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viernes, 28 de septiembre de 2012

Papiro sobre "esposa de Jesús" es falso

foto Karen L. King
El diario vaticano L’Osservatore Romano (LOR) aseguró que el papiro del siglo IV presentado hace unos días en el que se afirma que Jesús tuvo una esposa, es en realidad falso.

En un breve artículo firmado por el director de LOR, Giovanni Maria Vian, se afirma desde el título del mismo que "De cualquier modo, un falso", en referencia al papiro que a su vez es analizado por el experto italiano en lengua copta, Alberto Camplani, profesor de historia del cristianismo de la Universidad La Sapienza de Roma.

Esa casa de estudios fue uno de los organizadores del congreso en el que se realizó el anuncio del descubrimiento de la inscripción del pequeño trozo de papiro de 3,8 x 7,6 centímetros.

Camplani señala que "a diferencia de otros papiros no ha sido descubierto en una excavación, sino que proviene de un mercado de antigüedades, hay que adoptar precauciones, que excluyan que se trata de algo falsificado".

El papiro en cuestión lleva la frase "Jesús les dijo, mi esposa" y fue presentado por la investigadora del gnosticismo Karen L. King, de la Universidad de Harvard, quien además desde hace años intenta demostrar una tesis feminista respecto a que las mujeres tuvieron un papel más relevante en los orígenes del cristianismo afirmando que los Apóstoles eran 11 hombres y María Magdalena.

Esta tesis la sugirió en un libro titulado "Las imágenes femeninas en los Evangelios" que fue descartado por un prestigioso papirólogo alemán quien al recibir el manuscrito del texto señaló que "no tengo el más mínimo interés en este texto por su falta de seriedad".

Sobre el papiro del siglo IV, que ha circulado en los medios de comunicación con el cuestionamiento del celibato de Jesús y por lo tanto en la Iglesia Católica, el experto Camplani recuerda además que la misma King no cree que sea una prueba de que Jesús estuvo casado.

"Se trata de expresiones totalmente metafóricas, que simbolizan la consustancialidad espiritual entre Jesús y sus discípulos, que son ampliamente difundidas en la literatura bíblica y en la cristiana primitiva", explicó.

Por su parte, Giovanni Maria Vian resaltó que Karen L. King preparó toda una estrategia para anunciar su descubrimiento "sin dejar nada al azar: medios americanos advertidos y rueda de prensa previa de King para preparar la exclusiva mundial, que, sin embargo, ha sido puesta en duda por los especialistas".

Vian indica además que una serie de razones consistentes hacen pensar que el papiro es una "torpe falsificación, como tantas que llegan de Oriente Medio".

"Queda una imagen, del todo no plausible, de una lectura del fenómeno gnóstico, tendenciosa y plagada de una ideología contemporánea que no tiene nada que ver con los hechos históricos del cristianismo antiguo ni con Jesús. En resumen, es en todo caso falso", concluye Vian.

Comunicado de la Conferencia Episcopal Peruana ante los conflictos en el País

EL DIÁLOGO CONDUCE A LA FRATERNIDAD
COMUNICADO
“Los que trabajan por la Paz… cosechan frutos en todo lo bueno” (St. 3, 18)

La Iglesia presente en la historia de los pueblos comparte como suyos “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres” de cada tiempo. En ese sentido, vemos con preocupación la situación nacional que se vive en el sector educativo y en el sector salud y queremos con nuestra oración e invocación abrir caminos de diálogo que conduzcan a la fraternidad.

Conviene recordar que “la escuela, en virtud de su misión, a la vez que cultiva las facultades intelectuales, promueve los valores y prepara los alumnos a la vida profesional”, es un lugar privilegiado para construir un Perú grande, capaz de vencer la pobreza y la injusticia y de fomentar la solidaridad y el desarrollo. Podemos, por eso, decir: “Hermosa es, por tanto, y de suma importancia la vocación de todos los que, ayudando a los padres y en nombre de la comunidad humana, desempeñan la función de educar en las escuelas”.

Es oportuno también, reflexionar, desde la persona, centro y finalidad de toda Ley, que la salud es un derecho fundamental de todo ser humano: que los Estados deben garantizar y al cual toda persona debe tener acceso sin privilegios ni exclusiones. En ese sentido, la presencia y el trabajo de los profesionales de la salud se convierte en una noble y admirable misión de servicio a la vida y a la dignidad de cada persona.

Invoco, por eso, al Gobierno y a los trabajadores de los sectores de educación y salud a encontrar soluciones, que atendiendo sus justas necesidades, busquen sobretodo el bien común, de modo especial de los niños y adolescentes en edad escolar y de las personas que necesitan atender su salud. Es necesario que se encuentren soluciones evitando la violencia, y dentro de un clima de justicia, solidaridad, diálogo y el respeto mutuo.

Que Dios nuestro Señor, por la intercesión de la Virgen de la Merced, bendiga a nuestro Perú y nos conceda la paz.

Mons. Salvador Piñeiro García-Calderón
Arzobispo Metropolitano de Ayacucho
Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana
Lima, 28 de Setiembre del 2012

jueves, 27 de septiembre de 2012

El Cancionero Católico: Himno para el Año de la Fe

CREDO, DOMINE
Inno per l’Anno della Fede

Camminiamo, carichi di attese,
a tentoni nella notte.
Tu ci incontri nell’Avvento della storia,
sei per noi il Figlio dell’Altissimo.
Credo, Domine !
Con i santi, che camminano fra noi,
Signore, noi ti chiediamo:
adauge nobis fidem !

Credo, Domine,
adauge nobis fidem !

Camminiamo, deboli e sperduti,
senza il pane quotidiano.
Tu ci nutri con la luce del Natale,
sei per noi la stella del mattino.
Credo, Domine !
Con Maria, la prima dei credenti,
Signore, noi ti preghiamo:
adauge nobis fidem !

Credo, Domine,
adauge nobis fidem !

Camminiamo, stanchi e sofferenti,
le ferite ancora aperte.
Tu guarisci chi ti cerca nei deserti,
sei per noi la mano che risana.
Credo, Domine !
Con i poveri, che attendono alla porta,
Signore, noi t’invochiamo:
adauge nobis fidem !

Credo. Domine,
adauge nobis fidem !

Camminiamo, sotto il peso della croce,
sulle orme dei tuoi passi.
Tu risorgi nel mattino della Pasqua,
sei per noi il Vivente che non muore.
Credo, Domine !
Con gli umili, che vogliono rinascere,
Signore, ti supplichiamo:
adauge nobis fidem !

Credo, Domine,
adauge nobis fidem !

Camminiamo, attenti alla chiamata
di ogni nuova Pentecoste.
Tu ricrei la presenza di quel soffio,
sei per noi la Parola del futuro.
Credo, Domine !
Con la Chiesa, che annuncia il tuo Vangelo,
Signore, ti domandiamo:
adauge nobis fidem !

Credo, Domine,
adauge nobis fidem !

Camminiamo, ogni giorno che ci doni,
con gli uomini fratelli.
Tu ci guidi per le strade della terra,
sei per noi la speranza della meta.
Credo, Domine !
Con il mondo, dove il Regno è in mezzo a noi,
Signore, noi ti gridiamo:
adauge nobis fidem !

Credo, Domine,
adauge nobis fidem !



Mensaje de la Conferencia Episcopal de Nicaragua con motivo de las próximas elecciones municipales

A los sacerdotes, religiosos, religiosas y agentes de pastoral, a todo el pueblo católico y a todos los nicaragüenses, hombres y mujeres de buena voluntad:

Como colaboradores de dios y servidores de cristo

1. Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, con la conciencia de haber sido llamados a ser «colaboradores de Dios» (1 Cor 3, 9) y «servidores de Cristo» (1 Cor 4, 1) en el anuncio del Evangelio, invocamos sobre nuestro país «la gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (Rom 1,7). Al mismo tiempo deseamos ofrecerles, como pastores de la Iglesia, algunas reflexiones sobre la realidad nacional a la luz de la fe, nacidas al contacto con los fieles de nuestras comunidades y maduradas en nuestra oración y discernimiento espiritual.

«El que gobierna sea como el que sirve» (lc 22, 26)

2. La proximidad de las elecciones municipales de este año, a celebrarse el próximo 4 de noviembre, son una ocasión propicia para reflexionar sobre el modo con el que actualmente se ejerce el poder y se practica la política en nuestro país. La problemática política trasciende el tema de las elecciones municipales y debemos prestarle atención. Para ello volvemos la mirada a Jesús que en el evangelio hace una observación que puede parecer muy dura pero que es sumamente iluminadora: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos y los que las oprimen se hacen llamar bienhechores» (Lc 22, 25). Jesús condena este modo de concebir y ejercer la autoridad en la sociedad, pues genera un ambiente permanente de enfrentamiento por la búsqueda del poder o por mantenerlo a toda costa, dando lugar al autoritarismo, al caudillismo, a la manipulación de las conciencias, a la corrupción, la injusticia, la ilegalidad y la violencia.

3. Jesús propone un nuevo modo de concebir la autoridad a través de un principio evangélico fundamental: «El que gobierna sea como el que sirve, el más grande entre ustedes ha de ser como el más pequeño» (Lc 22, 26). La única autoridad legítima, según Jesús, es la que se pone al servicio de los demás, la que sacrifica sus propios intereses por el de los otros, la que no busca la propia grandeza o la acumulación de riquezas, sino el bienestar de los demás. Cada vez que alguien, basándose en cualquier tipo de posible derecho, se sirve de los otros para conseguir sus fines, se vuelve «señor» del otro, deshumanizando así a quien domina y deshumanizándose igualmente a sí mismo.

4. La vida política del país está hoy dominada por un estilo de ejercer la autoridad en modo autocrático y abusivo, que se manifiesta a través de la concentración de poder y el deseo desmedido de conservarlo y perpetuarse en él, la manipulación de la ley y de las instituciones y la destrucción de los principios fundamentales que constituyen las bases del Estado de Derecho: la subordinación del poder a la ley, la supremacía de la Constitución, la jerarquía de la norma jurídica y la separación e independencia de los poderes del Estado, entre otros. Igualmente los partidos políticos de oposición, que aspiran a llegar al poder, se debaten en luchas internas y descalificaciones recíprocas, que no tienen su origen precisamente en motivaciones democráticas, sino en la búsqueda de mayores espacios de poder y en ambiciones personales. Estos partidos no han logrado interpretar el sentir de la población, no renuevan a sus líderes y no ofrecen estrategias políticas alternativas claras que conduzcan a la elaboración de un proyecto de nación, en lo referente a la educación, la política social y la economía, entre otros temas relevantes. Tanto en el ejercicio del poder como en la lucha por conseguirlo, se constata, por tanto, una gran incapacidad para concebir y practicar la política en función del bien común de la sociedad.

