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viernes, 11 de enero de 2013

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI CON OCASIÓN DE LA XXI JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

(11 de febrero de 2013)

«Anda y haz tú lo mismo» (Lc 10,37)

Queridos hermanos y hermanas:

1. El 11 de febrero de 2013, memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, en el Santuario mariano de Altötting, se celebrará solemnemente la XXI Jornada Mundial del Enfermo. Esta Jornada representa para todos los enfermos, agentes sanitarios, fieles cristianos y para todas la personas de buena voluntad, «un momento fuerte de oración, participación y ofrecimiento del sufrimiento para el bien de la Iglesia, así como de invitación a todos para que reconozcan en el rostro del hermano enfermo el santo rostro de Cristo que, sufriendo, muriendo y resucitando, realizó la salvación de la humanidad» (Juan Pablo II, Carta por la que se instituía la Jornada Mundial del Enfermo, 13 mayo 1992, 3). En esta ocasión, me siento especialmente cercano a cada uno de vosotros, queridos enfermos, que, en los centros de salud y de asistencia, o también en casa, vivís un difícil momento de prueba a causa de la enfermedad y el sufrimiento. Que lleguen a todos las palabras llenas de aliento pronunciadas por los Padres del Concilio Ecuménico Vaticano II: «No estáis… ni abandonados ni inútiles; sois los llamados por Cristo, su viva y transparente imagen» (Mensaje a los enfermos, a todos los que sufren).

2. Para acompañaros en la peregrinación espiritual que desde Lourdes, lugar y símbolo de esperanza y gracia, nos conduce hacia el Santuario de Altötting, quisiera proponer a vuestra consideración la figura emblemática del Buen Samaritano (cf. Lc 10,25-37). La parábola evangélica narrada por san Lucas forma parte de una serie de imágenes y narraciones extraídas de la vida cotidiana, con las que Jesús nos enseña el amor profundo de Dios por todo ser humano, especialmente cuando experimenta la enfermedad y el dolor. Pero además, con las palabras finales de la parábola del Buen Samaritano, «Anda y haz tú lo mismo» (Lc 10,37), el Señor nos señala cuál es la actitud que todo discípulo suyo ha de tener hacia los demás, especialmente hacia los que están necesitados de atención. Se trata por tanto de extraer del amor infinito de Dios, a través de una intensa relación con él en la oración, la fuerza para vivir cada día como el Buen Samaritano, con una atención concreta hacia quien está herido en el cuerpo y el espíritu, hacia quien pide ayuda, aunque sea un desconocido y no tenga recursos. Esto no sólo vale para los agentes pastorales y sanitarios, sino para todos, también para el mismo enfermo, que puede vivir su propia condición en una perspectiva de fe: «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito» (Enc. Spe salvi, 37).

3. Varios Padres de la Iglesia han visto en la figura del Buen Samaritano al mismo Jesús, y en el hombre caído en manos de los ladrones a Adán, a la humanidad perdida y herida por el propio pecado (cf. Orígenes, Homilía sobre el Evangelio de Lucas XXXIV, 1-9; Ambrosio,Comentario al Evangelio de san Lucas, 71-84; Agustín, Sermón 171). Jesús es el Hijo de Dios, que hace presente el amor del Padre, amor fiel, eterno, sin barreras ni límites. Pero Jesús es también aquel que «se despoja» de su «vestidura divina», que se rebaja de su «condición» divina, para asumir la forma humana (Flp 2,6-8) y acercarse al dolor del hombre, hasta bajar a los infiernos, como recitamos en el Credo, y llevar esperanza y luz. Él no retiene con avidez el ser igual a Dios (cf. Flp 6,6), sino que se inclina, lleno de misericordia, sobre el abismo del sufrimiento humano, para derramar el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

4. El Año de la fe que estamos viviendo constituye una ocasión propicia para intensificar la diaconía de la caridad en nuestras comunidades eclesiales, para ser cada uno buen samaritano del otro, del que está a nuestro lado. En este sentido, y para que nos sirvan de ejemplo y de estímulo, quisiera llamar la atención sobre algunas de las muchas figuras que en la historia de la Iglesia han ayudado a las personas enfermas a valorar el sufrimiento desde el punto de vista humano y espiritual. Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, «experta en la scientia amoris» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo Millennio ineunte, 42), supo vivir «en profunda unión a la Pasión de Jesús» la enfermedad que «la llevaría a la muerte en medio de grandes sufrimientos» (Audiencia general, 6 abril 2011). El venerable Luigi Novarese, del que muchos conservan todavía hoy un vivo recuerdo, advirtió de manera particular en el ejercicio de su ministerio la importancia de la oración por y con los enfermos y los que sufren, a los que acompañaba con frecuencia a los santuarios marianos, de modo especial a la gruta de Lourdes. Movido por la caridad hacia el prójimo, Raúl Follereau dedicó su vida al cuidado de las personas afectadas por el morbo de Hansen, hasta en los lugares más remotos del planeta, promoviendo entre otras cosas la Jornada Mundial contra la lepra. La beata Teresa de Calcuta comenzaba siempre el día encontrando a Jesús en la Eucaristía, saliendo después por las calles con el rosario en la mano para encontrar y servir al Señor presente en los que sufren, especialmente en los que «no son queridos, ni amados, ni atendidos». También santa Ana Schäffer de Mindelstetten supo unir de modo ejemplar sus propios sufrimientos a los de Cristo: «La habitación de la enferma se transformó en una celda conventual, y el sufrimiento en servicio misionero… Fortificada por la comunión cotidiana se convirtió en una intercesora infatigable en la oración, y un espejo del amor de Dios para muchas personas en búsqueda de consejo» (Homilía para la canonización, 21 octubre 2012). En el evangelio destaca la figura de la Bienaventurada Virgen María, que siguió al Hijo sufriente hasta el supremo sacrifico en el Gólgota. No perdió nunca la esperanza en la victoria de Dios sobre el mal, el dolor y la muerte, y supo acoger con el mismo abrazo de fe y amor al Hijo de Dios nacido en la gruta de Belén y muerto en la cruz. Su firme confianza en la potencia divina se vio iluminada por la resurrección de Cristo, que ofrece esperanza a quien se encuentra en el sufrimiento y renueva la certeza de la cercanía y el consuelo del Señor.

5. Quisiera por último dirigir una palabra de profundo reconocimiento y de ánimo a las instituciones sanitarias católicas y a la misma sociedad civil, a las diócesis, las comunidades cristianas, las asociaciones de agentes sanitarios y de voluntarios. Que en todos crezca la conciencia de que «en la aceptación amorosa y generosa de toda vida humana, sobre todo si es débil o enferma, la Iglesia vive hoy un momento fundamental de su misión» (Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici, 38).

Confío esta XXI Jornada Mundial del Enfermo a la intercesión de la Santísima Virgen María de las Gracias, venerada en Altötting, para que acompañe siempre a la humanidad que sufre, en búsqueda de alivio y de firme esperanza, que ayude a todos los que participan en el apostolado de la misericordia a ser buenos samaritanos para sus hermanos y hermanas que padecen la enfermedad y el sufrimiento, a la vez que imparto de todo corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 2 de enero de 2013

Benedictus PP XVI
Fuente:  www.vatican.va

¿Es malo creer en los horóscopos?

Los horóscopos pueden robar nuestra confianza en Dios porque hacen creer que no somos libres sino que estamos determinados por nuestro signo zodiacal.
Autor: Alejandro García del Olmo

Es muy normal que tengamos curiosidad por saber qué pasará en el futuro, pero dime ¿qué harías si supieras qué va a ser de ti mañana? 

Quizá si supieras que vas a ser un gran empresario, empezarías a ver de qué manera manejar mejor tu dinero; o si supieras que te enfermarás, comenzarías con poner todos los medios para prever dicha enfermedad y, si en el peor de los casos, te dicen que morirás, seguramente comenzarías de inmediato a dejar listos esos pendientes que tienes, y sobre todo te acercarías a la confesión para estar en gracia. 

¡Cuántas cosas haríamos!, ¿verdad? Nosotros, cristianos, no consultamos horóscopos o personas que supuestamente dicen el futuro, porque ello contradice el honor y el respeto que debemos a Dios. 

Querer saber el futuro es querer ser iguales a Dios, pretensión tan soberbia como absurda. Debemos confiar a la Providencia divina nuestra vida, confiar en Dios como Padre que es.

Así que olvídate de andar por ahí con consultas a los astros, horóscopos y adivinos. 

Lo que te recomiendo es que comiences hoy por hacer todas esas cosas que harías si supieras tu futuro. No te preocupes del mañana, mejor ocúpate del presente.

La ciencia que responde a los interrogantes que nos provocan las estrellas es la astronomía. Esta disciplina nació entre los caldeos hace unos treinta o cuarenta siglos y sigue progresando hoy gracias a los programas espaciales de Estados Unidos y Rusia. 

Junto a este saber, como hongo nacido en medio de un hermoso jardín, apareció la astrología, ficción que pretende determinar una supuesta influencia sobre nuestras vidas por parte de los cuerpos celestes.

La palabra "horóscopo" se utilizaba en los siglos pasados para designar a los sacerdotes encargados de observar el curso de las estrellas. Luego pasó a significar la influencia que los astros habrían de tener sobre nuestras vidas. Esta creencia tan absurda, sigue influyendo en algunas personas de nuestro nuevo siglo XXI.

El zodiaco es una franja imaginaria del firmamento donde aparecen doce constelaciones que se pueden observar a simple vista. Las doce constelaciones del zodiaco son Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis.

Estos doce nombres provienen de palabras latinas que indican diversas divinidades mitológicas veneradas entre los antiguos caldeos. Los horóscopos dicen que nuestra vida depende de la constelación zodiacal que hace sentir su influencia en el mes de nuestro nacimiento. Si nací en enero soy Acuario; si nací en agosto, soy Leo... etc. 

