. A este fin, debe vigilar que los sueldos y gastos de gestión respondan a las exigencias de la justicia y a los necesarios perfiles profesionales, pero que a su vez sean debidamente proporcionados a gastos análogos de la propia Curia diocesana.
§ 5. Para permitir que la autoridad eclesiástica a la que hace referencia el art. 3 § 1 pueda ejercer su deber de vigilancia, las entidades mencionadas en el art. 1 § 1 deben presentar al Ordinario competente el balance anual, en el modo que indique el propio Ordinario.
Art. 11. - El Obispo diocesano debe, si fuera necesario, hacer público a sus fieles el hecho que la actividad de un determinado organismo de caridad ya no responde a las exigencias de las enseñanzas de la Iglesia, prohibiendo por consiguiente el uso del nombre «católico» y adoptando las medidas pertinentes en el caso de que aparecieran responsabilidades personales.
Art. 12.- § 1. EI Obispo diocesano debe favorecer la acción nacional e internacional de los organismos de servicio de la caridad bajo su solicitud pastoral, en particular la cooperación con las circunscripciones eclesiásticas más pobres, análogamente a cuanto establecen los cánones 1274 § 3 CIC y 1021 § 3 CCEO.
§ 2. La solicitud pastoral por las obras de caridad, según las circunstancias de tiempo y de lugar, pueden ejercerla conjuntamente varios Obispos de las diócesis más cercanas respecto a más de una Iglesia, en conformidad con el derecho. Si se tratase de ámbito internacional, es preciso consultar preventivamente el Dicasterio competente de la Santa Sede. Asimismo, es oportuno que, para iniciativas de caridad de ámbito nacional, el Obispo consulte la oficina correspondiente de la Conferencia Episcopal.
Art. 13.- La autoridad eclesiástica del lugar conserva siempre íntegro el derecho de dar su consentimiento a las iniciativas de organismos católicos que se desarrollen en el ámbito de su competencia, en el respeto de la normativa canónica y de la identidad propia de cada organismo, y es su deber de Pastor vigilar a fin de que las actividades realizadas en su diócesis se lleven a cabo conformemente a la disciplina eclesiástica, prohibiéndolas o adoptando las medidas necesarias si no la respetasen.
Art. 14. - Donde sea oportuno, el Obispo promueva las iniciativas de servicio de la caridad en colaboración con otras Iglesias o Comunidades eclesiales, salvando las peculiaridades propias de cada uno.
Art. 15. - § 1. El Consejo Pontificio «Cor Unum» tiene la tarea de promover la aplicación de esta normativa y de vigilar que se aplique en todos los ámbitos, sin perjuicio de la competencia del Consejo Pontificio para los Laicos sobre las asociaciones de fieles, prevista en el art. 133 de la Constitución apostólica Pastor Bonus, así como la de la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, y salvadas las competencias generales de los demás Dicasterios y Organismos de la Curia Romana. En particular, el Consejo Pontificio «Cor Unum» debe vigilar que el servicio de la caridad de las instituciones católicas en ámbito internacional se desarrolle siempre en comunión con las respectivas Iglesias particulares.
§ 2. Análogamente, compete al Consejo Pontificio «Cor Unum» la erección canónica de organismos de servicio de caridad en el ámbito internacional, asumiendo sucesivamente las tareas disciplinarias y de promoción que correspondan por derecho.
Ordeno que todo lo que he deliberado con esta Carta apostólica en forma de Motu Proprio se observe en todas sus partes, no obstante cualquier disposición contraria, aunque sea digna de particular mención, y establezco que se promulgue mediante la publicación en el periódico «L'Osservatore Romano», y que entre en vigor el 10 de diciembre de 2012.
Dado en el Vaticano, el día 11 de noviembre del año 2012, octavo de Nuestro Pontificado.

BENEDICTUS PP. XVI

© Copyright 2012 - Libreria Editrice Vaticana

Intención General del Apostolado de la Oración de Su Santidad Benedicto XVI

Intención General del Apostolado de la Oración de Su Santidad Benedicto XVI es “Para que los migrantes sean acogidos en todo el mundo con generosidad y amor auténtico, especialmente por las comunidades cristianas”, y la intención de oración Misionera es “Para que Cristo se revele a toda la humanidad con la luz que emana de Belén y se refleja en el rostro de la Iglesia”.

TEXTO ALOCUCIÓN PONTIFICIA PREVIA AL REZO MARIANO DEL ANGELUS 02.12.12 / Primer Domingo de Adviento en el Año de la fe

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Iglesia inicia un nuevo Año litúrgico, un camino que viene ulteriormente enriquecido por el Año de la fe, a 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II. El primer Tiempo de este itinerario es el Adviento, formado, en el Rito Romano, por las cuatro semanas que preceden el Nacimiento del Señor, es decir el misterio de la encarnación. La palabra «adviento» significa «venida» o «presencia». En el mundo antiguo indicaba la visita del rey o del emperador a una provincia; en el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Dios, a su presencia en el mundo; un misterio que envuelve por entero el cosmos y la historia, pero que conoce dos momentos culminantes: la primera y la segunda venida de Jesucristo. La primera es en la Encarnación; la segunda es el regreso glorioso al final de los tiempos. Estos dos momentos, que cronológicamente son distantes -y no nos es dado saber cuánto-, en profundidad se tocan, porque con su muerte y resurrección Jesús ha realizado ya aquella transformación del hombre y del cosmos que es la meta final de la creación. Sin embargo antes del final, es necesario que el Evangelio sea proclamado a todas las naciones, dice Jesús en el Evangelio de san Marcos (cfr Mc 13,10). La venida del Señor continúa, el mundo debe ser penetrado por su presencia. Y esta venida permanente del Señor en el anuncio del Evangelio requiere continuamente nuestra colaboración; y la Iglesia, que es como la Novia, la prometida Esposa del Cordero de Dios crucificado y resucitado (cfr Ap 21,9), en comunión con su Señor colabora en esta venida del Señor, en la que ya empieza su regreso glorioso.

A esto nos llama hoy la Palabra de Dios, trazando la línea de conducta a seguir para estar preparados a la venida del Señor. En el Evangelio de Lucas, Jesús dice a sus discípulos: «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez … Estad en vela orando en todo tiempo» (Lc 21,34.36). Por lo tanto, sobriedad y oración. Y el apóstol Pablo añade la invitación a «progresar y sobreabundar en el amor» de unos con otros, y para con todos para que se consoliden los corazones con santidad irreprochable ante Dios (cfr 1 Ts 3,12-13). En medio del desorden del mundo, o en los desiertos de la indiferencia y del materialismo, los cristianos acogen de Dios la salvación y la testimonian con un modo diverso de vivir, como una ciudad colocada sobre un monte. «En Aquellos días - anuncia el profeta Jeremías - estará a salvo Jerusalén, y la llamarán "El Señor es nuestra justicia"» (33,16). La comunidad de los creyentes es signo del amor de Dios, de su justicia que ya está presente y operosa en la historia pero que no está todavía plenamente realizada, y por lo tanto es siempre esperada, invocada, buscada con paciencia y valor. 

La Virgen María encarna perfectamente el espíritu del Adviento, hecho de la escucha de Dios, de deseo profundo de cumplir con su voluntad, de gozoso servicio hacia el prójimo. Dejémonos guiar por ella, para que el Dios que viene no nos encuentre cerrados o distraídos, sino que pueda, en cada uno de nosotros, extender un poco de su reino de amor, de justicia y de paz. 

Traducción: Patricia L. Jáuregui Romero

jueves, 29 de noviembre de 2012

Decapitan en Afganistán a niña de 14 años tras negativa del padre a casarla

La Policía de Afganistán arrestó hoy a dos hombres acusados de decapitar a una niña de catorce años de edad en la provincia de Kunduz (norte) después de que el padre de ésta rechazara una propuesta de matrimonio formulada por uno de los detenidos.

"Nuestras investigaciones muestran que los que la mataron eran personas que querían casarse con ella. Estaban acosando a la familia y pidiendo su mano. Cuando se negaron, la mataron", agregaron fuentes policiales en declaraciones concedidas a la cadena británica BBC.

El padre de la niña asesinada dijo que se había negado a entregarla en matrimonio por "ser demasiado joven para estar prometida", según informa la agencia afgana de noticias Pajhwok.

Fuentes oficiales afganas han indicado que los dos sospechosos son familiares cercanos de la chica asesinada.
Fuente: aciprensa.com

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Ministra evangélica apoya adopción gay en Perú


La Ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables en Perú, la evangélica Ana Jara, expresó su apoyo a la adopción gay asegurando que con estas parejas los niños pueden recibir los mismos valores que con "parejas heterosexuales".

Jara aseguró durante la entrevista realizada en el noticiero matutino "Abre Los Ojos" el 27 de noviembre, que el niño adoptado por una pareja gay "va a recibir amor".

El conductor del programa, Beto Ortiz, cuestionó a la ministra sobre si se opondría a la adopción gay, a lo que ella respondió que "no, por favor, no". Jara recibió la aprobación de Ortiz, abiertamente homosexual, que la elogió al decir "bravo, qué bien, pensé que eras más conservadora".

La Ministra de la Mujer aseguró que el niño adoptado por una pareja gay "va a recibir amor y estoy segura que una cultura de valores tanto o más que una pareja heterosexual".

"Soy enemiga de estigmatizar y de discriminar, soy enemiga absoluta. Pero no se hará como yo quiero, sino como sean las políticas de estado", aseguró.

Ana Jara también se escudó en Jesucristo, a quien calificó como "comelón" y "bebelón" para justificar su apoyo a la adopción gay al decir que "si nosotros jamás seremos mayores que el Maestro, ¿por qué nosotros tendríamos que discriminar?".

