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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Los adolescentes y las dudas de fe

La adolescencia es una época difícil, también en lo religioso. Proliferan las dudas de fe, que pueden ser por la no comprensión de ciertas verdades religiosas; o como resultado de la decepción que experimentan cuando piensan que la religión o sus instituciones no satisfacen sus exigencias; o por su vacío afectivo y el no encontrar sentido a la vida. También la falta de personalidad, dado el clima poco favorable a la práctica religiosa, que les impide luchar contra corriente y mantener una fe que sí existe, pero que no tienen valor para defender; o puede ser cuestión de pereza, porque salen el sábado por la noche y luego no tienen fuerzas para levantarse e ir a Misa el domingo. Todo esto les lleva a alejarse de Dios, de quien temen su desaprobación, aunque a menudo lo que más estiman de Él es su capacidad de perdonar. Mientras algunos logran interiorizar su fe, percibiendo a Dios en sus vidas y respondiendo con una conducta en la que la oración está presente, en otros muchos más que una pérdida total de fe, simplemente dejan de practicar. Además debido al despertar de la pubertad, se le hace difícil mantenerse fieles a ciertas normas morales. Por ello no aceptan a la Iglesia y sus leyes, que con frecuencia les llegan totalmente deformadas, especialmente en lo referente a la vida sexual, pues ignoran los aspectos positivos de la Moral Cristiana y la ven tan solo como una moral de prohibiciones, por lo que consideran Moral y Religión como obstáculos para su desarrollo. Si añadimos que sus lecturas o estudios, sus contactos con determinados compañeros o profesores, el ambiente general de nuestra sociedad y el mismo proceso general de maduración, les plantean serios problemas cuando tratan de armonizar sus concepciones religiosas, no siempre actualizadas, con sus conocimientos y experiencias de joven, comprenderemos por qué son muchos los que “pierden la fe”. Por ello ante las dudas de fe, pueden adoptar dos posturas: o rechazarlas como tentaciones del demonio, pero con el resultado de que la duda va a seguir corroyéndoles por dentro, o considerarlas como el medio providencial que Dios pone a su disposición para que, al resolverlas, su formación religiosa siga de acuerdo con su formación humana y no se produzca esa peligrosísima divergencia que se da cuando continúa la formación cultural y humana, pero la formación religiosa termina con la Confirmación, creando así un peligroso desnivel entre sus conocimientos y su formación religiosa.Y es que la fe que no se hace cultura no es plenamente vivida. De esta problemática se deduce la importancia de la tarea de los educadores y transmisores de la fe, que deben intentar no sólo darles a conocer a Cristo y su Palabra, para que el mensaje evangélico con su carácter divino y salvífico les llegue tal cual es, sino también hacerles caer en la cuenta de la necesidad en sus vidas de la síntesis entre fe, cultura y ciencia. Los jóvenes tienen que llegar a descubrir por sí mismos, aunque con nuestra colaboración, ayuda y ejemplo, quién es Jesucristo, el amor que Dios les tiene y que la fe es un gran auxilio en la tarea de la propia conquista y realización personal. Los estudios les introducen en las grandes corrientes del pensamiento contemporáneo y les hacen reflexionar sobre los más importantes problemas humanos, como la vida, el amor, el mal, la muerte, por lo que necesitan integrar en ellos lo cultural y científico poniéndolo al servicio de lo bueno y verdadero, descubriendo también la profunda relación existente entre estas realidades y el mensaje cristiano. La educación en la fe en ellos ha de partir de su vida, de modo que puedan participar plenamente en la comunidad eclesial y sepan asumir consciente y cristianamente su compromiso temporal. Los jóvenes, como todos nosotros, necesitan una visión de la vida llena de significado, en la que la fe, el amor y la entrega tengan sentido. No tenemos, por tanto, que tener miedo en ser exigentes con ellos en lo que atañe a su crecimiento espiritual, estimulándoles a tomar decisiones comprometidas en el seguimiento de Jesús, e impulsándoles a seguir el camino de la santidad fortalecidos con una vida sacramental intensa. El proyecto de vida cristiana es fundamentalmente un vivir en Cristo: se basa en la esperanza y se realiza en la respuesta diaria al Evangelio. Mientras el egoísta no se abre y sigue en su inmadurez, el proyecto existencial cristiano supone ante todo el convencimiento de que lo que Dios quiere y pretende de nosotros es nuestra propia realización y perfección humana, que es además el paso necesario para iniciar una transformación positiva del mundo. En consecuencia, lo que Dios quiere es lo que nos conviene, siendo por tanto exigencia de la Moral Católica que realicemos los valores humanos. El Cristianismo, por tanto, asume los contenidos de la moral humana, por lo que podemos decir que los valores de la moral cristiana se basan en la razón y no son distintos de los que profesa cualquier persona honrada, aunque los integra en la fe y cuenta con la ayuda inestimable de la gracia y de lo que suponen en nuestra vida las virtudes teologales. Supone, por tanto, la apertura a la generosidad y a la transcendencia y por ello los jóvenes cristianos están más abiertos a la esperanza y a la alegría de vivir, como hemos visto en la JMJ, pues creen que la vida tiene sentido y son por ello menos propicios a la violencia, a la depresión, al suicidio, a la droga y al sexo ocasional y en cambio más respetuosos, tolerantes o preocupados por los necesitados. Como la gracia edifica sobre la naturaleza, el adolescente que se sabe querido por Dios, que es quien inicia el diálogo de salvación y nos ayuda a que le demos una respuesta libre y responsable, se acepta a sí mismo pese a sus limitaciones, fallos e incluso pecados, y llega así a la autoestima, confianza y seguridad personal. Hay que tener, sin embargo, cuidado con las formas seudorreligiosas, como las sectas o el fundamentalismo, auténticas enfermedades del alma, que aparentemente dan respuesta a sus necesidades, ofreciéndole seguridad y estabilidad, cuando lo que en realidad hacen es impedirles su realización personal.
Por Pedro Trevijano
religionenlibertad.com

LA HISTORIA DE PAPA NOEL

San Nicolás, el origen de Papa Noel

La Historia de Santa Claus: ¿San Nicolás vs. Santa Claus?

NADA ES IMPOSIBLE CON DIOS
En nuestros tiempos modernos la celebración de Navidad es una mezcla de elementos tantos cristianos como seglares. Más y más hay presión de la sociedad a enfatizar la Navidad como una fiesta seglar sin Cristo. ¿Qué sería nuestra celebración de Navidad sin Santa Claus? No obstante los orígenes de Santa Claus, una figura no religiosa, están arraigados en la vida de un mártir cristiano. Lo siguiente es una parte de un artículo sobre la vida de San Nicolás, obispo de Myra, quien es el Santa Claus original.
La historia verdadera de Santa Claus empieza con Nicolás, quien nació en el tercer siglo en el pueblo de Patara. Cuando nació el área era Griego pero ahora está ubicada en el sur de Turquía. Sus padres eran ricos y lo criaron como un cristiano devoto. Ellos se murieron de una epidemia cuando Nicolás era muy joven. Obedeciendo las palabras de Jesús, “vender todo lo que tienes y dalo a los pobres,” Nicolás usó toda su herencia para ayudar a los necesitados, los enfermos y los que sufrían. Dedicó su vida al servicio de Dios y llegó a ser obispo de Myra, mientras todavía era un hombre joven. El Obispo Nicolás fue conocido por todo el pueblo por su generosidad a los pobres, su amor por los niños, y su preocupación por los marineros y sus barcos.
Bajo el Emperador Diocleciano, quien cruelmente perseguía a los cristianos, el Obispo Nicolás sufrió por su fe, fue exiliado y encadenado. Cuando lo libraron de la cárcel, Obispo Nicolás asistió al Concilio de Nicea en el año 325. Se murió el 6 de diciembre, 343 en Myra y fue enterrado en su Iglesia Catedral, donde una reliquia única, maná, formó sobre su tumba. Esta líquida, que según la creencia popular tenía poderes curativos, fomentó un culto popular del santo. El aniversario de su muerte llegó a conocerse como, El Día de San Nicolás.
A través de los siglos se han contado muchas historias y leyendas de la vida de San Nicolás. Estas historias nos ayudan a entender el carácter extraordinario de este santo y porque él es tan querido y respetado como el protector de los necesitados.
Una historia habla de un pobre que tenía tres hijas. En esos tiempos el padre de una mujer joven tenía que ofrecerle a su novio algo de valor – una dote. La más grande la dote, mejor la posibilidad de encontrar un buen esposo para sus hijas. Sin una dote fue improbable que una mujer se casara. Estos hijas del hombre pobre, sin dotes, fueron destinadas a vivir una vida de servidumbre sin casarse. Misteriosamente, en tres diferentes ocasiones, una bolsa de oro apareció en su casa proviendo las dotes necesarias. Se dice que las bolas de oro, tirades por una ventana, cayeron en unos calcetines o unos zapatos dejados cerca del fuego para secar. Esto dio principio a la costumbre de colgar sus calcetines o dejar sus zapatos para recibir regalos de San Nicolás. Y por eso uno de los símbolos de San Nicolás es tres bolas color de oro, a veces representadas con naranjas. Por eso San Nicolás era uno que daba regalos.
Una de las historias más antiguas de San Nicolás como un protector de niños toma lugar muchos años después de su muerte. La gente de Myra estaban celebrando el santo del Santo cuando una banda de piratas árabes de Grecia llegaron en su distrito. Robaron unos tesoros de la Iglesia de San Nicolás. Al dejar el pueblo, raptaron a un muchacho llamado, Basilios, para hacerlo esclavo. Su jefe escogió a Basilios como su sirviente. Por un año Basilios servía al rey árabe, pero no entendía lo que el rey decía porque Basilios no entendía la lengua árabe. Los padres de Basilios sufrían mucho por la falta de su hijo, y cuando llegó el próximo Día de San Nicolás su madre no asistía a las festividades. En vez de festejar ella tenía oraciones por Basilios en su casa. Mientras Basilios cumplía sus quehaceres del rey, de repente fue llevada al aire y se le apareció San Nicolás. El santo lo bendijo y los regresó a sus casa en Myra. Imagínense la alegría cuando Basilios apareció ante sus papas con la copa del rey todavía en su mano. Esta es la primera historia que habla de San Nicolás como un protector de niños.
A través de los siglos San Nicolás se ha venerado por los Católicos y los Ortodoxos, y honrado por Protestantes. Por su ejemplo de generosidad a los con necesidad, especialmente a los niños, San Nicolás continua ser una figura de compasión.
El Día de San Nicolás, 6 de diciembre, se celebra por todo Europa. En Alemania y Polonia, muchachos se visten de obispos y piden limosna por los pobres – ¡y a veces por ellos mismos! En Holanda y en Bélgica, San Nicolás llega en un barco de España y monta un caballo blanco para entregar sus regalos. El 6 de diciembre todavía es el día cuando se dan regalos en Europa. Por ejemplo, en Holanda el Día de San Nicolás se celebra por compartir dulces (tirados por la puerta), chocolate, regalitos y juegos. Los niños holandeses dejan zanahorias y pasto en sus zapatos para el caballo, esperando que San Nicolás los cambiarán pos regalos. Dando regalos en el principio de Adviento (Dic. 6) preserva el Día de Navidad como un día para enfocarnos en el Niño Jesús.
Padre Tomás Lamping 
http://parish.queenofangelschicago.org