La creencia en los horóscopos es peligrosa. Casi es como creer en otra religión. Porque intentan hacernos creer que no somos libres sino que estamos determinados en todo por nuestro signo zodiacal. No sería yo quien realiza su propia vida, sino que todo mi obrar estaría dirigido por una extraña fuerza proveniente de las estrellas. Pero nada de lo que dicen los horóscopos está científicamente fundado. Lo que afirman sobre Sagitario hoy, lo dirán mañana de Piscis y viceversa. Es un triste problema que los horóscopos sigan haciéndose y, peor aún, que haya quienes se creen todo lo que leen.

No es lícito ni conveniente, pues puede robar nuestra confianza en Dios.

Por otra parte, el que verdaderamente confía, cree y ama a Dios no busca símbolos o signos del cielo ni de la tierra, como bien lo explica Nuestro Señor: ¿Sabéis interpretar el aspecto del cielo y de la tierra y no sabéis distinguir los signos de los tiempos...? (Mt. 16, 1-4).

A veces nos puede ganar la curiosidad de saber lo que dirán de nuestro futuro; pero lo único que conseguimos es poner nuestro mayor tesoro, la vida, en manos de suposiciones tan genéricas y ambiguas que le podrían pasar a cualquiera.

Dios te cuida y te ama personalmente, ¿por qué quieres encerrarte en 12 símbolos?, que si los dividimos entre la población mundial, 6 mil millones de habitantes, a 500 millones de personas les pasaría lo mismo, lo cual no sólo es aburrido sino incluso contrario a nuestra experiencia ¿no crees?

Los cristianos debemos más bien dedicar nuestro tiempo a pedir a Dios que nos aumente la fe y que nos ayude a evitar todo lo que nos aparte de Él.
Fuente: catholic.net

miércoles, 9 de enero de 2013

Texto completo de la Catequesis del Papa: "Recuperar el estupor frente al misterio" (09.01.13)

Queridos hermanos y hermanas:

en este tiempo de Navidad, nos detenemos de nuevo en el gran misterio de Dios que bajó de su Cielo para entrar en nuestra carne. En Jesús, Dios se encarnó, se hizo hombre como nosotros, y así nos abrió el camino hacia su Cielo, hacia la comunión plena con Él.

En estos días, en nuestras iglesias ha resonado varias veces la palabra "Encarnación" de Dios, para expresar la realidad que celebramos en la Santa Navidad: El Hijo de Dios se hizo hombre, como recitamos en el Credo. Pero ¿qué significa esta palabra central de la fe cristiana? Deriva del latín "incarnatio". San Ignacio de Antioquía, a finales del siglo I y especialmente San Ireneo han utilizado este término, reflexionando sobre el Prólogo del Evangelio de San Juan, en particular sobre la expresión "La Palabra se hizo carne" (Jn 1,14). 

Aquí la palabra "carne" - según la costumbre hebraica - se refiere a la persona integralmente, en su totalidad, a su aspecto de caducidad y temporalidad, su pobreza y su contingencia. Y ello para decirnos que la salvación traída por el Dios hecho carne en Jesús de Nazaret, abraza al hombre en su realidad concreta y en cualquier situación en la que se encuentre. 

Dios tomó la condición humana para curar de todo lo que nos separa de Él, por lo que podemos llamar, en su Hijo unigénito, con el nombre de "Abba, Padre" y ser verdaderamente sus hijos. San Ireneo dice: "Esto es por qué el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, al entrar en comunión con la Palabra y recibiendo así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios "(Adversus haereses, 3,19,1:. PG 7,939; cf Catecismo de la Iglesia Católica, 460).

"El Verbo se hizo carne" es una de esas verdades a las que nos hemos acostumbrado tanto, que ya casi no nos impacta la magnitud del evento que expresa. Y de hecho, en este tiempo de Navidad, en el que esta expresión se repite a menudo en la liturgia, a veces se dedica mayor atención a los aspectos exteriores, a los "colores" de la fiesta, en lugar de estar atentos al corazón de la gran novedad cristiana que celebramos: algo absolutamente impensable, que sólo Dios podía obrar y en la que sólo se puede entrar con la fe. El Logos que está con Dios, el Logos, que es Dios (cfr Jn 1, 1), para el cual fueron creadas todas las cosas (cfr. 1,3), que ha acompañado a los hombres en la historia con su luz (cfr. 1,4- 5; 1,9), se hace carne y pone su morada entre nosotros, se hace uno de nosotros (cfr. 1,14). El Concilio Ecuménico Vaticano II afirma: "El Hijo de Dios ... trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado”. (Constitución Gaudium et Spes, 22). Es importante, entonces, recuperar el asombro ante el misterio, dejarse envolver por la magnitud de este acontecimiento: Dios ha recorrido como un hombre nuestros caminos, entrando en el tiempo del hombre, para comunicarnos su propia vida (cfr. 1 Jn 1,1 - 4). Y no lo hizo con el esplendor de un soberano, que con su poder somete al mundo, sino con la humildad de un niño.

Me gustaría señalar un segundo elemento. En Navidad solemos intercambiar algunos regalos con las personas más cercanas. A veces puede ser un acto realizado por convención, pero en general expresa afecto, es un signo de amor y de estima. En la oración de las ofrendas de la Misa en la Solemnidad de la Navidad oramos así: "Acepta, oh Padre, nuestra oferta en esta noche de luz, y por este misterioso intercambio de dones transformarnos en Cristo, tu Hijo, que elevó al hombre a tu lado en la gloria". El anhelo de la donación está en el corazón de la liturgia y recuerda a nuestra conciencia el don original de la Navidad: en esa noche santa de Dios, haciéndose carne, quiso hacerse don para los hombres, se entregó por nosotros, asumió nuestra humanidad para donarnos su divinidad.

Este es el gran don. Incluso en nuestro dar no es importante que un regalo sea caro o no; quien no es capaz de donar un poco de sí mismo, da siempre muy poco; incluso, a veces incluso se intenta reemplazar el corazón y el compromiso de donación de uno mismo con el dinero, con cosas materiales. El misterio de la Encarnación significa que Dios no lo ha hecho así: no ha dado cualquier cosa, sino que se entregó a sí mismo en su Hijo Unigénito. Aquí encontramos el modelo de nuestro dar, para que nuestras relaciones, sobre todo las más importantes, sean impulsadas con la generosidad y el amor.

Quisiera ofrecer una tercera reflexión: el hecho de la Encarnación de Dios, que se hace un hombre como nosotros, nos muestra el realismo sin precedentes del amor divino. La acción de Dios, de hecho, no se limita a las palabras, es más podríamos decir que Él no se contenta con hablar, sino que se inmersa en nuestra historia y asume sobre sí la fatiga y el peso de la vida humana. El Hijo de Dios se hizo verdaderamente hombre, nació de la Virgen María, en un tiempo y en un lugar específico, en Belén durante el reinado del emperador Augusto, bajo el gobernador Quirino (Lc 2,1-2); creció en una familia, tuvo amigos, formó un grupo de discípulos, dio instrucciones a los apóstoles para que continuaran su misión, completó el curso de su vida terrenal en la cruz.

Este modo de actuar de Dios es un poderoso estímulo para cuestionarnos sobre el realismo de nuestra fe, que no debe limitarse a la esfera de los sentimientos y emociones, sino que debe entrar en la realidad de nuestra existencia, es decir, debe tocar nuestra vida de cada día y orientarla de manera práctica. Dios no se detuvo en las palabras, sino que nos mostró cómo vivir, compartiendo nuestra propia experiencia, salvo en el pecado. El Catecismo de San Pío X, que algunos de nosotros hemos estudiado de niños, con su sencillez, a la pregunta: "¿Para vivir según Dios, ¿qué debemos hacer", da esta respuesta: "Para vivir según Dios debemos creer las verdades reveladas por Él y observar sus mandamientos con la ayuda de su gracia, que se obtiene mediante los sacramentos y la oración”. La fe tiene un aspecto fundamental que afecta no sólo la mente y el corazón, sino toda nuestra vida.

Un último elemento que propongo a vuestra reflexión. San Juan dice que el Verbo, el Logos estaba con Dios desde el principio, y que todas las cosas fueron hechas por medio del Verbo, y que nada de lo que existe fue hecho sin Él (cf. Jn 1:1-3). El evangelista claramente alude a la historia de la creación que se encuentra en los primeros capítulos del Libro del Génesis, y los relee a la luz de Cristo. Este es un criterio fundamental en la lectura cristiana de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento siempre deben ser leídos juntos y a partir del Nuevo se revela el sentido más profundo también del Antiguo. Aquel mismo Verbo, que siempre ha existido con Dios, que es Dios Él mismo y por el cual y en vista del cual todas las cosas fueron creadas (cf. Col 1:16-17), se hizo hombre: el Dios eterno e infinito se sumergió en la finitud humana, en su criatura, para reconducir el hombre y el conjunto de la creación a Él. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: "la primera creación encuentra su sentido y su cumbre en la nueva creación en Cristo, cuyo brillo supera el de la primera "(n. 349).

Los Padres de la Iglesia han acercado Jesús a Adán, hasta llamarlo "segundo Adán" o el nuevo Adán, la imagen perfecta de Dios. Con la Encarnación del Hijo de Dios tiene lugar una nueva creación, que nos da la respuesta completa a la pregunta "¿Quién es el hombre?". Sólo en Jesús se revela plenamente el proyecto de Dios sobre el ser humano: Él es el hombre definitivo según Dios. El Concilio Vaticano II lo reitera firmemente. Dice así: "En realidad, sólo en el misterio del Verbo encarnado, encuentra verdadera luz el misterio del hombre ... Cristo, el nuevo Adán, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le revela su sublime vocación" (Gaudium et spes, 22;. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 359). En aquel niño, el Hijo de Dios contemplado en la Navidad, podemos reconocer el verdadero rostro, no solo de Dios sino del ser humano; y sólo mediante la apertura de la acción de su gracia y tratando todos los días de seguirle, nosotros realizamos el plan de Dios sobre nosotros. Sobre cada uno de nosotros.