ACI Prensa llamó a Nancy Tolentino, también evangélica y directora del Programa Integral Nacional para el Bienestar Familiar (INABIF) –una dependencia del Ministerio de la Mujer encargada de velar por niños en situación de abandono– quien no quiso declarar sobre el tema ya que no le compete a su despacho.

Sin embargo precisó que el tema de las adopciones "no tiene nada que ver con el INABIF. Hay una dirección general de adopciones, es un órgano independiente del Ministerio, que ve todo el tema de adopciones. No lo ve el INABIF", aseguró.

El INABIF tiene entre sus funciones la promoción de "la protección integral de niñas(os) y adolescentes en riesgo o abandono, propiciando la generación y el mejoramiento de las condiciones que aseguren su desarrollo".

Por su parte, Raquel Gago Prialé, directora ejecutiva de la Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP), también evitó dar declaraciones argumentando encontrarse "de licencia" en sus funciones.

ACI Prensa intentó repetidamente comunicarse con el Presidente de UNICEP, Manuel Gutiérrez y su secretario, el pastor Javier Loayza, pero al cierre de esta edición no obtuvo respuesta.

No es la primera vez que la ministra Jara genera este tipo de controversia. Según informó la Oficina de América Latina del Popular Research Institute (PRI), el 27 de abril de este año la funcionaria dijo que tuvo que "acceder" a apoyar el protocolo del aborto terapéutico.

Este protocolo es una maniobra orquestada por las feministas que busca despenalizar el aborto a pedido en el Perú y que tiene el apoyo de grupos como PROMSEX, Demus, Manuela Ramos y Católicas por el Derecho a Decidir.

Recientemente ACI Prensa reveló que, en la última década, Católicas por el Derecho a Decidir invirtió más de 13 millones de dólares en promover el aborto en América Latina.

Texto completo de la catequesis del Papa: Cómo hablar de Dios en nuestro tiempo (28 de noviembre 2012)

Queridos hermanos y hermanas:

La pregunta principal que nos planteamos hoy ¿cómo hablar de Dios en nuestro tiempo? ¿Cómo comunicar el Evangelio, para abrir caminos a su verdad salvífica en los corazones de nuestros contemporáneos, a menudo cerrados, y en sus mentes, a veces distraídas por tantos destellos de la sociedad? El mismo Jesús, nos dicen los Evangelistas, al anunciar el Reino de Dios se preguntó acerca de esto: Ha dicho"¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?" (Mc 4, 30). Cómo hablar de Dios hoy. La primera respuesta es que nosotros podemos hablar de Dios porque Dios ha hablado con nosotros. La primera condición del hablar de Dios es, por lo tanto, la escucha de lo que ha dicho el mismo Dios. Ha hablado con nosotros. Dios no es una hipótesis lejana del mundo por su origen, Dios se preocupa por nosotros, Dios nos ama, Dios ha entrado personalmente en la realidad de nuestra historia, se ha ‘auto-comunicado’ hasta encarnarse. Por lo tanto, Dios es una realidad de nuestra vida, Dios es tan grande que tiene tiempo también para nosotros, que puede ocuparse de nosotros y se ocupa de nosotros. En Jesús de Nazaret, encontramos el rostro de Dios, que ha bajado de su Cielo, para sumergirse en el mundo de los hombres y en nuestro mundo y enseñar el "arte de vivir", el camino hacia la felicidad; para liberarnos del pecado y hacernos plenamente hijos de Dios (cfr. Ef 1, 5, Rom 8, 14). Jesús vino para salvarnos y mostrarnos la vida buena del Evangelio.

Hablar de Dios significa, ante todo tener claro lo que debemos brindar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. No un Dios abstracto, no una hipótesis, sino un Dios concreto, un Dios que existe, que ha entrado en la historia y está presente en la historia, el Dios de Jesucristo como respuesta a la pregunta fundamental del por qué y cómo vivir. Por lo tanto, hablar de Dios requiere una familiaridad con Jesús y su Evangelio, presupone un conocimiento nuestro personal y real de Dios y una gran pasión por su proyecto de salvación, sin ceder a la tentación del éxito, sino siguiendo el método de Dios mismo. El método de Dios es el de la humildad, Dios se hace uno de nosotros, es el método cumplido en la Encarnación, en la humilde casa de Nazaret y en la gruta de Belén, el la parábola del grano de mostaza. Se requiere no temer la humildad de los pequeños pasos y confiar en la levadura, que penetra en la masa y la hace crecer lentamente (cfr. Mt 13, 33). Al hablar de Dios, en la obra de la evangelización, bajo la guía del Espíritu Santo, es necesario recuperar la simplicidad, un retorno a lo esencial del anuncio: la Buena Nueva de un Dios que es real, concreto, de un Dios que se preocupa por nosotros, de un Dios-Amor que se acerca a nosotros en Jesucristo hasta la Cruz y que, en la Resurrección nos dona la esperanza y nos abre a una vida que no tiene fin, la vida eterna. Ese comunicador excepcional que fue el apóstol Pablo nos ofrece una lección que va directo al corazón de la fe, sobre cómo hablar de Dios con gran sencillez. Hemos escuchado hace poco que en la primera carta a los Corintios escribe: "Por mi parte, hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado" (2, 1-2). Por lo tanto, la primera realidad es que no habla de una filosofía que él ha desarrollado, no habla de ideas que ha encontrado o que ha inventado, habla de una realidad de su vida, habla del Dios que ha entrado en su vida, habla de un Dios real, que vive, que ha hablado con él, que hablará con él del Cristo resucitado, crucificado y resucitado. La segunda realidad es que habla, no se busca a sí mismo, no quiere crearse un grupo de admiradores, no quiere entrar en la historia como cabeza de una escuela de grandes conocimientos, no se busca así mismo, no quiere tener un grupo de admiradores suyos, Pablo anuncia a Cristo y quiere ganar personas para el Dios verdadero y real. Pablo habla con el único anhelo de predicar lo que ha entrado en su vida y que es la verdadera vida, que lo ha conquistado en el camino a Damasco. Hablar de Dios quiere decir dar espacio a Aquél que nos lo hace conocer, que nos revela su rostro de amor; significa expropiar nuestro propio yo, ofreciéndolo a Cristo, conscientes de que no somos nosotros los que podemos ganar a los otros para Dios, sino que debemos esperarlos de parte del mismo Dios, invocárselos a Él. El hablar de Dios nace por lo tanto de la escucha, de nuestro conocimiento de Dios que se realiza en la familiaridad con Dios, en la vida de oración y según los mandamientos.

Comunicar la fe, para san Pablo no quiere decir traer a sí mismo, sino decir abiertamente y públicamente lo que ha visto y oído en el encuentro con Cristo, lo que él ha experimentado en su vida ya transformada por aquel encuentro: es llevar a Jesús, que siente en sí mismo y se ha convertido en el verdadero sentido de su vida, para que quede claro a todos que Él es necesario para el mundo y decisivo para la libertad de cada hombre. El Apóstol no se contenta con proclamar las palabras, sino que implica la totalidad de su vida en la gran obra de la fe. Para hablar de Dios, tenemos que dejarle espacio en la esperanza de que es Él quien actúa en nuestra debilidad: dejar espacio sin miedo, con sencillez y alegría, en la profunda convicción de que cuanto más lo pongamos en medio, y no a nosotros, más nuestra comunicación será fructífera. Y esto también vale para las comunidades cristianas: ellas están llamados a mostrar la acción transformadora de la gracia de Dios, superando individualismos, cerrazones, egoísmos, indiferencia y viviendo en sus relaciones cotidianas el amor de Dios. ¿Son realmente así nuestras comunidades? Tenemos que ponernos en acción para ser cada vez más anunciadores de Cristo y no de nosotros mismos.

En este punto debemos preguntarnos cómo comunicaba Jesús. Jesús en su unicidad habla de su padre - Abba - y del Reino de Dios, con los ojos llenos de compasión por los sufrimientos y las dificultades de la existencia humana. Habla con gran realismo y, yo diría de manera esencial. El anuncio de Jesús nos muestra que en el mundo y en la creación aparece el rostro de Dios y nos muestra cómo en las historias cotidianas de nuestra vida Dios está presente, como en las parábolas de la naturaleza, del grano de mostaza, en la parábola del hijo pródigo, Lázaro y en todas las parábolas de Jesús. En los Evangelios vemos como Jesús está interesado por todas las situaciones humanas que encuentra, se inmersa en la realidad de los hombres y mujeres de su tiempo, con una plena confianza en la ayuda del Padre. Y en verdad, en estas historias, de manera oculta, Dios está presente y si estamos atentos lo podemos descubrir. Los discípulos, que viven con Jesús, las multitudes que se reúnen, ven sus reacciones a los problemas más disparatados, ven cómo habla, cómo se comporta; ven en Él la acción del Espíritu Santo, la acción de Dios. En Él anuncio y vida están entrelazados: Jesús actúa y enseña, siempre a partir de una relación íntima con Dios Padre. Este estilo se convierte en una indicación fundamental para nosotros los cristianos: nuestra forma de vivir en la fe y en la caridad se convierte en un hablar de Dios en el hoy, ya que muestra, con una existencia vivida en Cristo, la credibilidad y el realismo de lo que decimos con las palabras, porque no son solo palabras, sino que muestran la realidad, la verdadera realidad. Y en esto hay que tener cuidado para saber leer los signos de los tiempos de nuestra época, es decir, identificar el potencial, los deseos, los obstáculos que se encuentran en la cultura contemporánea, en particular el deseo de autenticidad, el anhelo de trascendencia, la sensibilidad para salvaguardar la creación, y comunicar sin miedo la respuesta que ofrece la fe en Dios. El Año de la Fe es una oportunidad para descubrir, con la fantasía animada por el Espíritu Santo, nuevos caminos a nivel personal y comunitario, a fin de que en todas partes la fuerza el Evangelio sea la sabiduría de la vida y la orientación existencial.