Santa Claus y la virginidad: la verdadera historia

Santa y FacebookAunque se suele relacionar el 25 de diciembre con la figura de «santa» (día, de hecho, en que recordamos el nacimiento del hombre que partió la historia en dos: Jesucristo), es el 6 de diciembre el día en que la Iglesia católica celebra a «papá Noel», «santa Claus (o Klaus)» o la abundante variedad de denominaciones ya muchas desfiguradas de la identidad del santo obispo católico.

Este video nos recuerda, de hecho, cuál es la esencia de la Navidad
 
¿Desfigurada? Sí. Muchos no saben que «santa» es en realidad san Nicolás de Mira, un obispo de esa zona de Asia cuyos restos mortales se encuentran actualmente en la ciudad italiana de Bari (de ahí que otros le llamen San Nicolás de Bari). Originario de Turquía, vivió en las primeras décadas del siglo IV, donde, entre otras cosas, se distinguió por defender la fe católica de la herejía arriana (para saber más acerca de la herejía arriana haga clic aquí).
 
¿Y qué tiene que ver «santa» con la virginidad? Mucho. San Nicolás es símbolo de caridad cristiana y generosidad y, de hecho, los milagros que hizo en vida tiene que ver con actos de caridad (así se entiende que haya pasado a la historia como el que da regalos a los niños). Pues una de las obras de caridad que hizo en vida fue la de dejar caer por la chimenea de una casa una copiosa suma de dinero pues un padre de familia, sumido en la pobreza, quería vender la virginidad de sus tres hijas y luego seguirlas ofreciendo a otros a cambio de dinero.

Y aquí un video con la verdadera historia de "santa":
 
Tal vez esta Navidad, en que celebramos a Jesucristo, dos tareas que nos pueden quedar es precisamente ayudar a valorar el don precioso de la pureza del cuerpo y a explicar a los niños quién es el verdadero «santa».

 
Puede ayudar para eso el especial de Catholic.net sobre Navidad. Lo pueden ver en este enlace.
religionenlibertad.com

De budista a tomista: la conversión al catolicismo del filósofo Paul Williams

Catedrático de filosofía budista en la Universidad de Bristol y budista practicante, ha sido durante más de 30 años una de las principales autoridades académicas sobre budismo en el Reino Unido. Pero en 1999 se convirtió al catolicismo, al reflexionar sobre el karma y la vida tras la muerte. 

Paul Williams, catedrático de filosofía budista y profesor de religiones de la India en la Universidad de Bristol, ha sido durante más de 30 años una de las principales autoridades académicas sobre budismo en el Reino Unido. También era un budista convencido, intelectual y practicante. Pero en 1999 sorprendió a sus alumnos, compañeros y familiares cuando anunció que se convertía al cristianismo, más aún al catolicismo más ortodoxo. En 2002 publicaba un libro con su testimonio de conversión y sus reflexiones.

En la revista budista inglesa Dharmalife no escondían su perplejidad: "Williams es uno de los principales estudiosos británicos del budismo y un budista practicante de muchos años. De hecho, su libro El Budismo Mahayana es una joya de claridad y visión. ¡Qué sorprendente fue escuchar hace dos años que había decidido ser católico. [...] ¡Catolicismo! He tendido a asumir que mientras el budismo es una opción vital y espiritual para la gente moderna, el catolicismo pertenece a un pasado problemático. Mi visión del catolicismo está influida por los testimonios de amigos ex-católicos, sobre los efectos debilitadores de la culpa, su búsqueda de bases emocionales saludables para sus vidas... ¿Cómo podría una persona inteligente y bien informada tomar tal opción?", se pregunta el crítico de la revista.

Williams lo ha explicado en su libro "Unexpected Way", de 2002, y en algunas entrevistas y testimonios escritos.

Juventud anglicana tibia
Paul Williams nació en 1950. La familia de su madre no era religiosa, aunque después de su conversión descubrió que tenía una bisabuela católica. La familia de su padre era tibiamente anglicana. Siendo muy joven, Paul se sumó al coro de la parroquia anglicana porque le gustaba cantar. Fue confirmado en su adolescencia por el obispo anglicano de Dover y aún con 18 años recuerda haber ido a comulgar alguna vez. Pero ni tenía una relación cercana con Cristo ni recibió formación.

Su hermano trajo de la biblioteca un libro sobre yoga, y con él Williams se aficionó a la cultura oriental en los muy alternativos años 60. "Estuve implicado en el estilo de vida y las cosas que los adolescentes hacen. Al acercarse los exámenes públicos dejé el coro, dejé de servir en la iglesia, perdí el contacto con ella, me dejé el pelo largo y me vestía raro".

Meditación y budismo
Estudiando en la Universidad de Sussex se especializó en filosofía india y después en budismo. Aunque había leído algo de Santo Tomás de Aquino y le parecía admirable, pronto se olvidó de él. "Por un tiempo acudí a la Meditación Trascendental de Maharishi Mahesh Yogui, pero lo dejé porque me disgustaba su superficialidad y me parecía que distorsionaba la tradición india", escribe en su libro.

Hacia 1973 ya lo tenía claro: había estudiado tanto el budismo que veía el mundo con categorías budistas, le parecían coherentes, Dios era innecesario y se consideró ya budista. Se "refugió" formalmente como budista en la tradición tibetana Dgelugspa, la del Dalai Lama. Siendo profesor en la Universidad de Bristol creó su propio círculo de budistas.

Practicaba la meditación, daba charlas en encuentros budistas, aparecía en debates televisivos como budista tibetano y participó en debates públicos con el católico disidente Hans Küng y el catalán orientalista Raimon Panikkar.

Lo que atraía del budismo
"Me interesaba la filosofía, pero también la meditación y el exótico Oriente. Muchos de nosotros encontrábamos el budismo interesante, al principio, porque parecía mucho más racional que las alternativas, y a la vez mucho más exótico. Los budistas no creen en Dios. O mejor, no parecía haber razones para creer en Dios y la existencia del mal era para nosotros un argumento positivo en su contra. Los que habíamos crecido como cristianos estábamos hartos de defender a Dios en un mundo hostil, lleno de detractores. En el budismo uno tiene un sistema de moralidad, espiritualidad y filosofía inemnsamente sofisticado (y exótico), que no necesita a Dios para nada", explica Williams.

Años después, al convertirse al catolicismo, el filósofo siguió reflexionando y escribió: "Si miramos cómo son los budistas de Occidente, el llamado Budismo Occidental, lo que encontramos con regularidad es una forma de cristianismo en la que han quitado las partes que los cristianos post-cristianos encuentran más difíciles de aceptar".

Williams incluso conoció un líder llamado Sthaira Sangharakshita que proponía a los budistas de pasado cristiano practicar la "blasfemia terapéutica", para lograr desapegarse de su trasfondo cristiano, insultando cosas consideradas santas en su cultura. A Williams esta idea le parecía una barbaridad.

El problema de la reencarnación
El budismo en Occidente se presenta sobre todo como técnicas para vivir experiencias positivas: paz, armonía, relajación... Pero a medida que Williams veía el paso de los años, como filósofo no podía evitar hacerse preguntas, y entre ellas: ¿qué pasa después de la muerte? Hay budistas que prefieren no pensar en el tema, y consideran que es "Mara", una "ilusión", una distracción, un tema en el que no vale la pena pensar, pero ¿puede un filósofo dejar de preguntarse?

"Los budistas creen en el renacimiento, es decir, la reencarnación, como suele llamarse. No hay un inicio en la serie de vidas renacidas: todos hemos renacido infinitas veces, no hay principio ni se necesita un Dios que lo inicie", explica.

Williams recuerda que en la época de los primeros cristianos las creencias a favor del renacimiento estaban muy difundidas en Grecia y Roma, pero el cristianismo nunca las aceptó. "Y por buenas razones: si el renacimiento es cierto, nosotros no tenemos ninguna esperanza".