Queridos amigos, en este periodo meditamos sobre la grande y maravillosa riqueza del misterio de la Encarnación, para permitir que el Señor nos ilumine y nos transforme cada vez más a la imagen de su Hijo hecho hombre por nosotros.

(traducción de Cecilia de Malak y Eduardo Rubió)

domingo, 6 de enero de 2013

Perú: Ex Pontificia Universidad Católica del Perú (Ex PUCP) no podrá dictar curso de teología

El Arzobispo de Lima y Primado del Perú Cardenal Juan Luis Cipriani, prohibió a la ex PUCP el dictado de cursos de teología, por ser una universidad que según decreto de la Santa Sede no debe usar los títulos de "Pontificia" y "Católica".

El Cardenal Cipriani declaró a Radio Programas del Perú (RPP) a finales de diciembre de 2012 que "es contradictorio que se siga enseñando Teología en una universidad que no quiere ser Pontificia ni Católica".

El Purpurado precisó además que la licencia para el dictado de curso de teología no ha sido renovada porque la universidad es "una institución que está en un enfrentamiento con la Santa Sede".

Ante la noticia, el rectorado de la ex PUCP emitió un comunicado calificando de "infundada e injusta" la decisión del Arzobispado de Lima, informando que "la Universidad adoptará las medidas necesarias para garantizar el cumplimiento de los planes de estudio". Sin embargo en el mismo documento, reconoce que es atribución de Arzobispo de Lima otorgar o retirar el mandato canónico a los docentes de cursos de teología.

El Cardenal Cipriani dijo además que "la universidad no quiere acatar la decisión del Vaticano, pero si quiere seguir enseñando Teología, seguir llamándose Católica y Pontificia, no juguemos", precisó y dijo que espera que las autoridades universitarias acepten lo que exige el Papa, es decir, adecuar sus estatutos a lo establecido para todas las universidades católicas del mundo en el documento Ex Corde Ecclesiae.

Desde que se conoció el decreto del Vaticano con fecha 11 de julio de 2012en el que se prohíbe el uso de los títulos "Pontificia" y "Católica" las autoridades de la ex PUCP iniciaron una campaña de insultos y mentiras en contra de la Iglesia, llegando incluso a decir que "van a tener que usar la violencia para sacarnos" de la universidad, como declaró la vicerrectora de la ex PUCP, Pepi Patrón, al diario estadounidense The New York Times.

El Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, escribió una carta al rector de la ex PUCP, Marcia Rubio Correa, en la que lo responsabiliza de la situación actual de la universidad.
Fuente: aciprensa.com

Texto completo de la alocución del Papa a la hora del ángelus: "Buscar a Dios con sencillez de espíritu"

Queridos hermanos y hermanas: Hoy celebramos la Epifanía del Señor, su manifestación a la gente, mientras numerosas Iglesias Orientales, según el calendario Juliano, festejan la Navidad. Esta ligera diferencia, que hace que se superpongan los dos momentos, hace resaltar que aquel Niño, nacido en la humildad de la gruta de Belén, es la luz del mundo, que orienta el camino de todos los pueblos. Es un binomio que también hace reflexionar desde el punto de vista de la fe: por una parte, en Navidad, ante Jesús, vemos la fe de María, de José y de los pastores; y hoy, en la Epifanía, vemos la fe de los Magos, venidos de Oriente para adorar al rey de los Judíos.

La Virgen María, junto a su esposo, representan el “tronco” de Israel, el “resto” preanunciado por los profetas, del que debía germinar el Mesías. En cambio los Magos representan los pueblos, y también podemos decir las civilizaciones, las culturas, y las religiones que están, por decirlo de alguna manera, en camino hacia Dios, en busca de su reino de paz, de justicia, de verdad y de libertad. En un primer momento hay un núcleo, personificado por María, la “hija de Sión”: un núcleo de Israel, el pueblo que conoce y que tiene fe en aquel Dios que se ha revelado a los Patriarcas y en el camino de la historia. Esta fe alcanza su cumplimiento en María, en la plenitud de los tiempos; en ella, “bienaventurada porque ha creído”, el Verbo se ha hecho carne, Dios ha “aparecido” en el mundo. La fe de María se convierte en la primicia y el modelo de la fe de la Iglesia, Puelo de la Nueva Alianza. Pero este pueblo es desde el inicio universal, y esto lo vemos hoy en las figuras de los Magos, que llegan a Belén siguiendo la luz de una estrella y las indicaciones de las Sagradas Escrituras.

San León Magno afirma: “En un tiempo se había prometido a Abraham una descendencia innumerable que habría sido generada no según la carne, sino en la fecundidad de la fe” (Discurso 3 para la Epifanía, 1: PL 54, 240). La fe de María se puede poner junto a la de Abraham: es el nuevo inicio de la misma promesa, del mismo inmutable designio de Dios, que encuentra ahora su pleno cumplimiento en Jesucristo. Y la luz de Cristo es tan límpida y fuerte que hace inteligible tanto el lenguaje del cosmos, cuanto el de las Escrituras, de modo que todos aquellos que, como los Magos, están abiertos a la verdad, pueden reconocerla y llegar a contemplar al Salvador del mundo. Dice también San León: “Que entre por tanto en la familia de los patriarcas la gran masa de las gentes… Que todos los pueblos adoren al Creador del universo, y que Dios sea conocido no sólo en Judea, sino en toda la tierra» (Ibíd.). También en esta perspectiva podemos ver las Ordenaciones episcopales que he tenido la alegría de conferir esta mañana en la Basílica de San Pedro: dos de los nuevos Obispos permanecerán al servicio de la Santa Sede, y los otros dos partirán para ser Representantes Pontificios en dos naciones. Oremos por cada uno de ellos, por su ministerio, y para que la luz de Cristo resplandezca en el mundo entero. 

Queridos hermanos y hermanas: Mañana las Iglesias de Oriente que siguen el calendario juliano celebrarán la Navidad del Señor: en la alegría de la fe común les dirigido mi más cordial deseo de paz, con un recuerdo especial en la oración.

En Italia se celebra hoy la Jornada de la Santa Infancia, dedicada a los niños que se comprometen por la difusión del Evangelio y para ayudar concretamente a sus coetáneos que tienen mayores necesidades. Queridos niños, les agradezco y los anima: ¡lleven a todos el amor de Dios!

Saludo a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. En esta solemnidad de la Epifanía del Señor, a ejemplo de los Magos de oriente, invito a todos a buscar a Dios con sencillez de espíritu, sin sucumbir ante el desaliento o la crítica. Él se revela a los humildes y a los pobres de espíritu. Él no se cansa de llamar a la puerta de nuestro corazón. Encontrar a Dios es lo mejor que le puede ocurrir a un hombre. Abramos, pues, nuestra vida a la luz de su gracia y descubriremos la fuerza necesaria para edificar una sociedad cada vez más reconciliada y solidaria. Feliz domingo.

Texto completo de la homilía del Santo Padre en la Solemnidad de la Epifanía

Queridos hermanos y hermanas

Para la Iglesia creyente y orante, los Magos de Oriente que, bajo la guía de la estrella, encontraron el camino hacia el pesebre de Belén, son el comienzo de una gran procesión que recorre la historia. Por eso, la liturgia lee el evangelio que habla del camino de los Magos junto con las espléndidas visiones proféticas de Isaías 60 y del Salmo 72, que ilustran con imágenes audaces la peregrinación de los pueblos hacia Jerusalén. Al igual que los pastores que, como primeros huéspedes del Niño recién nacido que yace en el pesebre, son la personificación de los pobres de Israel y, en general, de las almas humildes que viven interiormente muy cerca de Jesús, así también los hombres que vienen de Oriente personifican al mundo de los pueblos, la Iglesia de los gentiles -los hombres que a través de los siglos se dirigen al Niño de Belén, honran en él al Hijo de Dios y se postran ante él. La Iglesia llama a esta fiesta «Epifanía», la aparición del Divino. Si nos fijamos en el hecho de que, desde aquel comienzo, hombres de toda proveniencia, de todos los continentes, de todas las culturas y modos de pensar y de vivir, se han puesto y se ponen en camino hacia Cristo, podemos decir verdaderamente que esta peregrinación y este encuentro con Dios en la figura del Niño es una Epifanía de la bondad de Dios y de su amor por los hombres (cf. Tt 3,4).

Siguiendo una tradición iniciada por el beato Papa Juan Pablo II, celebramos también en el día de la fiesta de la Epifanía la ordenación episcopal de cuatro sacerdotes que, a partir de ahora, colaborarán en diferentes funciones con el ministerio del Papa al servicio de la unidad de la única Iglesia de Cristo en la pluralidad de las Iglesias particulares. El nexo entre esta ordenación episcopal y el tema de la peregrinación de los pueblos hacia Jesucristo es evidente. La misión del Obispo no es sólo la de caminar en esta peregrinación junto a los demás, sino la de preceder e indicar el camino. En esta liturgia, quisiera además reflexionar con vosotros sobre una cuestión más concreta. Basándonos en la historia narrada por Mateo podemos hacernos una cierta idea sobre qué clase de hombres eran aquellos que, a consecuencia del signo de la estrella, se pusieron en camino para encontrar aquel rey que iba a fundar, no sólo para Israel, sino para toda la humanidad, una nueva especie de realeza. Así pues, ¿qué clase de hombres eran? Y nos preguntamos también si, a partir de ellos, a pesar de la diferencia de los tiempos y los encargos, se puede entrever algo de lo que significa ser Obispo y de cómo ha de cumplir su misión.