También en nuestro tiempo, un lugar especial para hablar de Dios es la familia, la primera escuela para comunicar la fe a las nuevas generaciones. El Concilio Vaticano II habla de los padres como los primeros mensajeros de Dios (cf. Constitución dogmática Lumen gentium, 11;.. Decr Apostolicam actuositatem, 11), llamados a redescubrir su misión, asumiéndose la responsabilidad en la educación, en abrir la conciencia de los pequeños al amor de Dios como un servicio esencial para sus vidas, siendo los primeros catequistas y maestros de la fe para sus hijos. 


Y en esta tarea es importante ante todo la vigilancia, que significa saber aprovechar las oportunidades favorables para introducir en la familia el discurso de la fe y para hacer madurar una reflexión crítica respecto a las muchas influencias a las que están sometidos los hijos. Esta atención de los padres es también sensibilidad en el reconocimiento de las posibles preguntas religiosas que se hacen mentalmente los niños, a veces, evidentes a veces ocultas. Después está la alegría: la comunicación de la fe siempre debe tener un tono de alegría. Es la alegría de la Pascua, que no calla u oculta la realidad del dolor, del sufrimiento, la fatiga, las dificultades, la incomprensión y la muerte misma, sino que puede ofrecer criterios para la interpretación de todo, desde la perspectiva de la esperanza cristiana.

La vida buena del Evangelio es esta nueva mirada, esta capacidad de ver con los mismos ojos de Dios cada situación. Es importante ayudar a todos los miembros de la familia a comprender que la fe no es una carga, sino una fuente de alegría profunda, es percibir la acción de Dios, reconocer la presencia del bien, que no hace ruido, y proporciona valiosas orientaciones para vivir bien la propia existencia. Por último, la capacidad de escucha y de dialogo: la familia debe ser un ámbito donde se aprende a estar juntos, para conciliar los conflictos en el diálogo mutuo, que está hecho de escucha y de palabra, de entenderse y amarse, para ser signo, el uno para el otro, del amor misericordioso de Dios.

Hablar de Dios, por lo tanto, significa comprender con la palabra y con la vida que Dios no es un competidor de nuestra existencia, sino que es el verdadero garante, el garante de la grandeza de la persona humana. Así volvemos al principio: hablar de Dios es comunicar, con fuerza y ​​sencillez, con la palabra y la vida, lo que es esencial: el Dios de Jesucristo, el Dios que nos ha mostrado un amor tan grande, de encarnarse, morir y resucitar por nosotros; ese Dios que nos invita a seguirlo y dejarnos transformar por su amor inmenso para renovar nuestra vida y nuestras relaciones; el Dios que nos ha dado a la Iglesia, para caminar juntos y, a través de la Palabra y los Sacramentos, renovar la entera Ciudad de los hombres, para que pueda llegar a ser la Ciudad de Dios.

Traducción de Cecilia de Malak y Eduardo Rubió

domingo, 25 de noviembre de 2012

TEXTO ALOCUCIÓN BENEDICTO XVI EN EL CONSISTORIO PARA LA CREACIÓN DE 6 NUEVOS CARDENALES 24.11.12:

«Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica».

Queridos hermanos y hermanas

Estas palabras, que dentro de poco pronunciarán solemnemente los nuevos cardenales al hacer la profesión de fe, son parte del símbolo niceno-constantinopolitano, la síntesis de la fe de la Iglesia que cada uno recibe en el momento del Bautismo. Sólo profesando y preservando intacta esta regla de la verdad somos verdaderos discípulos del Señor. En este Consistorio, quisiera centrarme particularmente en el significado del término «católica», que indica un rasgo esencial de la Iglesia y su misión. El argumento sería amplio y se podría enfocar desde diversas perspectivas. Hoy me limitaré sólo a alguna consideración.

Las notas características de la Iglesia responden al designio divino, como se afirma en el Catecismo de la Iglesia Católica: «Es Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia el ser una, santa, católica y apostólica, y Él es también quien la llama a ejercitar cada una de estas cualidades» (n. 811). Más específicamente, la Iglesia es católica porque Cristo abraza en su misión de salvación a toda la humanidad. Aunque la misión de Jesús en su vida terrena se limitaba al pueblo judío, «a las ovejas descarriadas de Israel» (Mt 15,24), sin embargo desde el inicio estaba orientada a llevar a todos los pueblos la luz del Evangelio y a hacer entrar a todas las naciones en el Reino de Dios. En Cafarnaún, Jesús exclama ante la fe del centurión: «Os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos» (Mt 8,11). Esta perspectiva universalista se desprende, por ejemplo, de la presentación que Jesús hace de sí mismo, no sólo como «Hijo de David», sino también como «Hijo del hombre» (Mc 10,33), como hemos oído en el pasaje evangélico proclamado hace poco. En el lenguaje de la literatura judía apocalíptica inspirada en la visión de la historia en el Libro del profeta Daniel (cf. 7,13-14), el título «Hijo del hombre» se refiere al personaje que viene «en las nubes del cielo» (v. 13), y es una imagen que anuncia con antelación un reino totalmente nuevo, un reino que no se apoya en los poderes humanos, sino en el verdadero poder que proviene de Dios. Jesús usa esta expresión rica y compleja, y la refiere a sí mismo para manifestar el verdadero carácter de su mesianismo, como misión hacia todo el hombre y todos los hombres, superando todo particularismo étnico, nacional y religioso. En efecto, en este nuevo reino, que la Iglesia anuncia y anticipa, y que vence la fragmentación y la dispersión, se entra precisamente siguiendo a Jesús, dejándose atraer dentro de su humanidad, y por tanto en la comunión con Dios.

Además, Jesús no envía su Iglesia a un grupo, sino a la totalidad del género humano para reunirlo, en la fe, en un único pueblo con el fin de salvarlo, como lo expresa bien el Concilio Vaticano II en la Constitución dogmática Lumen gentium: «Todos los hombres están invitados al Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así se cumpla el designio de Dios» (n. 13). Así, pues, la universalidad de la Iglesia proviene de la universalidad del único plan divino de salvación del mundo. Este carácter universal aparece claramente el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo inunda de su presencia a la primera comunidad cristiana, para que el Evangelio se extienda a todas las naciones y haga crecer en todos los pueblos el único Pueblo de Dios. Así, ya desde sus comienzos, la Iglesia está orientada kat’holon, abraza todo el universo. Los Apóstoles dan testimonio de Cristo dirigiéndose a los hombres de toda la tierra, todos los comprenden como si hablaran en su lengua materna (cf. Hch 2,7-8). A partir de aquel día, la Iglesia, con la «fuerza del Espíritu Santo», según la promesa de Jesús, anuncia al Señor muerto y resucitado «en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo» (Hch 1,8). Por tanto, la misión universal de la Iglesia no sube desde abajo, sino que desciende de lo alto, del Espíritu Santo, y está orientada desde el primer instante a expresarse en toda cultura para formar así el único Pueblo de Dios. No es tanto una comunidad local que crece y se expande lentamente, sino que es como levadura destinada a lo universal, a la totalidad, y que lleva en sí misma la universalidad.

«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15); «haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19). Con estas palabras, Jesús envía a los Apóstoles a todas las criaturas, para que llegue por doquier la acción salvífica de Dios. Pero si nos fijamos en el momento de la ascensión de Jesús al cielo, según se relata en los Hechos de los Apóstoles, observamos que los discípulos siguen encerrados en su visión, piensan en la restauración de un nuevo reino davídico, y preguntan al Señor: «¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» (Hch 1,6). Y ¿cómo responde Jesús? Responde abriendo sus horizontes y dejándoles una promesa y un cometido: promete que serán colmados de la fuerza del Espíritu Santo y les confiere el encargo de dar testimonio de él en el mundo, superando los confines culturales y religiosos en los que estaban acostumbrados a pensar y vivir, para abrirse al reino universal de Dios. Y en los comienzos del camino de la Iglesia, los Apóstoles y los discípulos se ponen en marcha sin ninguna seguridad humana, sino con la sola fuerza del Espíritu Santo, del Evangelio y de la fe. Es el fermento que se esparce por mundo, entra en las diversas coyunturas y en los múltiples contextos culturales y sociales, pero que sigue siendo una única Iglesia. En torno a los Apóstoles florecen las comunidades cristianas, pero éstas son «la» Iglesia, que tanto en Jerusalén como en Antioquía o Roma, es siempre la misma, una y universal. Y cuando los Apóstoles hablan de la Iglesia, no se refieren a su propia comunidad: hablan de la Iglesia de Cristo, e insisten en esta identidad única, universal y total de la Catholica, que se realiza en cada Iglesia local. La Iglesia es una, santa, católica y apostólica; refleja en sí misma la fuente de su vida y de su camino: la unidad y la comunión de la Trinidad.

También el Colegio Cardenalicio se sitúa en el surco y en la perspectiva de la unidad y la universalidad de la Iglesia: muestra una variedad de rostros, en cuanto expresa el rostro de la Iglesia universal. A través de este Consistorio, deseo destacar de manera particular que la Iglesia es la Iglesia de todos los pueblos, y se expresa por tanto en las diversas culturas de los distintos continentes. Es la Iglesia de Pentecostés, que en la polifonía de las voces eleva un canto único y armonioso al Dios vivo.