¿Qué hay de mí en una cucaracha?
Imaginemos que vamos a ser ejecutados sin dolor mañana por la mañana, pero sabemos con toda seguridad que después renaceremos como una cucaracha. "Te acostumbrarás, no es tan malo, ser cucaracha no es como la nada o el gran vacío, es una vida, seguirás vivo... Pero ¿por qué nada de eso nos consuela?", plantea Williams.

Más específico aún: "No pido que imaginéis que despertáis dentro del cuerpo de una cucaracha, como en La Metamorfosis de Kafka. Serías una cucaracha, ¿y quién sabe cuales son los sueños o imaginaciones de una cucaracha?"

"Lo terrorífico de ser ejecutado al alba y renacer como cucaracha es que, simplemente, eso sería mi fin. No puedo imaginar cómo es renacer como cucaracha porque ¡no hay nada que imaginar! Simplemente, no habría nada de mí ahí. Si el renacimiento es cierto, ni yo ni mis seres queridos sobrevivimos a la muerte. El yo, la persona real que soy, mi historia, se acaba. Quizá haya otro ser vivo con algún tipo de conexión causal con la vida que yo fui, alguien influido por mi karma, pero yo ya no estoy".

"A nivel cotidiano, los budistas tienden a oscurecer este hecho -que yo desaparezco del todo con la muerte- cuando hablan de ´mi renacer´ o de ´preocuparse por tus vidas futuras´, pero en realidad cualquier renacer -como una cucaracha sudamericana- no sería ´yo mismo´, y por lo tanto cabe preguntarse por qué he de preocuparme por mis renaceres futuros".

Iluminación, sí... pero ¿quién la consigue?
Para escapar del ciclo de las reencarnaciones, el budismo enseña que es posible alcanzar la iluminación, el nirvana, una absoluta perfección y desapego en esta vida. Cuando uno tiene 20 años puede pensar que con mucho esfuerzo lo conseguirá. Pero Williams, con más de 20 años de intensa práctica budista y meditativa lo tenía claro: "Es evidente que no voy a conseguir la iluminación en esta vida. Todos los budistas tenderán a decir eso mismo de todo el mundo. La iluminación es un logro extremadamente raro y supremo, para héroes espirituales, no para nosotros, no para gente como yo. Así que yo, y mis amigos y familiares, no tenemos esperanza".

Karma: pagar por tus otras vidas... que no eras tú
Williams explica rápidamente la teoría del karma: algunos males y algunos bienes que experimentas, son consecuencia de lo que hiciste en una vida pasada. Pero ¿en qué sentido se puede decir que el dictador cruel y maligno que fuiste en otra vida eras tú? "La idea de que un bebé sufre una dolorosa enfermedad por algo que hizo otra persona, incluso si el bebé es de alguna manera un renacimiento de esa persona, no puede verse como satisfactorio. No puede decirse, como alguno ha hecho, que sea la respuesta más aceptable al problema del mal. El bebé no es quien hizo los hechos malvados, igual que yo no soy una cucaracha tras mi ejecución".

El cristianismo ofrece esperanza
"El budismo no tenía esperanza para mí. Los cristianos sí tienen esperanza. Así que quise ser capaz de llegar a ser cristiano. Volví a examinar las cosas que había rechazado en mi juventud. Me di cuenta que es racional creer en Dios, tan racional -hoy pienso que más racional- que creer, con los budistas, que no hay Dios".

Examinó la clave de la propuesta cristiana: que Jesús había resucitado. "Me asombró descubrir que la resurrección literal de Cristo de entre los muertos tras su crucifixión es la explicación más racional de lo sucedido. Eso hacía del cristianismo la opción más racional de las religiones teístas, y como cristiano consideré que debía dar prioridad a la Iglesia Católica. En mi libro analizo varios argumentos que me dieron para no hacerme católico y explico cómo no consiguieron disuadirme".

"El cristianismo es la religión del valor infinito de cada persona. Cada persona es una creación individual de Dios, y como tal Dios la ama y valora infinitamente. En esto se basa toda la moral cristiana, desde el valor de la familia al altruismo y el sacrificio de los santos. Por ser infinitamente valiosos es por lo que Jesús murió por nosotros, para salvarnos a cada uno. Y somos las personas que somos, con nuestras historias, amigos y parientes.Nuestra fe es que en Dios nuestras muertes tendrán significado para cada uno de nosotros, de formas que exceden nuestra imaginación pero que incluso ahora ya excitan nuestra esperanza y alimentan nuestras vidas".

Hoy Paul Williams es laico dominico y un gran admirador de Santo Tomás de Aquino. Lamenta que a veces, en encuentros ecuménicos o análisis de religión comparada, se haga el contraste entre los místicos cristianos de lenguaje sencillo (como San Juan de la Cruz) con teóricos budistas muy elaborados, con un discurso muy intelectualizado que hacen parecer al místico cristiano una versión simple de una filosofía compleja. Williams considera que esos autores budistas deben contrastarse más bien con autores sistemáticos como Santo Tomás. Sigue siendo, en todos los sentidos, profesor y especialista en budismo.

Pablo Ginés
Religionenlibertad.com

Audiencia General de Benedicto XVI: Jesús es el único que conoce al Padre



Miércoles, 7 dic (RV).- Esta mañana en el Aula Pablo VI del Vaticano Benedicto XVI celebró su tradicional Audiencia General. El reconocimiento y el asentimiento al proyecto de Dios, al centro de las reflexiones del Papa en su catequesis de hoy, recordando el sí de María en la Anunciación. Escuchemos la catequesis y los saludos del Santo Padre en nuestro idioma: (Audio) RealAudioMP3
Texto completo de la catequesis
Queridos hermanos y hermanas, los evangelistas Mateo y Lucas (cfr Mt 11,25-30 e Lc 10, 21-22) nos han dejado una "joya" de la oración de Jesús, que a menudo viene llamado Himno de la alegría o Himno de júbilo mesiánico. Se trata de una oración de gratitud y alabanza, como hemos escuchado. En el original griego de los Evangelios el verbo con el que comienza este himno, y que expresa la actitud de Jesús, al Padre dirigirse al Padre, es exomologoumai, a menudo traducido como "rindo alabanza" (Mt 11,25 e Lc 10,21).
Pero en los escritos del Nuevo Testamento este verbo indica principalmente dos cosas: la primera es “reconocer en profundidad” - por ejemplo, Juan el Bautista preguntaba reconocer profundamente los propios pecados a los que acudían a él para ser bautizados (cf. Mt 3,6) -; y la segunda es "encontrarse de acuerdo." Por lo tanto, la expresión con la que Jesús inicia su oración contiene su reconocimiento completamente, plenamente, la acción de Dios Padre, y a la vez, su ser total, consciente y gozoso acuerdo con esta forma de actuar, con el proyecto del Padre. El himno de la alegría es la culminación de un camino de oración en la que emerge claramente la profunda e íntima comunión con la vida de Jesús, con la vida del Padre en el Espíritu Santo y se manifiesta su filiación divina.

Jesús se dirige a Dios llamándolo “Padre”. Este término expresa la conciencia y la certeza de Jesús de ser “el Hijo”, en íntima y constante comunión con Él, y este es el punto central y la fuente de toda oración de Jesús. Lo vemos claramente en la última parte del Himno, que ilumina todo el texto. “Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quien es el Hijo sino el Padre; ni quien es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. (Lc 10, 22).

Jesús por tanto afirma que solo “el Hijo” conoce verdaderamente al Padre. Todo conocimiento entre personas -lo experimentamos todos en nuestras relaciones humanas- comporta una implicación, algún vínculo interno entre el conocedor y lo conocido, en más o menos profundidad. No se puede conocer sin la comunión del ser.

En el Himno de júbilo, como en toda su oración, Jesús muestra que el verdadero conocimiento de Dios presupone la comunión con Él. Sólo estando en comunión con el otro empiezo a conocer a Dios, solo si tengo contacto verdadero, si estoy en comunión, puedo también conocer, y por tanto, el verdadero conocimiento está reservado al Hijo Unigénito, que está desde siempre en el seno del Padre (cfr Gv 1,18), en perfecta unidad con Él. Sólo Él conoce, al estar en comunión íntima del ser verdaderamente Dios, y por lo tanto, solo Él puede revelar quien es Dios.

El nombre “Padre” viene seguido de un segundo título “Señor del cielo y de la tierra”. Jesús, con esta expresión, recapitula la fe en la creación y hace resonar las primeras palabras de las Sagradas Escrituras: “Al principio creó Dios el cielo y la tierra” (Gen 1,1).

Rezando, Él recuerda la gran narración bíblica de la historia del amor de Dios por el hombre, que comienza con el acto de la creación. Jesús se inserta en esta historia de amor, Él es la cumbre y es el cumplimiento. En su experiencia de oración, la Sagrada Escritura se ilumina y revive en su más completa plenitud: anuncio del misterio de Dios y respuesta del hombre transformado. Pero a través de la expresión "Señor del cielo y de la tierra", también reconocemos a Jesús como el revelador del Padre, se abre para el hombre la posibilidad de acceder a Dios.

Pongámonos ahora la pregunta: ¿a quién quiere, el Hijo, revelar los misterios de Dios? Al comienzo del Himno, Jesús expresa su alegría porque la voluntad del Padre es la de tener escondidas estas cosas a los hombres cultos y potentes y revelarlas a los “pequeños” (cfr Lc 10,21). En esta expresión de su oración, Jesús manifiesta su comunión con esta decisión del Padre que abre sus misterios a quien tiene el corazón simple: la voluntad del Hijo es una cosa sola con la del Padre. La revelación divina no sigue la lógica terrena, por la cual son los hombres cultos y potentes los que poseen los conocimientos importantes y los transmiten a la gente más simple, a los pequeños. Dios usa otro estilo: los destinatarios de su comunicación son precisamente “los pequeños”.