Los hombres que entonces partieron hacia lo desconocido eran, en cualquier caso, hombres de corazón inquieto. Hombres movidos por la búsqueda inquieta de Dios y de la salvación del mundo. Hombres que esperaban, que no se conformaban con sus rentas seguras y quizás una alta posición social. Buscaban la realidad más grande. Tal vez eran hombres doctos que tenían un gran conocimiento de los astros y probablemente disponían también de una formación filosófica. Pero no solo querían saber muchas cosas. Querían saber sobretodo lo que es esencial. Querían saber cómo se puede llegar a ser persona humana. Y por esto querían saber si Dios existía, donde esta y cómo es. Si él se preocupa de nosotros y cómo podemos encontrarlo. No querían solamente saber. Querían reconocer la verdad sobre nosotros, y sobre Dios y el mundo. Su peregrinación exterior era expresión de su estar interiormente en camino, de la peregrinación interior de sus corazones. Eran hombres que buscaban a Dios y, en definitiva, estaban en camino hacia él. Eran buscadores de Dios.

Y con eso llegamos a la cuestión: ¿Cómo debe de ser un hombre al que se le imponen las manos por la ordenación episcopal en la Iglesia de Jesucristo? Podemos decir: debe ser sobre todo un hombre cuyo interés esté orientado Dios, porque sólo así se interesará también verdaderamente por los hombres. Podemos decirlo también al revés: un Obispo debe de ser un hombre al que le importan los hombres, que se siente tocado por las vicisitudes de los hombres. Debe de ser un hombre para los demás. Pero solo lo será verdaderamente si es un hombre conquistado por Dios. Si la inquietud por Dios se ha trasformado en él en una inquietud por su criatura, el hombre. Como los Magos de Oriente, un Obispo tampoco ha de ser uno que realiza su trabajo y no quiere nada más. No, ha de estar poseído de la inquietud de Dios por los hombres. Debe, por así decir, pensar y sentir junto con Dios. No es el hombre el único que tiene en sí la inquietud constitutiva por Dios, sino que esa inquietud es una participación en la inquietud de Dios por nosotros. Puesto que Dios está inquieto con relación a nosotros, él nos sigue hasta el pesebre, hasta la cruz. «Buscándome te sentaste cansado, me has redimido con el suplicio de la cruz: que tanto esfuerzo no sea en vano», así reza la Iglesia en el Dies irae. La inquietud del hombre hacia Dios y, a partir de ella, la inquietud de Dios hacia el hombre, no deben dejar tranquilo al Obispo. A esto nos referimos cuando decimos que el Obispo ha de ser sobre todo un hombre de fe. Porque la fe no es más que estar interiormente tocados por Dios, una condición que nos lleva por la vía de la vida. La fe nos introduce en un estado en el que la inquietud de Dios se apodera de nosotros y nos convierte en peregrinos que están interiormente en camino hacia el verdadero rey del mundo y su promesa de justicia, verdad y amor. En esta peregrinación, el Obispo debe de ir delante, debe ser el que indica a los hombres el camino hacia la fe, la esperanza y el amor.

La peregrinación interior de la fe hacia Dios se realiza sobre todo en la oración. San Agustín dijo una vez que la oración, en último término, no sería más que la actualización y la radicalización de nuestro deseo de Dios. En lugar de la palabra «deseo» podríamos poner también la palabra «inquietud» y decir que la oración quiere arrancarnos de nuestra falsa comodidad, del estar encerrados en las realidades materiales, visibles y transmitirnos la inquietud por Dios, haciéndonos precisamente así abiertos e inquietos unos hacia otros. El Obispo, como peregrino de Dios, ha de ser sobre todo un hombre que reza. Ha de vivir en un permanente contacto interior con Dios; su alma ha de estar completamente abierta a Dios. Ha de llevar a Dios sus dificultades y las de los demás, así como sus alegrías y las de los otros, y así, a su modo, establecer el contacto entre Dios y el mundo en la comunión con Cristo, para que la luz de Cristo resplandezca en el mundo.

Volvamos a los Magos de Oriente. Ellos eran también y sobre todo hombres que tenían valor, el valor y la humildad de la fe. Se necesitaba tener valentía para recibir el signo de la estrella como una orden de partir, para salir –hacia lo desconocido, lo incierto, por los caminos llenos de multitud peligros al acecho. Podemos imaginarnos las burlas que suscitó la decisión de estos hombres: la irrisión de los realistas que no podían sino burlarse de las fantasías de estos hombres. El que partía apoyándose en promesas tan inciertas, arriesgándolo todo, solo podía aparecer como alguien ridículo. Pero, para estos hombres tocados interiormente por Dios, el camino acorde con las indicaciones divinas era más importante que la opinión de la gente. La búsqueda de la verdad era para ellos más importante que las burlas del mundo, aparentemente inteligente.

¿Cómo no pensar, ante una situación semejante, en la misión de un Obispo en nuestro tiempo? La humildad de la fe, del creer junto con la fe de la Iglesia de todos los tiempos, se encontrará siempre en conflicto con la inteligencia dominante de los que se atienen a lo que en apariencia es seguro. Quien vive y anuncia la fe de la Iglesia, en muchos puntos no está de acuerdo con las opiniones dominantes precisamente también en nuestro tiempo. El agnosticismo ampliamente imperante hoy tiene sus dogmas y es extremadamente intolerante frente a todo lo que lo pone en tela de juicio y cuestiona sus criterios. Por eso, el valor de contradecir las orientaciones dominantes es hoy especialmente acuciante para un Obispo. Él ha de ser valeroso. Y ese valor o fortaleza no consiste en golpear con violencia, en la agresividad, sino en el dejarse golpear y enfrentarse a los criterios de las opiniones dominantes. A los que el Señor manda como corderos en medio de lobos se les requiere inevitablemente que tengan el valor de permanecer firme con la verdad. «Quien teme al Señor no tiene miedo de nada», dice el Eclesiástico (34,14). El temor de Dios libera del temor de los hombres. Hace libres.

En este contesto, recuerdo un episodio de los comienzos del cristianismo que san Lucas narra en los Hechos de los Apóstoles. Luego del discurso de Gamaliel, que desaconsejaba la violencia contra la comunidad naciente de los creyentes en Jesús, el Sanedrín llamó a los apóstoles y los mandó azotar. Después les prohibió predicar en nombre de Jesús y los pusieron en libertad. Lucas continúa: «Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar… anunciando el Evangelio de Jesucristo» (Hch 5,40ss). También los sucesores de los Apóstoles se han de esperar ser constantemente golpeados, de manera moderna, si no cesan de anunciar de forma audible y comprensible el Evangelio de Jesucristo. Y entonces podrán estar alegres de haber sido juzgados dignos de sufrir ultrajes por él. Naturalmente, como los Apóstoles, queremos convencer a las personas y, en este sentido, alcanzar la aprobación. Lógicamente no provocamos, sino todo lo contrario, invitamos a todos a entrar en el gozo de la verdad que muestra el camino. La aprobación de las opiniones dominantes, no es el criterio al que nos sometemos. El criterio es él mismo: el Señor. Si defendemos su causa, conquistaremos siempre, gracias a Dios, personas para el camino del Evangelio. Pero seremos también inevitablemente golpeados por aquellos que, con su vida, están en contraste con el Evangelio, y entonces daremos gracias por ser juzgados dignos de participar en la Pasión de Cristo.

Los Magos siguieron la estrella, y así llegaron hasta Jesús, a la gran luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (cf. Jn 1,9). Como peregrinos de la fe, los Magos mismos se han convertido en estrellas que brillan en el cielo de la historia y nos muestran el camino. Los santos son las verdaderas constelaciones de Dios, que iluminan las noches de este mundo y nos guían. San Pablo, en la carta a los Filipenses, dijo a sus fieles que deben brillar como lumbreras del mundo (cf. 2,15).

Queridos amigos, esto tiene que ver también con nosotros. Tiene que ver sobre todo con vosotros que, en este momento, seréis ordenados Obispos de la Iglesia de Jesucristo. Si vivís con Cristo, nuevamente vinculados a él por el sacramento, entonces también vosotros llegaréis a ser sabios. Entonces seréis astros que preceden a los hombres y les indican el camino recto de la vida. En este momento todos aquí oramos por vosotros, para que el Señor os colme con la luz de la fe y del amor. Para que aquella inquietud de Dios por el hombre os toque, para que todos experimenten su cercanía y reciban el don de su gloria. Oramos por vosotros, para que el Señor os done siempre la valentía y la humildad de la fe. Oramos a María que ha mostrado a los Magos el nuevo Rey del mundo (Mt 2,11), para que ella, como Madre amorosa, muestre también a vosotros a Jesucristo y os ayude a ser indicadores del camino que conduce a él. Amén.

(María Fernanda Bernasconi).

jueves, 3 de enero de 2013

Religiosas abandonan anglicanismo para entrar a la Iglesia Católica

Once religiosas de la Comunidad de Santa María Virgen, una de las primeras órdenes anglicanas creadas tras la separación de la Iglesia Católica en el siglo XVI, se unieron al Ordinariato creado por el Papa Benedicto XVI para recibir a exanglicanos.

Las tensiones al interior de los anglicanos se han hecho más fuertes a raíz de que se ha intentado aprobar las ordenaciones de “obispas”, disposición que fue aprobada por los obispos pero rechazada por los laicos en noviembre de 2012.

La Santa Sede anunció, en enero de 2011, la creación oficial del Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham para Inglaterra y Gales, como "una estructura canónica que permite una reunión corporativa de tal modo que los ex anglicanos pueden ingresar a la plena comunión con la Iglesia Católica preservando elementos de su patrimonio anglicano".

Las ex religiosas anglicanas, cuyas edades comprenden entre los 45 y los 83 años, fueron recibidas en la Iglesia Católica el 1 de enero, y serán conocidas en adelante como las Hermanas de la Santísima Virgen María.

