

Además
de todos los habitantes de Castelgandolfo, con un recuerdo especial a
los ancianos y enfermos, Benedicto XVI extendió sus saludos,
agradecimiento y aprecio también a los dirigentes y encargados de los
diversos servicios del Gobernatorato. Es decir, el cuerpo de la
gendarmería, la florería, lo servicios técnicos, sanitarios y la Guardia
Suiza Pontificia. Sin olvidar a las diversas fuerzas del orden y al
equipo de la aeronáutica militar italiana, encargado de los traslados
del Papa.
Asegurando sus oraciones por todos y cada uno y pidiendo a su vez que recen por él, Benedicto XVI les deseó que «el Señor, rico de bondad y de misericordia, que nunca hace faltar su ayuda a los que confían en Él, esté siempre a su lado sosteniéndolos».
Antes de su bendición, el Papa ha invocado asimismo el amparo maternal de la Virgen María, que en octubre recordaremos de forma especial con el rezo del santo Rosario, para que los acompañe a todos en todo momento, junto con sus familiares.
Y ayer por la tarde Benedicto XVI se despidió también de los empleados que durante estos meses le han atendido con su “habitual cortesía y gentileza.” Saludándoles, el Papa aludió en sus palabras al “contacto con la naturaleza y al clima de silencio” que “permite pensar y meditar, sin distracciones, la esencia de nuestra existencia”.

En
un ambiente como éste es más fácil encontrarse a uno mismo, escuchando
la voz interior, escuchando diría la presencia de Dios, que da sentido
profundo a nuestra vida.
Así pues, el Santo Padre ha podido vivir, “momentos serenos de estudio, de oración y de reposo”. Incluso las Audiencias Generales, se han desarrollado de manera más “familiar y alegre” en el patio del palacio o en la plaza, gracias sobre todo, dijo, a “vuestra atenta colaboración”. “Os doy las gracias porque me acompañáis y sostenéis con vuestras oraciones”

El
cristiano se distingue esencialmente por la oración y la caridad. Os
invito, queridos amigos, a continuar practicando una y otra en vuestra
vida, dando testimonio de vuestra fe. Tanto la oración como la caridad
nos consienten tener siempre fija nuestra mirada en Dios y en favor de
nuestros hermanos: la relación con el Señor, en la oración, alimenta
nuestro espíritu y nos permite ser aún más generosos y abiertos en la
caridad hacia los más necesitados.
Asegurando sus oraciones por todos y cada uno y pidiendo a su vez que recen por él, Benedicto XVI les deseó que «el Señor, rico de bondad y de misericordia, que nunca hace faltar su ayuda a los que confían en Él, esté siempre a su lado sosteniéndolos».
Antes de su bendición, el Papa ha invocado asimismo el amparo maternal de la Virgen María, que en octubre recordaremos de forma especial con el rezo del santo Rosario, para que los acompañe a todos en todo momento, junto con sus familiares.
Y ayer por la tarde Benedicto XVI se despidió también de los empleados que durante estos meses le han atendido con su “habitual cortesía y gentileza.” Saludándoles, el Papa aludió en sus palabras al “contacto con la naturaleza y al clima de silencio” que “permite pensar y meditar, sin distracciones, la esencia de nuestra existencia”.


Así pues, el Santo Padre ha podido vivir, “momentos serenos de estudio, de oración y de reposo”. Incluso las Audiencias Generales, se han desarrollado de manera más “familiar y alegre” en el patio del palacio o en la plaza, gracias sobre todo, dijo, a “vuestra atenta colaboración”. “Os doy las gracias porque me acompañáis y sostenéis con vuestras oraciones”


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