Esta es la voluntad del Padre, y el Hijo la comparte con alegría. Dice el
Catecismo de la Iglesia Católica: Su sobresalto “¡Sí Padre!” expresa la profundidad de su corazón, su adhesión al beneplácito del Padre, como un eco al “Fiat” de su Madre en el momento de su concepción y como preludio de lo que dirá al Padre durante su agonía. Toda la oración de Jesús está en esta amorosa adhesión de su corazón de hombre “al misterio de la…voluntad” del Padre (Ef 1,9)» (2603). De ahí deriva la invocación que dirigimos a Dios en el Padre nuestro: “hágase tu voluntad así en el cielo como en la tierra”: junto con Cristo y en Cristo, también nosotros pedimos entrar en sintonía con la voluntad del Padre, convirtiéndonos en sus hijos también nosotros. Jesús, por tanto, en este Himno de júbilo expresa la voluntad de implicar en su conocimiento filial de Dios a todos aquellos que el Padre quiere hacer partícipes; y los que acogen este don son los “pequeños”.


¿Pero qué significa “ser pequeños”, sencillos? ¿Cuál es la pequeñez que abre al hombre a la intimidad filial con Dios y a acoger su voluntad? ¿Cuál debe ser la actitud profunda de nuestra oración? Tomemos el sermón de la Montaña donde Jesús afirma: “Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios” (Mt 5,8). Es la pureza del corazón la que permite reconocer el rostro de Dios en Jesucristo; es tener un corazón sencillo como el de los niños, sin la presunción de quien se encierra en sí mismo pensando que no necesita a alguien, ni a Dios.

Es también interesante subrayar la ocasión en la que Jesús prorrumpe en este Himno al Padre. En la narración evangélica de Mateo es la alegría porque, a pesar de oposiciones y rechazos, hay “pequeños” que acogen su palabra y se abren al don de la fe en Él. De hecho, el himno de júbilo está precedido por el contraste entre el elogio de Juan el Bautista, uno de los “pequeños” que han reconocido la acción de Dios en Jesucristo en contraste con Juan Bautista (Mt 11, 2-19), y la recriminación por la incredulidad de las ciudades del lago “donde había realizado más milagros” (Mt 11, 20-24). Por lo tanto, la alegría es vista por Mateo en relación a las palabras con las que Jesús constata la eficacia de su palabra y su acción: «Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de escándalo!» (Mt 11, 4-6).

También San Lucas presenta un Himno de alegría en conexión con un momento de desarrollo del anuncio del Evangelio. Jesús envió a los “setenta y dos discípulos” (Lc 10,1) y ellos partieron atemorizados ente el posible fracaso de su misión. También Lucas subraya el rechazo encontrado en las ciudades en las que el Señor había predicado y había realizado sus prodigios. Pero los setenta y dos discípulos regresan llenos de alegría porque su misión había sido un éxito; ellos constataron que con la potencia de la palabra de Jesús se vencen los males del hombre. Y Jesús comparte su satisfacción: “en esta misma hora”, en aquel momento Él exultó de alegría.

Hoy todavía dos elementos que querría subrayar. El evangelista Lucas introduce la oración con la anotación: “Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo” (Lc 10,21). Jesús se alegra íntimamente, en lo más profundo de su ser: la comunión única de conocimiento y de amor con el Padre, la plenitud del Espíritu Santo. Implicándonos en su filialidad, Jesús nos invita también a nosotros a abrirnos a la luz del Espíritu Santo, porque – como afirma el apóstol Pablo – “(Nosotros) no sabemos orar como es debido; pero es Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables... de acuerdo con la voluntad divina” (Rm 8, 26-27) y nos revela el amor del padre. En el Evangelio de Mateo, después del Himno de Alegría, encontramos uno de los llamamientos más intensos de Jesús: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt 11, 28). Jesús pide que se vaya a Él que es la verdadera sabiduría, a Él que es “paciente y humilde de corazón”; propone “su yugo”, el camino de la sabiduría del Evangelio que no es una doctrina que aprender o una propuesta ética, sino una Persona que seguir: Él mismo, el Hijo unigénito en perfecta comunión con el Padre.

Queridos hermanos y hermanos, hemos disfrutado por un momento de la riqueza de esta oración de Jesús. También nosotros, con el don del Espíritu Santo, podemos dirigirnos a Dios, en la oración, con confianza de hijos, invocándolo con el nombre de Padre, “Abbá”. Pero tenemos que tener un corazón de “pequeños”, un “alma de pobres” (Mt 5,3), para reconocer que no somos autosuficientes, que no podemos construir nuestra vida solos, sino que necesitamos a Dios, necesitamos encontrarle, escucharle, hablarle. La oración nos introduce a recibir el don de Dios, su sabiduría, que es Jesús mismo, para cumplir la voluntad del Padre en nuestra vida y así encontrar alivio en la fatiga de nuestro camino.


Texto catequesis del Papa en español y saludos a los fieles (07.12.11)
“Queridos hermanos y hermanas:
Los evangelistas Mateo y Lucas nos han trasmitido una oración de Jesús que expresa la profundidad de su comunión con el Padre. El versículo “Te doy gracias”, con el que la misma comienza, traduce una palabra griega que significa, a la vez, reconocimiento y asentimiento al proyecto de Dios, que desde el inicio de la creación ha querido otorgarnos su amor. Por eso nos ha enviado a su Hijo, el único que conoce al Padre, para hacernos partícipes de su filiación. Si nos hacemos pequeños, entrando en la lógica divina, podremos pronunciar con Jesús nuestro “Sí” a ese plan de Dios, como hizo María en la Anunciación. El Señor se llenó de alegría en el Espíritu al hacer esta oración; también nosotros, llenos del Espíritu Santo, podemos proclamar “¡Abba, Padre!”, y en la oración del Padrenuestro pedir que se haga su voluntad, en el cielo como en la tierra, sabiendo que en ella, en seguir a Cristo y acoger su yugo, está nuestro consuelo.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular, a la delegación del Gobierno autónomo de Navarra y a la Escolanía de la Catedral de Palencia, así como a los otros grupos provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a orar buscando la comunión con Cristo, al que conocemos y amamos como fruto del Espíritu recibido, sintiendo que en su intimidad está ya nuestra alegría. Dios os bendiga. Muchas gracias”.

Al saludar a los fieles de lengua italiana, el Papa dirigió su pensamiento afectuoso a los jóvenes, enfermos y recién casados y les dijo: “La solemnidad de la Inmaculada, que mañana celebramos, nos recuerda la singular adhesión de María al proyecto salvífico de Dios. Preservada de toda sombra de pecado para ser morada santa del Verbo encarnado, Ella siempre se confió plenamente al Señor".

“Queridos jóvenes, esfuércense por imitarla con corazón puro y limpio, dejándose plasmar por Dios que también en ustedes trata de hacer grandes cosas. Queridos enfermos, con el auxilio de María confíense siempre al Señor, Él conoce su sufrimiento y, uniéndolo a los suyos, los ofrece por la salvación del mundo. A ustedes queridos recién casados, que quieren edificar su propia morada sobre la gracia de Dios, hagan de su propia casa, imitando aquella de Nazaret, un hogar de amor y de piedad”.


Polaco:
En sus saludos en diversos idiomas, al dirigirse a los peregrinos provenientes de Polonia les recordó que la liturgia de Adviento nos exhorta a la vigilancia y a la oración. "Cristo nos enseña cómo debemos orar. Sabe que sin la asistencia del Espíritu Santo no somos capaces de orar como se debe y por ello cuando Lo recibimos colma nuestros corazones “conociendo el deseo del Espíritu e intercede por nosotros, de acuerdo con la voluntad divina”. Junto con Cristo oramos siempre al Padre con fe viva y valor filial".


Italiano:
Al saludar a los fieles de lengua italiana, el Papa dirigió su pensamiento afectuoso a los jóvenes, enfermos y recién casados y les dijo: “La solemnidad de la Inmaculada, que mañana celebramos, nos recuerda la singular adhesión de María al proyecto salvífico de Dios. Preservada de toda sombra de pecado para ser morada santa del Verbo encarnado, Ella siempre se confió plenamente al Señor.
“Queridos jóvenes, esfuércense por imitarla con corazón puro y limpio, dejándose plasmar por Dios que también en ustedes trata de hacer grandes cosas. Queridos enfermos, con el auxilio de María confíense siempre al Señor, Él conoce su sufrimiento y, uniéndolo a los suyos, los ofrece por la salvación del mundo. A ustedes queridos recién casados, que quieren edificar su propia morada sobre la gracia de Dios, hagan de su propia casa, imitando aquella de Nazaret, un hogar de amor y de piedad”.
(PLJR)
Radiovaticana.org

Misa para América Latina 12 de Diciembre


Miércoles, 7 dic (RV).- Este 6 de diciembre el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa y Presidente de Caritas Internacionalis, presentó la obra de don Eugenio Fizzoti, sacerdote salesiano autor del libro “La puerta de la felicidad". Tuvimos oportunidad, antes de la presentación de esta importante obra, de recoger algunas declaraciones sobre diversos temas empezando por la celebración -el próximo 12 de diciembre Solemnidad de la Virgen de Guadalupe, Patrona de las Américas-, de la Santa Eucaristía presidida por Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro, en conmemoración del bicentenario de independencia de los Países latinoamericanos. (Audio) RealAudioMP3

En el marco de la presentación del libro “la puerta de la felicidad” de don Eugenio Fizzoti, docente ordinario de Piscología de la Religión y Deontología Profesional en la Universidad Salesiana de Roma, alumno de filósofo y psicoterapeuta Viktor Frankl, cuyo libro trata sobre el sentido de la propia vida desde una perspectiva de la logoterapia, o análisis existencial, el Card. Rodríguez Maradiaga nos dijo: (Audio) RealAudioMP3

El 5 de diciembre concluyó la XVII Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático (COP17). Tras la celebración en la que participaron doce jefes de Estado o de Gobierno y 130 ministros, además de una delegación de la Santa Sede de la que formó parte en los trabajos el Cardenal Rodríguez Maradiaga, presidente de Cáritas Internationalis, esto fue lo que nos dijo: (Audio) RealAudioMP3
Patricia L. Jáuregui Romero
radiovaticana.org

Premio “Juan Pablo II por la Paz” al Cardenal Tarcisio Bertone


El cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado Vaticano, fue galardonado con el premio “Juan Pablo II por la Paz”, que otorga la asociación cultural italiana Anassilaos, con sede en la localidad italiana de Reggio Calabria. Con este motivo, en el discurso que pronunció el purpurado el domingo pasado recordó que en la encíclica "Redemptor hominis", el Papa Wojtyla había individuado "en el respeto de los derechos humanos el camino por excelencia para asegurar la paz entre los pueblos".