Saludo cordialmente a las delegaciones oficiales de los diferentes países, a los obispos, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos de las distintas comunidades diocesanas, así como a todos los que participan en la alegría de los nuevos miembros del Colegio Cardenalicio, a los cuales les unen lazos de parentesco, amistad o cooperación. Los nuevos cardenales, que representan a varias diócesis del mundo, son ahora agregados a título especial a la Iglesia de Roma, y refuerzan así los vínculos espirituales que unen a toda la Iglesia, vivificada por Cristo, estrechamente reunida en torno al Sucesor de Pedro. Al mismo tiempo, el rito de hoy expresa el valor supremo de la fidelidad. En efecto, en el juramento que haréis dentro de poco, venerados hermanos, están escritas palabras cargadas de un profundo significado espiritual y eclesial: «Prometo y juro permanecer, ahora y por siempre hasta el final de mi vida, fiel a Cristo y a su Evangelio, constantemente obediente a la Santa Iglesia Apostólica Romana». Y, al recibir la birreta roja, oiréis cómo se os recuerda que ésta indica «que debéis estar preparados para comportaros con fortaleza, hasta el derramamiento de la sangre, por el incremento de la fe cristiana, por la paz y la tranquilidad del Pueblo de Dios». A su vez, la entrega del anillo está acompañada de una advertencia: «Has de saber que, con el amor al Príncipe de los Apóstoles, se refuerza tu amor a la Iglesia».

He aquí indicada, en estos gestos y las expresiones que los acompañan, la fisionomía que hoy asumís en la Iglesia. De ahora en adelante, estaréis todavía más estrechamente unidos a la Sede de Pedro: los títulos o las diaconías de las iglesias de la Urbe os recordarán el lazo que os une, como miembros a título especialísimo, a esta Iglesia de Roma, que preside la caridad universal. Principalmente por la colaboración con los Dicasterios de la Curia Romana, seréis mis preciosos colaboradores, ante todo en el ministerio apostólico para con la catolicidad entera, como Pastor de toda la grey de Cristo y primer garante de la doctrina, de la disciplina y de la moral.

Queridos amigos, alabemos al Señor, que «no cesa de enriquecer con generosidad de dones a su Iglesia extendida por el mundo» (Oración), y da nuevo vigor a la perenne juventud que le ha dado. A él confiamos el nuevo servicio eclesial de estos estimados y venerados hermanos, para que den un valiente testimonio de Cristo, en el dinamismo edificante de la fe y en el signo de un incesante amor oblativo.

Texto completo de la alocución de Benedicto XVI antes de rezar el ángelus: En las atormentadas vicisitudes de la historia, Dios sigue construyendo su Reino de amor

Queridos hermanos y hermanas: 

Hoy la Iglesia celebra a Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo. Esta solemnidad se coloca al término del año litúrgico y resume el misterio de Jesús «primogénito de los muertos y dominador de todos los poderosos de la tierra» (Oración Colecta Año B), ensanchando nuestra mirada hacia la plena realización del Reino de Dios, cuando Dios será todo en todos (Cfr. 1 Co 15, 28). 

San Cirilo de Jerusalén afirma: «Nosotros anunciamos no sólo la primera venida de Cristo, sino también una segunda mucho más bella de la primera. La primera, en efecto, fue una manifestación de padecimiento, la segunda trae la diadema de la realeza divina; en la primera fue sometido a la humillación de la cruz, en la segunda está rodeado y glorificado por una multitud de ángeles » (Catequesis XV,1 Illuminandorum, De secundo Christi adventu: PG 33, 869 A). 

Toda la misión de Jesús y el contenido de su mensaje consisten en anunciar el Reino de Dios y actuarlo en medio de los hombres con signos y prodigios. «Pero – como recuerda el Concilio Vaticano II – ante todo el Reino se manifiesta en la misma persona de Cristo» (Constitución dogmática Lumen gentium, 5), que lo ha instaurado mediante su muerte en la cruz y su resurrección, con la que se ha manifestado cual Señor y Mesías y Sacerdote eterno. Este Reino de Cristo ha sido encomendado a la Iglesia, que es su «germen» e «inicio» y tiene el deber de anunciarlo y difundirlo entre todas las gentes, con la fuerza del Espíritu Santo (Cfr. ibíd.). Al término del tiempo establecido, el Señor entregará a Dios Padre el Reino y le presentará a todos los que han vivido según el mandamiento del amor. 

Queridos amigos, todos nosotros estamos llamados a prolongar la obra salvífica de Dios convirtiéndonos al Evangelios, poniéndonos con decisión al servicio de aquel Rey que no ha venido para ser servido sino para servir y dar testimonio de la verdad (Cfr. Mc 10, 45; Jn 18,37). 

En esta perspectiva invito a todos a orar por los seis nuevos Cardenales que he creado ayer, a fin de que el Espíritu Santo los refuerce en la fe y en la caridad y los colme con sus dones, de modo que vivan su nueva responsabilidad como una entrega ulterior a Cristo y a su Reino. 

Estos nuevos miembros del Colegio Cardenalicio representan bien la dimensión universal de la Iglesia: son Pastores de Iglesias en El Líbano, en la India, en Nigeria, en Colombia, en Filipinas y, uno de ellos, está desde hace mucho tiempo, al servicio de la Santa Sede. 

Invoquemos la protección de María Santísima sobre cada uno de ellos y sobre los fieles encomendadnos a su servicio. Que la Virgen nos ayude a todos a vivir el tiempo presente en espera del regreso del Señor, pidiendo con fuerza a Dios: «Venga tu Reino», y cumpliendo esas obras de luz que nos acerca cada vez más al Cielo, conscientes de que, en las atormentadas vicisitudes de la historia, Dios sigue construyendo su Reino de amor.

viernes, 23 de noviembre de 2012

¿Por qué la pobreza?

AUDIO La unión europea de Radiodifusión, Ebu/Uer, organiza el próximo 29 de noviembre un especial Día de transmisiones en Eurovisión, dedicado al tema de la pobreza. Why Poverty? Day, o bien, el Día del ¿Por qué la pobreza? Es una iniciativa promovida por "Steps Internacional", en colaboración con la Bbc y con la DR, la radiotelevisión danesa.
En el mes de noviembre un gran número de televisiones de todo el mundo lanzarán juntas una de las más grandes coproducciones internacionales de esta última década. 

Globalicemos la solidaridad

Radio Vaticana como miembro del UER, adhiere a esta iniciativa. Hablamos de ello con Monseñor Gregorio Rosa Chávez, Obispo de El Salvador, y actual Presidente de Cáritas de ese país. En el período durante el cual Mons. Chávez fue Presidente de Cáritas de Latinoamerica y El Caribe, fué lanzada la famosa Campaña de la Pobreza Cero:

P: Monseñor,¿qué piensa de esta iniciativa? ¿Qué piensa que puede hacer la Radio para luchar contra la pobreza?

R:Pues yo soy un hombre de Radio. He visto como la gente en América Latina es gente de Radio.¿Quiénes son los pobres? El Papa en el sínodo habló de la pobreza moral, de quien no sabe compartir, de quien vive encerrado en su egoísmo, y son pobres también.

P: Recordando las palabras de Benedicto XVI en la Encíclica Caritas in Veritate, el proceso de globalización, adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes; pero si se gestiona mal, puede incrementar la pobreza y la desigualdad, contagiando además con una crisis en todo el mundo. Por ese motivo es urgente, combatir también la pobreza espiritual....

R: Pues globalicemos la solidaridad. Ése es el camino. En Ecclesia en América hablamos de eso: La globalización que es aceptable y la que no es aceptable.. En esta línea hay que avanzar. Creo que esta oportunidad no hay que perderla para poner unas piedras más en el camino porque sólo una visión de la familia humana como una única familia es lo que permite que superemos todos los problemas que tenemos actualmente en el mundo.

Hemos avanzado en entender el problema, ahora tenemos que actuar en consecuencia.
Juan Pablo II en su Catequesis habla de la opción por los pobres, desde esta opción tenemos que hacer varias cosas, primero la parte asistencial: Dar de comer a los pobres. Segundo, la parte de la promoción humana: Enseñar a pescar. Tercero: que nos unamos a la gente que busca un mundo nuevo; y cuarto: una lucha por cambiar las estructuras.
Entonces, esta iniciativa va a permitir que acortemos el tiempo para que los pobres tengan esperanza.

Hoy somos una familia, un solo mundo, cada uno desde su propia realidad, y con una utopía que es la de Jesús.
Tenemos un solo futuro. O nos salvamos todos o nos perdemos todos. El primer mundo tiene que aprender que no puede seguir como está. 
Una sociedad de consumo, tan salvaje como la que tenemos hoy, nos va a anular como humanidad.
Se está entendiendo poco a poco a nivel teórico, cuando se entienda a nivel práctico, vamos a aprender a vivir de una manera muy diferente.

La radio es una "presencia discreta para gente distraída", que respeta la intimidad de la familia. Si tenemos un mensaje que nos va humanizando, que nos va haciendo hermanos, el mundo cambia, y cambia sin que nos demos cuenta.
Por ello es que la Radio es tan fundamental, pensamos que iba a morir, en cambio hoy, está más viva que nunca.

P: ¿Qué piensa de Radio Vaticana?

R: La conozco desde que era adolescente. Radio Vaticana acorta distancias, al lado mío está el Papa, al lado mío están los Obispos, al lado mío está el drama de la pobreza.
La Radio Vaticana ha abierto caminos, históricamente, desde Marconi, y ha ido evolucionando a ritmo de la sociedad en la que estamos.