En su homilía, el P. Daniel Seward, Párroco del Oratorio de Oxford (Inglaterra), dio la bienvenida a las religiosas a la Iglesia Católica, y les aseguró que “a lo que ustedes se están uniendo no es nada extraño o extranjero, sino su propio patrimonio”.

“El genio espiritual de San Benito, bajo cuya regla ustedes viven, el estudio y la práctica de la sagrada liturgia, y la veneración y amor a la Madre de Dios, Nuestra Señora de Walsingham, todas estas cosas son parte de la antigua gloria de este país, que fue una vez una isla de santos y de María”.

Las religiosas permanecerán en su actual residencia de forma temporal, hasta que se les encuentre un hogar permanente.

Fuente: aciprensa.com

miércoles, 2 de enero de 2013

Texto completo de la Primera catequesis del Papa del 2013

Queridos hermanos y hermanas,

la Natividad del Señor ilumina una vez más con su luz la oscuridad que a menudo rodea nuestro mundo y nuestros corazones, trayendo esperanza y alegría. ¿De dónde viene esta la luz? De la cueva de Belén, donde los pastores encontraron a "María y José y el niño, acostado en un pesebre" (Lc 2:16). Frente a esta Sagrada Familia surge otra cuestión más profunda: ¿cómo puede aquel Niño pequeño y débil haber traído al mundo una novedad tan radical para cambiar el curso de la historia? ¿No hay quizá algo misterioso en su origen, que va más allá de esa cueva?

Una y otra vez surge la cuestión sobre el origen de Jesús, la misma que pone el Procurador Poncio Pilato durante el juicio: "¿De dónde eres tú?" (Jn 19:9). Sin embargo, su origen es muy claro. En el Evangelio de Juan, cuando el Señor dice: "Yo soy el pan que ha bajado del cielo", los Judíos reaccionan murmurando: “¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir entonces: “Yo he bajado del cielo?” (Jn 6,42). Y, un poco más tarde, los habitantes de Jerusalén se oponen con fuerza a la pretensión de mesianidad de Jesús, afirmando que se sabe “de dónde es éste; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es." (Jn 7:27). Jesús mismo señala lo inadecuado de su pretensión de conocer su origen, y con ello ofrece una guía para saber de dónde viene: "yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen "(Jn 7:28). Por supuesto, Jesús era de Nazaret, nacido en Belén, ¿pero qué es lo que se sabe acerca de su verdadero origen?

En los cuatro Evangelios es clara la respuesta a la pregunta "de dónde" viene Jesús: su verdadero origen es el Padre; Él viene enteramente de Él, pero de una manera distinta a cualquier profeta o enviado por Dios que le han precedido. El origen sobre el misterio de Dios, "que nadie conoce" está ya contenido en los relatos de la infancia de los Evangelios de Mateo y Lucas, que leemos en este tiempo de Navidad. El ángel Gabriel anuncia: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios."(Lc 1:35). Repetimos estas palabras cada vez que rezamos el Credo, la profesión de fe: "Incarnatus et est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine", "por obra del Espíritu Santo se encarnó en el vientre de la Virgen María".

Ante esta frase inclinamos nuestras cabezas porque el velo que ocultaba a Dios, por así decirlo, se abre y su misterio insondable e inaccesible a nosotros se toca: Dios se convierte en Emmanuel, “Dios con nosotros”. Cuando escuchamos las misas compuestas por los grandes maestros de la música sacra, pienso por ejemplo en la Gran Misa de Mozart, de inmediato notamos cómo fijan la atención especialmente en esta frase, como tratando de expresar con el lenguaje universal de la música lo que las palabras no pueden manifestar: el gran misterio de Dios que se encarna, y se hace hombre.

Si consideramos con atención la expresión «por obra del Espíritu Santo se encarnó en el vientre de María, la Virgen," encontramos que incluye cuatro entidades que actúan. Se mencionan explícitamente el Espíritu Santo y María, pero se sobre entiende "Él", es decir, el Hijo, que se hizo carne en el seno de la Virgen. En la profesión de fe, en el Credo, Jesús viene definido con diferentes nombres: "Señor, ... Cristo, unigénito Hijo de Dios ... Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero... de la misma sustancia que el Padre" (Credo niceno-constantinopolitano). Vemos entonces que "Él" remite a otra persona, la del Padre. El primer sujeto de esta frase es, por lo tanto, el Padre, que con el Hijo y el Espíritu Santo, es el único Dios.

Esta afirmación del Credo no se refiere al ser eterno de Dios, sino que habla de una acción en la que toman parte las tres Personas divinas y que se realiza “ex Maria Virgine". Sin ella, la entrada de Dios en la historia humana no hubiera llegado a su fin, y no hubiera sido posible aquello que es fundamental para nuestra Profesión de fe: Dios es un Dios con nosotros. Así que María forma parte esencial de nuestra fe en el Dios que actúa, que interviene en la historia. Ella ofrece su persona entera, "acepta" convertirse en la morada de Dios.

A veces, también en el camino y en la vida de fe podemos percibir nuestra pobreza, nuestra incapacidad ante el testimonio que debemos ofrecer al mundo. Pero Dios eligió, precisamente, a una mujer humilde, en una aldea desconocida, en una de las provincias más lejanas del gran Imperio Romano. Siempre, aun en medio de las dificultades más arduas que hay que afrontar, debemos confiar en Dios, renovando la fe en su presencia y en su acción en nuestra historia, como en la de María ¡Nada es imposible para Dios! Con Él, nuestra existencia camina siempre sobre un terreno seguro y está abierta a un futuro de esperanza firme.

Profesando en el Credo: “por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen," afirmamos que el Espíritu Santo, como poder del Dios Altísimo, ha obrado de forma misteriosa en la Virgen María la concepción del Hijo de Dios. El evangelista Lucas narra las palabras del Arcángel Gabriel: " El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. " (1,35). 

Dos referencias son evidentes: la primera es la de la creación. Al comienzo del libro del Génesis leemos que " el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas” (1,2), es el Espíritu Creador que dio vida a todas las cosas y al ser humano. Lo que sucede en María, por obra del mismo Espíritu divino, es una nueva creación: Dios que ha llamado al ser de la nada, con la Encarnación da vida a un nuevo comienzo de la humanidad. Los Padres de la Iglesia en varias ocasiones hablan de Cristo como nuevo Adán, para marcar el comienzo de la nueva creación del nacimiento del Hijo de Dios en el vientre de la Virgen María. 

Esto nos hace reflexionar sobre cómo la fe nos brinda también a nosotros una novedad tan fuerte que produce un segundo nacimiento. De hecho, en el comienzo de la vida cristiana está el Bautismo, que nos hace nacer de nuevo como hijos de Dios, nos hace participar en la relación filial que Jesús tiene con el Padre. Y me gustaría señalar que el Bautismo se recibe, "somos bautizados" - es un pasivo - porque nadie es capaz de hacerse hijo por sí mismo: es un don conferido de forma gratuita. San Pablo recuerda esta filiación adoptiva de los cristianos en un pasaje central de su Carta a los Romanos y escribe: "Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ‘¡Abbá, Padre! El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios”. (8, 14-16). Sólo si nos abrimos a la acción de Dios, como María, sólo si encomendamos nuestra vida al Señor como a un amigo en el que confiamos plenamente, todo cambia, nuestra vida adquiere un sentido nuevo y un rostro nuevo: el de hijos de un Padre que nos ama y no nos abandona nunca.

Por último, me gustaría señalar otro elemento más en las palabras de la Anunciación. El ángel le dice a María: " El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra". Es una evocación de la nube santa, que durante el camino del Éxodo, se detenía sobre la Tienda del Encuentro, sobre el arca de la alianza, que el pueblo de Israel llevaba consigo y que indicaba la presencia de Dios (cfr. Ex 40, 34-38). María es la nueva tienda santa, la nueva Arca de la Alianza, con su "sí" a las palabras del Arcángel, Dios recibe una morada en este mundo, Aquel que el universo no puede contener viene a morar en el vientre de una virgen.

Volvamos entonces a la pregunta con la que comenzamos, la del origen de Jesús, sintetizada por la pregunta de Pilato: "¿De dónde vienes?". En estas reflexiones, parece claro desde el principio de los Evangelios, cuál es el verdadero origen de Jesús: Él es el Unigénito del Padre, viene de Dios. Estamos ante el gran misterio que nos conmociona de la Navidad: el Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo, se ha encarnado en el seno de la Virgen María. Éste es un anuncio que resuena siempre nuevamente y que lleva consigo esperanza y alegría a nuestro corazón, porque cada vez nos dona la certeza, aunque a menudo nos sentimos débiles, pobres e incapaces ante las dificultades y el mal del mundo, de que el poder de Dios actúa siempre y obra maravillas, precisamente en la debilidad. Su gracias es nuestro poder (cfr. 2 Cor 12,9-10) 
(traducción de Cecilia de Malak y Eduardo Rubió)

martes, 1 de enero de 2013

Texto completo de la alocución previa al ángelus: "Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia" (01.01.13)

Queridos hermanos y hermanas,
¡Feliz año nuevo a todos! En este primer día del 2013 quiero hacer llegar a cada hombre y mujer del mundo la bendición de Dios. Lo hago con la antigua fórmula contenida en la Sagrada Escritura: «Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26).