También añadió que Benedicto XVI, "prestando atención a los valores universales que acomunan las religiones, las culturas y los diversos sistemas de pensamiento", ha identificado "en un valor absoluto, la verdad, y el fundamento de la paz". A la vez que destacó que el Pontífice actual no deja de "recordar a los cristianos la centralidad de Jesús que, derribando todas las murallas de separación, demuestra la posibilidad real de un compromiso por la paz universal". Por último, de Juan Pablo II, el Secretario de Estado rememoró sus "gestos concretos" de paz, como la insistencia en los derechos humanos, sus viajes a los territorios conflictivos, las iniciativas ante la comunidad internacional y los encuentros interreligiosos de Asís. (MFB – RV).
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Argentina: se podría legalizar la eutanasia por omisión

Informan asociaciones provida

En Argentina, el boletín Notivida se refirió al proyecto de ley de eutanasia aprobado en la Cámara de Diputados.
Notivida, informaba este martes la agencia AICA, cita opiniones de legisladores a favor de la iniciativa, que permite “al paciente que presente una enfermedad irreversible, incurable o se encuentre en estadio terminal, o haya sufrido lesiones que lo coloquen en igual situación, rechazar procedimientos quirúrgicos, de reanimación artificial o la retirada de medidas de soporte vital cuando sean extraordinarias o desproporcionadas en relación a la perspectiva de mejoría, o produzcan un sufrimiento desmesurado.
También podrá rechazar procedimientos de hidratación o alimentación cuando los mismos produzcan como único efecto la prolongación en el tiempo de ese estadio terminal irreversible o incurable”.
El diputado Julián Obiglio, que votó a favor del proyecto en general, se manifestó en contra de los artículos primero y segundo porque “con la facultad de rechazar alimentación e hidratación se incluye la inducción a la muerte”. “Estamos diciendo que a una persona que decide no ser alimentada ni hidratada la vamos a dejar morir en una camilla”, afirmó Obiglio.
La alimentación e hidratación son cuidados necesarios para la supervivencia, si el Senado aprobara el proyecto tal como le fue remitido, Argentina legalizaría la eutanasia por omisión.
En el supuesto de incapacidad del paciente, o imposibilidad de brindar el consentimiento informado a causa de su estado físico o psíquico, el proyecto remite a la Ley de Transplantes, por lo tanto el consentimiento podrá ser dado --siguiendo el orden de prelación- por: el cónyuge no divorciado, o la persona que, sin ser su cónyuge, convive con el enfermo en relación de tipo conyugal no menos antigua de 3 años, en forma inmediata, continua e ininterrumpida; hijos mayores de 18 años; padres; hermanos mayores de 18 años; nietos mayores de 18 años; abuelos; cualquier pariente consanguíneo hasta el cuarto grado inclusive; cualquier pariente por afinidad hasta el segundo grado inclusive. Vale decir, parientes de 18 años que son herederos forzosos podrían --si no mediara otro vínculo- acelerar la muerte de un anciano. O unos padres podrían ver su voluntad pospuesta por la de un adolescente de 18 años que convivió durante tres años con su hijo sin establecer un vínculo legal.
Paredes Urquiza, que votó a favor de la ley en general y en contra de este artículo, dijo que estaba de acuerdo con la toma de decisión de la persona que sufre la problemática pero no con la intervención de terceros por más allegados que sean.
zenit.org

Atentados en Irak contra cristianos y chiitas

Integristas, contra el apoyo a la resistencia siria

Vuelven las bombas y el terror a Irak. La causa: los atentados que sacudieron a Bagdad, provocando al menos once muertos y algunas decenas de heridos. Los objetivos eran principalmente musulmanes chiitas, aunque los cristianos también están en el punto de mira.
La primera explosión se produjo en el barrio septentrional de Urr, con 8 muertos y 18 heridos, entre los peregrinos que habían llegado a la capital iraquí para la festividad de la Ashura. Una segunda bomba explotó por la tarde contra otro grupo de peregrinos, causando tres víctimas. Una tercera hirió a cuatro chiitas en el barrio de Zaframiyah, en el centro de la ciudad.
El atentado más cruel sucedió al norte de la ciudad de Hilla, en el área de al-Nil, donde una bomba explotó en medio de una procesión provocando la muerte de 16 personas, entre las que había principalmente mujeres y niños.
La Ashura, que se celebró este 5 de diciembre, es la conmemoración del martirio del imán Hussein, en el siglo VII, y que desde hace tiempo se ha convertido en pretexto para actos violentos y atentados por parte de la minoría sunnita. La situación empeoró tras la caída del régimen de Saddam Hussein y la ocupación militar estadounidense que concluirá al final de este mes.
Según la agencia de las Misiones Extranjeras en París, AsiaNews, también hubo agresiones contra los cristianos en días anteriores. El 2 de diciembre, en Zakho, Kurdistán, los integristas musulmanes, sublevados por el imán local, destruyeron tiendas de licores, centros de masaje y un hotel, hiriendo al menos a treinta personas.
Hubo así mismo atentados contra negocios y estructuras pertenecientes a cristianos caldeos, en Dohok y en Bagdad, donde algunos propietarios de negocios de licores recibieron cartas amenazadoras.
Según fuentes cristianas consultadas por la citada agencia, y que permanecen en el anonimato por motivos de seguridad, al norte del país, los integristas protagonizan una campaña de intimidación, planificada al mínimo detalle, para que los kurdos dejen de apoyar a la resistencia siria.
zenit.org

martes, 6 de diciembre de 2011

Arzobispado de Lima construirá en Manchay Academia Pre Universitaria “Juan Pablo II” y Polideportivo


“Hoy obedeceremos a Dios y en nombre de Él extenderé las manos, haré la señal de la cruz y ustedes que se van a confirmar recibirán el Espíritu Santo, espíritu de verdad, de justicia, de sabiduría, que empezará a trabajar dentro de cada uno de ustedes”, expresó el Cardenal Juan Luis Cipriani a los 700 jóvenes y adultos que recibieron el sacramento de la Confirmación en la Plaza Central de Manchay.
Luego de la celebración eucarística, se hizo el anuncio de la próxima construcción de la Academia Pre Universitaria “Juan Pablo II” y del Polideportivo de Manchay, que permitirá que los jóvenes de Manchay tengan un mayor acceso a la educación y al deporte.

“Todos tenemos una conciencia, una voz que te dice Haz el bien, pórtate bien, evita el mal, por qué vas a maltratar, por qué vas a mentir. El Espíritu Santo es esa voz amiga que te habla en el corazón”, mencionó durante su homilía el Cardenal Cipriani.
Recordó que el Espíritu Santo nos acompaña, nos defiende y nos cuida, con la única condición de escucharlo cuando nos habla y obedecerlo. 
“El Espíritu Santo dentro de cada uno habla, escúchalo. Cuando te dice Perdona a este amigo, cuando le dice a la mamá Ten paciencia, cuando le dice al marido No seas borracho. Cuando procuramos cumplir las leyes, cuando tratamos de ayudar al que está enfermo o cuando traemos una ayuda, es el Espíritu Santo que nos está hablando”, reflexionó.
“Todos necesitamos que el Espíritu Santo nos hable fuerte para portarnos bien, para amarnos, para que la familia esté unida, para que los papás no abandonen a sus hijos y los cuiden, para que los niños y jóvenes obedezcan, para que estudien y así progresen, para que procuren cuidar que haya orden”, prosiguió.

Manchay, pueblo de paz y bondad
El Arzobispo de Lima reconoció el desarrollo y crecimiento que viene teniendo Manchay en los últimos años y destacó como la Fe Católica va sembrando una semilla con mucha humildad en el corazón de todos los pobladores. 
“Hemos procurado que Manchay cada día sea más conocida como un lugar donde la Iglesia reconoce la dignidad de los niños, de los jóvenes, de los ancianos. 
“La Iglesia reclama un trato humano donde tengan acceso al agua, a la salud, a la educación, a la vivienda y poco a poco vamos logrando que volteen la mirada hacia este rincón para hacerlo un lugar de orgullo en donde todos unidos defendemos y promovemos nuestra fe, nuestro cuidado de la familia, la educación de los hijos y la enseñanza del respeto”, afirmó.
Manifestó también este pueblo cada día es más conocido por ser un lugar donde la Iglesia reconoce la dignidad de los niños, de los jóvenes y de los ancianos; y que solo mostrando mayor honestidad se podrán hacer grandes cosas en Manchay y en el Perú.
“Manchay, los quiero unidos, los quiero honestos, alegres y optimistas, que nadie venga a dividirlos, que nadie venga a crear problemas. Manchay es una tierra de paz, de bondad, pero no de gente tonta; cuando quieren abusar también Manchay sabe reaccionar. Por eso, respeto, honradez, unidad y la familia”, exhortó.
“La Iglesia solo quiere sembrar en los corazones optimismo, esperanza, paz, alegría y progreso. Que Dios y su Madre Bendita, la Virgen del Rosario, los bendiga a todos”, concluyó.
Los confirmandos forman parte de la comunidad parroquial de El Espíritu Santo de Manchay; La Preciosísima Sangre de Cieneguilla y Jesús, Camino, Verdad y Vida de La Molina.
Concelebraron con el Cardenal Cipriani, el Padre José Chuquillanqui, Vicario Episcopal de la Vicaría IX; y el Padre Juan Carlos Rivva, Vicario Episcopal de la Vicaría VIII, así como sacerdotes.