Es posible evangelizar, es posible un mundo diferente, Cristo sigue siendo la noticia que todo el mundo necesita escuchar, pero necesita testigos creíbles. La credibilidad es algo que no se puede improvisar.
La radio tiene un futuro clave en el mundo que vivimos, más ahora que ya no hay barreras de tiempo ni de espacio, por eso estoy contento de poder dar unas palabras de gratitud a esta Emisora, que ha sido parte de mi formación desde que era un estudiante de secundario.

Otras consideraciones doctrinales sobre el tema:

Benedicto XVI sobre los medios de comunicación dijo que, Pueden ser ocasión de humanización no sólo cuando, gracias al desarrollo tecnológico, ofrecen mayores posibilidades para la comunicación y la información, sino sobre todo cuando se organizan y se orientan bajo la luz de una imagen de la persona y el bien común que refleje sus valores universales. 
El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas, no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos. Para alcanzar estos objetivos se necesita que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural.

El Santo Padre nos ha recordado que la Iglesia está convocada a ser “abogada de la justicia y defensora de los pobres” ante “intolerables desigualdades sociales y económicas que claman al cielo”.
Los recursos materiales disponibles para sacar a los pueblos de la miseria son hoy potencialmente mayores que antes, pero se han servido de ellos principalmente los países desarrollados, que han podido aprovechar mejor la liberalización de los movimientos de capitales y trabajo. Por tanto, la difusión de ámbitos de bienestar en el mundo no debería ser obstaculizada con proyectos egoístas, proteccionistas o dictados por intereses particulares.
Como dijeron los obispos en Aparecida, no podemos olvidar que la mayor pobreza es la de no reconocer la presencia del misterio de Dios y de su amor en la vida del hombre, que es lo único que verdaderamente salva y libera. 

Durante el vuelo a México este año, Benedicto dijo que “El primer pensamiento de la Iglesia es educar conciencias, y así crear la responsabilidad necesaria. Educar las conciencias tanto en la ética individual como en la ética pública, y que “nosotros, desde la luz de la fe, podemos ver mejor muchas cosas que también la razón puede ver, pero precisamente la fe sirve para liberar a la razón de los falsos intereses y de los oscurecimientos de los intereses”

En Porta Fidei afirmó: que “el mundo necesita hoy, de manera especial, del testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos, al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin.

Es una realidad que la globalización hace emerger nuevos rostros de pobres, por este motivo, convocamos a los medios de comunicación a unirse para responder al llamado de Benedicto XVI, a abrir el corazón y la mente al deseo de Dios, para así globalizar la solidaridad y la justicia internacional.

Griselda Mutual – jesuita Guillermo Ortiz.
Fuente: radiovaticana.org

jueves, 22 de noviembre de 2012

Artículo La razón contra la tozudez, del P. Luis Gaspar, en publicación española

Por: P. Luis Gaspar Uribe
Doctor en Derecho Canónico

Las autoridades universitarias persisten en ignorar los derechos de la Iglesia sobre el centro de altos estudios y de paso infringen un dictamen del Tribunal Constitucional
La frase tiene tintes explosivos: “Tendrán que usar la violencia para sacarnos de aquí”.Podría ser extraída de cualquier filme de Sylvester Stallone, sin embargo, la ha pronunciado, en entrevista con The New York Times, la vicerrectora de la ex Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Pepi Patrón, en alusión a lo que la docente “imagina” que sería la forma en que la Iglesia católica pudiera hacer valer sus derechos sobre ese centro de altos estudios.

La ruptura de la cúpula directiva de la universidad con la Iglesia ha estado ocupando en los últimos tiempos los titulares de prensa, pero en realidad ha sido un proceso acumulativo: desde hace al menos tres décadas, la Santa Sede y la Iglesia en Lima han venido solicitando al renombrado colectivo que adecue sus estatutos a la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, que regula el funcionamiento de los centros de educación católicos. En 2007, el propio rector en aquel entonces, Luis Guzmán Barrón Sobrevilla, dio cuenta tras una visita a Roma de que, en efecto, el tema era un asunto pendiente, y se comprometió a efectuar las modificaciones pertinentes, por tanto tiempo aplazadas.

Al día de hoy, sin embargo, el Recto­rado de la ex PUCP ha ido retrocedien­do hacia las antípodas del entendi­miento, desconociendo la ascendencia fundacional de la Iglesia católica sobre el centro educativo y los derechos in­eludibles de esta en la administración de sus bienes y en el nombramiento de sus principales cargos -potestad reco­nocida por varios gobiernos peruanos en diferentes instrumentos jurídicos nacionales y en un acuerdo con la Santa Sede-, y ha ido perfilando una deriva cada vez más alejada de la enseñanza doctrinal católica.

Como ejemplo de esto último, se puede citar la invitación formulada por la ex PUCP a la abogada colombiana Mónica Roa, para que compareciera como conferenciante. Su “divertida” ocurrencia de disfrazarse de “obispa” en su página de Facebook es anecdótica, en comparación con lo que de ella dice la web de la organización Women Worldwide Link, donde es directora de programas: “Su trabajo la llevó a presentar una demanda ante la Corte Constitucional colombiana, lo que condujo a la liberalización de las leyes de aborto país”.

Otra muestra ha sido el nombramiento, en mayo pasado, del padre Gastón Garatea como asesor de la Dirección Académica de Responsabilidad Social por “su compromiso con la defensa de los Derechos Humanos, de la igualdad y de la tolerancia”. Mediante esa promoción, inconsulta con la Igle­sia, la ex PUCP decidió ignorar que al sacerdote no le había sido renovada la licencia para ejercer su ministerio, debido a su apoyo público a los argu­mentos del lobby gay.

En cuanto a las divergencias por la administración del patrimonio de la PUCP, el rector, Marcial Rubio Correa, ha delineado otro frente de confron­tación, al asegurar que tales bienes no pertenecen a la Iglesia. El 22 de julio, en una entrevista con un medio es­tudiantil(.edu), estimó que calificar como bien eclesiástico dicho patrimo­nio “es una afirmación inexacta. La PUCP es una institución peruana, constituida en el Perú, inscrita como asociación civil y domiciliada en el Perú, que se rige por la legislación peruana y no por el derecho ca­nónico”. Los bienes, añadió, “son nues­tros y no de la Santa Sede”.

Salta a la vista, pues, la contradic­ción con su propio criterio, expresado en carta a los obispos peruanos el 30 de junio: “La Pontificia Universidad Cató­lica del Perú es una institución de la Iglesia católica”.

Trinchera contra el liberalismo. La evidencia histórica y documental es abrumadora en el apoyo a la postura de la Iglesia católica en el conflicto con la directiva de la ex PUCP, y son fácilmente desmontables los argu­mentos que se esgrimen para intentar desvincular a la Iglesia del centro de altos estudios.

Primeramente, es incorrecto soste­ner que la PUCP no nace de la Iglesia. La Universidad, según es bien conoci­do, fue una iniciativa eclesial, promo­vida por el padre Jorge Dintilhac (Sa­grados Corazones), con la aprobación del arzobispado limeño y de todo el episcopado peruano, y fue fundada en 1917, curiosamente en el contex­to de una ofensiva católica contra el liberalismo y el indiferentismo ancla­dos en las universidades de finales del XIX. Respaldados por el magisterio de León XIII, los obispos de Latinoamé­rica acordaron“fortalecer la educación católica a todo nivel, tratando de que en cada país del nuevo hemisferio hubiese un centro de enseñanza superior regido por autoridades clericales”.

Gracias a los primeros donativos, efectuados por el arzobispado local y por varios fíeles a título personal, nació la Universidad Católica con un mandato de la Santa Sede (el número 696 de las Actas del Concilio Plenario de América Latina), y con el aliento y la colaboración de la Nunciatura Apos­tólica en Perú.

Otro despropósito es afirmar que la legislación canónica por la que debe regirse el centro es incompatible con las leyes peruanas, pero en sucesivos documentos se desestima ese supues­to. Así, el Tratado de 1980 entre el Estado peruano y la Santa Sede, que mantiene su pleno vigor, en los artícu­los 1 y 19 le otorga a la Iglesia plena independencia y autonomía para or­ganizar sus centros educativos. Más adelante, en 1983, el artículo 42 de la Ley Universitaria 23733 refrendó que en el gobierno de las universidades participan“obligatoriamente los profe­sores, los estudiantes y los graduados, así como la entidad fundadora, si se encuentra en actividad, en la proporción que deter­minen sus estatutos”.

Es, por tanto, improcedente, que la universidad se empeñe en que la asamblea universitaria sea exclusiva­mente la que elija al rector, pese a que el reglamento por el que se rigen los centros católicos de altos estudios es­tablece que la asamblea debe dar a co­nocer una terna de tres posibles candidatos. Según los Estatutos de 1956, corresponde al Gran Canciller de la PUCP (el arzobispo de Lima) nombrar de entre estos al rector, y someter di­cho nombramiento a la aprobación de la Santa Sede.

Para finalizar esta parte, se puede hablar del empeño puesto por la di­rectiva de la ex PUCP en desacreditar al arzobispo limeño, el cardenal Juan Luis Cipriani, a quien culpa de querer“acaparar” la economía. “Nos han dicho: Entréganos el dinero y obedece”, ha llega­do a expresar el rector Marcial Rubio en una reunión con profesores y alum­nos.

No tiene en cuenta el rector, al querer singularizar el conflicto en la persona del cardenal Cipriani, que el arzobispo limeño está sencillamen­te ejerciendo su potestad como Gran Canciller, y que la razón de fondo, en la que se basa no solo el cardenal sino toda la Iglesia, es que los bienes de la Universidad, como persona jurídica eclesiástica, son de naturaleza ecle­siástica, lo que queda ratificado en el canon 1257 del Código de Derecho Ca­nónico.