5. Consideramos que la situación que vive el país exige urgentemente replantear el funcionamiento integral del sistema político. El poder se sigue concibiendo como patrimonio personal y no como delegación de la voluntad popular expresada en la Constitución y en la ley. Esto suscita inevitablemente polarización, arrogancia, ambición e irrespeto a la ley, corrupción, intolerancia y luchas inútiles en la sociedad. Esta forma de concebir y ejercer la política no sólo contradice el ideal evangélico del servicio y del sacrificio por los otros, a imagen de Jesús, que siendo el Señor y el Maestro, está en medio de sus discípulos «como el que sirve» (Lc 22,27), sino que «semejantes desviaciones de la actividad política con el tiempo producen desconfianza y apatía, con lo cual disminuye la participación y el espíritu cívico entre la población, que se siente perjudicada y desilusionada» (Centesimus Annus, 47).

Las próximas elecciones municipales

6. Reconocemos como algo positivo que según lo establecido en la Constitución Política se realicen periódicamente elecciones municipales, como derecho ciudadano, con el fin de elegir a alcaldes, vicealcaldes y concejales en los distintos municipios del país. Es siempre digna de apreciar toda práctica social que «asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes» (Centesimus Annus, 46).

7. Sin embargo, la experiencia de las últimas elecciones municipales del 2008 y las nacionales del 2011, en las cuales hubo serias denuncias de actos fraudulentos y graves irregularidades, ha creado en un gran sector de la población una profunda desconfianza en las autoridades del Consejo Supremo Electoral, que siguen siendo las mismas que administraron los comicios del 2008 y del 2011, y frente a una ley electoral que no se ha renovado debidamente al servicio de la democracia. Esto ha provocado una gran apatía hacia las próximas elecciones, que muchos consideran decididas de antemano y de las cuales opinan no sólo que es inútil participar en ellas, sino que hacerlo sería legitimar un organismo electoral fraudulento y convertirse en cómplices de otro grave atropello a la democracia y a la voluntad popular. Por otra parte hay ciudadanos y partidos de oposición que han optado por participar en las elecciones municipales, con la finalidad de afianzar la estructura democrática del voto ciudadano, no dejar todo el espacio político al partido de gobierno y, sobre todo, responder a las fuertes demandas de participación electoral de algunas zonas del país en donde la oposición ha sido siempre mayoritaria. Tanto unos como otros, personas y partidos que han decidido participar como quienes no lo harán, fundamentan su decisión en razonamientos válidos en la actual coyuntura política que vive el país.

8. Como pastores de la Iglesia exhortamos a cada nicaragüense a que decida desde su conciencia, mediante un discernimiento práctico, lo que es más justo y bueno en la actual situación del país, según la razón y la ley de Dios (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1777-1782). Para ello cada persona debe analizar personalmente y también escuchar «los consejos de personas entendidas» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1788) en todo lo referente a la problemática política actual, el modo en que se está ejerciendo el poder y practicando la política tanto en el país como en el propio municipio, igualmente cada ciudadano debe hacer una valoración objetiva y crítica acerca de la confiabilidad y legalidad del Consejo Supremo Electoral. En segundo lugar, cada quien debe orar para pedir al Señor que le ilumine en su decisión, la cual debe orientarse a buscar lo mejor para el presente y el futuro del país y del propio municipio. Finalmente cada persona debe decidir desde su conciencia, libremente y sin ningún tipo de coacción exterior, a través de un juicio de la razón, lo que va a hacer, convencido desde su interior que está haciendo lo más justo y recto en este momento de la historia en beneficio de la sociedad (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1787).

9. Quienes decidan ir a votar deben madurar su decisión reflexionando con seriedad delante de las distintas propuestas de los candidatos, elegir a quien consideren mejor y más adecuado para el bien común de su propio municipio y, finalmente, depositar su voto en la urna en secreto y sin dejarse coaccionar por ninguna persona o institución.

10. De cara a estas elecciones, insistimos a las autoridades del Consejo Supremo Electoral, con las mismas palabras con que lo hemos hecho en ocasiones anteriores, aunque no hemos encontrado nunca eco a nuestro llamado, exigiéndoles «ejercer sus funciones con responsabilidad y honestidad, actuando con tal transparencia en el escrutinio de los votos que no permita ni la más mínima duda acerca del respeto a la voluntad popular en estas elecciones» (Mensajes de la CEN del 7.10.11, n. 13 y del 16.11.11, n. 3).

Más allá de las elecciones municipales

11. Lo importante es ver hacia el futuro, tomar conciencia de los grandes problemas que vive el país y comprometerse en la construcción de una sociedad más justa y democrática. Exhortamos, por tanto, en primer lugar, a las autoridades de la nación a observar la Constitución Política y a restaurar con urgencia el Estado de derecho a través de acciones concretas que ayuden a fortalecer una gobernabilidad auténticamente democrática. «Corresponde a los que ejercen la autoridad reafirmar los valores que engendran confianza en los miembros del grupo y los estimulan a ponerse al servicio de sus semejantes» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1917). Invitamos igualmente al gobierno, a los partidos políticos, a los sectores empresariales, a los medios de comunicación y a las organizaciones de la sociedad civil a comprometerse en la reconstrucción del tejido social del país, que se encuentra fragmentado y polarizado, éticamente débil de valores y carente de objetivos comunes, promoviendo, cada quien desde su propio ámbito, diálogos francos, críticos y constructivos, que ayuden a formular e impulsar un nuevo proyecto de nación, fundado en el Estado de Derecho, la legalidad y la solidez institucional y, al mismo tiempo, que sirvan para establecer un plan estratégico de desarrollo social y económico sostenible del que puedan gozar todos los ciudadanos» (cf. Mensaje de la CEN, 16.11.11).

12. Cada ciudadano debe tener presente que, independientemente de lo que haya decidido de cara a las elecciones municipales, tiene el derecho y la obligación de ser sujeto activo en la construcción de la sociedad, no sólo a través de una conducta recta y responsable en la familia, en el trabajo y en las relaciones sociales (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1914), sino por medio de acciones concretas de compromiso activo en la vida pública (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1915), luchando por la defensa de la democracia, la paz, la justicia, el respeto a los derechos humanos y denunciando todo lo que se opone a ello. «El fraude y otros subterfugios mediante los cuales algunos escapan a la obligación de la ley y a las prescripciones del deber social deben ser firmemente condenados por incompatibles con las exigencias de la justicia» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1916).

13. Creemos firmemente en la bondad y la capacidad del pueblo de Nicaragua para construir un presente más digno y un futuro más luminoso para todos. Como pastores les invitamos a liberarnos de la resignación, del indiferentismo y del conformismo y no dejarnos llevar nunca del odio y de la violencia. Podemos tener una patria mejor. No perdamos la esperanza. ​Vivir con esperanza es sobre todo creer que Dios quiere una vida mejor para todos y colaborar activamente para que ésta sea una realidad. (Cf. Fil 2,12-13). Vivir con esperanza es tener confianza en Dios y perseverar «creyendo contra toda esperanza» (Rom 4,18). Vivir con esperanza es abrirnos a la fuerza de Cristo Resucitado que hace nuevo este mundo con su Espíritu y comprometernos responsablemente para que esta novedad llegue a la historia y a la sociedad (Ap 21,5). Invitamos a todos nuestros fieles a orar por nuestra patria y que la Virgen María, Nuestra Señora de la Merced, acompañe a nuestro pueblo en su caminar histórico y nos ayude a vivir siempre abiertos con esperanza a la novedad del Reino de Dios.

Dado en la ciudad de Matagalpa a los veintiséis días del mes de septiembre del dos mil doce.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Autoridad Vaticana: “Ojalá tuvieran universidades realmente pontificias y católicas”

Durante la Conferencia Magistral: “El papel de los laicos en la Nueva Evangelización”, el Dr. Guzmán Carriquiry, Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, reconoció la importancia de fundar universidades realmente católicas en la sociedad actual.

“Me parece absolutamente capital la educación de los jóvenes por parte de las familias cristianas. También hay que invertir en colegios y escuelas que sean realmente católicas. Y ojalá tuvieran (en Lima) universidades que fueran realmente pontificias y católicas”, refirió la distinguida autoridad de la Santa Sede, ante los aplausos de adhesión de los más de mil fieles que colmaron el auditorio del colegio San Agustín.

“Los jóvenes (en la sociedad actual) muchas veces se nos aparecen como huérfanos: sin padres, ni maestros verdaderos. Ya pasó la época de las ideologías y utopías. En los tiempos actuales la juventud corre el riego de ser seducida y asimilada por las luces de la sociedad del consumo y del espectáculo”, advirtió Carriquiry.

Por ello animó a convocar a la mayor cantidad de jóvenes de Lima y del Perú para que puedan asistir y vivir la experiencia de participar de la Jornada Mundial de la Juventud, que se llevará a cabo en julio del próximo año en Río de Janeiro (Brasil), con la presencia del Papa Benedicto XVI. “Es una ocasión impresionante para desatar una movilización espiritual, formativa y misionera entre los jóvenes”, señaló.

El Dr. Guzmán Carriquiry Lecour, Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, dirigió la conferencia: “El Papel de los Laicos en la Nueva Evangelización”, que se llevó a cabo el martes 25 de setiembre.

Como se recuerda, el Dr. Carriquiry es de nacionalidad uruguaya y lleva 40 años colaborando con los tres últimos pontífices en la Santa Sede. De este modo ha participado en las Conferencias del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México (1979); Santo Domingo, República Dominicana (1992); y Aparecida, Brasil (2007) y es autor de numerosas publicaciones sobre asuntos relacionados con el laicado y la evangelización de la cultura, particularmente en América Latina.
http://snack.to/auil4mnh

Catequesis del Papa: “La liturgia, escuela de oración: el mismo Señor nos enseña a orar” (26 set.)