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Id a todo el mundo. La primera ola de evangelización

Adviento 2011 para la Casa Pontificia. Primera Predicación

Ofrecemos a continuación la primera predicación del padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, en este Adviento 2011, realizada este viernes 2 de diciembre en el Vaticano.
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Raniero Cantalamessa OFM cap
En respuesta al llamamiento del sumo pontífice a un compromiso renovado de evangelización y como preparación al Sínodo de los Obispos de 2012 sobre el mismo argumento, me propongo especificar, en estas meditaciones de Adviento, cuatro olas de evangelización en la historia de la Iglesia, es decir cuatro momentos en los que se asiste a una aceleración o a un retomar el compromiso misionero. Estas son:
1.- La expansión del cristianismo en los tres primeros siglos de vida, hasta la vigilia del edicto de Constantino que tiene como protagonistas a los profetas itinerantes, en primer lugar, y después a los obispos;
2.- Los siglos VI al IX en los que asistimos a la reevangelización de Europa después de las invasiones bárbaras, obra sobre todo de los monjes;
3.- El siglo XVI, con el descubrimiento y la conversión al cristianismo de los pueblos del “nuevo mundo”, obra sobre todo de los frailes:
4.- La época actual que ve a la Iglesia comprometida con una reevangelización del Occidente secularizado, con la participación determinante de los laicos.
En cada uno de estos momentos intentaré iluminar lo que podemos aprender en la Iglesia de hoy: qué errores hay que evitar y qué ejemplos hay que imitar y qué aportación específica pueden dar a la evangelización los pastores, monjes, los religiosos de vida activa y los laicos.
1. La difusión del cristianismo en los tres primeros siglos
Comenzamos hoy con una reflexión sobre la evangelización cristiana en los tres primeros siglos. Un motivo hace de este periodo un modelo para todos los tiempos. Es el periodo en el que el cristianismo hace camino por su propia fuerza. No hay “ningún brazo secular” que lo apoye; las conversiones no se determinan por ventajas externas, materiales o culturales; ser cristianos no es una costumbre o una moda, sino una elección contra corriente, a menudo a riesgo de la propia vida. En ciertos aspectos es la misma situación que se ha vuelto a dar en muchas partes del mundo.
La fe cristiana nace con una apertura universal. Jesús había dicho a sus apóstoles que vayan a “todo el mundo” (Mc 16,15), que “hagan discípulos a todas las gentes” (Mt 28,19), que sean testigos “hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8), que “prediquen a todos los pueblos la conversión y el perdón de los pecados” (Lc 24,47).
La actuación de principio de esta universalidad se da ya en la generación apostólica, no sin dificultades o heridas. El día de Pentecostés se supera la primera barrera, la de la raza (los tres mil convertidos pertenecían a pueblos distintos, pero eran todos creyentes judíos); en casa de Cornelio y en el llamado Concilio de Jerusalén, sobre todo por impulso de Pablo, se supera la barrera más difícil de todas, la religiosa que dividía a los judíos de los gentiles. El evangelio tiene ante sí al mundo entero, aunque momentáneamente este mundo es limitado, en el conocimiento de los hombres, a la cuenca mediterránea y a los confines del Imperio Romano.
Más complejo es seguir la expansión de hecho o geográfica del cristianismo en los primeros tres siglos que, sin embargo, es menos necesario para nuestro objetivo. El estudio más completo y, hasta ahora no superado, a este respecto es el de Adolph Harnack, Misión y expansión del cristianismo en los tres primeros siglos1.
Una fuerte intensificación de la actividad misionera de la Iglesia tuvo lugar bajo el mando del emperador Cómodo (180-192) y después, en la segunda mitad del siglo III, es decir hasta la víspera de la gran persecución de Diocleciano (302). Este, aparte de las esporádicas persecuciones locales, fue un periodo de paz relativa que permitió a la Iglesia naciente el poder consolidarse en su interior, desarrollando una actividad misionera de una forma nueva.
Veamos en qué consiste esta novedad. En los primeros dos siglos la propagación de la fe se confiaba a la iniciativa personal. Se trataba de profetas itinerantes, de los que habla la Didaché, que se trasladaban de sitio a sitio; muchas conversiones se debían al contacto personal, favorecido por el trabajo común ejercitado, de los viajes y de las relaciones comerciales, del servicio militar y de otras circunstancias de la vida. Orígenes nos da una descripción conmovedora del celo de estos primeros misioneros:
“Los cristianos hacen todos los esfuerzos posibles para difundir la fe sobre la tierra, Para este fin algunos de ellos se proponen formalmente como deber de sus vidas, peregrinar de ciudad en ciudad, también de pueblo en pueblo para ganar nuevos fieles al Señor. No se dirá que lo hacen para beneficiarse, porque a menudo rechazan hasta los más necesario para vivir”2.
Ahora, en la segunda mitad del siglo III, estas iniciativas personales se coordinan cada vez más y en parte se sustituyen por las comunidades locales. El obispo, también reaccionando a los impulsos disgregatorios de la herejía gnóstica, adquiere la supremacía sobre los maestros, como director de la vida interna de la comunidad y centro propulsor de su actividad misionera. La comunidad es el sujeto evangelizador, hasta tal punto que un estudioso como Harnack afirma: “Debemos dar por cierto que la sola existencia y trabajo constante de las comunidades individuales fue el principal coeficiente en la propagación del cristianismo”3.
Hacia el final del siglo III, la fe cristiana penetró prácticamente en cada estrato de la sociedad, tiene su literatura en lengua griega y una, aunque en sus comienzos, en lengua latina; posee una sólida organización interna; comienza a construir edificios cada vez más grandes, signo del crecimiento del número de creyentes. La gran persecución de Diocleciano, aparte de las numerosas víctimas, no hizo más que mostrar la fuerza inexpugnable de la fe cristiana. El último enfrentamiento entre el imperio y el cristianismo fue la prueba de esto.
Constantino no hace más que constatar la nueva relación de fuerzas. No fue él quien impuso el cristianismo al pueblo, sino el pueblo quien le impuso a él el cristianismo. Afirmaciones como la de Dan Brown en la novela El Código Da Vinci, y de otros escritores, según las cuales fue Constantino el que, por motivos personales, transformó con su edicto de tolerancia y con el Concilio de Nicea, a una oscura secta religiosa judía en la religión del imperio, se funda en una total ignorancia de lo que precedió a estos sucesos.
2. Las razones del éxito
Un tema que ha apasionado siempre a los historiadores es el de las razones del triunfo del cristianismo. ¡Un mensaje nacido en un oscuro y despreciado rincón del imperio, entre personas sencillas, sin cultura y sin poder, en menos de tres siglos se extiende por todo el mundo conocido, subyugando a la refinadísima cultura de los griegos y la potencia imperial de Roma!
Entre las distintas razones del éxito, alguno insiste en el amor cristiano y en el ejercicio activo de la caridad, hasta hacer de esta “el factor individual más potente del éxito de la fe cristiana”, hasta el punto que indujo, más tarde, al emperador Juliano el Apóstata a dotar al paganismo de análogas obras caritativas para hacer frente a este éxito4.
Harnack, por su parte, da gran importancia a lo que él llama la naturaleza “sincretista” de la fe cristiana, es decir la capacidad de conciliar en sí misma tendencias opuestas y distintos valores presentes en las religiones y en la cultura de la época. El cristianismo se presenta a la vez como la religión del Espíritu y de la potencia, es decir acompañada de signos sobrenaturales, carismas y milagros, y como la religión de la razón y del Logos integral, “la verdadera filosofía”, como decía Justino Mártir. Los autores cristianos son “los racionalistas de lo sobrenatural”5, afirma Harnack citando el dicho de san Pablo sobre la fe “como obsequio racional” (Rom 12,1).
De tal modo el cristianismo reúne en sí mismo, en equilibrio perfecto, lo que el filósofo Nietzsche define como el elemento apolíneo y el elemento dionisíaco de la religión griega, el Logos y el Pneuma, el orden y el entusiasmo, la medida y el exceso. Es lo que, al menos en parte, entendían los Padres de la Iglesia con el tema de la “sobria ebriedad del Espíritu”.
“La religión cristiana --escribe Harnack al final de su monumental investigación--, desde el principio se presentó con una universalidad que le permitió abocar en sí toda la vida entera, con todas sus funciones, sus alturas y sus profundidades, sentimientos, pensamientos y acciones. Este fue el espíritu de universalidad que le aseguró la victoria. Fue esto lo que le condujo a profesar que el Jesús que anunciaba era el Logos divino... Así se ilumina con una nueva luz y aparece casi como una necesidad incluso la potente atracción con la que llega a absorber y a subordinar en sí el helenismo. Todo lo que era capaz de vida entró como elemento en su construcción... ¿Y esta religión no debía vencer?”6.
La impresión que se tiene al leer esta síntesis es que el éxito del cristianismo se debió a un conjunto de factores. Algunos han ido más allá en la búsqueda de las razones de tal éxito hasta concretar veinte causas a favor de la fe y otras tantas que actuaban en sentido contrario, como si el éxito final dependiera de que prevaleciesen las primeras sobre las segundas.
Ahora quisiera iluminar el límite inherente a tal enfoque histórico, incluso cuando se hace por historiadores creyentes como los que ahora he tenido en cuenta. El límite, debido al mismo método histórico, es el de dar más importancia al sujeto que al objeto de la misión, más a los evangelizadores y a las condiciones en las que esta se desarrolla, que a su contenido.