Como la luz y el calor del sol, son una bendición para la tierra, así la luz de Dios lo es para la humanidad, cuando Él hace brillar sobre ella su rostro. Y esto sucedió con el nacimiento de Jesucristo. Dios ha hecho resplandecer para nosotros su rostro: al inicio en modo muy humilde, escondido –en Belén solamente María y José y algunos pastores fueron testigos de esta revelación-; pero poco a poco, como el sol que del alba llega al mediodía, la luz de Cristo ha crecido y se ha difundido en todas partes. Desde el breve tiempo de su vida terrena, Jesús de Nazaret hizo resplandecer el rostro de Dios sobre la Tierra Santa; y luego, mediante la Iglesia animada por su Espíritu, extendió a todas las gentes el Evangelio de la paz. « ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!"» (Lc 2,14). Este es el canto de los ángeles en Navidad, y es el canto de los cristianos bajo cada cielo; un canto que desde los corazones y los labios pasa mediante gestos concretos, en las acciones del amor que construyen diálogo, comprensión y reconciliación.

Por esto, ocho días después de Navidad, cuando la Iglesia, como la Virgen Madre María, muestra al mundo a Jesús recién nacido, Príncipe de la Paz, celebramos la Jornada Mundial de la Paz. Sí, aquel Niño, que es el Verbo de Dios hecho carne, vino para traer a los hombres una paz que el mundo no puede dar (cfr Jn 14,27). Su misión es la de romper el «muro de enemistad que los separaba» (cfr Ef 2,14). Y cuando a las orillas del lago de Galilea, Él proclama sus «Bienaventuranzas», entre estas está también «Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). ¿Quiénes son los que trabajan por la paz? Son todos aquellos que, día a día, buscan de vencer el mal con el bien, con la fuerza de la verdad, con las armas de la oración y del perdón, con el trabajo honesto y bien hecho, con la búsqueda científica al servicio de la vida, con las obras de misericordia corporal y espiritual. Los que trabajan por la paz son muchos, pero no hacen ruido. Como levadura en la masa, hacen crecer a la humanidad según el diseño de Dios.

En este primer Angelus del nuevo año, pedimos a María Santísima Madre de Dios, que nos bendiga, como la madre bendice a sus hijos que deben partir de viaje. Un nuevo año es como un viaje: que con la luz y la gracia de Dios, pueda ser un camino de paz para cada hombre y cada familia, para cada País y para el mundo entero. 

Traducción: Patricia L. Jáuregui Romero – Radio Vaticano / @pjuregui

“En este nuevo año la familia sigue estando en el centro del proyecto divino”

"Al iniciar este año le pido a nuestra Madre, la Virgen María, que ilumine a las familias y de manera especial a la mujer, que nos haga descubrir a los ídolos para dejarlos de lado, que siembre en nuestros corazones esa paz para no tenerle miedo al dolor y al sufrimiento", reflexionó el Cardenal Juan Luis Cipriani en la primera Santa Misa del 2013 que presidió en la Basílica Catedral de Lima el martes 01 de enero, Solemnidad de María, Madre de Dios.


Mencionó la importancia de la presencia de María en la Iglesia, en la familia y en la mujer. Pidió de manera especial que este año que iniciamos proteja a todas las familias.

"Nos acercamos a ella para pedirle que limpie a la sociedad de esa oscuridad que muchas veces atropella ese mínimo de respeto por el pudor, por la santa pureza, por la castidad, por una vida limpia. Le pedimos a ella porque hace falta una gran reacción que esté liderada por la mujer, mirando a María, para que vuelva a ofrecernos lo que destaca en la mujer: el amor, la ternura, la fortaleza, la fidelidad, el criar a los hijos", expresó.

"Madre nuestra, ilumina el 2013 para que la mujer y la familia sean respetados y protegidos, en ese sentido de tu proyecto divino de un hombre y una mujer, amor conyugal para toda la vida. De esa manera, todo el proyecto educativo, el proyecto de desarrollo económico, el proyecto de inclusión social, el proyecto de igualdad, el proyecto de la paz social y de la seguridad ciudadana, todo, pueda ir bien si se tiene esa referencia del hogar", prosiguió.

Pidió a los medios de comunicación, a los políticos, a los empresarios y a todas las instituciones a estar siempre pendientes del desarrollo de la familia en el trabajo, en el colegio y en la sociedad.

Animó también a desmantelar toda esa organización mundial, nacional y local que pretende destrozar la referencia moral que nos ayuda a diferenciar lo que está bien y lo que está mal.

"Padre y madre son el cauce por el cual llega la vida y la vida hay que cuidarla desde su concepción hasta la muerte natural. Papá y mamá viven para eso, si no viven para eso no tienen razón de ser. Junto a ese cuidar la vida viven para educar a sus hijos, desde esa ternura pequeña al recién nacido y a lo largo de todo el proceso que va formando el temperamento, la manera de ser y de pensar de los hijos", afirmó.

"Tenemos que recuperar, fortalecer, confiar y pedirle a la Madre de Dios que nos enseñe que la familia es el núcleo. Ese es el lugar, por eso el ataque del demonio y de quienes le hacen juego al demonio, dividiendo a la familia por el trabajo, dividiendo ese amor del padre y de la madre con teorías ajenas a la razón", continuó.

En otro momento, exhortó a que en este Año de la Fe nuestros ojos vean con más profundidad para descubrir, en medio de todas las dificultades, que en el fondo de nuestro corazón hay un anhelo y una nostalgia muy grande de felicidad que es Dios.

"Con estas reflexiones nos ponemos en manos de María y les deseo a todos ustedes un Feliz Año 2013 en familia, cuidando a los hijos, mirando a Jesús llenos de paz y alegría", finalizó.

Concelebraron con el Cardenal Cipriani, Monseñor Adriano Tomasi, OFM, Obispo Auxiliar de Lima; el padre Paulo Piérola y el padre Franco Rivas.


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domingo, 30 de diciembre de 2012

Texto completo del Papa en el Ángelus:"Hacer del mundo un verdadero hogar" (30-12-12)

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy es la fiesta de la Santa Familia de Nazaret. En la liturgia, el pasaje del Evangelio de Lucas nos presenta a la Virgen María y a san José que, fieles a la tradición, suben a Jerusalén para la Pascua junto con un Jesús de doce años. La primera vez en la que Jesús había entrado en el Templo del Señor fue a los cuarenta días después de su nacimiento, cuando sus padres habían ofrecido por él « un par de tórtolas o de pichones de paloma» (Lc 2,24), o sea la ofrenda de los pobres. «Lucas, cuyo entero Evangelio está lleno de una teología de los pobres y de la pobreza, hace entender… que la familia de Jesús estaba incluida entre los pobres de Israel; nos hace entender que justamente entre ellos podía madurar el cumplimiento de la promesa» (La infancia de Jesús, 96). Hoy Jesús está de nuevo en el Templo, pero esta vez tiene un rol diferente, que lo involucra en primera persona. Él cumple, con María y José, la peregrinación a Jerusalén según cuanto prescribe la Ley (cfr Es 23,17; 34,23ss), aunque todavía no había cumplido los trece años: signo de la profunda religiosidad de la Santa Familia. Cuando, sin embargo, sus padres vuelven hacia Nazaret, ocurre algo inesperado: Él, sin decir nada, se queda en la Ciudad. Por tres días María y José lo buscan y lo encuentran en el Templo, conversando con los maestros de la Ley (cfr Lc 2,46-47); y cuando le piden explicaciones, Jesús responde que no deben sorprenderse, porque aquel es su lugar, aquella es su casa, junto al Padre, que es Dios (cfr La infancia de Jesús, 143). «Él – escribe Orígenes – profesa que está en el templo de su Padre, aquel Padre que nos ha revelado a nosotros y del cual ha dicho que es su Hijo» (Homilías sobre el Evangelio de Lucas, 18, 5).

La preocupación de María y José por Jesús es la misma de cada padre que educa a un hijo, lo introduce a la vida y a la comprensión de la realidad. Hoy por lo tanto es necesaria una especial oración al Señor por todas las familias del mundo. Imitando a la santa Familia de Nazaret, que los padres se preocupen seriamente por el crecimiento y la educación de los propios hijos, para que maduren como hombres responsables y ciudadanos honestos, sin jamás olvidar que la fe es un don precioso que hay que alimentar en los propios hijos también con el ejemplo personal. Al mismo tiempo, oremos para que cada niño sea acogido como don de Dios, sea sostenido por el amor del padre y de la madre, para poder crecer como el Señor Jesús «en sabiduría, edad y gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52). Que el amor, la fidelidad y la dedición de María y José sirvan de ejemplo para todos los esposos cristianos, que no son los amigos o los dueños de la vida de sus hijos, sino los custodios de este don incomparable de Dios.

El silencio de José, hombre justo (cfr Mt 1,19), y el ejemplo de María, que guardaba todo en su corazón (cfr Lc 2,51), nos hagan entrar en el misterio lleno de fe y de humanidad de la Santa Familia. Deseo a todas las familias cristianas vivir en presencia de Dios con el mismo amor y con el mismo gozo de la familia de Jesús, María y José. 

Traducción del italiano: Raúl Cabrera

Multitudinaria Misa de Confirmación en Cieneguilla

“El Espíritu Santo es un gran amigo que te habla en el fondo del alma siempre y lo que dice es: Da buen ejemplo, que los demás vean que eres bueno”, expresó el Cardenal Juan Luis Cipriani en la Santa Misa que presidió en la Iglesia San José, de Tambo Viejo en Cieneguilla, donde administró el sacramento de la Confirmación a más de 600 jóvenes y adultos pertenecientes a las comunidades parroquiales de La Preciosísima Sangre (Cienguilla); Jesús, Camino, Verdad y Vida (La Molina) y El Espíritu Santo (Manchay).



El Arzobispo de Lima recordó la importancia de recordar siempre que hay un solo Dios y Tres Personas, y una de ellas es el Espíritu Santo, quien es el gran amigo que habla en la conciencia.

“Cuando tú sientes en el interior una voz que te dice: “No hagas eso que está mal, obedece a tus padres, acércate a la Misa, evita esa compañía, reza a esta imagen tan bonita de la Virgen”, quien habla es el Espíritu Santo; por eso óyelo, Él siempre estará contigo, nunca estamos solos”, señaló.