Los cardenales Guevara, Landázuri y Vargas Alzamora, que precedieron en el cargo al cardenal Cipriani, defen­dieron, cada uno a su manera y según las circunstancias que les tocó vivir, la dependencia de la ex PUCP a la Santa Sede, a pesar de la reticencia de los di­rectivos de esa universidad para aca­tar las observaciones a los estatutos que la rigen.

Contra la Iglesia y contra los tribu­nales. La tozudez de las autoridades de la ex PUCP, que no permite exa­minar con serenidad las bases sobre las que se ha erigido esa casa de altos estudios; el alejamiento doctrinal y la ausencia de sintonía con el magisterio eclesial; las salidas de tono de algunos ejecutivos del centro de estudios, al estilo del ya mencionado“tendrán que usar la violencia para sacarnos”, así como la andanada de insultos y caricaturizaciones de la que han hecho blanco pre­dilecto al arzobispo de Lima, han con­ducido el diferendo entre el rectorado y la Iglesia peruana a una encrucijada lamentable.

La Santa Sede, parte firmante, junto con el Estado peruano, de las norma­tivas relativas a la PUCP, ha tomado cartas en el asunto, luego de años de venir pidiendo sistemáticamente, sin éxito, las adecuaciones estatutarias pertinentes.

En tal sentido, el pasado 22 de julio, la Secretaría de Estado vaticana deci­dió, de conformidad con la legislación canónica, retirarle a la PUCP los títu­los de “Pontificia” y “Católica”.

Según la declaración de la San­ta Sede, “recientemente, mediante dos cartas dirigidas al Emmo. Secretario de Estado, el Rector ha manifestado la impo­sibilidad de realizar cuanto se le requería, condicionando la modificación de los Esta­tutos a la renuncia por parte de la archidiócesis de Lima al control de la gestión de los bienes de la Universidad”.

“La participación de la archidiócesis de Lima en el control de la gestión patri­monial de esta entidad ha sido confirma­da en varias ocasiones con sentencias de los tribunales civiles del Perú”, añade el texto, en alusión inclusiva del vere­dicto emitido por el Tribunal Consti­tucional peruano en marzo de 2010, tras examinar la cuestión a petición del rectorado y otorgar la razón a la Iglesia; una conclusión que, se ve, las autoridades universitarias quieren ca­prichosamente desconocer.

La preocupación va calando enton­ces en padres y estudiantes, quienes optaron por la hoy ex PUCP con la confianza depositada en la excelencia académica y el prestigio del claustro de profesores que han contribuido por décadas a labrar el buen nombre del centro. Los títulos con el nombre de la Pontificia Universidad Católica del Perú han sido prácticamente orgullosa carta de presentación de los egresados, pero una lógica elemental señala que si los directivos de la ins­titución van de lleno contra la Iglesia, esta puede sencillamente retirar los apelativos de “Católica” y “Pontificia”, que le son relacionados.

Pese a ello, el rector Marcial Ru­bio ha insistido en que “este es nuestro nombre oficial y a través de él somos re­conocidos nacional e internacionalmente. Tenemos el pleno derecho a seguir utili­zándolo mientras lo consideremos conve­niente. Cualquier decisión que se tome al respecto es potestad de los organismos de gobierno de la propia Universidad”.

Si fuera a hacerse una compara­ción metafórica, la ex PUCP sería una variante de “café descafeinado”: un centro que se denomina católico y que contradice los valores, las enseñanzas y los cánones del Magisterio católico. La propuesta sería un engaño en toda regla.

De que se preste oído a los reclamos de la Sede Apostólica y a las decisiones de los tribunales peruanos, dependerá que la ex PUCP pueda llegar a su cen­tenario (2017) como verdaderamente católica, lo cual estuvo siempre en el espíritu y el deseo de sus fundadores. Un grupo de distinguidos catedráticos de esa universidad ha planteado la fi­delidad a la Iglesia, rompiendo la apa­rente unanimidad que el rector soste­nía tener.

Publicado en la revista Palabra (España)
N. 593. Noviembre 2012

Declaraciones del doctor hacen daño

Poco a poco esta oreja va entendiendo mejor las verdaderas razones por las que los tribunales han dado la razón al Arzobispado en los contenciosos que lo han enfrentado con las actuales autoridades de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Han sido de gran ayuda, en ese sentido, las declaraciones del doctor Avendaño, abogado de dicha casa de estudios, a un diario local la semana pasada. 

El hecho que nos revela es que el rector Marcial Rubio se equivocó en la estrategia legal: “Yo habría escogido la vía ordinaria –dice el doctor Avendaño, preguntado acerca de la demanda de amparo presentada al Tribunal Constitucional- y lo discutimos mucho con el entonces vicerrector Marcial Rubio. En eso cometimos un error”.

Quizá el error haya sido, más bien, no escoger un abogado que supiera persuadir a su cliente de la vía más apropiada para lograr sus propósitos.

El doctor Avendaño, reconocido por todos como un eminente abogado, se eleva casi a la pomposa categoría de jurista cuando se le pregunta si el Arzobispado ganó dicha demanda de amparo: “No. Nosotros perdimos en caso, que es muy diferente; jurídica es muy clara la diferencia”. Más clara, ni la oscuridad.

Todavía puede sorprendernos el doctor y revertir la situación presentando al Tribunal un escrito dilucidando cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler.

Publicado en el diario El Comercio
Martes, 20 de noviembre de 2012

Declaración de Chiclayo – ODUCAL

XVI Asamblea General de la Organizaciónde Universidades Católicas de América Latina y el Caribe

Las universidades e instituciones de estudios superiores pertenecientes a la Organización de Universidades Católicas de América Latina y el Caribe (ODUCAL), reunidas en Asamblea General en la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, Chiclayo, Perú, en el día 14 de noviembre del año de Gracia de Nuestro de 2012, en los inicios del Año de la Fe, declaramos solemnemente nuestra voluntad de participar en la construcción de un “Espacio de Educación Superior Católico para América Latina y el Caribe”.

Este “Espacio” será un ámbito de colaboración e intercambio académico permanente, articulado en torno a los ejes que se describen a continuación y orientado por los lineamientos de la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae y en concordancia con las orientaciones de la Federación Internacional de Universidades Católicas – FIUC.

1. Identidad y misión: Las universidades e instituciones de educación superior católicas pertenecientes a la ODUCAL colaborarán fraternalmente en el fortalecimiento de la identidad y misión comunes. Para este fin, procurarán que sus actividades en el campo de la docencia, investigación y servicio a la sociedad estén siempre iluminadas por las verdades de la fe, sea anuncio del mensaje salvífico del Evangelio y aporten el auténtico progreso de nuestros pueblos.

2. Labor educativa: La ODUCAL y sus instituciones asociadas se comprometen a apoyarse mutuamente en los desafíos curriculares y pedagógicos conducentes a la oferta de una formación integral, que propone a los jóvenes valores cristianos y promueve el crecimiento personal y una mayor autonomía intelectual. Para ello buscarán armonizar la formación profesional especializada con aquellos contenidos que permiten una mayor apreciación del campo humanístico y cultural. Conscientes de que los valores se transmiten con testimonios y no con declaraciones, las propuestas educativas de las universidades asociadas a la ODUCAL tendrán como principal sustento una comunidad de educadores donde prima la fraternidad, el respeto recíproco, el diálogo sincero y la tutela de los derechos de cada uno. Un objetivo especial de los programas de estudio será motivar a los estudiantes a ser agentes de cambio, líderes calificados y testigos de Cristo en los lugares en los que deberán desarrollar su labor.

3. La investigación: La investigación será una de las actividades prioritarias de las universidades católicas pertenecientes a la ODUCAL. De acuerdo con sus etapas de desarrollo institucional o los recursos disponibles, promoverán actividades de investigación en una o más áreas del conocimiento. Concebidas como una búsqueda libre y desinteresada de la verdad, estas actividades se enmarcarán en un proceso constante de integración del conocimiento y diálogo entre fe y razón, con una preocupación ética y una perspectiva teológica. La actitud indagatoria que motiva la investigación animará todos los programas educativos, ayudando a que los estudiantes adquieran una visión orgánica de la realidad y el deseo incesante de progreso intelectual. Además, se esforzarán para ser instrumentos cada vez más eficaces del proceso de desarrollo, tanto para las personas como para la sociedad entera. En consecuencia, las instituciones pertenecientes a la ODUCAL promoverán y colaborarán recíprocamente en actividades de investigación enfocadas al estudio de los graves problemas que afligen a América Latina, especialmente la pobreza, la inequidad social, la calidad de vida personal y familiar, la debilidad de las instituciones públicas, la fragilidad de las economías, la desorganización urbana, el escaso cuidado de la naturaleza, la corrupción y la delincuencia organizada.

4. El servicio a la sociedad: En actitud permanente de servicio y promoción del bien común, las instituciones pertenecientes a la ODUCAL buscarán adquirir mayor protagonismo en el debate de los grandes temas nacionales e internacionales, para lo cual participarán activamente en la formulación, puesta en marcha y evaluación de las políticas públicas del país o región respectiva. Las universidades católicas de cada nación y del subcontinente comprometen su cooperación en estas iniciativas. Hacia este gran objetivo, la promoción de la justicia social será una preocupación prioritaria y, orientadas por las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia, buscarán las mejores formas de aportar a la solución de los problemas. En esta línea, tratarán de hacer más asequible la educación universitaria a todos los que puedan beneficiarse de ella, especialmente a los jóvenes provenientes de familias de bajos ingresos y de otros sectores menos favorecidos.