El motivo que me empuja a hacerlo es que este también es el límite y el peligro inherente a tantos enfoques actuales y mediáticos, cuando se habla de una nueva evangelización. Se olvida una cosa sencillísima: que Jesús había dado él mismo, como anticipo, una explicación de la difusión de su Evangelio y de ella hay que volver a partir cada vez que se asume un nuevo compromiso misionero.
Volvamos a escuchar dos breves parábolas evangélicas, la de la semilla que crece incluso de noche y la de la semilla de mostaza.
“Decía: El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha” (Mc 4, 26-29).
Esta parábola, por sí misma dice que la razón esencial del éxito de la misión cristiana no viene desde el exterior sino del interior, no es obra del sembrador y ni siquiera principalmente del terreno sino de la semilla. La semilla no puede lanzarse a sí misma, y sin embargo, germina por su propia fuerza. Después de haber sembrado la semilla, el sembrador se puede ir a dormir porque la vida de la semilla no depende más de él. Cuando esta semilla es “la semilla que cae en tierra y muere”, es decir Jesucristo, nada podrá impedir que esta “dé mucho fruto”. Se pueden dar, de estos frutos, todas las explicaciones que se quieran, pero estas se quedan siempre en la superficie no llegarán nunca a lo esencial.
Quien percibió con lucidez la prioridad del objeto del anuncio sobre el sujeto es el apóstol Pablo: “Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios”. Estas palabras parecen un comentario a la parábola de Jesús. No se trata de tres operaciones de la misma importancia, de hecho el apóstol añade: “Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer” (1 Cor 3, 6-7). La misma distancia cualitativa entre el sujeto y el objeto del anuncio está presente en otro texto del Apóstol: “Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios” (2 Cor 4,7). Todo esto se traduce en las exclamaciones: “No nos predicamos a nosotros mismos, ¡sino a Cristo Jesús Señor!” y de nuevo “Nosotros predicamos a Cristo crucificado”.
Jesús pronunció una segunda parábola, basada en la imagen de la semilla, que explica el éxito de la misión cristiana y que hoy se tiene que tener en cuenta, frente a la gran tarea de reevangelizar el mundo secularizado.
“También decía: '¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las verduras, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra'” (Mc 4,30-32).
La enseñanza que Cristo nos da con esta parábola es que su Evangelio y su misma persona es lo más pequeño que existe en la tierra porque no hay nada más pequeño y débil que una vida que termina en una muerte de cruz. Sin embargo, esta pequeña “semilla de mostaza” está destinada a convertirse en un árbol inmenso, que es capaz de acoger en sus ramas a todos los pájaros que se refugian en él. Esto significa que toda la creación, absolutamente toda, irá a buscar allí refugio.
¡Qué diferencia respecto a las reconstrucciones históricas mencionadas antes! Allí parecía todo incierto, aleatorio, suspendido entre el éxito y el fracaso; ¡aquí todo estaba decidido y asegurado desde el principio! Como conclusión del episodio de la unción de Betania, Jesús pronunció estas palabras: “Os aseguro que allí donde se proclame esta Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo” (Mt 26,13). La misma tranquila conciencia de que un día su mensaje se difundiría “al mundo entero”. Y no se trata ciertamente de una profecía post eventum, porque en ese momento todo parecía presagiar lo contrario.
También en esta ocasión quien captó “el misterio escondido” fue Pablo. Me llama la atención, siempre, un hecho. El Apóstol predicó en el Aerópago de Atenas y vió el rechazo del mensaje, educadamente expresado con la promesa de escucharlo en otra ocasión. Desde Corinto adonde fue justo después, escribió la Carta a los Romanos en la que afirmaba haber recibido el deber de llevar a “la obediencia de la fe a todas las gentes” (Rom 1, 5-6).
El fracaso no desanimó su confianza en el mensaje: “Yo no me avergüenzo del Evangelio, porque es el poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos en primer lugar, y después de los que no lo son” (Rom 1,16).
“Cada árbol, dice Jesús, se reconoce por su fruto” (Lc 6,44). Esto vale para todos los árboles, excepto para el que nació de Él, el cristianismo (de hecho él habla aquí de los hombres); este único árbol no se conoce por los frutos, sino por la raíz. En el cristianismo la plenitud no está al final, como en la dialéctica hegeliana del devenir (“verdadero es lo entero”), sino que está al principio; ningún fruto, ni siquiera los más grandes santos, añaden algo a la perfección del modelo. En este sentido tiene razón quien afirma que “el cristianismo no es perfectible”7.
3. Sembrar e … irse a dormir
Lo que los historiadores de los orígenes cristianos no cuentan o dan poca importancia es la certeza indestructible que los cristianos de entonces, al menos los mejores de ellos, tenían sobre la bondad y la victoria final de su causa. “Podéis matarnos pero no podéis herirnos”, decía el mártir Justino al juez romano que lo condenaba a muerte. Al final, fue esta tranquila certeza que les aseguró la victoria y convenció a las autoridades políticas de la inutilidad de sus esfuerzos por suprimir la fe cristiana.
Esto es lo que más necesitamos hoy: despertar en los cristianos, al menos en los que pretenden dedicarse a la obra de la reevangelización, la certeza íntima de la verdad de lo que anuncian. “La Iglesia, dijo una vez Pablo VI, necesita retomar el ansia, el gusto y la certeza de su verdad”8. Debemos creer, nosotros los primeros, en lo que anunciamos; pero creerlo verdaderamente, “con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente”. Debemos poder decir con Pablo: “Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: Creí, y por eso hablé, también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos” (2 Cor 4,13).
La tarea práctica que las dos parábolas de Jesús nos asignan es la de sembrar. Sembrar con generosidad “a tiempo y a destiempo” (2 Tim 4,2). El sembrador de la parábola que sale a sembrar no se preocupa por el hecho de que parte de la semilla termine en el camino o entre las espinas, ¡y pensar que el sembrador, aparte de la metáfora, es el mismo Jesús! El motivo es que en este caso no se puede saber qué terreno será el adecuado, o cuál será duro como el asfalto y asfixiante como un arbusto. Está en medio la libertad humana que el hombre no puede prever y que Dios no puede violar. Cuántas veces entre las personas que han escuchado una cierta predicación o que han leído un cierto libro, se descubre que quien lo ha tomado más en serio o ha cambiado su vida era la persona de quien menos se esperaba, uno que, quizás, estaba allí por casualidad o en contra de su voluntad. Yo mismo podría contar decenas de casos.
Sembrar y ¡después.... irse a dormir! Es decir sembrar y no quedarse allí todo el tiempo a mirar, a ver dónde surge, cuántos centímetros crece al día. El arraigo y el crecimiento no es asunto nuestro, sino de Dios y del que escucha. Un gran humorista inglés del s. XIX, Jerome Klapka Jerome, dice que el mejor modo de retrasar la ebullición del agua en un puchero es mirarlo todo el tiempo y esperar con impaciencia.
Hacer lo contrario es fuente inevitable de inquietud y de impaciencia: todas las cosas que a Jesús no le gustan y que Él no hacía nunca cuando estaba en la tierra. En el evangelio Él no parece tener nunca prisa. “No esté por tanto preocupados por el mañana; el mañana se preocupa de sí mismo. A cada día le basta su afán” (Mt 6,34).
A este respecto, el poeta creyente Charles Péguy pone en boca de Dios palabras que también nos hará bien meditar a nosotros: “Se me dice que hay hombres/que trabajan bien y duermen mal,/que no duermen. Qué falta de fe en mí./Es casi más grave/que no trabajasen pero que durmiesen, porque la pereza/No es un pecado más grave que el ansia.../No hablo, dice Dios, de aquellos hombres/Que no trabajan y que no duermen./Estos son unos pecadores, por supuesto.../Hablo de los que trabajan y no duermen/Los compadezco. No tienen confianza en mí.../Gobiernan muy bien sus asuntos durante el día./Pero no quieren confiarme el gobierno durante la noche.../Quien no duerme es infiel a la Esperanza...”9.
Las reflexiones desarrolladas en esta meditación nos empujan, como conclusión, a poner en la base del compromiso por una nueva evangelización un gran acto de fe y de esperanza que se sacuda todo sentido de impotencia y de resignación. Tenemos ante nosotros, es verdad, un mundo cerrado en su secularismo, embriagado por los éxitos de la técnica y por las posibilidades ofrecidas por la ciencia, que rechaza el anuncio evangélico. Pero ¿era quizás menos seguro de sí mismo y menos refractario al Evangelio el mundo en el que vivían los primeros cristianos, los griegos con su sabiduría y el imperio romano con su potencia?
Si hay una cosa que podemos hacer, después de haber “sembrado” es la de “regar” con la oración la semilla sembrada. Por esto terminamos con la oración que la liturgia nos hace recitar en la misa “por la evangelización de los pueblos”:
“Oh Dios, tú que quieres que todos los hombres se salven,/y lleguen al conocimiento de la verdad;/mira qué grande es la mies y manda a tus obreros,/para que se anuncie el Evangelio a todas las criaturas/y tu pueblo reunido por la palabra de vida/y formado por la fuerza de los sacramentos,/progrese en el camino de la salvación y del amor”.
Por Cristo, nuestro Señor. Amén
1 A. von Harnack, Misión y propagación del cristianismo en los tres primeros siglos, Rist. anast., Cosenza 1986, p.173.
2 Orígenes, C. Cels. III, 9.
3 Op. cit. p. 321- s.
4 H. Chadwick, The early Church, Penguin Books 1967, pp. 56-58.
5 A. von Harnack, Missione e propagazione del cristianesimo nei primi tre secoli, Rist. anast., Cosenza 1986, p. 173.
6 Harnack, op. cit., p. 370.
7 S.Kierkegaard, Diario, X5 A 98 (ed. C. Fabro, Brescia II, 1963, pp.386 ss).
8 Discorso all’udienza generale del 29 Novembre 1972 (Insegnamenti di Paolo VI, Tipografia Poliglotta Vaticana, X, pp. 1210s.).
9 Ch. Péguy, Il portico del mistero della seconda virtù, Jaca Book, Milano 1978, pp. 120 s.
zenit.org

La cristofobia llega también a Bollywood

Organizaciones católicas piden la retirada de una película con escenas explícitas contra la Cruz. 