“La liturgia, escuela de oración: el mismo Señor nos enseña a orar”

Queridos hermanos y hermanas:
En los últimos meses hemos cumplido un camino a la luz de la Palabra de Dios, para aprender a orar de forma cada vez más auténtica, reflexionando sobre algunas grandes figuras del Antiguo Testamento, los Salmos, las Epístolas de San Pablo y el Apocalipsis, pero sobre todo contemplando la experiencia única y fundamental de Jesús, en su relación con el Padre Celestial. En realidad, sólo en Cristo, el hombre recibe la capacidad de unirse a Dios con la profundidad y la intimidad de un hijo en relación con el padre que lo ama, sólo en Él podemos acudir con toda verdad a Dios, llamándolo con cariño "¡Abba! ¡Padre!". Al igual que los Apóstoles, también nosotros en estas semanas le hemos pedido y le volvemos a pedir hoy a Jesús: "Señor, enséñanos a orar" (Lc 11, 1).
Además, para aprender a vivir con mayor intensidad la relación personal con Dios Uno y Trino, hemos aprendido a invocar al Espíritu Santo, el primer don del Resucitado a los creyentes, porque es Él quien "viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos orar como es debido" (Rom 8,26), dice San Pablo y sabemos que tiene razón.
Entonces, después de una larga serie de catequesis sobre la oración en la Escritura, nos podemos preguntar: ¿cómo puedo dejarme formar por el Espíritu Santo para ser capaz de entrar en contacto con Dios y de orar con Dios? ¿Cuál es esa escuela en la que me enseña a orar y me ayuda en mi fatiga por dirigirme de manera correcta a Dios? La primera escuela de oración que hemos vivido en estas semanas es la Palabra de Dios, la Sagrada Escritura, en permanente diálogo entre Dios y el hombre, un diálogo progresivo en el cual Dios se muestra cada vez más cercano. Podemos conocer cada vez más y mejor su rostro, su voz y su ser. Y el hombre aprende a aceptar el poder conocer a Dios y a hablar con Dios. Por lo tanto, en estas semanas, leyendo la Sagrada Escritura, hemos buscado en ella, en este diálogo permanente, cómo podemos entrar en contacto con Dios. 
Además, hay también otro precioso "espacio", otra valiosa "fuente" para crecer en la oración, una fuente de agua viva relacionada estrechamente con la precedente. Me refiero a la liturgia, que es un ámbito privilegiado en el que Dios nos habla a cada uno de nosotros, aquí y ahora, y espera nuestra respuesta. 
¿Qué es la liturgia? Si abrimos el Catecismo de la Iglesia Católica - subsidio siempre valioso y diría también indispensable, podemos leer que la palabra "Liturgia" significa originariamente "servicio de parte de y en favor del pueblo". (n 1069) . Si la teología cristiana tomó esta palabra del mundo griego, lo hizo obviamente pensando en el nuevo Pueblo de Dios nacido de Cristo, que abrió sus brazos en la Cruz para unir a los hombres en la paz del único Dios. 
"Servicio en favor del pueblo", un pueblo que no existe por sí mismo, sino que se ha formado gracias al Misterio Pascual de Jesucristo. De hecho, el Pueblo de Dios no existe por lazos de sangre, de territorio o de nación, sino que nace por obra del Hijo de Dios y de la comunión con el Padre que Él nos obtiene.
El Catecismo indica también que "En la tradición cristiana (la palabra "liturgia") quiere significar que el Pueblo de Dios toma parte en "la obra de Dios". Porque el Pueblo de Dios como tal existe sólo por obra de Dios.
Esto nos lo ha recordado el mismo desarrollo del Concilio Vaticano II, que inició sus trabajos, hace cincuenta años, con la discusión del esquema sobre la Sagrada Liturgia, aprobada luego solemnemente el 4 de diciembre de 1963, siendo el primer texto aprobado por el Concilio. Quizás algunos consideraron como una casualidad el hecho de que el documento sobre la liturgia fuera el primer resultado de la asamblea conciliar. Entre los muchos proyectos, el texto sobre la sagrada liturgia parecía ser el menos controvertido y, por esta razón, capaz de ser una especie de ejercicio para aprender la metodología del trabajo conciliar. Pero sin duda alguna, lo que a primera vista podía parecer una casualidad, resultó ser la mejor opción, también a partir de la jerarquía de los temas y de las tareas más importantes de la Iglesia. 
En efecto, empezando con el tema de la "liturgia", se puso de manifiesto muy claramente la primacía de Dios y su prioridad absoluta. En primer lugar, Dios: esto es lo que nos dice precisamente la opción conciliar de empezar por la liturgia. 
Donde la mirada hacia Dios no es determinante, todo lo demás pierde su orientación. El criterio fundamental para la liturgia es su orientación hacia Dios, para que podamos participar de su obra.
Pero podemos preguntarnos: ¿qué es esta obra de Dios a la que estamos llamados a participar? La respuesta que nos da la Constitución conciliar sobre la sagrada liturgia es aparentemente doble. En el número 5 nos dice, en efecto, que la obra de Dios son sus acciones históricas que nos traen la salvación, que culminan en la muerte y resurrección de Jesucristo; pero en el número 7, la misma Constitución define la celebración de la liturgia como "obra de Cristo ". En realidad, los dos significados están inseparablemente unidos. Si nos preguntamos quién salva al mundo y al hombre, la única respuesta es: Jesús de Nazaret, Señor y Cristo, crucificado y resucitado. ¿Y dónde está presente hoy para nosotros, para mí, el Misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo, que trae la salvación? La respuesta es: en la acción de Cristo, a través de la Iglesia, en la liturgia, sobre todo en el Sacramento de la Eucaristía, que hace presente la ofrenda sacrificial del Hijo de Dios, quien nos ha redimido; en el Sacramento de la Reconciliación, en donde se pasa de la muerte del pecado a la vida nueva; y en los otros actos sacramentales que nos santifican (cf. Presbyterorum ordinis, 5). Por lo tanto, el Misterio Pascual de la Muerte y Resurrección de Cristo es el centro de la teología litúrgica del Concilio.
Demos un paso más y preguntémonos: ¿cómo podemos hacer posible ésta actualización del Misterio Pascual de Cristo? El beato Papa Juan Pablo II, 25 años después de la Constitución Sacrosanctum Concilium, escribió: "Para actualizar su Misterio Pascual, Cristo está siempre presente en su Iglesia, principalmente en los actos litúrgicos. La Liturgia es, en consecuencia, el lugar privilegiado del encuentro de los cristianos con Dios y con Aquel a quien Él envió, Jesucristo (cf. Jn 17:3) "(Vicesimus Quintus annus, n. 7). En el mismo sentido leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica: "Cada celebración sacramental es un encuentro de los hijos de Dios con su Padre, en Cristo y en el Espíritu Santo, y tal encuentro se expresa con la forma de un diálogo, a través de acciones y palabras" (n. 1153). Por lo tanto, el primer requisito para una buena celebración litúrgica es que haya oración y coloquio con Dios, sobre todo escucha y después respuesta. San Benito, en su "Regla", hablando de la oración de los Salmos, indica a los monjes: mens concordet voci “, "que la mente esté de acuerdo con la voz." El Santo enseña que en la oración de los Salmos, las palabras deben preceder a nuestra mente. Por lo general, no sucede así, antes debemos pensar y después lo que hemos pensado, se convierte en palabra. Aquí, en cambio, en la liturgia es al contrario, la palabra precede. Dios nos ha dado la palabra y la sagrada liturgia nos ofrece las palabras; y nosotros tenemos que entrar en el interior de las palabras, en su significado, aceptarlas en nosotros, ponernos en sintonía con ellas. Así nos convertimos en hijos de Dios, símiles a Dios. Como recuerda la Sacrosanctum Concilium, para garantizar la plena eficacia de la celebración "es necesario que los fieles se acerquen a la liturgia con una disposición de ánimo correcto, pongan su propia alma en consonancia con su propia voz y cooperen con la gracia divina para no recibirla en vano "(n. 11). Elemento esencial, primario, del diálogo con Dios en la liturgia, es la correlación entre lo que decimos con nuestros labios y lo que llevamos en nuestro corazón. Entrando en las palabras de la gran historia de la oración, nosotros mismos nos tomamos el espíritu de estas palabras, y nos hace capaces de hablar con Dios.
En esta línea, sólo quiero hacer referencia a uno de los momentos que, durante la liturgia, nos llama y nos ayuda a encontrar esta correlación, este ajustarnos a lo que oímos, decimos y hacemos en la celebración litúrgica. Me refiero a la invitación que formula el Celebrante antes de la Plegaria Eucarística: "Sursum corda" levantemos el corazón fuera de la maraña de nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestras angustias, de nuestra distracción. Nuestro corazón, la parte íntima de nosotros mismos, debe abrirse dócilmente a la Palabra de Dios, y recogerse en la oración de la Iglesia, para recibir su orientación hacia Dios de las palabras mismas que escucha y dice. La mirada del corazón debe dirigirse al Señor, que se encuentra entre nosotros: es una disposición fundamental.
Cuando vivimos la liturgia con esta actitud fundamental, nuestro corazón viene sustraído como por la fuerza de la gravedad, que lo atrae hacia abajo, y sube interiormente hacia arriba, hacia la verdad y el amor, a Dios. Cómo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: "La misión de Cristo y del Espíritu Santo que, en la Liturgia sacramental de la Iglesia anuncia, actualiza y comunica el Misterio de la salvación, continúa en el corazón que ora. Los Padres de la vida espiritual a veces comparan el corazón a un altar "(n. 2655). Dice el Catecismo: altare Dei est cor nostrum.
Queridos amigos, celebramos y vivimos bien la liturgia sólo si permanecemos en actitud de oración, uniéndonos al misterio de Cristo y a su coloquio del Hijo con el Padre. Dios mismo nos enseña a orar, afirma San Pablo (cf. Rom 8:26). Él mismo nos ha dado las palabras adecuadas para dirigirnos a Él, palabras que encontramos en el Salterio, en las grandes oraciones de la sagrada liturgia y en la Celebración eucarística. Roguemos al Señor para ser cada vez más conscientes del hecho de que la liturgia es acción de Dios y del hombre; la oración que viene del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo al Padre, en unión con el Hijo de Dios hecho hombre (cf. Catecismo la Iglesia Católica, n. 2564).
(Traducción de Cecilia de Malak y Eduardo Rubió) 

lunes, 24 de septiembre de 2012

Un millonario musulmán se convierte al catolicismo tras ver la Pietá y leer a Orígenes

Es el mecenas del club de fútbol inglés Accrinton Stanley y admirador del teólogo Hans Urs Von Balthasar. Durante más de 15 años fue una especie de católico clandestino. Hoy la fe guía su actividad diaria.
La historia del millonario y exitoso financiero Ilyas Khan es a la vez tranquila y asombrosa. Nació en Inglaterra, y su padre era musulmán, un emigrante paquistaní de clase trabajadora. Pero él recuerda, contando su testimonio a Edward Pentin en el National Catholic Register, que pasó su primera infancia con su abuela católica irlandesa, en una guardería católica, y que a los 4 años "yo no pensaba ser otra cosa que un cristiano".

Además, su infancia, señala, transcurrió en una de las zonas con más tradición católica de Inglaterra, Lancashire, junto a Ribble Valley, "el mayor enclave que nunca aceptó realmente la Reforma protestante".