“El Espíritu Santo nos dice: Ustedes tienen que ser testigos, cuando te vean a ti que digan “tiene fe, ama a Cristo, forma parte de la Iglesia, se le ve en lo que habla y hace”. Y la gente se preguntará: “¿Cómo lo hace?”. Entonces ustedes responderán: Yo tengo un amigo, el Espíritu Santo que me dice: Da ejemplo y muéstrales a los demás que estoy contigo”, afirmó.

Por último agradeció a todas las personas que colaboraron con la formación y preparación de los confirmandos.

“Le agradezco mucho a quienes los han preparado para la Confirmación, agradezco mucho a los papás y padrinos. A todos ustedes que sepan que el Cardenal es un amigo que los quiere mucho. Hay que seguir creciendo, hay que seguir aumentando ese amor de Dios y hay que cuidar mucho a la familia”, culminó.

Al finalizar la celebración eucarística todos los presentes le rindieron un significativo homenaje al Cardenal Cipriani por su reciente onomástico. Asimismo, se anunció la próxima construcción de una escuela y de los salones parroquiales de la Iglesia San José de Cieneguilla.

Concelebraron con el Cardenal Cipriani Monseñor Adriano Tomasi, OFM, Obispo Auxiliar de Lima; Monseñor Dante Frasnelli, Obispo Prelado Emérito de Huari; el Padre José Chuquillanqui, párroco de Manchay; y los vicarios parroquiales, el Padre Manuel Zegarra, el Padre Litman Rodríguez y el Padre Wilman Cuyutupac.

Participaron de la Santa Misa el alcalde de Cieneguilla, Sr. Emilio Chávez Huaringa, junto a su esposa; así como el comisario del distrito, Cmdte. PNP Oscar Rodríguez Valles.
Fuente: Arzobispado de Lima

"En este nuevo año defendamos el valor de la vida, el matrimonio y la familia"


El Cardenal Juan Luis Cipriani pidió que en el 2013 todos los peruanos pongamos énfasis en el respeto y la defensa de la vida desde el primer instante de la concepción y de la familia como la principal escuela de formación de los hijos. Estas exhortaciones las dirigió en el último programa Diálogo de Fe del año, el sábado 29 de diciembre.

"Tengamos siempre a la familia como centro, porque la familia tiene un rol imposible de suplir. Los programas sociales para mejorar la educación tienen que nuclearse en la familia, que es la responsable de la formación espiritual, humana y científica de los hijos. Es en el seno de la familia donde se dan las mejores condiciones", señaló.

"La familia es lo más básico e inclusivo que se puede pensar porque ahí todos nos sentimos arropados. Hay que pedirle a Dios que en este nuevo año ese pensamiento nuevo defienda el valor de la vida, el matrimonio y la familia. Defendamos el punto de partida donde nacen los seres humanos, se forman y educan", prosiguió.

En otro momento, lamentó que existan ideologías en el mundo actual que atenten contra la familia y la vida.

"Hace algunos años en reuniones de Naciones Unidas, por ejemplo, han determinado hacer daño a la familia en El Cairo (Egipto) y Beijing (China), los "sabios de oriente" quisieron hacer una familia a su antojo, se han demorado 15 años y han empezado a destruir a la familia, porque no hacen lo contrario y becan a la madre o al padre de familia", reflexionó.

En defensa de la vida desde la concepción

El Arzobispo de Lima animó a todos los peruanos a defender la vida desde el primer instante de la concepción; ante la amenaza de grupos minoritarios que quieren imponer la legalización del aborto.

"Quien no le da ocasión de vivir al más inocente (concebido) está muy enfermo. Sus decisiones de trabajo, familiares y políticas van a ser muy complicadas, porque está envilecido", refirió.

"Si valoramos lo que Dios ha puesto entre nosotros, porqué vamos a manipular la vida de otros, porqué vamos a querer liberalizar el aborto, no se dan cuenta de que están huyendo del respeto más grande. (El aborto) es una herida muy grande", refirió.

También defendió el matrimonio de un hombre con una mujer para toda la vida.

"Lo mismo decimos del matrimonio. La estructura del matrimonio ha dado origen a nuestra vida en una complementariedad maravillosa, ¿cómo pueden ahora renunciar a ello?, no se dan cuenta que el hombre y la mujer se unen en un matrimonio complementario que origina la vida. Porqué quieren romper la estructura básica del matrimonio, eso es un daño muy grande que envilece", continuó.

Sobre las cábalas de fin de Año

El Cardenal Cipriani recordó que las cábalas de fin de año no obedecen a las enseñanzas de la Iglesia. De esta manera animó a los fieles a reconocer que la "mejor cábala" es ser una buena persona.

"Yo no creo en ninguna de las cábalas. Creo que la mejor cábala es ser una buena persona, honrado, capaz y tener un mínimo de experiencia en lo que se quiere hacer. Y todos esos deseos tienen que sembrarse con el ejemplo y la oración. No es un sueño. Más bien un sueño es pensar que porque te das una vuelta y comes unas uvas te va a ir bien, lo respeto pero no lo comparto, a todas esas cosas esotéricas no les veo ningún sentido", señaló.

"Pero sí le veo sentido al que siembra con su ejemplo y paciencia, tal vez demora un poco pero llegará la alegría. Y también creo que hay una justicia divina, quien se porta mal se hace una herida en el alma, y se tiene que curar con el sacramento de la Confesión. Por eso todos estos deseos de tener salud, trabajo y de que la familia vaya bien tienen que sembrarse con el ejemplo y con la oración", añadió.

Finalmente, hizo referencia a los buenos deseos y planes que el Presidente Ollanta Humala ha manifestado en los medios de comunicación, para el Perú en el 2013, recordando que todos los programas de desarrollo e inclusión engranan perfectamente con el respeto a la vida, al matrimonio y a la familia.

"Cuando escuchamos al Señor Presidente, con tanto respeto, hablarnos de su resumen del año y esos deseos de año nuevo creo que en todo ese planteamiento también engrana el respeto a la vida, al matrimonio y a la familia; y no aceptar esos relativismos que se imponen en plan de dictadura. Todo ataque a la verdad es un ataque a la familia, a la vida y a la paz, respetemos la verdad. Un feliz año a todos", culminó.

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viernes, 28 de diciembre de 2012

Extremistas musulmanes matan 6 personas e incendian iglesia en Nigeria en Nochebuena

Un grupo armado atacó durante la Nochebuena una iglesia del norte de Nigeria y mató a seis personas antes de prender fuego al templo, según fuentes policiales citadas por la cadena de televisión estadounidense CNN.

Entre las víctimas figura un religioso, han explicado estas fuentes, que no han aclarado el lugar exacto del ataque.

Las fiestas de Navidad suelen ser días potencialmente peligrosos para los fieles cristianos que acuden a las iglesias de Nigeria, como quedó de manifiesto tanto el año pasado como en 2010. En la Navidad de ambos años se produjeron una serie de ataques que se saldaron con decenas de muertos.

Las autoridades culpan a la secta islamista Boko Haram, que trata de imponer la 'sharia' en el país africano, de estar detrás de los ataques contra cristianos. En Nigeria viven alrededor de 160 millones de personas que se reparten a partes prácticamente iguales entre musulmanes y cristianos.

Al menos 2.800 personas han muerto desde que Boko Haram se alzó en armas contra el Gobierno en 2009, según un balance de la ONG Human Rights Watch.

Sin embargo, esta secta no es el único grupo radical activo en la parte septentrional del país, donde también actúa Ansaru. Esta milicia se ha atribuido el asalto contra unas instalaciones de la policía en Abuya que permitió el mes pasado la liberación de cientos de presos y el secuestro, la semana pasada, de un ciudadano francés en la localidad de Rimi.
Fuente: aciprensa.com

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Texto del Ángelus del Papa: Vencer miedos e inercias para dar razón de la esperanza con audacia y sabiduría

TEXTO PALABRAS DEL PAPA EN IDIOMA ESPAÑOL ÁNGELUS 26.12.12

"Dirijo un cordial saludo a los peregrinos de lengua española aquí presentes y a cuantos participan en esta oración mariana a través de los medios de comunicación social. La fiesta de San Esteban prolonga el fervor de la Navidad y se convierte en una invitación a pedir al Niño Dios que renueve nuestra fe y la haga más activa por la caridad. A Él también le suplicamos que el ejemplo de fidelidad al Evangelio de este primer mártir ayude a los cristianos a vencer sus miedos e inercias, para que así puedan dar razón de su esperanza a quien se la pidiere, con audacia y sabiduría. De nuevo deseo a todos una santa y feliz Navidad. Muchas gracias".


TEXTO PALABRAS DEL PAPA EN IDIOMA ITALIANO ÁNGELUS 26.12.12

Queridos hermanos y hermanas:
Cada año, el día después de la Navidad del Señor, la liturgia nos hace celebrar la fiesta de san Esteban, diácono y primer mártir. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos lo presenta como a un hombre lleno de gracia y de Espíritu Santo (cfr At 6,8-10; 7,55); en él se verificó plenamente la promesa de Jesús reportada por el texto evangélico de hoy, que los creyentes llamados a dar testimonio en circunstancias difíciles y peligrosas no serán abandonados e indefensos: el Espíritu de Dios hablará en ellos (cfr Mt 10,20). El diácono Esteban, en efecto, obró, habló y murió animado por el Espíritu Santo, testimoniando el amor de Cristo hasta el extremo sacrificio. El primer mártir viene descrito, en su sufrimiento, como imitación perfecta de Cristo, cuya pasión se repite hasta en los detalles. La vida de san Esteban está enteramente plasmada por Dios, configurada a Cristo; en el momento final de la muerte, de rodillas, él eleva la oración de Jesús en la cruz, confiándose al Señor (cfr At 7,59) y perdonando a sus enemigos: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado"(v. 60). Lleno del Espíritu Santo, mientras sus ojos están por apagarse, él fija la mirada en “Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios” (v. 55), Señor de todo y que a todos atrae a Él.