Tres personas fueron detenidas en Bombay por ser responsables de una película blasfema contra Jesucristo, tras días de protestas de distintas organizaciones cristianas, entre ellas el Foro Católico Secular.

Ejaz Ahmed (director), Washim Sheikh (productor de Bollywood) y Ka Jauhar (publicista) están en la carcel por la película Who’s there. Los cargos van desde "herir los sentimientos religiosos" a "mala intención" e "insultar las creencias religiosas", así como la violación de las reglas cinematográficas. Grupos y asociaciones cristianas piden penas severas para los acusados, que podrán salir de la cárcel bajo fianza, fijada por un tribunal de la capital de la India.

Joseph Dias, secretario general del Foro, informó a la Agencia Fides que la condena no debería ser difícil, ya que, según lo confirmado por la Junta Central de Certificación de Cine, el cartel publicitario de la película viola el artículo 38 del reglamento cinematográfico. El cartel muestra a Jesús en la cruz, apuñalado por un hombre, con un cáliz en el que está escrito: "Esta vez el mal va a ganar". La publicidad y el trailer incluyen expresiones como "Os diremos quién es realmente Jesucristo", mientras que otras imágenes muestran la cruz de Jesús al revés, atacada con dagas.

"Es una película que ofende a la fe y los sentimientos de los cristianos y ayuda a difundir el odio contra los cristianos", dice a Fides el padre Babu Joseph, portavoz de la Conferencia Episcopal de la India: "Hemos pedido que se retire de las salas. Hay demasiadas fuerzas en la India que quieren crear conflictos sociales actuando sobre el factor religioso. La fe cristiana se explica a menudo de forma falsa y errónea, desacreditando y fomentando al odio. No está claro quién está detrás de la película en cuestión, pero sabemos que hay elementos y fuerzas extremistas hindúes que están dispersas en la sociedad y en los medios de comunicación. Los cristianos ven la religión como un factor de paz. Condenamos todos los actos de blasfemia contra cualquier religión".

Los jesuitas de Ranchi (en el Estado de Jharkhans) afirman que "ésta es la peor representación posible del cristianismo": "No sólo es una película muy provocadora y blasfema", destacan los religiosos, "sino que también da una mala imagen de la India en la comunidad internacional".

Mientras tanto, el Foro ha iniciado una petición que ya cuenta con más de dos mil firmas de obispos, párrocos, sacerdotes, activistas y líderes de ONG que muestran su solidaridad y exigen que la película se retire.
religionenlibertad.com 

En su custodia de la Palabra, María paradigma de la recta teología

Audiencia a los miembros de la Comisión Teológica Internacional

Del 28 de noviembre al 2 de diciembre se celebró, en la Domus Sanctae Marthae, en el Vaticano, la sesión anual plenaria de la Comisión Teológica Internacional, sobre el estudio de la cuestión metodológica en la teología actual, la comprensión del monoteísmo y el significado de la Doctrina Social de la Iglesia. Al final del encuentro, este viernes, en la Sala de los Papas del Palacio Apostólico Vaticano, Benedicto XVI recibió a los miembros de la Comisión, dirigiéndoles un discurso en el que puso a María como modelo del teólogo y la teóloga.
El papa agradeció las palabras del cardenal William Levada, presidente de la Comisión. Dijo Benedicto XVI que “todo teólogo está llamado a ser hombre del adviento, testigo de la espera vigilante, que ilumina las vías de la inteligencia de la Palabra que se ha hecho carne”.
Afrontó el papa los tres temas que han sido objeto de estudio de la Comisión. “Detrás de la profesión de la fe cristiana en el Dios único, se encuentra la cotidiana profesión de fe del pueblo de Israel: 'Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor'”, dijo el papa.
Los conflictos étnicos y religiosos del mundo “hacen cada vez más difícil acoger la singularidad del pensamiento cristiano de Dios y del humanismo inspirado por este”, señaló.
“Debemos vivir nuevamente la experiencia de los primeros discípulos, que 'se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones'”, dijo Benedicto XVI.
Sobre la Doctrina Social de la Iglesia y el conjunto de la Doctrina cristiana, dijo el papa que “el compromiso social de la Iglesia no es sólo algo humano, ni se resuelve en una teoría social. La transformación de la sociedad, realizada por los cristianos a través de los siglos, es una respuesta a la venida al mundo del Hijo de Dios: el esplendor de tal Verdad y Caridad ilumina toda la cultura y sociedad”.
“Nuestro encuentro confirma de forma significativa que la Iglesia necesita la competencia y fiel reflexión de los teólogos sobre el misterio del Dios, de Jesucristo y de su Iglesia. Sin una sana y vigorosa reflexión teológica, la Iglesia podría no expresar plenamente la armonía entre fe y razón. Al mismo tiempo, sin la fiel vivencia de la comunión con la Iglesia y la adhesión a su Magisterio, como espacio vital de la propia existencia, la teología no podría dar una razón adecuada del don de la fe”, afirmó.
Animó, a través de estos teólogos que lo visitaban “a todos los hermanos y hermanas teólogos que están en los distintos contextos eclesiales” e invocó sobre ellos “la intercesión de María, Mujer del Adviento y Madre del Verbo encarnado, que es para nosotros, en su custodia de la Palabra en su corazón, paradigma de la recta teología, el modelo sublime del verdadero conocimiento del Hijo de Dios”.
Para leer el discurso completo, enlazar en: http://www.zenit.org/article-41074?l=spanish
zenit.org

Lo que las mujeres enseñaron a los hombres

El trabajo no lo es todo en la vida

La diferencia de trato y oportunidades entre hombres y mujeres en la sociedad ha disminuido notablemente en varios sectores como el acceso a la salud y educación, en cambio no sucede los mismo en el ámbito laboral. Entretanto, hoy se registra un cambio importante: los trabajadores jóvenes a diferencia de antes, consideran al igual que las mujeres, que la carrera no es todo en la vida.
Lo indican los datos del estudio Closing the gap, publicado en The Economist del 26 de noviembre pasado, y analizado en un artículo del diario vaticano L'Osservatore Romano.
La diferencia entre hombres y mujeres –indica el estudio- aún se registra principalmente en las posibilidades de carrera y de sueldo.
El dossier constata que, tras la euforia de los años 90, los resultados actuales dejan una fuerte frustración. En particular emerge la dificultad de conciliar trabajo-maternidad, sobre todo si se considera que la tarea de los niños no deba quedar solamente a cargo de la mujer.
Además, se registra una fuerte ausencia femenina en la dirección de empresas. Esto a pesar que diversos estudios demostraron que las mujeres a cargo de empresas o de su consejo de administración las llevaron a resultados exitosos.
El estudio de The Economist, explica algunas razones que crean la diferencia, e indica como primera cosa que el mundo del trabajo se organiza con reglas creadas varios lustros atrás, nacidas con una idea de paridad, diversas a las existentes cuando el marido trabajaba y la mujer se quedaba en la casa.
Las nuevas reglas por lo tanto daban el mismo tratamiento a ambos, lo que el estudio indica como equivocado. Sí, porque no se resuelve la cuestión aplicando las mismas reglas, pues las mujeres son diferentes.
Segundo: porque es equivocado pensar que ser madre no afecte a la carrera, aunque tengan menos hijos o los tengan más tarde. Baste pensar que en dicho período es cuando sus colegas inician a programar su carrera.
Tercero: las mujeres pueden volverse enemigas de sí mismas, al no tener las debidas posibilidades en el campo laboral: son demasiado escrupulosas, menos seguras y se autopromueven menos, no suelen dar su opinión si no están absolutamente seguras.
Y por último, la discriminación más sutil: mientras los trabajadores son promovidos por sus potencialidades, las trabajadoras en cambio lo son por lo que realmente logran, o sea que avanzan más lentamente.
El estudio entretanto da una indicación importante: los hombres jóvenes que entran en el mundo del trabajo lo ven de manera diversa de como lo concebían sus padres.
Están menos obsesionados por la carrera y más interesados en encontrar un equilibrio razonable entre trabajo y el resto de su vida y ésto es lo que las mujeres quieren desde hace tiempo, indica el semanario. Un nuevo factor que los empleadores no podrán ignorar.
El artículo de la periodista italiana Giulia Galeotti, publicado en el diario vaticano, analiza los datos e indica que dicho estudio demuestra además que no vale el modelo masculino, tomado como indicador por la emancipación femenina de los años sesenta.
Y que la realidad revela que las mujeres no renuncian a los que ellas son y además les enseñan algo a los hombres: el equilibrio entre trabajo y el resto de la vida. Y concluye que “después de tantas declaraciones teóricas de admiración y reconocimiento, los hombres deciden aplicar a su vida una parte importante de la opción que mueve a la existencia femenina”.
zenit.org

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