Formación musulmana completa

Pero de los 4 a los 17 años recibió toda la formación islámica que corresponde a un joven musulmán. Iba a la mezquita, se aprendió el Corán y peregrinó a la Meca y a Medina.

Khan dice que no sintió nunca rechazo por el Islam. Más bien, sintió atracción por Jesucristo.

La atracción empezó cuando tenía 18 años y vivía en una residencia universitaria del Opus Dei, Netherhall House, en Londres. "Yo era un adulto joven que se hacía preguntas y buscaba razones", recuerda. En la bibloteca de Netherhall descubrió a los Padres de la Iglesia: primero a Orígenes, del siglo III (del que recientemente se han descubierto 29 homilías inéditas). Después leyó a San Agustín. Y después a un autor moderno, el teólogo Hans Urs Von Balthasar, de quien dice que "me guió muchos años en mi viaje". En Netherhall empezó su vida de oración, inspirado por mucha gente que conoció allí.

Quizá podría haberse convertido ya entonces, con 20 años, pero varias cosas le retenían. Por un lado no quería dañar a sus padres. Por otro lado, "creo que en esa época no tenía las agallas para ser recibido en la Iglesia ni para recibir una instrucción formal. La apostasía es algo que el Islam se toma muy en serio. A ojos de muchos musulmanes, la apostasía debe castigarse realmente, no teóricamente, con la muerte". Así que se mantuvo muchos años como una especie de "católico oculto".

A misa en Hong Kong

Cuando tenía unos 24 o 25 años, Ilyas ya era un financiero de éxito que pasaba la mayor parte de la semana en Hong Kong y en Asia haciendo negocios. En Hong Kong iba a misa con mucha regularidad a la parroquia de Saint Joseph.

Aunque no todos los domingos iba allí, porque con frecuencia volaba a Inglaterra para seguir la liga de fútbol, otra de sus grandes pasiones en la vida. (Aunque siempre fue seguidor del Chelsea, con el tiempo terminaría patrocinando el Accrington Stanley, un equipo antiquísimo, de los orígenes del fútbol inglés en el siglo XIX, que habría cerrado sin el apoyo económico del financiero, y con el que desarrolla estrategias para conseguir más socios y fuentes de financiación. Fue su presidente desde 2009 hasta este mismo mes de mayo de 2012 y ha invertido en él más de 2 millones de libras).

Cuando tenía unos 35 años, llegó el momento que le animó a dar el salto.

El arte que convierte y transforma
Hay mucha gente que se escandaliza por el arte y la belleza que se exhiben en el Vaticano, pero ese arte fue el que convirtió a este millonario.

"Estaba allí, pasando junto a la Pietá en San Pedro, y recuerdo que volví literalmente sobre mis pasos atraído por una combinación de varias cosas. Y pensé "este es Dios. Realmente, este es Dios". Recordemos que una de las cosas que el Islam tradicional ve como herejía es igualar a Jesús, mortal, con Dios. Ese es el obstáculo más importante con el que un converso musulmán tiene que enfrentarse, intelectual y emocionalmente. Pero en ese momento, ante la Pietá, me di cuenta, a través de la pura emoción, que la verdad de nuestra religión es simple y directa. Recuerdo ese momento con exctcitud, aún me conmueve hasta las lágrimas: no había ninguna duda en mi mente. ¡Era tan claro! Me temo que me sería imposible articular ese sentimiento con simples palabras. Si hubo un antes y un después, ese fue el momento."

Amenazas y correos con odio

Fue entonces cuando ingresó plenamente en la Iglesia católica. Desde entonces, y siendo una figura habitual en la prensa deportiva inglesa (que es la más leída del papel), su nombre a menudo figura como "el filántropo musulmán convertido al catolicismo que compró el Accrington Stanley".

"He recibido una buena ración de correo con amenazas de violencia y comentarios llenos de odio, pero me comporto con lo que espero que sea una dignidad sencilla y me niego a dejar que mi vida esté gobernada por el miedo o precauciones indebidas", comenta. Hay que especificar que también ha recibido amenazas racistas y hasta pedradas simplemente por ser de etnia pakistaní, incluso siendo ya famoso patrocinador de fútbol. Con todo, asegura que la violencia racista en este deporte "es hoy menor que hace 10 años".

A Ilyas Khan le provoca "una gran tristeza en mi corazon contemplar gente que usa el Islam para justificar sus acciones violentas. No solo son actos no-islámicos, sino inhumanos y no tienen nada que ver con como veo yo el Islam como religión. Creo que podemos decir que el Islam y el cristianismo son primos lejanos. Fui criado como musulmán, estuve en Medina y en La Meca, y puedo ver sus cualidades inherentes. Pero también debemos admitir que la diferencia entre ambas religiones es enorme. Yo celebro el hecho de que Jesucristo es amor. Esa es una afirmación simple. Y es la diferencia que lo define".

Discapacitados y patrimonio en peligro

Cheshire Disability y colabora en diversos fondos para financiar centros de herencia cristiana que mantengan edificios y patrimonio artístico cristiano. Recientemente, por ejemplo, compró y donó a la Iglesia objetos sagrados que se subastaban de la abadía benedictina de Farnborough, como un cáliz de plata inglés de 1633, hecho por y para católicos clandestinos en la época de la persecución protestante. Él sabe, por experiencia propia, que el arte y la belleza pueden llevar a Dios.
Pablo J. Ginés/ReL

Nuevo atentado terrorista contra una iglesia en Nigeria

(Audio) Un ataque suicida contra la iglesia católica de Bauchi, en el norte de Nigeria, donde se celebraba el servicio religioso dominical, causó la muerte ayer de al menos a dos personas, mientras 46 resultaron heridas. Según el portavoz de la Policía local, las víctimas mortales son tres puesto que también murió el autor del ataque. El terrorista suicida falleció tras la detonación de su automóvil cargado de explosivos en la entrada de la iglesia de San Juan, en un barrio de la capital del Estado del mismo nombre.

Hasta el momento ningún grupo se ha responsabilizado del atentado, mientras Bauchi y toda la región del norte de Nigeria sigue siendo escenario frecuente de ataques de la secta islamista Boko Haram contra diversas comunidades cristianas. Boko Haram, cuyo nombre significa en lengua local "la educación no islámica es pecado", lucha presuntamente por imponer la ley islámica en el país africano, de mayoría musulmana en el norte y de preponderancia cristiana en el sur.

El hecho se produjo dos días después de que la Fuerza de Acción Conjunta del Ejército nigeriano anunciara la muerte de dos líderes de esta secta radical en Maiduguri, bastión de la organización en el Estado de Borno. Cabe destacar que desde el año 2009, cuando la Policía acabó con el líder de Boko Haram, Mohammed Yusuf, los radicales han llevado a cabo una sangrienta campaña que se ha cobrado ya unas 1.400 vidas, según los datos de la organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch.

Por su parte, el Cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, en una entrevista concedida al periódico español “La Vanguardia” afirma que “la persecución o las dificultades que sufren los cristianos en distintos países es ciertamente una cuestión importante para la Santa Sede desde siempre, no sólo por el bien de los cristianos sino también de las naciones a las que pertenecen y a cuyo bien contribuyen de diversas maneras”. “Por eso –afirmó el Purpurado– es tan importante la libertad religiosa, que está en la base del respeto de los demás derechos humanos”. A la vez que reiteró que “la promoción de la libertad religiosa es la mejor garantía para el progreso de la sociedad”.

Ante la pregunta de si los cambios en el mundo árabe son un riesgo para el cristianismo, el Cardenal Secretario de Estado afirmó que “la realidad en cada país es distinta, pero es verdad que la situación de los cristianos en algunos países no ha mejorado y se percibe el miedo de cara al futuro, que se está definiendo aún”. 

(María Fernanda Bernasconi – RV). 

domingo, 23 de septiembre de 2012

"Hay que decir siempre la verdad, porque solo así se facilitará el diálogo"

El Papa en el Ángelus: No ambicionar importancia y poder sino ponerse al servicio

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestro camino con el Evangelio de Marcos, el domingo pasado entramos en la segunda parte, es decir el último viaje hacia Jerusalén y hacia el culmen de la misión de Jesús. Después de que Pedro, en nombre de los discípulos, profesó la fe en Él, reconociéndolo como el Mesías (cfr Mc 8,29).

Jesús inicia a hablar abiertamente de aquello que le sucederá al final. El Evangelista reporta tres sucesivas predicciones de la muerte y resurrección en los capítulos 8, 9 y 10: en ellas Jesús anuncia en modo siempre más claro el destino que le espera y su intrínseca necesidad. El texto de este domingo contiene el segundo de estos anuncios. Jesús dice: «El Hijo del Hombre –expresión con la que se designa a sí mismo– será entregado en manos de hombres, y lo matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día» (Mc 9,31). Los discípulos «no entendían estas palabras, y tenían miedo de preguntarle» (v. 32).

En efecto, leyendo esta parte de la narración de Marcos, es evidente que entre Jesús y los discípulos hay una profunda distancia interior; se encuentran, por así decir, sobre dos amplitudes de onda, de manera que los discursos del Maestro no son comprendidos, o lo son solamente de modo superficial. El apóstol Pedro, inmediatamente después de haber manifestado su fe en Jesús, se permite reprenderlo porque ha anunciado que tendrá que ser rechazado y asesinado. Después del segundo anuncio de la pasión, los discípulos discuten sobre quién entre ellos es el más grande (cfr Mc 9,34); y después el tercero, Santiago y Juan piden a Jesús poder sentarse a su derecha y a su izquierda, cuando esté en la gloria (cfr Mc 10,35-40). Pero hay otros signos diferentes sobre esta distancia: por ejemplo, los discípulos no pueden aliviar a un joven epiléptico, que luego Jesús alivia con la fuerza de la oración (cfr Mc 9,14-29); o cuando son presentados a Jesús algunos niños, los discípulos los reprenden y Jesús en cambio indignado, los hace permanecer con Él y afirma que solo quien es como ellos puede entrar en el Reino de Dios (cfr Mc 10,13-16).