5. Espíritu de fraternidad y comunión: Como instituciones hermanas, nacidas en el seno de la Iglesia, con una misión común y una misma vocación de servicio, las universidades católicas asociadas a la ODUCAL desean comprometerse a actuar en forma unida y solidaria en la tarea de educar en el contexto de la nueva Evangelización y de sumar fuerzas para contribuir al desarrollo integral de la región. Por eso se comprometen a fomentar el espíritu de comunión y fraternidad que las une, colaborando mutuamente, de distintas maneras, en la creación de redes de intercambio académico y proyectos que propendan al fortalecimiento del sistema de educación superior católico en América Latina y el Caribe.

Los rectores y sus representantes que voluntariamente suscriben esta Declaración desean testimoniar con su firma el apoyo que sus universidades e instituciones de educación superior otorgan al proyecto de construir un “Espacio de Educación Superior Católico en América Latina y el Caribe” y manifiestan la voluntad de trabajar en forma conjunta para alcanzar los objetivos de cada uno de sus ejes. De esta manera, esperan contribuir a hacer realidad el sueño de los fundadores de la ODUCAL, que quisieron unir a las universidades católicas de la región en una sola gran Universidad, capaz de abrazar con el amor de Cristo y de su Iglesia a toda nuestra región americana.

UNIVERSIDAD CATÓLICA SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO Chiclayo – Perú 

Publicado en el diario La República
Domingo, 18 de noviembre de 2012

Roban coronas y rosario de Virgen de San Nicolás y Niño Jesús en Argentina

La Virgen de San Nicolás aún con la corona (foto AICA.org)
Un grupo de desconocidos robaron esta madrugada las coronas y el rosario que sostenían las imágenes del Niño Jesús y de la Virgen en el Santuario de María del Rosario de San Nicolás (Argentina), según informaron dos empleados del templo.

Según revelaron a la agencia AICA, alrededor de las 8:00 a.m. el sacristán del templo encontró pedazos de cristal de la vitrina protectora regados en el piso y la imagen desprovista de los ornamentos que la acompañan.

El P. Carlos Pérez, rector del santuario, decidió no brindar entrevistas a los medios de comunicación. "El padre está muy afectado por lo ocurrido", indicó una empleada.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Texto completo de la catequesis del Papa: Redescubrir el gozo de creer

Queridos hermanos y hermanas:

Avanzamos en este Año de la fe, llevando en nuestros corazones la esperanza de redescubrir cuánta alegría hay en creer y encontrar el entusiasmo de comunicar a todos las verdades de la fe. Estas verdades no son un simple mensaje de Dios, una particular información sobre Él. Sino que expresan el acontecimiento del encuentro de Dios con los hombres, encuentro salvífico y liberador, que realiza que las aspiraciones más profundas del hombre, sus anhelos de paz, de fraternidad y de amor. La fe lleva a descubrir que el encuentro con Dios valoriza, perfecciona y eleva lo que es verdadero, bueno y bello en el hombre. De este modo, se da la circunstancia de que, mientras Dios se revela y se deja conocer, el hombre llega a saber quién es Dios y, conociéndolo, se descubre a sí mismo, su origen y su destino, así como la grandeza y la dignidad de la vida humana.

«La fe permite un conocimiento auténtico sobre Dios, que implica a toda la persona humana: se trata de un "saber", un conocimiento que le da sabor a la vida, un nuevo sabor a la existencia, una forma alegre de estar en el mundo. La fe se expresa en el don de sí mismo a los demás, en la fraternidad que nos hace solidarios, capaces de amar, derrotando la soledad que nos hace tristes. Este conocimiento de Dios mediante la fe, por lo tanto, no es sólo intelectual, sino vital. Es el conocimiento de Dios-Amor, gracias a su mismo amor. Además, el amor de Dios hace ver, abre los ojos, permite conocer toda la realidad, más allá de las estrechas perspectivas del individualismo y del subjetivismo, que desorientan las conciencias. El conocimiento de Dios es, por tanto, la experiencia de la fe, e implica, al mismo tiempo, un camino intelectual y moral: marcados en lo profundo por la presencia del Espíritu de Jesús en nosotros, podemos superar los horizontes de nuestros egoísmos y nos abrimos a los verdaderos valores de la vida».

Hoy, en esta catequesis, quisiera detenerme sobre lo razonable de la fe en Dios. La tradición católica ha rechazado desde el principio el denominado fideísmo, que es la voluntad de creer en contra de la razón. Credo quia absurdum (creo porque es absurdo) es la fórmula que interpreta la fe católica. De hecho, Dios no es absurdo, en todo caso es misterio. El misterio, a su vez, no es irracional, sino sobreabundancia de sentido, de significado y de verdad. Si contemplando el misterio, la razón ve oscuro, no es porque en el misterio no haya luz, sino más bien porque hay demasiada luz. Al igual que cuando los ojos del hombre se dirigen a mirar directamente al sol y sólo ven tinieblas ¿quién podría decir que el sol no es brillante? Aún más, es la fuente de la luz. La fe le permite ver el "sol" de Dios, porque es acogida de su revelación en la historia y, por así decirlo, recibe verdaderamente toda la luminosidad del misterio de Dios, reconociendo el gran milagro: Dios se ha acercado al hombre y se ha ofrecido a su conocimiento, condescendiendo al límite creatural de la razón humana (cf. CONC. CE. IVA. II, Constitución Dogmática. Dei Verbum, 13). 

Al mismo tiempo, Dios, con su gracia, ilumina la razón, le abre nuevos horizontes, inconmensurables e infinitos. Por este motivo, la fe es un fuerte incentivo para buscar siempre, sin parar nunca y sin desfallecer, el descubrimiento de la verdad y la realidad inagotable. Es falso el prejuicio de algunos pensadores modernos, que aseveran que la razón humana quedaría como bloqueada por los dogmas de la fe. En realidad, es todo lo contrario, como han demostrado los grandes maestros de la tradición católica. San Agustín, antes de su conversión, busca con tanta inquietud la verdad, a través de todas las filosofías disponibles y las encuentra todas insatisfactorias. Su fatigosa búsqueda racional es para él una pedagogía significativa para el encuentro con la Verdad de Cristo. Cuando dice, "comprende para creer y cree para comprender" (Discurso 43, 9: PL 38, 258), es como si estuviera contando su propia experiencia de vida. Ante la revelación divina, el intelecto y la fe no son extraños o antagonistas, sino que ambas son condiciones para comprender su sentido, para recibir su mensaje auténtico, acercándose al umbral del misterio. San Agustín, junto con muchos otros autores cristianos, es testigo de una fe que se ejerce con la razón, que piensa e invita a pensar. Sobre esta huella, san Anselmo en su Proslogion dice que la fe católica es fides quaerens intellectum, donde la búsqueda de la inteligencia es un acto interior al creer. Será especialmente Santo Tomás de Aquino – afianzado en esta sólida tradición de lo razonable de la fe – el que se confronta con la razón de los filósofos, mostrando cuánta vitalidad racional nueva y fecunda enriquece el pensamiento humano cuando se insertan los principios y las verdades de la fe cristiana.

La fe católica es, pues, razonable y nutre también confianza en la razón humana. El Concilio Vaticano II en la Constitución dogmática Dei Filius, afirma que la razón es capaz de conocer con certeza la existencia de Dios por medio del camino de la creación, mientras que sólo pertenece a la fe la posibilidad de conocer "fácilmente, con absoluta certeza y sin error "(DS 3005) la verdad acerca de Dios, a la luz de la gracia. El conocimiento de la fe, además, no va en contra de la recta razón. El beato Papa Juan Pablo II, de hecho, en la encíclica Fides et ratio, sintetiza así: "La razón humana no queda anulada ni se envilece dando su asentimiento a los contenidos de la fe; éstos en todo caso se alcanzan mediante libre y consciente elección "(n. 43). En el irresistible deseo por la verdad, sólo una relación armoniosa entre la fe y la razón es el camino que conduce a Dios y a la plenitud de sí mismo.

Esta doctrina es fácilmente reconocible en todo el Nuevo Testamento. San Pablo, escribiendo a los cristianos de Corinto sostiene: "Mientras los Judíos piden señales y los Griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los Judíos, necedad para los gentiles" (1 Cor 1:22-23). De hecho, Dios ha salvado al mundo no por un acto de fuerza, sino a través de la humillación de su Hijo único: de acuerdo a los parámetros humanos, el modo inusual dado por Dios contrasta con las exigencias de la sabiduría griega. Y sin embargo, la cruz de Cristo es una razón, que San Pablo llama: ho logos tou staurou, "la palabra de la cruz" (1 Corintios 1:18). Aquí, el término lògos significa tanto razón como palabra y, si alude a la palabra, es porque expresa verbalmente lo que elabora la razón.

Por lo tanto, Pablo ve en la Cruz no un evento irracional, sino un hecho de salvación que tiene su propia racionalidad reconocible a la luz de la fe. Al mismo tiempo, tiene tal confianza en la razón humana, hasta el punto de asombrarse por el hecho de que muchos, incluso viendo la obras realizadas por Dios, se obstinan en no creer en Él: "En efecto - escribe en su carta a los Romanos -las… perfecciones invisibles [de Dios], es decir, su eterno poder y divinidad, vienen contemplados y comprendidos por la creación del mundo a través de las obras realizadas por Él "(1,20). También S. Pedro exhorta a los cristianos de la diáspora a adorar "al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a responder a todo el que os pida la razón de la esperanza que hay en vosotros" (1 Pedro 3:15). En un clima de persecución y de fuerte necesidad de dar testimonio de la fe, a los creyentes se les pide que justifiquen con motivaciones fundadas su adhesión a la palabra del Evangelio, de dar la razón de nuestra esperanza.