En el día de san Esteban, también nosotros estamos llamados a fijar la mirada sobre el Hijo de Dios que en el gozo de la Navidad contemplamos en el misterio de su Encarnación. Con el Bautismo y la Confirmación, con el precioso don de la fe alimentada por los Sacramentos, especialmente por la Eucaristía, Jesucristo nos ha unido a Sí y quiere continuar en nosotros, con la acción del Espíritu Santo, su obra de salvación, que todo lo rescata, mejora, eleva y conduce a cumplimiento. Dejarse atraer por Cristo, como hizo san Esteban, significa abrir la propia vida a la luz que nuevamente la llama, la orienta y la hace recorrer el camino del bien, el camino de una humanidad según el diseño del amor de Dios.
Finalmente, san Esteban es un modelo para todos aquellos que quieren colocarse al servicio de la nueva evangelización. El demuestra que la novedad del anuncio no consiste propiamente en el uso de métodos o técnicas originales, que ciertamente tienen su propia utilidad, sino en el ser colmados del Espíritu Santo y dejarse conducir por El. La novedad del anuncio está en la profundidad de la inmersión en el misterio de Cristo, de la asimilación de su palabra y de su presencia en la Eucaristía, de modo que Él mismo, Jesús vivo, pueda hablar y actuar en su enviado. En sustancia, el evangelizador se hace capaz de llevar a Cristo a los demás de manera eficaz cuando vive de Cristo, cuando la novedad del Evangelio se manifiesta en su misma vida. Recemos a la Virgen María, para que la Iglesia, en este Año de la fe, vea multiplicarse a los hombres y a las mujeres que, como san Esteban, saben dar un testimonio convencido y valeroso del Señor Jesús. 
Traducción: Patricia L. Jáuregui Romero

Reiterando que el día después de la Navidad, conmemoramos, el martirio del diácono Esteban, Benedicto XVI hizo hincapié también en francés, inglés, alemán, portugués y polaco, que este primer mártir muestra que el nacimiento del Hijo de Dios inauguró para la humanidad «una nueva era, la del amor»: 

«El amor hace caer las barreras entre las personas», subrayó el Papa en francés, añadiendo que nos «hace hermanos en la reconciliación, por medio del perdón dado y recibido». «Que la intercesión de San Esteban, fiel al Señor hasta el final, sostenga a los cristianos perseguidos y que nuestra oración los aliente!», pidió el Santo Padre, invitando a perseverar sin temor en el testimonio de la fe.

Con su bienvenida y saludos en inglés, el Santo Padre deseó que, al igual que san Esteban, seamos bendecidos por la gracia de Dios para tener el valor de hablar y defender la verdad de nuestra fe en público, con caridad y constancia. 

San Esteban vio los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios, recordó Benedicto XVI en sus palabras en alemán, evocando los Hechos de los Apóstoles y recordando que con su testimonio y su martirio, confirma el mensaje de la Encarnación, mostrando que el hombre que se vuelve hacia Cristo, Palabra divina, se encuentra con Dios y queda transformado por el poder del amor en la nueva creación de Dios en él. 

Benedicto XVI, también en portugués, deseó a los peregrinos que su venida a Roma llene de paz y alegría sus corazones, con una adhesión viva a Cristo, como hizo san Esteban. Y concluyó su evocación de san Esteban, con sus saludos en polaco, deseando que por intercesión del primer mártir pidamos a Dios para que en la vida cotidiana, nunca nos falten la sabiduría y la valentía, la fe y el amor, que encuentran su cumplimiento en la gloria del Señor.

En sus saludos a los peregrinos de lengua italiana, en particular a los jóvenes del Movimiento de los Focolares, provenientes de muchos países del mundo el Papa deseó que el ejemplo de la beata Chiara Badano los ayude en el camino de la fe y concluyó con sus mejores deseos de alegría, en la luz y en la paz de la Navidad del Señor.

(CdM - RV)

Mensaje navideño del Santo Padre: «La verdad ha brotado de la tierra»

«Veritas de terra orta est» - «La verdad ha brotado de la tierra» (Sal 85,12)

Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero, feliz Navidad a todos vosotros y vuestras familias.

Expreso mi felicitación esta Navidad, en este Año de la fe, con estas palabras tomadas del Salmo: «La verdad brota de la tierra». En realidad, en el texto del Salmo las encontramos en futuro: «La verdad brotará de la tierra»; es un anuncio, una promesa, acompañada de otras expresiones que juntas suenan así: «La misericordia y la verdad se encontrarán, / la justicia y la paz se besarán; / la verdad brotará de la tierra, / y la justicia mirará desde el cielo; / el Señor nos dará la lluvia, / y nuestra tierra dará su fruto. / La justicia marchará ante él, / la salvación seguirá sus pasos» (Sal 85,11-14). 

Hoy, esta palabra profética se ha cumplido. En Jesús, nacido en Belén de la Virgen María, se han encontrado realmente la misericordia y la verdad, la justicia y la paz se han besado; la verdad ha brotado de la tierra y la justicia mira desde el cielo. San Agustín explica con feliz concisión: «¿Qué es la verdad? El Hijo de Dios. ¿Qué es la tierra? La carne. Investiga de dónde nació Cristo, y verás que la verdad nació de la tierra… la verdad nació de la Virgen María» (En. in Ps. 84, 13). Y en un sermón de Navidad afirma: «Con esta festividad anual celebramos, pues, el día en que se cumplió la profecía: “La verdad ha brotado de la tierra, y la justicia ha mirado desde el cielo”. La Verdad que mora en el seno del Padre ha brotado de la tierra para estar también en el seno de una madre. La Verdad que contiene al mundo, ha brotado de la tierra para ser llevada por manos de una mujer… La Verdad a la que no le basta el cielo, ha brotado de la tierra para ser colocada en un pesebre. ¿En bien de quién vino con tanta humildad tan gran excelsitud? Ciertamente, no vino para bien suyo, sino nuestro, a condición de que creamos» (Serm. 185, 1).

«A condición de que creamos». Ahí está el poder de la fe. Dios ha hecho todo, ha hecho lo imposible, se ha hecho carne. Su omnipotencia de amor ha realizado lo que va más allá de la comprensión humana, el Infinito se ha hecho niño, ha entrado en la humanidad. Y sin embargo, este mismo Dios no puede entrar en mi corazón si yo no le abro la puerta. Porta fidei. La puerta de la fe. Podríamos quedar sobrecogidos, ante nuestra omnipotencia a la inversa. Este poder del hombre de cerrarse a Dios puede darnos miedo. Pero he aquí la realidad que aleja este pensamiento tenebroso, la esperanza que vence el miedo: la verdad ha brotado. Dios ha nacido. «La tierra ha dado su fruto» (Sal 67,7). Sí, hay una tierra buena, una tierra sana, libre de todo egoísmo y de toda cerrazón. Hay en el mundo una tierra que Dios ha preparado para venir a habitar entre nosotros. Una morada para su presencia en el mundo. Esta tierra existe, y también hoy, en 2012, de esta tierra ha brotado la verdad. Por eso hay esperanza en el mundo, una esperanza en la que poder confiar, incluso en los momentos y en las situaciones más difíciles. La verdad ha brotado trayendo amor, justicia y paz.

Sí, que la verdad brote para la población de Siria, profundamente herida y dividida por un conflicto que no respeta ni siquiera a los enfermos y cosecha víctimas inocentes. Una vez más hago un llamamiento para que cese el derramamiento de sangre, se faciliten las ayudas a los prófugos y a los desplazados y, a través del diálogo, se alcance una solución política al conflicto.

Que la paz brote en la Tierra donde nació el Redentor, y él conceda a israelíes y palestinos la valentía de poner fin a tantos años de luchas y divisiones, y emprender con decisión la vía de la negociación.

Que en los países del Norte de África, que atraviesan una profunda transición en la búsqueda de un nuevo futuro – en particular en Egipto, la amada tierra bendecida por la infancia de Jesús – los ciudadanos construyan juntos sociedades basadas en la justicia, el respeto de la libertad y la dignidad de cada persona.

Que la paz brote en el vasto continente asiático. Que el Niño Jesús mire con benevolencia a los numerosos pueblos que habitan en aquellas tierras y, de modo especial, a cuantos creen en él. Que el Rey de la Paz dirija su mirada a los nuevos dirigentes de la República Popular China en el alto cometido que les espera. Expreso mis mejores deseos de que en esta misión se valore la contribución de las religiones, respetando a cada una de ellas, de modo que puedan contribuir a la construcción de una sociedad solidaria, para bien de ese noble pueblo y del mundo entero. 

Que la Navidad de Cristo favorezca la vuelta de la paz en Malí y de la concordia en Nigeria, donde crueles atentados terroristas continúan causando víctimas, particularmente entre los cristianos. Que el Redentor ayude y consuele a los prófugos del Este de la República Democrática del Congo y conceda la paz a Kenia, donde sangrientos atentados han golpeado la población civil y los lugares de culto.

Que el Niño Jesús bendiga a los numerosos fieles que lo celebran en Latinoamérica. Que haga crecer sus virtudes humanas y cristianas, sostenga a cuantos se han visto obligados a emigrar lejos de su familia y de su tierra. Que fortalezca a los gobernantes en su compromiso por el desarrollo y en la lucha contra la criminalidad. 

Queridos hermanos y hermanas, amor y verdad, justicia y paz se han encontrado, se han encarnado en el hombre nacido de María en Belén. Ese hombre es el Hijo de Dios, es Dios que ha entrado en la historia. Su nacimiento es un brote de vida nueva para toda la humanidad. Que todas las tierras sean una tierra buena, que acoge y hace brotar el amor, la verdad, la justicia y la paz. Feliz Navidad.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

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