¿Qué cosa nos dice todo esto? Nos recuerda que la lógica de Dios es siempre «otra » respecto a la nuestra, como reveló Dios mismo por boca del profeta Isaías «Mis pensamientos no son sus pensamientos, ni sus caminos son mis caminos» (Is 55,8). Por esto, seguir al Señor requiere siempre del hombre una profunda conversión, un cambio en el modo de pensar y de vivir, requiere de abrir el corazón a la escucha para dejarse iluminar y transformar interiormente. Un punto-clave en el cual Dios y el hombre se diferencian es en el orgullo: en Dios no existe orgullo, porque Él es total plenitud y tendiente a amar y donar vida; en nosotros los hombres, en cambio, el orgullo está íntimamente radicado y requiere de una constante vigilancia y purificación. Nosotros, que somos pequeños, aspiramos a aparecer como grandes, a ser los primeros, mientras Dios no teme de abajarse y hacerse el último. La Virgen María está perfectamente «sintonizada» con Dios: invoquémosla confiados, para que nos enseñe a seguir fielmente a Jesús en el camino del amor y de la humildad. 

(Traducción de Patricia l. Jáuregui Romero).
Texto completo de la alocución del Papa antes del rezo del Ángelus: (Audio)

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Texto completo de la alocución del Papa durante la Audiencia General es esta mañana: “Un padre junto a sus hijos en graves problemas”

“Un padre junto a sus hijos en graves problemas”

Quiero volver a recorrer brevemente, con el pensamiento y con el corazón, las extraordinarias jornadas del Viaje apostólico que realicé a El Líbano. Un Viaje que he fuertemente querido, no obstante las circunstancias difíciles, considerando que un padre debe estar siempre junto a sus hijos cuando encuentran graves problemas. Me ha movido el vivo deseo de anunciar la paz que el Señor resucitado ha dejado a sus discípulos, sintetizándolo en las palabras «Les doy mi paz - - سَلامي أُعطيكُم» (Jn 14,27). Mi Viaje tenía como objetivo principal la firma y la entrega de la Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in Medio Oriente a los representantes de las Comunidades católicas de Oriente Medio, como también a las demás Iglesias y comunidades eclesiales y también a los Jefes musulmanes.

Ha sido un evento eclesial conmovedor y, al mismo tiempo, una generosa ocasión de diálogo vivida en un País complejo pero emblemático para toda la región, a causa de su tradición de convivencia y de laboriosa colaboración entre las diversas componentes religiosas y sociales. Frente a los sufrimientos y los dramas que permanecen en aquella zona de Oriente Medio, he manifestado mi profunda cercanía a las legítimas aspiraciones de aquellas queridas poblaciones, llevándoles un mensaje de aliento y de paz. Pienso en particular al terrible conflicto que atormenta a Siria, causando, además de miles de muertes, un flujo de prófugos que se vuelcan en la región a la búsqueda desesperada de seguridad y de futuro; y no olvido la situación difícil de Irak. Durante mi Visita, la gente de El Líbano y de Oriente Medio – católicos, representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales y de las diversas comunidades musulmanas –ha vivido, con entusiasmo y en un clima distendido y constructivo, una experiencia importante de respeto recíproco, de comprensión y de fraternidad, que constituye un fuerte signo de esperanza para toda la humanidad. Pero es sobre todo el encuentro con los fieles católicos de El Líbano y de Oriente Medio, presentes por miles, el que ha suscitado en mi ánimo un sentimiento de profunda gratitud por el ardor de su fe y de su testimonio.

Doy gracias al Señor por este don precioso, que da esperanza para el futuro de la Iglesia en aquellos territorios: jóvenes, adultos y familias animadas por el tenaz deseo de arraigar su vida en Cristo, permanecer anclados al Evangelio, caminar juntos en la Iglesia. Renuevo mi agradecimiento también a cuantos han trabajado incansablemente por esta Visita: los Patriarcas y los Obispos de El Líbano con sus colaboradores, la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, las personas consagradas, los fieles laicos, los cuales son una realidad preciosa y significativa en la sociedad libanesa. He podido constatar directamente que las Comunidades católicas libanesas, mediante su presencia milenaria y su compromiso pleno de esperanza, ofrecen una significativa y apreciada contribución en la vida cotidiana de todos los habitantes del País. Un pensamiento grato y deferente va a las Autoridades libanesas, a las instituciones y asociaciones, a los voluntarios y a cuantos han ofrecido el apoyo de la oración. No puedo olvidar la cordial acogida que he recibido del Presidente de la República, Señor Michel Sleiman, como también de las varias componentes del País y de la gente: ha sido una acogida calurosa, según la célebre hospitalidad libanesa. Los musulmanes me han acogido con gran respeto y sincera consideración; su constante y partícipe presencia me ha dado modo de lanzar un mensaje de diálogo y de colaboración entre Cristianismo e Islam: me parece que ha llegado el momento de dar juntos un testimonio sincero y decidido contra las divisiones, contra la violencia y las guerras. Los católicos, venidos también de los Países colindantes, han manifestado con fervor su profundo afecto al Sucesor de Pedro.

Después de la bella ceremonia a mi llegada al aeropuerto de Beirut, la primera cita era de particular solemnidad: la firma de la Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente, en la Basílica Greco-Melquita de San Pablo en Harissa. En esta circunstancia invité a los católicos de Oriente Medio a fijar la mirada sobre Cristo crucificado para encontrar la fuerza, también en contextos difíciles y dolorosos, de celebrar la victoria del amor sobre el odio, del perdón sobre la venganza y de la unidad sobre la división. A todos he asegurado que la Iglesia universal está más que nunca cercana, con el afecto y la oración a la Iglesia en Oriente Medio: ellas, pese a ser un «pequeño rebaño», no deben temer, en la certeza de que el Señor está siempre con ellos. El Papa no los olvida.

En el segundo día de mi Viaje apostólico encontré a los representantes de las Instituciones de la República y del mundo de la cultura, el Cuerpo diplomático y los Jefes religiosos. A ellos, entre otras cosas, he indicado un camino por recorrer para favorecer un futuro de paz y de solidaridad: se trata de actuar para que las diferencias culturales, sociales y religiosas lleguen, en el diálogo sincero, a una nueva fraternidad, donde aquello que une es el sentido compartido de la grandeza y dignidad de cada persona, cuya vida va siempre defendida y tutelada. En la misma jornada celebré un encuentro con los Jefes de las Comunidades religiosas musulmanas, que se desarrolló en un espíritu de diálogo y de benevolencia recíproca. Doy gracias a Dios por este encuentro. El mundo de hoy necesita signos claros y fuertes de diálogo y de colaboración, y de esto El Líbano ha sido y debe seguir siendo un ejemplo para los Países árabes y para el resto del mundo.

Por la tarde, en la residencia del Patriarca Maronita, fui acogido por el entusiasmo incontenible de miles de jóvenes libaneses y de los Países vecinos, que han dado vida a un festivo y orante momento, que permanecerá inolvidable en el corazón de muchos. He subrayado la fortuna que tienen de vivir en aquella parte del mundo que ha visto a Jesús, muerto y resucitado por nuestra salvación y el desarrollo del Cristianismo, exhortándolos a la fidelidad y al amor por su tierra, no obstante las dificultades causadas por la falta de estabilidad y de seguridad. Además los he alentado a permanecer firmes en la fe, confiados en Cristo, fuente de nuestro gozo, y a profundizar la relación personal con Él en la oración, como también a permanecer abiertos a los grandes ideales de la vida, de la familia, de la amistad y de la solidaridad. Mirando jóvenes cristianos y musulmanes hacer fiesta en gran armonía, los he impulsado a construir juntos el futuro de El Líbano y de Oriente Medio y a oponerse juntos a la violencia y a la guerra. La concordia y la reconciliación deben ser más fuertes que los impulsos de muerte.

En la mañana del domingo, hubo un momento muy intenso y participado de la Santa Misa en el City Center Waterfront de Beirut, acompañada por sugestivos cantos, que han caracterizado también las otras celebraciones. A la presencia de numerosos Obispos y de una gran multitud de fieles, provenientes de todas partes de Oriente Medio, he querido exhortar a todos a vivir la fe y a testimoniarla sin temor, en la certeza de que la vocación del cristiano y de su Iglesia es aquella de llevar el Evangelio a todos sin distinción, según el ejemplo de Jesús. En un contexto marcado por ásperos conflictos, he llamado la atención sobre la necesidad de servir la paz y la justicia, haciéndose instrumentos de reconciliación y constructores de comunión. Al final de la celebración eucarística, tuve el gozo de entregar la Exhortación apostólica que recoge las conclusiones de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos dedicada a Oriente Medio. Mediante los Patriarcas y los Obispos orientales y latinos, los sacerdotes, los consagrados y los laicos, este Documento quiere llegar a todos los fieles de aquella querida región, para sostenerlos en la fe y en la comunión y lanzarlos al camino de la tan auspiciada nueva evangelización. En la tarde, ante la sede del Patriarcado Siro-católico, tuve la alegría de un fraterno encuentro ecuménico con los Patriarcas ortodoxos y ortodoxos orientales y los representantes de aquellas Iglesias, como también de las Comunidades eclesiales.

Queridos amigos, los días transcurridos en El Líbano han sido una estupenda manifestación de fe y de intensa religiosidad y un signo profético de paz, La multitud de creyentes, provenientes del entero Oriente Medio, tuvo la oportunidad de reflexionar, de dialogar y sobre todo de orar junta, renovando el compromiso de arraigar la propia vida en Cristo. Tengo la certeza de que el pueblo libanés, en su multiforme pero bien amalgamada composición religiosa y social, sabrá dar testimonio con nuevo impulso de la verdadera paz, que nace de la confianza en Dios. Auspicio que los varios mensajes de paz y de estima que quise dar, puedan ayudar a los gobernantes de la Región a cumplir los pasos decisivos hacia la paz y hacia una mejor comprensión de las relaciones entre cristianos y musulmanes. De mi parte sigo acompañando aquellas amadas poblaciones con la oración, para que permanezcan fieles a los compromisos asumidos. A la materna intercesión de María, venerada en tantos y antiguos santuarios libaneses, confío los frutos de esta Visita pastoral, como también los propósitos de bien y las justas aspiraciones del entero Oriente Medio.

(Traducción de Patricia Jáuregui Romero – RV). 

Fuente: radiovaticana.org

martes, 18 de septiembre de 2012

LOS DISCIPULOS DE JESUS DEN TESTIMONIO DE UNIDAD

El Patriarcado de Antioquia de los Sirios en Charfet, cuya biblioteca es famosa por sus más de 3.000 manuscritos en lengua siria y árabe, fue ayer tarde sede del encuentro ecuménico del Santo Padre con los patriarcas ortodoxos, los representantes de las confesiones protestantes y los patriarcas católicos del Líbano.

Después de recibir el saludo del S. B. Ignace Youssif III Younan, patriarca de Antioquia de los Sirios, el Papa agradeció la presencia de todos los jefes de las diversas confesiones que representan “ la diversidad de la Iglesia en Oriente”. “Mi pensamiento se dirige también -añadió- a la Iglesia copta ortodoxa de Egipto y a la Iglesia etíope ortodoxa, que han sufrido la pérdida de su Patriarca. Les aseguro mi fraterna cercanía y oración”.