Sobre esta base, acerca del nexo fecundo entre entender y creer, se funda también la relación virtuosa entre ciencia y fe. La investigación científica conduce al conocimiento de verdades siempre nuevas sobre el hombre y el cosmos. El verdadero bien de la humanidad, accesible en la fe, abre el horizonte en el que se debe mover su camino de descubrimiento. Por lo tanto, deben fomentarse, por ejemplo, las investigaciones puestas al servicio de la vida y que tienen como objetivo erradicar las enfermedades. También son importantes las investigaciones para descubrir los secretos de nuestro planeta y del universo, a sabiendas de que el hombre está en la cima de la creación, no para explotarla de manera insensata, sino para custodiarla y hacerla habitable. Así, la fe, vivida realmente, no está en conflicto con la ciencia, más bien coopera con ella, ofreciendo criterios básicos que promuevan el bien de todos, pidiéndole que renuncie sólo a los intentos que- oponiéndose al plan original de Dios - pueden producir efectos que se vuelvan contra el mismo hombre. También por ello es razonable creer: si la ciencia es un aliado valioso de la fe para la comprensión del plan de Dios en el universo, la fe permite al progreso científico realizarse siempre por el bien y la verdad del hombre, fiel a este mismo diseño.

Por eso es crucial para el hombre abrirse a la fe y conocer a Dios y su proyecto de salvación en Jesucristo. En el Evangelio, se inaugura un nuevo humanismo, una verdadera "gramática" del hombre y de toda la realidad. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: "La verdad de Dios es su sabiduría que sostiene el orden de la creación y el gobierno del mundo. Dios, que "hizo Él solo, el cielo y la tierra" (Sal 115,15), puede dar, Él sólo, el verdadero conocimiento de todo lo creado en la relación con Él "(n. 216).

Confiemos que nuestro compromiso en la evangelización ayude a dar nueva centralidad al Evangelio en la vida de muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo. Oremos para que todos vuelvan a encontrar en Cristo el sentido de la vida y el fundamento de la verdadera libertad: sin Dios, de hecho, el hombre se pierde. Los testimonios de los que nos han precedido y han dedicado su vida al Evangelio, lo confirma para siempre. Es razonable creer, está en juego nuestra existencia. Vale la pena darse por Cristo, sólo Cristo satisface los deseos de verdad y de bien arraigados en el alma de cada hombre: ahora, en el tiempo que pasa, y en el día sin fin de la bendita eternidad.

(Traducción de Cecilia de Malak y Eduardo Rubió)

domingo, 18 de noviembre de 2012

Texto completo de la alocución del Papa antes de rezar el ángelus: on la esperanza en la victoria de la Cruz, el corazón humano encontrará siempre suelo firme

Queridos hermanos y hermanas:

En este penúltimo domingo del año litúrgico se proclama, en la redacción de Marcos, una parte de las palabras de Jesús sobre los últimos tiempos, en término técnico “escatológico” (Cfr. Mc 13, 24-32).

Estas palabras se encuentran, con algunas variantes, también en Mateo y Lucas, y es probablemente el texto más difícil de los Evangelios. Esta dificultad deriva, tanto del contenido como del lenguaje: en efecto, se habla de un futuro que supera nuestras categorías, y por esto Jesús utiliza imágenes y palabras tomadas del Antiguo Testamento, pero, sobre todo, coloca un nuevo centro, que es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección. 

También el pasaje de hoy se abre con algunas imágenes cósmicas de tipo apocalíptico: “El sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas” (v. 24-25); pero este elemento es relativizado por lo que sigue: “Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria” (v. 26). El “Hijo del hombre” es el mismo Jesús, que une el presente con el futuro; las antiguas palabras de los profetas han encontrado, finalmente, un centro en la persona del Mesías nazareno: es Él el verdadero acontecimiento que, en medio de los trastornos del mundo, permanece el punto firme y estable.

Como confirmación de esto hay otra expresión del Evangelio de hoy. Jesús afirma: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (v. 31). En efecto, sabemos que en la Biblia la Palabra de Dios está en el origen de la creación: todas las criaturas, a partir de los elementos cósmicos – sol, luna, firmamento – obedecen a la Palabra de Dios, existen en cuanto “llamados” por ella. Este poder creador de la Palabra divina se ha concentrado en Jesucristo, Verbo hecho carne, y pasa también a través de sus palabras humanas, que son el verdadero “firmamento” que orienta el pensamiento y el camino del hombre en la tierra. Por esto Jesús no describe el fin del mundo, y cuando usa imágenes apocalípticas, no se comporta como un “vidente”. Al contrario, Él quiere sustraer a sus discípulos de toda época de la curiosidad por las fechas, las previsiones, y en cambio, quiere darles una clave de lectura profunda, esencial y, sobre todo, indicar la vía justa sobre la cual caminar, hoy y mañana, para entrar en la vida eterna. Todo pasa – nos recuerda el Señor –, pero la Palabra de Dios no cambia, y frente a ella cada uno de nosotros es responsable del propio comportamiento. En base a esto seremos juzgados.

Queridos amigos, tampoco en nuestros tiempos faltan calamidades naturales, ni lamentablemente, guerras y violencias. También hoy tenemos necesidad de un fundamento estable para nuestra vida y nuestra esperanza, tanto más a causa del relativismo en el que estamos inmersos. Que la Virgen María nos ayude a acoger este centro en la Persona de Cristo y en su Palabra.

Saludos del Papa en otras lenguas

Abrazando como es tradicional a los peregrinos de tantas partes del mundo, que acudieron también este domingo a rezar a la Madre de Dios con el Papa, Benedicto XVI se dirigió a los francófonos y reiteró que buscando a nuestro alrededor los signos de la presencia de Dios, con la disposición para recibirlos, encontraremos la roca sólida donde radica nuestra existencia más allá de los cambios que nos llegan. Pues, por la fe, nos comunicamos con el plan de amor de Dios para la humanidad y para cada uno nosotros. 

¡Dios es fiel! –enfatizó el Santo Padre– alentando a participar regularmente en la misa dominical, necesaria para un cristiano, y deseando que la Virgen María ayude a comprender la importancia de esta cita y la alegría de la vida familiar 

En sus saludos a todos los visitantes de habla inglesa y a los peregrinos presentes para Ángelus de este domingo, en que el año litúrgico llega a su fin, el Papa recordó que Jesús nos dice que aunque el cielo y la tierra pasarán, sus palabras permanecerán. Y exhortó a impulsar nuestro compromiso en construir nuestras vidas cada vez más en la sólida base de su santa palabra, la verdadera fuente de vida y alegría. 

¡Que el Señor sea siempre nuestra meta en la alegría y la esperanza de "las grandes cosas que Dios preparó para los que lo aman" (1 Co 2, 9) Deseó también Benedicto XVI en sus saludos a los peregrinos y visitantes de lengua alemana.

En polaco, el Santo Padre exhortó a fortalecer la vida espiritual, en particular en este Año de la fe, con el Evangelio de la Misa de hoy y el anuncio de la Parusía, la segunda venida de Cristo a la tierra. Entonces, iluminados por la luz divina, recibiremos la respuesta a las preguntas acerca de nuestra existencia.

(María Fernanda Bernasconi y Cecilia de Malak).

“Recuperemos el valor de la familia”


El Cardenal Juan Luis Cipriani expresó que la "tecnología está al servicio de la persona, pero cuando la persona se convierte en esclava de la tecnología, todo se malogra". Estas reflexiones las realizó durante el programa Diálogo de Fe del sábado 17 de noviembre.

"La impresión que me da es que queremos que las máquinas resuelvan todo, y no lo resuelven todo. Es muy importante que las personas sepan que somos nosotros quienes dirigimos estas máquinas", mencionó.

"Dios deslumbra al ser humano, no al carro ni al celular. Dios deslumbra al corazón que está preparado para estar deslumbrado, porque el que no está dispuesto y está cerrado al amor de Dios, no irá por el camino que Él nos ha dejado", prosiguió.

El Arzobispo de Lima animó también a los fieles a priorizar la comunicación en las familias, dialogar con la juventud, a recuperar la confianza de que podemos cambiar el mundo de hoy a través de nuestras reflexiones.

"La generación que ha vivido un poco más tiene una obligación más seria de saber dialogar con la juventud y de crear un mejor clima (…) Tú maneja tu propio destino y pídele a Dios que te ayude a ir adelante, porque eso será la felicidad de tus hijos, será la fe y será el desarrollo del mundo entero", señaló.

"Vale la pena recuperar la confianza de que hay que cambiar cosas grandes en el mundo de hoy. No nos basta rezar un rato, sino también reflexionar adónde va este mundo sin liderazgo, porque solo vemos que se habla del aborto, del matrimonio entre hombres, etc. Estamos como desorientados. No es un pesimismo, es el optimismo de que sí podemos cambiar esta visión del mundo", continuó.

Finalmente el Pastor de Lima exhortó a los fieles a recuperar ese valor de la familia que antiguamente se veía, donde todos debemos estar en el lugar que nos pertenece en la sociedad, para de esa manera ir cambiando el mundo.

"Si uno está en su lugar, las cosas son mucho mejores; es decir, si el hijo hace el papel de hijo, el padre como padre, si cada uno está en el lugar que está en la sociedad tenemos esa formalidad y será mejor. Pero si todos queremos gobernar el país, dictarle a la familia lo que debe hacer, si todos queremos ser gerentes generales de empresas, entonces eso es un problema", concluyó.


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