Benedicto XVI quiso también “rendir homenaje al testimonio de fe que la Iglesia Siríaca de Antioquía ha ofrecido a lo largo de su gloriosa historia, testimonio de un amor ardiente a Cristo, que le ha permitido escribir, hasta el día de hoy, páginas heroicas a causa de su fidelidad a la fe hasta el martirio”, animándola a ser para todos los pueblos de la región “un signo de la paz que viene de Dios y una luz que enciende su esperanza. Extiendo estas palabras de aliento a todas las Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en esta región”.

“Nuestro encuentro de esta tarde -señaló el pontífice- es un signo elocuente de nuestro deseo profundo de responder a la llamada del Señor Jesús, 'que todos sean uno'.En estos tiempos inestables y proclives a la violencia, que experimenta vuestra región, es todavía más urgente que los discípulos de Cristo den un testimonio auténtico de su unidad, para que el mundo crea en su mensaje de amor, paz y reconciliación. Es un mensaje que todos los cristianos, y nosotros en particular, tenemos la misión de transmitir al mundo, y que adquiere un valor inestimable en el contexto actual de Oriente Medio.”.

“Trabajemos sin descanso para que nuestro amor por Cristo nos conduzca paso a paso hacia la plena comunión entre nosotros. Para ello, debemos, por la oración y el compromiso común, volver sin cesar a nuestro único Señor y Salvador. Pues, como he escrito en la Exhortación apostólica 'Ecclesia in Medio Oriente', que he tenido el gozo de entregaros, 'Jesús une a quienes creen en él y le aman, entregándoles el Espíritu de su Padre, así como el de María, su madre'.

El Papa concluyó confiando a la Virgen María los miembros de las diversas Iglesias y comunidades. “Que ella suplique por nosotros ante su Divino Hijo, para que nos veamos libres de todo mal y violencia y para que esta región de Oriente Medio conozca al fin el tiempo de la reconciliación y la paz. Que las palabras de Jesús que he citado con frecuencia en este viaje,سَلامي أُعطيكُم (Mi paz os doy) sean para todos nosotros el signo común que daremos en el nombre de Cristo a los pueblos de esta amada región, que anhela con impaciencia la realización de este anuncio”.

Comunicado del Episcopado boliviano "Caridad y Verdad"

Foto: Fuente  http://www.iglesiaviva.net
La Conferencia Episcopal Boliviana esta mañana en conferencia de prensa se ha pronunciado acerca de importantes temas coyunturales que se suscitan en el país. El TIPNIS, Derechos humanos y justicia, el Censo 2012.

Los Obispos de Bolivia, reunidos en el Consejo Episcopal Permanente, hemos compartido la preocupación que nos han transmitido varios grupos y sectores de la Iglesia y la sociedad, respecto a algunos aspectos de la realidad actual de Bolivia y ofrecemos nuestra palabra desde los criterios de la fe cristiana. 

Consulta TIPNIS
Hemos seguido con atención y preocupación el curso de la consulta en el TIPNIS contando con la visión de agentes de pastoral que trabajan en esa región y con la opinión de algunos delegados que han realizado una visita y han entrado en contacto con representantes de las diferentes comunidades. La mayor inquietud que ellos expresan es la división que se ha suscitado entre los habitantes del lugar, entre los que apoyan la consulta y aquéllos que la resisten.

Esta división ha sido fomentada a través de “regalos” o “reconocimientos” a comunidades que apoyan la consulta, o por el establecimiento de dirigencias paralelas de las organizaciones indígenas, hecho que amenaza cada vez más la armonía y convivencia pacífica de esas comunidades. Esta situación nos interpela como pastores llamados a pregonar y velar por la unidad y ayudar a evitar toda división. La Palabra nos interpela: “Nadie busque su interés, sino el de los demás” (Fil 2,4)

En continuidad con nuestros anteriores pronunciamientos, llamamos una vez más a las autoridades de Gobierno, a retomar el camino de un verdadero diálogo con los dirigentes indígenas, basado en la verdad y el bien común, el respeto mutuo, el cuidado del medio ambiente para las presentes y futuras generaciones, la preservación de la unidad de los habitantes del TIPNIS y en sumisión a la Constitución Política del Estado.

Derechos humanos y justicia.

Vemos hechos consumados que nos alarman de aquella situación que ya denunciábamos en nuestra Carta Pastoral del mes de marzo del 2011: “ Una mirada a fondo a nuestro país muestra que, en la práctica, no sólo algunas personas sienten que van perdiendo libertades, sino que éstas se recortan en muchos casos mediante la retardación de justicia, la intimidación y el uso inicuo de la coerción estatal y del aparato judicial, creando un clima de inseguridad personal que provoca el silencio y a veces hasta el abandono de la patria, al no encontrar suficientes garantías de un juicio justo e imparcial dentro de ella” . Este escenario, lejos de mejorar, ha ido empeorando, poniendo en grave riesgo la vigencia de los derechos humanos y la institucionalidad.

Muchas personas se sienten perseguidas por expresar un pensamiento disconforme con el proyecto político instaurado en el país, y lo más aberrante es que se utilice a la justicia para tal cometido. Un ejemplo de esta situación general es la demanda judicial que autoridades gubernamentales han instalado en contra de tres medios de comunicación. Nosotros, junto a numerosas voces de la sociedad civil, reafirmamos nuestro rechazo a esta medida y pedimos que se actúe de acuerdo a la vigente Ley de Imprenta.

Muchas otras personas, encarcelados, exilados, refugiados políticos, están sufriendo porque no hay garantía de un justo juicio y por la retardación de justicia. Es urgente que el ejercicio de la justicia sea libre de condicionamientos de tipo económico, social y político, no para la impunidad sino para garantizar juicios imparciales que establezcan la verdad de los hechos. Nos permitimos también sugerir, en aras de crear un clima de paz en el país, hacer un gesto de reconciliación, como un indulto o la amnistía a favor de esos hermanos. Continuar con esa instrumentalización de la justicia resquebraja seriamente las bases democráticas de nuestra convivencia que tanto esfuerzo han costado a muchas personas e instituciones y además proyecta una imagen negativa ante el mundo acerca de la vigencia de los derechos y libertades fundamentales en nuestro país.

Censo 2012 
Hace algunas semanas se ha hecho conocer la fecha de realización de este importante acontecimiento además de la boleta que será usada con este fin. Al respecto, consideramos que el Censo es un instrumento indispensable para reflejar nuestra realidad lo más fielmente posible y, en base a la misma, elaborar políticas públicas en bien de toda la población, en especial de los más pobres. En ese entendido animamos a la ciudadanía a apoyar y participar en conciencia en esta jornada, cumpliendo la normativa establecida y facilitando el trabajo del personal desplegado con este fin.

Para lograr los fines propuestos, el Censo debe ser un instrumento que manifieste de forma objetiva la realidad en todos los ámbitos de la vida de las personas y la sociedad boliviana, incluyendo aspectos tan delicados como la identidad religiosa y sociocultural.
Consideramos que la dimensión espiritual y religiosa es parte fundamental de la realidad boliviana que no puede ser desatendida y desconocida, aun en un Estado laico.
Respecto a los datos de pertenencia o no a una determinada nacionalidad o pueblo indígena, es importante salvaguardar el derecho de la población a autoidentificarse con libertad, utilizando la terminología que ella considere más adecuada y que de ninguna manera puede ser denigrante. En ese sentido defendemos la vigencia en nuestro país de una cultura mestiza y el derecho de la población a identificarse con ella.

Velando por el mejor aprovechamiento de este instrumento de desarrollo humano y tratándose de un operativo que requiere el empleo de importantes recursos humanos, financieros y de infraestructura, llamamos a la ciudadanía a ejercer un control social al proceso del Censo y, particularmente, sobre el uso transparente y responsable de la información recabada, por parte de las autoridades y servidores públicos.

Frente a las situaciones de conflicto que vivimos y otras que se anuncian, llamamos una vez más a deponer actitudes intransigentes de las partes y a retomar el camino del diálogo responsable como único camino que permite soluciones verdaderas y duraderas.

Elevamos nuestras oraciones a Dios, Padre de todos, y a Jesucristo, Señor de la Historia, para que su Espíritu encuentre acogida en todos los bolivianos, nos edifique en la verdad “que nos hace libres” (Cfr. Jn 8,32), nos anime en la convivencia fraterna y justa, y nos fortaleza en el servicio a nuestros hermanos.

Mons. Oscar Aparicio
Secretario General de la
Conferencia Episcopal Boliviana

La Paz, 17 de septiembre de 2012

domingo, 16 de septiembre de 2012

TEXTO ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE PREVIA AL REZO MARIANO DEL ANGELUS DOMINI PRONUNCIDO EN EL CITY CENTER WATERFRONT DE BEIRUT. (16.09.2012) Dios conceda el don de la paz, el silencio de las armas y cese de toda violencia: el Papa en Oriente Medio

Queridos hermanos y hermanas, dirijámonos ahora a María, Nuestra Señora del Líbano, en torno a la cual se encuentran los cristianos y los musulmanes. Pidámosle que interceda ante su divino Hijo por vosotros y, en particular, implorando el don de la paz para los habitantes de Siria y los países vecinos. Conocéis bien la tragedia de los conflictos y de la violencia, que genera tantos sufrimientos. Desgraciadamente, el ruido de las armas continúa escuchándose, así como el grito de las viudas y de los huérfanos. La violencia y el odio invaden sus vidas, y las mujeres y los niños son las primeras víctimas. ¿Por qué tanto horror? ¿Por qué tanta muerte? Apelo a la comunidad internacional. Apelo a los países árabes de modo que como hermanos, propongan soluciones viables que respeten la dignidad de toda persona humana, sus derechos y su religión. Quien quiere construir la paz debe dejar de ver en el otro un mal que debe eliminar. No es fácil ver en el otro una persona que se debe respetar y amar, y sin embargo es necesario, si se quiere construir la paz, si se quiere la fraternidad (cf. 1 Jn 2,10-11; 1 P 3,8-12). Que Dios conceda a vuestro país, a Siria y a Oriente Medio el don de la paz de los corazones, el silencio de las armas y el cese de toda violencia. Que los hombres entiendan que todos son hermanos. María, que es nuestra Madre, comprende nuestras preocupaciones y necesidades. Con los patriarcas y los obispos aquí presentes, encomiendo a Oriente Medio bajo su materna protección (cf. Proposición 44). Que con la ayuda de Dios nos convirtamos, trabajando con ardor por instaurar la paz necesaria para una vida armoniosa entre hermanos, no importa su proveniencia o convicciones religiosas. Ahora oremos: Angelus Domini... 

Benedicto XVI entregó Con el anhelo de que la Exhortación apostólica post-sinodal Ecclesia in Medio Oriente. Texto completo de las palabras del Papa

Beirut City Center Waterfront
Domingo, 16 septiembre 2012

Beatitudes, señores cardenales,
Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
Queridos hermanos y hermanas en Cristo.

La celebración litúrgica que acabamos de vivir nos ha permitido agradecer al Señor el don de la Asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, celebrada en octubre del 2010 sobre el tema: La Iglesia católica en Oriente Medio, comunión y testimonio. «El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma» (Hch 4,32). Quiero agradecer a todos los padres sinodales su aportación. Mi reconocimiento se dirige también al Secretario general del Sínodo de los Obispos, Mons. Eterović, por el trabajo realizado y las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre. 
Después de haber firmado la Exhortación apostólica post-sinodal Ecclesia in Medio Oriente, tengo la alegría de entregarla a todas las Iglesias particulares a través de vosotros, Beatitudes y obispos orientales y latinos de Oriente Medio. Con la entrega de este documento, comienza su estudio y asimilación por parte de todos los protagonistas eclesiales: pastores, personas consagradas y laicos, para que cada uno encuentre una alegría nueva en proseguir su misión, animados y fortalecidos para aplicar el mensaje de comunión y de testimonio desarrollado según los distintos aspectos humanos, doctrinales, eclesiológicos, espirituales y pastorales de esta Exhortación. Queridos hermanos y hermanas del Líbano y de Oriente Medio, deseo que esta Exhortación sea una guía para avanzar por los caminos multiformes y complejos en los que Cristo os precede. Que la comunión en la fe, la esperanza y la caridad se fortalezcan en vuestros países y en cada comunidad para hacer creíble vuestro testimonio del solo Santo, el Dios Uno y Trino, que se ha hecho cercano a cada persona. 
Querida Iglesia en Oriente Medio, vivifica la savia original de la salvación que se ha realizado en esta Tierra única y amada entre todas. Avanza en el seguimiento de tus padres en la fe, que abrieron con su constancia y fidelidad el camino de la respuesta de la humanidad a la Revelación de Dios. Encuentra en la esplendida diversidad de los santos, que han florecido en ti, los ejemplos y los intercesores que inspiraron tu respuesta a la llamada del Señor a caminar hacia la Jerusalén celeste, donde Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos (cf. Ap 21,4). Que la comunión fraterna sea una ayuda en la vida cotidiana y signo de la fraternidad universal que Jesús, el primogénito entre muchos, vino a instaurar. Y así, en esta región, que vio sus obras y recogió sus palabras, continúe resonando el Evangelio como hace 2000 años y que sea vivido hoy y siempre.

Texto completo de la Homilía del Papa en Beirut: Un Mesías servidor, no un libertador político todopoderoso

Queridos hermanos y hermanas 

«Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo» (Ef 1,3). Bendito sea en este día en el que tengo la alegría de estar aquí con vosotros, en el Líbano, para entregar a los obispos de la región la Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente. Agradezco cordialmente a Su Beatitud Bechara Boutros Raï sus amables palabras de bienvenida. Saludo a los demás patriarcas y obispos de las iglesias orientales, a los obispos latinos de las regiones vecinas, así como a los cardenales y obispos procedentes de otros países. Os saludo a todos con gran afecto, queridos hermanos y hermanas del Líbano, así como a los de los países de toda esta querida región de Oriente Medio, que han venido para celebrar, con el Sucesor de Pedro, a Jesucristo crucificado, muerto y resucitado. Saludo con deferencia también al Presidente de la República y a las autoridades libanesas, a los responsables y miembros de otras tradiciones religiosas que han tenido a bien estar presentes aquí esta mañana.

En este domingo en el que Evangelio nos interroga sobre la verdadera identidad de Jesús, henos aquí con los discípulos por la senda que conduce a los pueblos de la región de Cesarea de Filipo. «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mc 8,29), les preguntó Jesús. El momento elegido para plantear esta cuestión tiene un significado. Jesús se encuentra en un momento decisivo de su existencia. Sube hacia Jerusalén, hacia el lugar donde, por la cruz y la resurrección, se cumplirá el acontecimiento central de nuestra salvación. Jerusalén es también donde, al final de estos acontecimientos, nacerá la Iglesia. Y cuando, en ese momento decisivo, Jesús pregunta primero a sus seguidores: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Mc 8,27), las respuestas que le dan son muy diferentes: Juan el Bautista, Elías, un profeta. También hoy, como a lo largo de los siglos, aquellos, que de una u otra manera, han encontrado a Jesús en su camino, ofrecen sus respuestas. Éstas son aproximaciones que pueden permitir encontrar el camino de la verdad. Pero, aunque no sean necesariamente falsas, siguen siendo insuficientes, pues no llegan al corazón de la identidad de Jesús. Sólo quien se compromete a seguirlo en su camino, a vivir en comunión con él en la comunidad de los discípulos, puede tener un conocimiento verdadero. Entonces es cuando Pedro, que desde hacía algún tiempo había vivido con Jesús, dará su respuesta: «Tú eres el Mesías» (Mc 8,29). Respuesta acertada sin duda alguna, pero aún insuficiente, puesto que Jesús advirtió la necesidad de precisarla. Se percataba de que la gente podría utilizar esta respuesta para propósitos que no eran los suyos, para suscitar falsas esperanzas terrenas sobre él. Y no se deja encerrar sólo en los atributos del libertador humano que muchos esperan.

Al anunciar a sus discípulos que él deberá sufrir y ser ajusticiado antes de resucitar, Jesús quiere hacerles comprender quién es de verdad. Un Mesías sufriente, un Mesías servidor, no un libertador político todopoderoso. Él es siervo obediente a la voluntad de su Padre hasta entregar su vida. Es lo que anunciaba ya el profeta Isaías en la primera lectura. Así, Jesús va contra lo que muchos esperaban de él. Su afirmación sorprende e inquieta. Y eso explica la réplica y los reproches de Pedro, rechazando el sufrimiento y la muerte de su maestro. Jesús se muestra severo con él, y le hace comprender que quien quiera ser discípulo suyo, debe aceptar ser un servidor, como él mismo se ha hecho siervo.

Decidirse a seguir a Jesús, es tomar su Cruz para acompañarle en su camino, un camino arduo, que no es el del poder o el de la gloria terrena, sino el que lleva necesariamente a la renuncia de sí mismo, a perder su vida por Cristo y el Evangelio, para ganarla. Pues se nos asegura que este camino conduce a la resurrección, a la vida verdadera y definitiva con Dios. Optar por acompañar a Jesucristo, que se ha hecho siervo de todos, requiere una intimidad cada vez mayor con él, poniéndose a la escucha atenta de su Palabra, para descubrir en ella la inspiración de nuestras acciones. Al promulgar el Año de la fe, que comenzará el próximo 11 de octubre, he querido que todo fiel se comprometa de forma renovada en este camino de conversión del corazón. A lo largo de todo este año, os animo vivamente, pues, a profundizar vuestra reflexión sobre la fe, para que sea más consciente, y para fortalecer vuestra adhesión a Jesucristo y su evangelio.

Hermanos y hermanas, el camino por el que Jesús nos quiere llevar es un camino de esperanza para todos. La gloria de Jesús se revela en el momento en que, en su humanidad, él se manifiesta el más frágil, especialmente después de la encarnación y sobre la cruz. Así es como Dios muestra su amor, haciéndose siervo, entregándose por nosotros. ¿Acaso no es esto un misterio extraordinario, a veces difícil de admitir? El mismo apóstol Pedro lo comprenderá sólo más tarde.

En la segunda lectura, Santiago nos ha recordado cómo este seguir a Jesús, para ser auténtico, exige actos concretos: «Yo con mis obras, te mostraré la fe» (2,18). Servir es una exigencia imperativa para la Iglesia y, para los cristianos, el ser verdaderos servidores, a imagen de Jesús. El servicio es un elemento fundacional de la identidad de los discípulos de Cristo (cf. Jn 13,15-17). La vocación de la Iglesia y del cristiano es servir, como el Señor mismo lo ha hecho, gratuitamente y a todos, sin distinción. Por tanto, en un mundo donde la violencia no cesa de extender su rastro de muerte y destrucción, servir a la justicia y la paz es una urgencia, para comprometerse en aras de una sociedad fraterna, para fomentar la comunión. Queridos hermanos y hermanas, imploro particularmente al Señor que conceda a esta región de Oriente Medio servidores de la paz y la reconciliación, para que todos puedan vivir pacíficamente y con dignidad. Es un testimonio esencial que los cristianos deben dar aquí, en colaboración con todas las personas de buena voluntad. Os hago un llamamiento a todos a trabajar por la paz. Cada uno como pueda y allí dónde se encuentre.

El servicio debe entrar también en el corazón de la vida misma de la comunidad cristiana. Todo ministerio, todo cargo en la Iglesia, es ante todo un servicio a Dios y a los hermanos. Éste es el espíritu que debe reinar entre todos los bautizados, en particular con un compromiso efectivo para con los pobres, los marginados y los que sufren, para salvaguardar la dignidad inalienable de cada persona.

Queridos hermanos y hermanas que sufrís en el cuerpo o en el corazón, vuestro dolor no es inútil. Cristo servidor está cercano a todos los que sufren. Él está a vuestro lado. Que os encontréis en vuestro camino con hermanos y hermanas que manifiesten concretamente su presencia amorosa, que no os abandonará. Que Cristo os colme de esperanza.
Y todos vosotros, hermanos y hermanas, que habéis venido para participar en esta celebración, tratad de configuraros siempre con el Señor Jesús, con él, que se ha hecho servidor de todos para la vida del mundo. Que Dios bendiga al Líbano, que bendiga a todos los pueblos de esta querida región del Medio Oriente y les conceda el don de su paz. Amén. 

sábado, 15 de septiembre de 2012

DISCURSO DE BENEDICTO XVI ENCUENTRO CON LOS JOVENES DEL LIBANO Y DEL MEDIO ORIENTE: (15.09.2012)

Beatitud, Hermanos Obispos, queridos amigos

«A vosotros gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor» (2 P 1,2). El pasaje de la carta de San Pedro que acabamos de escuchar expresa bien el gran deseo que llevo en el corazón desde hace mucho tiempo. Gracias por vuestra calurosa acogida, gracias de todo corazón por vuestra presencia tan numerosa esta tarde. Agradezco a Su Beatitud el Patriarca Bechara Boutros Raï sus palabras de bienvenida, a Mons. Georges Bou Jaoudé, Arzobispo de Trípoli y Presidente del Consejo para el apostolado de los laicos en el Líbano, y a Monseñor Elie Hadda, Arzobispo de Sidón de los Griegos melquitas y Vice-presidente de dicho Consejo, así como a los dos jóvenes que me han saludado en nombre de todos vosotros. سَلامي أُعطيكُم (Mi paz os doy) (Jn 14,27), nos dice Jesucristo.

Queridos amigos, vosotros vivís hoy en esta parte del mundo que ha visto el nacimiento de Jesús y el desarrollo del cristianismo. Es un gran honor. Y es una llamada a la fidelidad, al amor por vuestra región, y especialmente a ser testigos y mensajeros de la alegría de Cristo, porque la fe transmitida por los Apóstoles lleva a la plena libertad y al gozo, como lo han mostrado tantos santos y beatos de este país. Su mensaje ilumina la Iglesia universal. Y puede seguir iluminando vuestras vidas. Entre los Apóstoles y los santos, muchos vivieron periodos difíciles, y su fe fue la fuente de su valor y de su testimonio. Que encontréis en su ejemplo e intercesión la inspiración y el apoyo que necesitáis.

Conozco las dificultades que tenéis en la vida cotidiana, debido a la falta de estabilidad y seguridad, al problema de encontrar trabajo o incluso al sentimiento de soledad y marginación. En un mundo en continuo movimiento, os enfrentáis a muchos y graves desafíos. Pero ni siquiera el des-empleo y la precariedad deben incitaros a probar la «miel amarga» de la emigración, con el desarraigo y la separación en pos de un futuro incierto. Se trata de que vosotros seáis los artífices del futuro de vuestro país, y cumpláis con vuestro papel en la sociedad y en la Iglesia.

Tenéis un lugar privilegiado en mi corazón y en toda la Iglesia, porque la Iglesia es siempre joven. La Iglesia confía en vosotros. Cuenta con vosotros. Sed jóvenes en la Iglesia. Sed jóvenes con la Iglesia. La Iglesia necesita vuestro entusiasmo y creatividad. La juventud es el momento en el que se aspira a grandes ideales, y el periodo en que se estudia para prepararse a una profesión y a un porvenir. Esto es importante y exige su tiempo. Buscad lo que es hermoso y gozad en hacer el bien. Dad testimonio de la grandeza y la dignidad de vuestro cuerpo, que es «para el Señor» (1 Co 6,13b). Tened la delicadeza y la rectitud de los corazones puros. Como el beato Juan Pablo II, yo también os repito: «No tengáis miedo. Abrid las puertas de vuestro espíritu y vuestro corazón a Cristo». El encuentro con él «da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Deus caritas est, 1). En él encontraréis la fuerza y el valor para avanzar en el camino de vuestra vida, superando así las dificultades y aflicciones. En él encontraréis la fuente de la alegría. Cristo os dice: سَلامي أُعطيكُم (Mi paz os doy). Aquí está la revolución que Cristo ha traído, la revolución del amor.

Las frustraciones que se presentan no os deben conducir a refugiaros en mundos paralelos como, entre otros, el de las drogas de cualquier tipo, o el de la tristeza de la pornografía. En cuanto a las redes sociales, son interesantes, pero pueden llevar fácilmente a una dependencia y a la confusión entre lo real y lo virtual. Buscad y vivid relaciones ricas de amistad verdadera y noble. Adoptad iniciativas que den sentido y raíces a vuestra existencia, luchando contra la superficialidad y el consumo fácil. También os acecha otra tentación, la del dinero, ese ídolo tirano que ciega hasta el punto de sofocar a la persona y su corazón. Los ejemplos que os rodean no siempre son los mejores. Muchos olvidan la afirmación de Cristo, cuando dice que no se puede servir a Dios y al dinero (cf. Lc 16,13). Buscad buenos maestros, maestros espirituales, que sepan indicaros la senda de la madurez, dejando lo ilusorio, lo llamativo y la mentira. 

Sed portadores del amor de Cristo. ¿Cómo? Volviendo sin reservas a Dios, su Padre, que es la medida de lo justo, lo verdadero y lo bueno. Meditad la Palabra de Dios. Descubrid el interés y la actualidad del Evangelio. Orad. La oración, los sacramentos, son los medios seguros y eficaces para ser cristianos y vivir «arraigados y edificados en Cristo, afianzados en la fe» (Col 2,7). El Año de la fe que está para comenzar será una ocasión para descubrir el tesoro de la fe recibida en el bautismo. Podéis profundizar en su contenido estudiando el Catecismo, para que vuestra fe sea viva y vivida. Entonces os haréis testigos del amor de Cristo para los demás. En él, todos los hombres son nuestros hermanos. La fraternidad universal inaugurada por él en la cruz reviste de una luz resplandeciente y exigente la revolución del amor. «Amaos unos a otros como yo os he amado» (Jn 13,35). En esto reside el testamento de Jesús y el signo del cristiano. Aquí está la verdadera revolución del amor. 

Por tanto, Cristo os invita a hacer como él, a acoger sin reservas al otro, aunque pertenezca a otra cultura, religión o país. Hacerle sitio, respetarlo, ser bueno con él, nos hace siempre más ricos en humanidad y fuertes en la paz del Señor. Sé que muchos de vosotros participáis en diversas actividades promovidas por las parroquias, las escuelas, los movimientos o las asociaciones. Es hermoso trabajar con y para los demás. Vivir juntos momentos de amistad y alegría permite resistir a los gérmenes de división, que constante-mente se han de combatir. La fraternidad es una anticipación del cielo. Y la vocación del discípulo de Cristo es ser «levadura» en la masa, como dice san Pablo: «Un poco de levadura hace fermentar toda la masa» (Ga 5,9). Sed los mensajeros del evangelio de la vida y de los valores de la vida. Resistid con valentía a aquello que la niega: el aborto, la violencia, el rechazo y desprecio del otro, la injusticia, la guerra. Así irradiaréis la paz en vuestro entorno. ¿Acaso no son a los «artífices de la paz» a quienes en definitiva más admiramos? ¿No es la paz ese bien precioso que toda la humanidad está buscando? Y, ¿no es un mundo de paz para nosotros y para los demás lo que deseamos en lo más profundo? سَلامي أُعطيكُم (Mi paz os doy), dice Jesús. Él no ha vencido el mal con otro mal, sino tomándolo sobre sí y aniquilándolo en la cruz mediante el amor vivido hasta el extremo. Descubrir de verdad el perdón y la misericordia de Dios, permite recomenzar siempre una nueva vida. No es fácil perdonar. Pero el perdón de Dios da la fuerza de la conversión y, a la vez, el gozo de perdonar. El perdón y la reconciliación son caminos de paz, y abren un futuro.

Queridos amigos, muchos de vosotros se preguntan ciertamente, de una forma más o menos consciente: ¿Qué espera Dios de mí? ¿Qué proyecto tiene para mí? ¿Querrá que anuncie al mundo la grandeza de su amor a través del sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio? ¿Me llama-rá Cristo a seguirlo más de cerca? Acoged confiadamente estos interrogantes. Tomaos un tiempo para pensar en ello y buscar la luz. Responded a la invitación poniéndoos cada día a disposición de Aquel que os llama a ser amigos suyos. Tratad de seguir de corazón y con generosidad a Cristo, que nos ha redimido por amor y entregado su vida por todos nosotros. Descubriréis una alegría y una plenitud inimaginable. Responder a la llamada que Cristo dirige a cada uno: éste es el secreto de la verdadera paz.

Ayer firmé la Exhortación Apostólica Ecclesia in Medio Oriente. Esta carta, queridos jóvenes, está destinada también a vosotros, como a todo el Pueblo de Dios. Leedla con atención y meditadla para ponerla en práctica. Para que os ayude, os recuerdo las palabras de san Pablo a los corintios: «Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todo el mundo. Es evidente que sois carta de Cristo, redactada por nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (2 Co 3,2-3). También vosotros, queridos amigos, podéis ser una carta viva de Cristo. Esta carta no estará escrita con papel y lápiz. Será el testimonio de vuestra vida y de vuestra fe. Así, con ánimo y entusiasmo, haréis comprender a vuestro alrededor que Dios quiere la felicidad de todos sin distinción, y que los cristianos son sus servidores y testigos fieles.
Jóvenes libaneses, sois la esperanza y el futuro de vuestro país. Vosotros sois el Líbano, tierra de acogida, de convivencia, con una increíble capacidad de adaptación. Y, en estos momentos, no podemos olvidar a esos millones de personas que forman la diáspora libanesa, y que mantienen fuertes lazos con su país de origen. Jóvenes del Líbano, sed acogedores y abiertos, como Cristo os pide y como vuestro país os enseña.
Quiero saludar ahora a los jóvenes musulmanes que están con nosotros esta noche. Agradezco vuestra presencia que es tan importante. Vosotros sois, con los jóvenes cristianos, el futuro de este maravilloso País y de todo el Oriente Medio. Buscad construirlo juntos. Y cuando seáis adultos, continuad a vivir la concordia en la unidad con los cristianos. Porque la belleza del Líbano se encuentra en esta bella simbiosis. 
Es necesario que todo el Oriente Medio, viéndoles, comprenda que los musulmanes y los cristianos, el Islam y el Cristianismo, pueden vivir juntos sin odios, respetando las creencias de cada uno, para construir juntos una sociedad libre y humana. 

He sabido además que están entre nosotros jóvenes venidos de Siria. Quiero deciros cuanto admiro vuestra valentía. Decid en vuestras casas, a vuestros familiares y amigos, que el Papa no os olvida. Decid en vuestro entorno que el Papa esta triste a causa de vuestros sufrimientos y lutos. Él no se olvida de Siria en sus oraciones y es una de sus preocupaciones. No se olvida de ninguno de los que sufren en Oriente Medio. Es el momento en que musulmanes y cristianos se unan para poner fin a la violencia y a la guerra.

Para terminar, volvámonos a María, la Madre del Señor, Nuestra Señora del Líbano. Ella os protege y acompaña desde lo alto de la colina de Harissa, vela como madre por todos los libaneses y por tantos peregrinos que acuden de todas partes para encomendarle sus alegrías y sus penas. Esta tarde, confiamos a la Virgen María y al Beato Juan Pablo II, que me precedió aquí, vuestras vidas, las de todos los jóvenes del Líbano y de los países de la región, especialmente de los que sufren la violencia o la soledad, de los que necesitan consuelo. Que Dios os bendiga a todos. Y ahora, todos juntos, la imploramos:السّلامُ عَلَيكِ يا مَرْيَم... . 

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